Me alejé un poco de ella para mirarla a los ojos. No podía responderle
eso… porque ni yo se porqué vine a buscarla. Me incliné hacia ella y
capturé sus labios en un acalorado beso.
—Quiero más —habló con la voz cortada. Sonreí levemente.
—Claro que si cariño, aun no he terminado contigo —le dije.
Me alejé de la pared con ella y la dejé caer sobre la cama. Terminé de
quitarme lo que quedaba de ropa sobre mí, y me acosté sobre ella,
sintiendo cada centímetro de su fina y suave piel contra la mía. Un
suave suspiró salió de sus labios y su cuerpo se amoldó al mío. Besé sus
labios levemente.
Sentí una de sus manos sobre el lugar en donde estaba mi tatuaje, sus
dedos lo marcaron suave, y recorrieron cada línea que sobresalía del
dibujo. Sonreí por lo bajo al recordar sus palabras aquella noche
después del bar con Susan.
—Oye —le hablé en voz baja y comencé a bajar mi boca por su cuello, la
mordisqueé suavemente, haciendo que su respiración se comenzara a
agitar.
—¿Si? —susurró.
—Yo se que no lo recuerdas, pero la noche en la que te emborrachaste en
el bar de Susan, cuando estábamos en casa y yo te llevaba a la
habitación, me dijiste algunas cosas.
—Si las recuerdo —musitó y me alejé de su cuello para mirarla a los
ojos. Una sonrisa perversa se curvó en sus labios —Recordé lo que pasó
después de irme de tu casa —sonreí y volví a bajar mi boca a su cuello,
su mano seguía acariciando mi tatuaje. Subí hasta su oreja —Quiero lamer
tu tatuaje, Harry…
La piel de mi nuca se erizó y saboreé sus palabras casi tanto como lo estaba haciendo con ella.
—Lamento decirte que vas a tener que quedarte con las ganas, porque esta
noche yo voy a ser el único que va a saborear aquí… —ella rió por lo
bajo —Eres tan suave, Cat —le dije mientras seguía mordisqueando la
delicada piel de su cuello.
—Y tú eres tan...
—¿Tan que? —pregunté esperando una respuesta.
—Eres tan fuerte…- respondió de forma pícara.
Oh sí, yo quería esto de ella. Quería ver su cabeza contra las almohadas
y oír mi nombre salir de su boca.
Sus manos se posaron en mis hombros y me apretó con fuerza, mientras mis
dedos la acariciaban. Me separé de su boca y la miré fijo a los ojos.
Esos ojos profundos, cautivantes, que con una sola mirada te sacan todo
el aire. Ella alzó la cabeza y mordisqueó mi mentón y mandíbula.
Necesito decirle algo, pero no sé que.
—¿Qué quieres decirme Harry? —preguntó como si estuviera leyendo mi cabeza.
Ella seguía besando mi mentón y cuello. Subí mi mano por su cintura,
acariciándola delicadamente. Tragué saliva… no puedo decir aquello, yo
no sé que pasa conmigo.
—Te deseo y mucho —dije lo primero que se me vino a la cabeza.
Se alejó de mi mentón y clavó su mirada en la mía, como si estuviera tratando de leer lo que pienso.
—Bésame —me ordenó.
Bajé mi rostro hacia ella y capturé sus labios. Pero esta vez su beso no es apasionado… es un beso suave, lento… dulce.
Confundió aun más mis pensamientos y me hizo reprocharme el estar aquí.
Pero no, no puedo arrepentirme de esto, esto es lo que yo quiero, esto
es lo que yo he deseado desde que posé mis ojos en ella y al fin lo
estoy teniendo.
—Eres tan preciosa —murmuré. La tomé de las
caderas y la acerqué más a mí.
—Tú eres tan atractivo —me dijo agarrándome las rodillas.
Acaricié su suave vientre y también sus piernas.
Juro que he vivido esto muchas más veces de las que puedo contar, pero había algo nuevo en esto, algo fresco y distinto a todo. Luego hizo la cosa más extraña de todas… acarició con su nariz mi cuello
y mi cara, dejando caer suaves y mojados besos por mi hombro y mi
mejilla. Me congelé. Sus brazos me mantuvieron apretado contra ella,
mientras envolvía sus piernas alrededor de mis caderas.
La ternura de su toque y sus acciones me punzaron, haciendo que me tensara aun más.
Era como si realmente yo le importara, como si yo significara algo para
ella. Como si ella me… me quisiera… Apenas podía respirar.
