Besé cada centímetro de su piel que estaba a mi alcance.
—Harry… —
Mordisqueé sus labios y tironeé de ellos con suavidad, mientras me movía
despacio la sostenía entre mis brazos. Ella entrelazó sus piernas con
las mías y me mantuvo cerca.
—Quiero que sepas una cosa —le hablé agitadamente. Sus ojos se clavaron
en los míos. Me acerqué a ella y rocé su nariz con la mía —Yo quiero
hacer el amor contigo… hoy, mañana… pasado mañana y por muchas, muchas
noches más.
No sé como fue, pero ella giró sobre el colchón y quedó sobre mí. Gruñí
fuertemente al sentirla así. Salvaje… agitada… completamente mía. Me senté y capturé sus labios en un caliente beso.
—Y yo quiero que lo hagas —me dijo agitada y soltando apenas mi boca.
No se cuanto tiempo estuvimos así, y tampoco me importaba.
Por mí iba a estar dentro de ella toda la noche. Pero entonces sentí que
tenía que liberarme. La tomé de las caderas y la empujé más cerca de
mí. Ella boqueó y se aferró a mi cuello, mientras me mordía levemente el
hombro. Me recosté con ella y giré atrapándola de nuevo.
Cat respiraba trabajosamente, sus labios estaban rojos, un poco
hinchados y una cortada en su labio inferior. Levantó su mirada para
encontrarse con la mía.
Me sonrió y levantó su mano para acariciar mi rostro. Entonces supe que
no había nada que yo no hiciera por ella. Si ella quería, sería capaz de
bajar al infierno y matar al mismo diablo, solo para hacerla sonreír.
Maldije por lo bajo ante el pensamiento. Me estaba por apartar de ella,
pero me tomó de la barbilla e hizo que la mirara.
—No te atrevas a alejarte de mí —me ordenó y luego me besó ferozmente.
Apenas podía respirar al sentirla con cada fibra de mi ser. Su pequeño y
femenino cuerpo debajo del mío. Pero el calor de sus labios y el valor
de su intrépida voluntad eran los que me calentaban. El fuego de su
pasión ardía a través de mí, haciéndome sentir vulnerable y al mismo
tiempo fuerte y decidido. Soltó levemente mis labios, entonces la miré a
los ojos y luego bajé sobre ella, para poder apoyar mi cabeza sobre su
pecho.
—¿Escuchas la lluvia? —le pregunté.
—Sí —me contestó sin dejar de acariciar mis cabellos.
—¿Sabes qué escucho yo? —le dije.
—¿Qué? —preguntó.
—Escucho tu corazón…
—¿Y que te dice mi corazón?
—Me dice: Más te vale Styles que te quedes, porque sino te juro que te
vas a arrepentir de haberme hecho latir como una loca —le dije.
Ella rió divertida, haciéndome levantar la cabeza para mirarla.
—¿Y qué dice el tuyo? —me preguntó.
—¿Por qué no lo escuchas tú misma? —dije y giré en el colchón para que
ella quedara sobre mi pecho. Se apoyó suavemente, colocando su mano
izquierda en el lado derecho de mi pecho. Con mi mano acaricie su
espalda —¿Y qué te dice?
—Me dice: Cariño, ¿Por qué no lo repetimos? Fue muy interesante
participar esta vez… aunque debo confesarte que la primera vez también
participé —me dijo y levantó su cabeza para mirarme —¿Eso es lo que está
diciendo?
—Exactamente eso es lo que está diciendo —le contesté.
Sonrió y se acercó a mí besando suavemente mis labios. Respiré
profundamente y su perfume invadió mi cuerpo. Que agradable era oler a
ella. Mordió mis labios traviesamente. Arqueé una de mis cejas y me
alejé con cuidado.
—¿Estás juguetona? —le pregunté.
—Solo cuando me provocan estarlo —me dijo y capturó mi boca de nuevo.
Comencé a despertar por un extraño ruido que llegó a mis oídos.
