Ella comenzó a reír y yo también me uní a su risa.
—¿Me estás hablando enserio? —le pregunté.
—Muy enserio —dijo divertida —Yo tenía que fingir.
—¿Le fingías?
—Si —dijo y tomó un poco más de vodka para volver a hablar —Sino el pobre iba a sentirse muy mal.
—Ni para darle placer a una mujer es bueno el infeliz —hablé entre risas.
Ella dejó de reír y me miró fijo. Volvió a beber de la botella, y luego miró la hora en un reloj.
—Son las 3 de la mañana Styles, creo que es hora de que te vayas —se
puso de pie, pero al instante se tambaleó y cayó sobre mí. Comenzó a
reír divertida.
—Creo que no puedes andar —le dije divertido.
Se incorporó y se sentó derecha sobre mi regazo.
—¿Estas insinuando que estoy ebria? —me preguntó.
—No lo se, tú dime.
—Lo que yo te digo es que…
No pude aguantarme más y levanté la cabeza para tomar sus labios. Su inmediata respuesta me confundió.
Se acercó más a mí, cuando coloqué una de mis manos alrededor de su
cintura. Su lengua se mezclo con la mía y el sabor de su boca era una
mezcla paradisíaca de alcohol y su propio sabor. Era dulce, y adictivo.
Llevó sus manos a mi nuca y el beso se volvió más profundo. Como cada
vez que la besaba, mis ojos estaban totalmente cerrados y disfrutando de
ello como el resto de mí. Resbalé mis labios por su mentón y bajé a su
cuello. Me sorprendió que ella no se alejara o dijera algo para
alejarse. Estoy seguro de que era el alcohol, el bendito alcohol… Gimió
levemente y eso fue como apretar el acelerador en mí y no sacar el pie
de allí.
Desesperado volví a su boca. Mordió suavemente mi labio superior y luego se alejó para mordisquear mi mandíbula, hasta mi oreja.
—Diablos… —musité apenas audible. Ella iba a volverme loco,
completamente loco. La alejé de mí y me puse de pie. Ella me miró
sorprendida —Estas ebria Cat, mejor te llevo a dormir.
Ella se puso de pie y tambaleándose se acercó hasta mí.
—No estoy ni tan ebria, como para no recordarlo mañana, ni tan sobria,
como para dejar que mi orgullo detenga mis actos —dijo algo agitada. Su
mirada estaba llena de deseo.
—Estoy tan ebrio como para pasar por alto el que mañana estarás
arrepentida, pero tan sobrio y conciente como para hacer que no lo
olvides nunca.
—Entonces, hagámoslo cariño —me dijo levantando sus brazos al tiempo que
yo me acercaba a ella y la tomaba de la cintura para acercarla de nuevo
a mí.
Sus brazos cayeron pesados sobre mis hombros, y se colgó de mí mientras nuestras bocas se fundían en un caliente beso.
Sin dejar de besarnos comencé a caminar a ciegas.
Algunos tropezones, unas risitas de su parte, hasta que chocamos contra una fría mesa de mármol.
Cat soltó agitada mis labios, mientras que yo la subía a la mesa
justo frente a mí. Abrí sus piernas y paré en medio de ellas. Volví a
tomar sus labios, mientras mis manos acarician su cuerpo sobre el fino
camisón.
—No sabes, no tienes ni la menor idea de cuanto te deseo —le susurré al
oído mientras comenzaba a besar su cuello otra vez —Siempre he sido un
firme creyente de vivir el momento. En tomar lo que quiero cuando lo
deseo. Y ahora mismo, Catherin, yo te deseo. Quiero saborear cada
centímetro de tu cuerpo. Sentir tu respiración sobre mi cuello mientras
te hago mía. Explorar con mi lengua cada parte de ti hasta que me
ruegues que me detenga.
—No voy a rogarte que te detengas —dijo agitada y divertida —Esta noche, haz conmigo lo que quieras. Al diablo con el moralismo…
—Amén —dije y volví a sus labios.
—Amén, amén —musitó rápidamente y apenas audible.
Bajé mis manos hasta el borde de su camisón. Con cuidado acaricie sus
muslos y su piel estaba tan caliente como yo en este momento por ella.
Sus manos estaban en mi nuca y acariciaban mis cabellos en forma de
provocación. Sentí como sus manos resbalaban hacia delante y comenzaban a
bajar por mi pecho, mientras nuestras bocas no cesaban. Alejándome
apenas para respirar, la acerqué más a mí, logrando más espacio entres
sus piernas.