Por primera vez en mi vida sentía que estaba teniendo algo más que sexo…
No, no, eso no era así. Yo estaba teniendo sexo. Sexo increíblemente
genial, pero nada más que sexo.
Sexo.
Simple.
Primitivo.
Básico.
Elemental.
Cerrando los ojos, inspiré su perfume único y dejé que me inundara. Mis
labios abrasaron su piel mientras ella continuaba acariciando mi cuello y
mejilla con su nariz. Entonces me moví más aun, buscando eso que tanto necesitaba.
—Ahora me toca a mí —le dije agitado.
Cat soltó una leve risa que cosquilleó en mi oído. Su risa se transformó en un intenso gemido y sus uñas marcaron mi piel.
Me dejé caer rendido y confundido sobre su pequeño y caliente cuerpo. Mi
rostro quedó encallado en su cuello. Sus manos acariciaron de arriba a
bajo mi espalda que subía y bajaba por m, aun agitada, respiración.
Sentí como sus piernas se enredaban con las mías y subían y bajaban para
acariciarme con ellas. Rápidamente levanté la cabeza para cerciorarme de que era ella, y no alguna otra a la que yo había imaginado como Cat. Sí era ella, no era una ilusión, ni mi imaginación. Sus ojos se clavaron
fijos en los míos. Y su rostro mostraba una gran confusión, al igual
que yo…
Me incliné hacia ella y la besé despacio. Su boca me respondió suave y
dulce. Me alejé y me acosté a su lado, mirando fijamente al techo. Mi
cabeza aun daba vueltas, pensé que era por el efecto del vodka, pero no
era así.
La miré de costado y sentí la necesidad apabullante de abrazarla contra
mi pecho. De esconder mi rostro entre sus cabellos y respirar su aroma.
Sacudí mi cabeza y me senté en la cama. Ella también se sentó y buscó
algo en el suelo. La miré de costado. Su espalda desnuda estaba al
descubierto para mí. Quise estirar mi mano y acariciarla, pero me guardé
las ganas. Ella se colocó el camisón y se puso de pie. Caminó hasta las
escaleras.
—¿A dónde vas? —le pregunté.
—Al baño —dijo sin mirarme.
—Aquí hay un baño —dije señalando la puerta que estaba en la habitación.
—El de abajo es más grande —dijo sin dejar de caminar.
—Cat —la llamé. Se giró a verme y sentí un cosquilleo en mi estómago —Debo irme.
—Sí —dijo ella asintiendo —Ya es tarde… cuando salgas, cierra bien la puerta.
No sé que fue peor para mí. ¿Qué ella me dijera eso o que yo de verdad no tenía ganas de irme?
Ella estaba por bajar.
—Cat —la volví a llamar. Me volvió a mirar.
—¿Sí?
—¿Te… encuentras bien? —le pregunté. Ella sonrió levemente y bajó la mirada.
—Claro que sí, ¿Por qué? —preguntó. Negó levemente y se dispuso a bajar al fin.
Me quedé sentado en la cama, esperando no sé que. Hasta que reaccioné y
me levanté. Me puse mis boxers, y luego mi pantalón. Mi camisa estaba
tirada abajo así que debía bajar. Cuando llegué la puerta del bañó se
abrió, y ella salió envuelta en una bata blanca y con el cabello atado
en una alta cola de caballo. La miré fijo por unos cuantos segundos. Me
agaché a recoger mi camisa, sin dejar de mirarla me la coloqué, ella me
sonrió levemente.
Entonces aquello fue más fuerte que yo, con dos grandes pasos me acerqué
a ella y la tomé de la cintura para acercarla a mí y besarla.
Sus pequeñas manos se posaron suaves sobre mi pecho, y luego subieron a
mi nuca. Su boca me respondió de la misma manera y nuestras lenguas se
volvieron a juntar. Besar su boca y sentir su sabor era una de las cosas
más maravillosas que había en este mundo. Me alejé despacio, para poder mirarla.
Tragué saliva y acomodé un mechón que caía por el costado de su cara
detrás de su oreja. Volví a besarla suavemente, apoyando apenas mis
labios sobre los suyos. Me volví a alejar, solo un poco.
—Te veo luego —le susurré.
—Seguro —asintió levemente con la cabeza.
La besé por última vez y giré para caminar hasta la puerta. Salí de allí
sin mirarla, porque si lo hacía, estaba seguro de que no iba a poder
irme. Cuando salí del edificio miré a mí alrededor.
