Lo miré fijo por unos cuantos segundos… no puedo entender como alguien
así puede ser mi padre. Cómo mi madre pudo amar a esta basura.
—Ya no más, Will — le dije. Él sonrió de costado y se acomodó mejor en su silla.
— Creo que va a ser mejor que pienses en el bien de tu madre. — me habló.
Ahora yo sonreí de la misma manera torcida y perversa que él.
— Ya no puedes hacerle daño — le aseguré. Su sonrisa se desvaneció lentamente.
— Dime — dijo mientras se ponía de pie – ¿Qué te llevó a tu madre? – no
contesté y solo me dediqué a mirarlo fijamente — Sé que esa jovencita
tonta con la que estás últimamente consiguió el número de tu madre…
— No es ninguna tonta… ya sé que intentaste manipularla ayer, no te
funcionó ¿verdad? – reí levemente — Ella no es como las demás. Ya no
tienes poder sobre mí. Se terminó.
Se puso de pie y salió de detrás de su escritorio. Se acercó a la
biblioteca y comenzó a mirar los libros que allí estaban. Él podía
llegar a ser tan cínico, tan frío… tan distante. Después de que mamá se
fuera, aprendí que lo único que podía recibir de Will eran órdenes y
amenazas. Se giró a verme y volvió a sonreír.
— Voy a demostrarte que puedo ser generoso, Harry – dijo y volvió la
mirada a los libros – Tienes un poco de tiempo para jugar a ‘la casita’
con la ramera de tu madre…
— Bastardo – lo interrumpí — Ella no es una ramera.
— No me interrumpas hijo, sabes que no me gusta – respiré profundamente
tratando de no perder el control – Como te decía, tienes un tiempo para
jugar a ‘la casita’ con tu madre y divertirte con esa muchachita.
— Sabes que ya no es cuestión de tiempo… se terminó, Will, ya no más
amenazas estúpidas y ese tipo de cosas — dije. Volvió su vista a mí, se
notaba que ya estaba perdiendo la paciencia.
— ¿Sabes? Sé a qué jardín va Emily – me paralicé y mi cuerpo se tensó –
Es una niña muy guapa, se parece a tu madre. Le gustan mucho los dulces,
ella me lo ha dicho.
— Imbécil — musité por lo bajo.
— Por eso mismo hijo, piénsalo bien... no me molesta que estés con la
hija de Jones, una pequeña diversión no te viene mal... pero lo mejor
va a ser que dejes la loca idea de estar cerca de tu madre y de ese
infeliz – sonreí ante la forma en que llamó a Ben.
Reí divertido y él me miró con furia.
— Padre, padre, padre — dije calmando mi risa — No sé si has visto a tu
alrededor últimamente pero, si no, aquí tienes una noticia: YA NO ME
CONTROLAS, NI ME CONTROLARÁS.
— No estés tan seguro de eso — dijo apretando los dientes.
— Puedes meterte tus amenazas por donde te quepan — le dije con una sonrisa.
— Puedo hacerlo mucho mejor, hijo, te sorprenderías.
— ¿Sabes? — dije sin dejar de sonreír — He visto cómo está mamá... y
debo decirte que alejarla de ti ha sido lo mejor que has podido hacer en
este mundo. Así que, sin rencores... papi, todo está bien. Ben le ha
dado todo lo que tú jamás pudiste darle en la vida – lo vi ponerse rojo
del coraje, y eso me llenó de satisfacción –Cuídate, ¿vale?... ya estás anciano,
no debes pasar corajes.
Quise echarme a reír ante su notorio enfado, pero traté de controlarme…
pero es que juro que se me hace imposible. Este infeliz tiene que
pagarme una y cada una de las que me ha hecho.
— Ten cuidado, hijo mío — me dijo con toda la calma posible, mientras me
miraba fijamente. Mi mandíbula se tensó — Mide tus palabras… no querrás
que algo le pase a tu nueva dama de compañía ¿o sí?
Y esa fue la gota que colnó el vaso, rápidamente me acerqué a él tomándolo de la camisa para acercarlo a mí.
— Escúchame bien, maldito infeliz — le hablé entre dientes sin dejar de
sostenerlo por la camisa. Sus ojos se clavaron en los míos — Dejaré de
lado el motivo de tener tu maldita sangre si le tocas un cabello a Cat... no voy a dudar en acabar contigo.
— Te importa de verdad — susurró como si acabara de descubrir lo mejor de su vida.
— Entendiste, ¿verdad? No juegues conmigo, Will… ya no tengo 9 años. Y
lo único que siento por ti es desprecio, así que mejor no me busques —
lo solté bruscamente y salí de aquel despacho antes de acabara con la
poca paciencia que me quedaba.
Cuando estuve afuera de la casa, pateé lo primero que estuvo delante de
mí. El contenedor terminó en medio de la calle con toda la basura
esparcida.
Intenté calmarme, pero se me estaba haciendo imposible. De verdad, si a él se le ocurre hacerle algo a Cat, lo mataré. Solté
un suspiró y decidí calmarme del todo. Comencé a caminar y después de
unos cuantos minutos llegué a mi casa, necesitaba dormir un poco,
pensar, despejarme. Abrí la puerta y al instante mi prima salió
de la habitación.