Sin ningún problema la tomé en brazos y la subí sobre mi abdomen. Sentí
como sus piernas se cerraban a mí alrededor. Gruñí levemente al sentir,
como desesperada, intentaba quitarme la camisa de encima.
—Apartate un poco. Así puedo… quitarte esto —habló entre dientes trabajosamente.
Me reí ante su apabullante suplica.
—¿Estás caliente, cariño? —pregunté agitado, mientras caminaba con ella encima hasta una de las paredes que estaba casi vacía.
—¿Tú que crees? —susurró y clavó sus ojos en los míos —Yo también puedo
ser una sexo-dependiente como tú, y más si hace tiempo que no lo tengo…
—Juro que voy a encargarme de que lo disfrutes, lo juro…
Gimió cuando la apoyé contra la pared y hundí mis labios en su garganta.
Mordisqueé la delicada piel de su cuello, hasta llegar a su oreja.
Su respiración caliente caía sobre mi oreja y nuca. Como había deseado
esto, por dios. No podía esperar para subir a aquella cama y hacerla
mía, como tantas veces quise.
Me moví levemente contra ella, haciendo que se sobresaltara y me
apretara con fuerza. Recargando su peso contra la pared, me alejó un
poco de ella y con una profunda mirada, se deshizo sin ningún problema
de mi camisa.
Volvió a acercarse para tomar mi boca. Volví a caminar a ciegas, pero
por un mal movimiento y estar tan inmerso en aquello, caímos sobre una
mullida alfombra.
Ella quedó sobre mí, pero aun así nuestras bocas no se alejaron ni lo
más mínimo. Se alejó de mis labios y comenzó a bajar su boca y lengua
por mi cuello, y siguió bajando hasta mi pecho.
—Demonios… —escuché su ahogada voz sobre los músculos de mi abdomen
—Estas más bueno que comer un cono de chocolate derretido con el dedo…
Reí entré dientes y me senté para sentarla sobre mí y besar su boca. La
tomé de la nuca y la acerqué más a mí, como si eso de verdad fuera
posible. Sus firmes pechos estaban apretados contra mi pecho, debajo de
ese sexy camisón y cubiertos por un sujetador.
Ella tenía una forma tan especial de besar, una forma única y
extremadamente caliente. Se alejó apenas de mis labios y abrí mis ojos
para mirarla. Ella me miraba fijo…
—No vas a detenerme, ¿verdad? Estoy desesperado, Cat. Hace semanas
que no lo hago y estoy por volverme loco… loco —le expliqué agitado
mientras veía su forma de mirarme.
Sus labios se curvaron levemente, para formar una misteriosa sonrisa.
Tomó una de mis manos y la dirigió a uno de sus pechos. Me hizo recorrer su cuerpo desde allí, hasta la curva de su trasero.
—¿Desesperado? —preguntó. Tragué sonoramente.
—Muy desesperado —le aseguré.
—¿Y que pasó con tus conquistas?
No podía decirle que no había podido acostarme con ninguna de ellas
porque siempre que lo estaba por hacer, su rostro me aparecía para
atormentarme y alejarme de cada una de ellas.
—Ellas no me excitan —dije.
Su suave mano acarició mi pecho y subió hasta mi hombro. Se acercó un
poco más a mí y comenzó a pasar su lengua por el costado de mi
mandíbula. Gruñí al sentir el calor de sus piernas alrededor mío.
—¿Yo te excito? —preguntó alejándose un poco.
Ella quería saber aquello, ella necesitaba saberlo.
—No te haces una idea de cuanto.
—¿Entonces, qué estas esperando para subir las escaleras y terminar en aquella cama?
—Estaba esperando a que me dieras el permiso —dije con una pequeña sonrisa.
Sin ningún problema me puse de pie con ella encima. Mi cabeza dio
vueltas al sentir como se envolvía alrededor mío otra vez. El calor de
sus muslos internos, quemaron mi cintura mientras sentía su humedad
contra mi estómago.
Comencé a subir las pequeñas escaleras que daban a aquel cuarto, que
contenía una gran cama, un enorme televisor y el placard en la pared.
Esa era su habitación, y podías obtener vista de ella desde la sala.