Somnoliento abrí un ojo y miré el techo. Esta no es mi casa… Entonces
recordé todo y giré la cabeza para poder comprobarlo. Sentí que mi
corazón latía rápido al verla allí. Ella dormía profundamente boca
abajo. Su largo cabello caía sobre su espalda. Me apoyé sobre mi codo y
la miré fijo. Su rostro estaba relajado y sus labios parecían curvar una
leve sonrisa. Bajé mi mirada por su cuerpo, que estaba debajo de las
sábanas. Levanté mi mano y acaricie su mejilla. No puedo creer que de
verdad me haya quedado, aunque después de hacer el amor casi toda la
noche no podía irme. Bajé mi mano de su mejilla a su mentón, seguí
bajando hasta encontrarme con las sabanas y las corrí.
—¿Por qué estás mirándome? —su voz suave y adormilada llegó a mis oídos.
Levanté la cabeza y miré su rostro.
—Buenos días —la saludé.
—Pásame las sábanas, pervertido. Y deja de mirarme así —me dijo.
—Me parece que la más pervertida de los dos eres tú —le dije.
Se sentó en la cama y tomó las sábanas para taparse. Volvió a acostarse boca arriba y giró la cabeza para mirarme.
—¿Te quedaste de verdad o estoy soñando? —me preguntó.
Rápidamente me acerqué a ella y la besé con pasión. Llevé mi mano a su
nuca y enterré mis dedos en sus cabellos. Su lengua acarició la mía y
elevó sus manos para tocar mi rostro. Entonces no pude evitarlo, me subí
a su cuerpo, haciendo que gimiera levemente. Solté despacio sus labios.
—No podía irme cariño —le contesté agitado.
Ella arqueó una ceja y subió y bajó sus manos por mi torso.
—Mmm, que excitante es despertar y encontrarte aquí… —dijo provocadoramente.
—¿Recuerdas las barbaridades que me dijiste? —le pregunté.
—¿Yo? —dijo haciéndose la desentendida —No querido… tú eras el que me decía cosas que ni siquiera me atrevo a repetir.
—¿Cómo que? Lo duro que…
—¡Harry! —me calló antes de que continuara.
—Vamos, te encantó que te dijera todas esas cosas mi pequeña y pervertida cajita de mentiras…
—¿Quieres saber que es lo que realmente me encantó, mi fogoso y lujurioso motero?
—Mmm… fogoso y lujurioso, que bonitos adjetivos —le dije. Ella sonrió —¿Qué fue lo que te encantó?
—Me encantó hacer el amor contigo y que te quedaras…
—¿Qué me estás queriendo decir con eso? —pregunté alejándome un poco más
de ella para mirarla bien a los ojos —¿Acaso me estás queriendo decir
que te gustaría intentarlo?
—¿Tú lo intentarías? —me preguntó. La miré fijo a los ojos y ya no lo dude.
—Claro que sí… porque eres la primera mujer con la que duermo, y eres la
primera mujer con la que hago el amor… la primera que me vuelve loco… y
me gusta tanto —le dije mientras me inclinaba hacia ella para tomar sus
labios.
Su boca me esperó dulce y calida. Comencé a besarla más profundamente al
sentir que el deseo volvía a brotar en mí. Subí mi mano por el costado
de su cadera y cintura, hasta toparme con su pecho y bajando de nuevo. La apreté sutilmente y su boca se
abrió más para mí.
—Harry… cariño —dijo alejándose apenas de mí —Tenemos que levantarnos.
—No —susurré y la callé besándola de nuevo.
Volvió a soltar mi boca y respiró profundamente.
—Styles —me llamó en tono de advertencia.
—Vamos, Cat, no te resistas —le dije y comencé a bajar mis besos por su mentón.
Al parecer ella perdió todo rastro de cordura, pues comenzó a dejarse y a
no protestar por ello. Seguí bajando mis besos por su cuello,
mordisqueé esa delicada piel. Seguí bajando.
—Harry… no hagas esto… no, detente ya… dios. Debemos levantarnos, tenemos que ir a la Universidad —me dijo.
—Al diablo con la Universidad —dije y volví a subir por su cuello hasta
su boca. La besé con ímpetu, con necesidad. Saboreando cada rincón de su
boca —Pero si no quieres me alejo. Dime Cat, dime que no me deseas y
me alejo de ti…
—Te deseo Harry, no sabes cuanto —dijo agitada.