¿Qué demonios fue todo eso?
¿Despedirme así?
¿Desde cuando?
Solté un largo suspiró y caminé hasta Betty. Le di una última mirada a su edificio antes de marcharme.
Al fin había conseguido lo que quería, pero yo no esperaba sentirme así.
Así de extraño, así de confundido. Arranqué mi moto y conduje hacia mi
casa.
Dios Cat, me diste lo que tanto quería y no sabes como te lo
agradezco. Pero no tenías que ser así, tú tenías que ser como las demás,
maldita sea.
Llegué y dejé a Betty en el garaje. Subí al ascensor y bajé en mi piso.
Tomé las llaves y abrí despacio, no quería despertar a mi prima…
—¡¿Se puede saber en donde demonios estabas?! —me preguntó encendiendo la luz de repente.
Me giré a verla algo asustado por su repentina voz.
—Angélica, ¿Qué haces despierta? —le pregunté, mientras me acercaba a la cocina, para tomar un poco de agua.
—Me moría de la angustia esperando a mi primo —me dijo con una sonrisa irónica —¿Dónde estabas?
—Te dije que no me esperaras Angel —le dije y me serví agua.
—Sí claro, pero ¿Qué quieres que haga? Me preocupo, eres mi primo. ¿O
acaso piensas que cuando tu te vas yo me quedó de lo más tranquila
mirando alguna película como si nada?
—Ya Angélica, solo estuve por ahí.
Se acercó a mí y comenzó a olerme. La miré extrañado.
—No, no estabas por ahí —me dijo y respiró más profundamente —Estabas
con una mujer… hueles a mujer, ¿Espera un segundo? —dijo y se acercó más
a mí —Yo conozco ese perfume…
Me alejé de ella, poniendo un metro de distancia entre nosotros. No
quería que descubriera que fui a acostarme con su mejor amiga.
—Tonterías, no estuve con nadie —le mentí —Tal vez sea el perfume de
Susan, la camarera del bar. Echó un poco porque había mucho olor a
hombre, ¿entiendes?
Se alejó de mí frunciendo el ceño con asco.
Sacudió la cabeza y caminó hasta el pasillo.
—Bueno, por lo menos ve a ducharte —me dijo.
—Si mamá —dije con burla. Me miró con los ojos entrecerrados.
—Tonto —dijo y se fue.
Suspiré aliviado y me senté pesadamente en el sillón. Olí mi camisa y de
verdad olía a mujer… olía a Cat, tan adictivo como ella, tan
embriagante como aquel vodka que nos llevó a terminar en aquella
excitante situación.
Me puse de pie y entré al baño para ducharme, no quería quitarme el olor a ella pero… tenía que hacerlo, tengo que hacerlo.
Solo fue una más Styles, recuerda eso… una más.
Dejé que el agua cayera sobre mí aproximadamente 15 minutos, sin hacer absolutamente nada.
‘—Quiero lamer tu tatuaje Harry...’
Recordé algunas de sus palabras, sus caricias, sus besos.
¡Maldita sea, basta! ¡Ya, ya es suficiente!
Solo fue sexo, nada significó para mí, y nada significó para ella. Solo
un agradable momento de lujuria. ¡Solo eso! Por dios, ¿Qué pasa conmigo?
Acabo de tener sexo con la chica que quería, debería estar
completamente relajado y contento. No andar como pelmazo recordando y esas cosas.
Salí de la ducha, me sequé, me puse mi pantalón de dormir y me acosté en el sillón. Coloqué mis brazos detrás de mi cabeza.
¿Qué estará haciendo ahora?
¿Se habrá dormido?
¿Estará despierta?
¿Pensara en lo que pasó?
¿Estará totalmente arrepentida?
¿O estará más que contenta de haberlo hecho?
Negué con la cabeza, para alejar esas estúpidas preguntas de mí.
¿Y si la llamo?
¿Y si la llamo para ver como esta?
¿Y si solo la llamo para escuchar su voz y luego cuelgo?
¿Y SI MEJOR DEJO DE COMPORTARME COMO UN IMBÉCIL?
Me di vuelta sobre el sillón y escondí mi rostro en la almohada. Otra
vez sus caricias vinieron a mi cabeza.. Era una sensación dulce y tonta que no tenía comparación.
¿Lo recordará después? Sí, no puede no recordarlo. Nuestra borrachera se
fue en nuestro primer asalto. Quemamos más toxinas de las que realmente
teníamos.
Al final, creo que fue peor el remedio, que le enfermedad.
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