— ¡Hola! — dijo con una sonrisa de oreja a oreja. Se acercó a abrazarme,
al instante se alejó de mí y me miró bien — Oye, ¿Qué te pasa? ¿Acaso
vas a decirme que arruinaste todo con Cat y os peleasteis? — no pude
evitar sonreír.
— No, no me peleé con Cat — dije en un suspiro.
— ¿Entonces? ¿Por qué tienes esa cara horrible? — preguntó. Le iba a
decir algo, pero me interrumpió con un pequeño gritito – Quiero que me
cuentes, quiero saberlo todo… todo ¿Qué pasó con Cat? ¿Por qué
dormisteis juntos? ¿Cómo te sientes? ¿Estás enfermo? ¿Sabes lo que haces
verdad? — volví a reír.
— Sí, sé lo que hago… todo está bien. Anoche me di cuenta de que todos
teníais razón, yo estoy loco por ello, la quiero… no puedo evitarlo.
Angélica llevó sus manos a su pecho y puso su mejor cara de tonta
emocionada, apretó los labios como si evitara llorar y luego volvió a
gritar. Me alejé un poco de ella.
— Ay, muero, te juro por Dios que me muero aquí mismo. No puedo creerlo,
esto es increíble. Al fin, primito – dijo y apretó mis mejillas.
— Ya, ya — dije alejándome de su molesto agarre.
— Te quiero, primo — me volvió a abrazar. Sonreí y le respondí el gesto.
— Yo también te quiero, tonta — le dije. Se alejó de mí y soltó un
suspiro. La miré bien, percatándome de que estaba bastante arreglada —
¿Vas a salir? — ella se sonrojó instantáneamente y ahí supe que saldría
con Zayn — Ooooh, vas a salir con Zayn.
— Bueno yo… él me invitó al… cine y bueno, creo que ya es hora de… de
hacerle un poco de caso. El pobre ya me estaba… dando pena — habló
nerviosa.
— Mentira, tonta — dije divertido y la empujé levemente — Te mueres por él, admítelo.
— Bueno sí, me gusta — dijo haciendo un leve puchero y mirando al suelo — Así que… no me esperes hoy, no vendré.
— Está bien… al fin podré dormir en mi cama — golpeó levemente mi brazo — Ya, sólo bromeo. Me voy a ducharme y a dormir un rato…
- Está bien, tontín, adiós – dijo y besó mi mejilla.
Me dirigí a mi habitación y me tiré en la cama. Tomé mi móvil y busqué su número. Sonó una… sonó otra.
— ¿Cómo te fue con tu padre? – preguntó al atender.
— Primero que nada, “hola, cariño, ¿Cómo estás? Te echo de menos” – dije y escuché su risa.
— Hola, cariño, ¿Cómo estás? Te echo de menos — me dijo.
Sonreí y me senté en la cama para buscar un poco de ropa ya que iba a entrar a bañarme.
— Bien ¿y a ti, cariño? — pregunté.
— Bien, acabo de salir de hablar con mi madre… ahora voy a lo de papá.
— ¿Vas a tardar mucho? Quiero verte.
— Quizás no podremos vernos hoy, Harry — detuve mi búsqueda de ropa y me paré bien.
— ¿Por qué no? — dije como un niño al que no quieren comprarle un juguete nuevo.
— Porque papá hará una cena y seguro quiere que me quede…
— Cat, no me hagas esto — supliqué.
— Pareces un niño — dijo divertida.
— Está bien, déjame solo… no te necesito — colgué y me dispuse a buscar
la ropa. Mi móvil comenzó a sonar y sonreí al ver que era ella. Esperé
unos segundos antes de atender.
— ¿Por qué me cuelgas? ¿Acaso de verdad eres un niño? — preguntó enfadada. Sonreí.
— No me echas de menos, es eso — dije.
— Tonto, eres un tonto… te comportas como un tonto. ¡Claro que te echo
de menos! ¿Acaso crees que no me muero de ganas de besarte en este
preciso momento? – sonreí como un bobo mientras entraba al baño.
— ¿Quieres besarme? — pregunté.
— Claro que quiero besarte — susurró.
— Yo quiero hacerte otras cosas — dije con voz profunda.
— Harry — se quejó divertida.
— Entonces, ¿no vas a venir? — dije esperanzado con que me dijera que si iba a venir.
— Hagamos una cosa, apenas salga de ahí te llamo y vemos si vamos al
cine y tomar algo ¿quieres? Así de paso hablamos de tu padre…
— No, no quiero hablar de él — aseguré.
— Vamos, cariño, te vendrá bien — sonreí levemente.
— Está bien, llámame, por favor — dije.
— Te llamo, adiós — dijo y colgó.
Tuve que haberle dicho que la quería… pero ¿y si es muy rápido? No, no
es rápido, es sincero y real… cuando la vea se lo digo. Me duché y luego
me puse mi pantalón de dormir para tirarme boca abajo en mi cama. Estoy
tan cansado, necesito dormir un poco. Mis ojos comenzaron a cerrarse
poco a poco, hasta que todo estuvo totalmente oscuro…
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