Le sonreí y volví a besarla. No había nada que me gustara tanto como
besarla. Como lo dije varias veces ella tiene una forma muy particular
de hacerlo. Sus manos bajaron por mi espalda y soltó mi boca haciendo
que mis ojos se abrieran. La miré fijo.
—¿Qué sucede? —le pregunté.
—Nada… solo quería verte los ojos —me dijo dulce.
Entre unas tiernas y al mismo tiempo calientes caricias la temperatura
de nuestros cuerpos y del lugar comenzó a subir. Jadeé al sentir sus
labios en mi cuello y llegando a mi oreja. Con cuidado tomó el lóbulo
con su boca y lo mordió despacio.
Se
inclinó hacia delante y comenzó a besar mi mentón, comenzó a bajar por
mi pecho, cerrando y abriendo su boca sobre mi piel. Un móvil comenzó a
sonar. Ella levantó la cabeza y miró extrañada a nuestro alrededor. La
miré y tomé su rostro.
—No lo cojas—le dije agitado.
—Puede ser importante —resopló.
—No hay nada más importante que tú y yo en este momento —dije y la acerque hacia mí para besarla.
El movil dejó de sonar, y sonreí sobre sus labios. Nada ni nadie iba a
parar este momento, ella no se iba a alejar de mí sin antes ser mía.
Otra vez el maldito sonido invadió la casa. Cat se incorporó de mí y
me miró divertida. Solté un frustrado gruñido. Ella se bajó de mí y
giró sobre el colchón para agarrar el móvil que se encontraba en la
mesita de noche.
—¿Hola? —dijo al atender. Sin dejar de mirarla me acerqué a ella y
comencé a besar su brazo. Ella sonrió y mordió sus labios. Fui un poco
más atrevido y subí mi boca por su hombro para luego bajar. —¡Harry no hagas eso, es tu prima!
—¿Angélica? —dije sin poder creerlo. Tomé el móvil de Cat y lo puse en alta voz.
—¡Estás con Harry! ¿Cómo que estás con Harry? ¿Qué hace él ahí? —escuché como preguntaba sin poder creerlo.
—Primero quieres tirar a mi Cat a los brazos de otro y ahora
arruinas un momento extremadamente caliente, ¿Qué más vas a hacer
primita? —le pregunté.
—¡Oh, eres un asqueroso! ¡No quería saber eso! —se quejó.
—No seas malo con tu prima —la defendió mi cariño —¿Qué pasó Angélica?
—¿Cómo que qué pasó? Por si no te has dado cuenta ya son más de las 11
de la mañana y tú aun no estas en la Universidad… pero ya entiendo
porqué —dijo la rubia.
—Me parece perfecto que lo entiendas… bueno adiós —dije e intenté
colgar, pero Cat tomó el movil y se puso de pie dándome la espalda.
—Creo que ya no vale la pena ir por unas pocas horas —dijo ella y me
miró de costado, aun mostrándome su cuerpo desnudo, solo de atrás.
—¿Pasasteis la noche juntos? —preguntó Angel.
—Una larga y lujuriosa noche —le dije fuerte para que me escuchara.
—¡Pervertido! —me chilló mi prima. Cat tomó su ropa interior y se la
colocó rápidamente. Maldije para mis adentros al saber que la cosa ya se
había acabado… por ahora.
—Angélica, más tarde te llamo ¿vale? —dijo ella.
—¿Vas a cambiarme por él? —le preguntó sin poder creerlo.
—No, no te estoy cambiando por tu primo…
—Sí, sí lo está haciendo —dije mientras me recostaba en la cama y colocaba mis brazos detrás de mi cabeza.
—Bueno, no importa —habló Angélica y ambos escuchamos como reía levemente
—Me alegro que os hayáis dado cuenta de que tenéis que estar juntos… me
alegro que lo hayáis entendido de una vez, en vez de estar como perro y
gato peleándose y reclamándose cosas.
—En eso estoy completamente de acuerdo primita —le dije.
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