Regresando a su boca, mezclé mi lengua con la suya y mordí con cuidado
su labio. Susurró algo que no logré entender, pero me dio tanto placer.
Al fin llegamos arriba. Mis manos sostenían con firmeza su trasero, para que pudiera mantenerse sobre mí.
—Voy a devorarte, Cat —le dije con voz ronca.
—Esa idea me tiene loca…
—No más que a mí…
Caminé un poco más hasta que mis pasos se vieron interrumpidos por una
pared. Ella gimió, cuando por causa de la pared, posé mi hinchada
erección contra la parte de ella en la que ya no podía esperar para
enterrarme.
—Oh, dios —dijo en un leve gemido. Probé la calidez de su boca y escuché
sus susurros de placer. Movió sus manos desde mi nuca, a través de mi
espalda, hasta encontrar el cierre de mi pantalón. Echándome hacia atrás
ligeramente, observé su cara.
—Ya no puedo esperar a que lo hagas… Hazlo porque voy a volverme loca
—me dijo agitada. Entonces la bestia que estaba dentro de mí, pareció
salir descontrolada. La apreté más contra la pared y la besé
profundamente. Casi salvajemente le arranqué su ropa interior que tenía
debajo de ese camisón.
Ese camisón que aun cubría su cuerpo. Pero no quería quitarselo todavía, me gustaba verla con eso puesto.
Metí mis manos entre nosotros y terminé de desabrochar los botones que ella ya había empezado…
—Espera, espera —me dijo. La miré fijo —Póntelo primero...sabes de lo que te estoy hablando…
—No se donde está —dije totalmente desesperado.
—No voy a hacerlo, hasta que lo tengas —susurró.
Toqué los bolsillos traseros de mi pantalón y agradecí a Dios
encontrarlo allí. Ella se rió entre dientes. Se bajó de mí, para que yo
pudiera ponérmelo, y mientras yo lo hacia ella acariciaba mis cabellos.
—Eres un tramposo y manipulador… Sabías que iba a pasar esto, lo sabías y viniste a… a enloquecerme…
—Shhhhh... —le dije y la volví a alzar.
—Pero…
Y cuando sus piernas se abrieron a mí alrededor, me hundí en ella. Gimió exaltada y se aferro con fuerza a mi espalda.
Me quedé quieto, sintiendo como sus muslos internos me rodeaban más y
más. Mi cabeza comenzó a dar vueltas, y vueltas. Mi rostro estaba
escondido en su cuello. Subí mis manos por el costado de sus piernas,
alzando un poco más su camisón. Comencé a moverme despacio. Ella boqueó y
se arqueó hacia mí.
—Oh, Cat… —su nombre salió ronco de mi garganta al sentir el placer
de estar dentro de ella. Mis ojos se cerraron y gruñí profundamente.
Comencé a moverme un poco más, quería sentirla, necesitaba sentirla.
—Harry… —mi nombre salió agitado de sus labios.
Entonces me alejé de su cuello y tomé su boca. Gimió un poco más fuerte
que antes y sus manos apretaron mis hombros. Era tan erótico sentirla de
esa forma. Ella estaba completamente vestida, y yo solo tenía puestos
mis pantalones. Me alejé apenas de su boca para poder respirar.
—Di que deseabas esto tanto como yo —le dije sin dejar de moverme dentro
de ella.
—Yo… yo lo deseaba tanto —dijo entre dientes.
Sonreí agitado y capturé sus labios de nuevo. De una manera inexplicable
me deshice de su camisón. Ahora estaba
al descubierto para mí. Sus manos se movían suaves por mi espalda, y su
respiración caliente caía sobre mi boca. La apreté más contra la pared,
haciendo que sus piernas se abrieran un poco más a mí. Mordió sus labios
y cerró sus ojos. Mis caderas no dejaban de empujar en su interior, y
no iban a dejar de hacerlo hasta obtener lo que quería de ella. Su boca
buscó la mía y sus labios tomaron despacio los míos. Me estremecí dentro
de ella. Sus manos subieron por mi espalda hasta mi rostro.
Acaricio mis mejillas, y secó el sudor de mi frente. Sus gestos me
confundieron, y su forma de tocarme más aun. Se alejó de mis labios y
levantó un poco su rostro para besar mi nariz. Mis labios quedaron
quietos sobre su mentón.
—¿Viniste aquí solo por placer? —me preguntó agitada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario