••••FLASHBACK••••
Ella sacó las llaves de su cartera y comenzó a caminar. Estaba por
llegar tarde a la presentación de su hijo, y no se podía permitir
aquello. Se subió al coche y arrancó lo más rápido que pudo. Cuando
llegó se bajó y casi corrió hacia dentro del auditorio. Un poco agitada
se acercó a una de las profesoras.
—Señorita Mimí, ¿Dónde está mi hijo? —le preguntó recuperando un poco el aire que había perdido.
—Harry está detrás del escenario señora Styles —le señaló el camino con el dedo.
Anne asintió con la cabeza y movió de nuevo sus piernas para acercarse
al lugar. Corrió una cortina y lo divisó parado en medio de todas las
niñas. Sonrió levemente. Él levantó su pequeña mirada celeste y sonrió
mostrando todos sus dientes al verla.
—Lo siento señoritas, pero llegó mi reina —les dijo a las niñas y se
abrió camino de ellas para acercarse a su madre. Anne se agachó cuando
él estuvo cerca.
—Eres todo un caballero —le dijo divertida.
—Lo se mami, pero solo me interesas tú —dijo él.
—Vale, acabas de ganarte un helado para cuando termine la función —dijo ella y acomodó un poco su pelo —¿Estás nervioso?
—No, para nada —afirmó y sonrió.
Su madre levantó su mano y acarició su rostro. Sus mejillas estaban
pobladas de pequeñas pecas, su nariz pequeña adornaba su cara de niño.
Él era tan guapo, su pequeño bebé. Con solo 5 años ya era todo un
hombre, y hablaba como tal.
Una de las profesoras de ballet se acercó a ellos.
—La función ya va a comenzar —les avisó. Ambos asintieron y volvieron a mirarse.
—¿Papá vino? – le preguntó él esperanzado.
—No Harry, papá esta ocupado —dijo ella.
—Siempre está ocupado —susurró bajando la mirada.
Anne tomó su mentón e hizo que la mirara a los ojos. Ella no podía
permitir que la concentración y la autoestima de su hijo bajaran por
eso.
—Pero yo estoy aquí y yo quiero verte brillar. Ben también vino a verte…
—¿Ben está aquí? —dijo entusiasmado.
Ben siempre venía a verlo y eso lo alentaba. Anne sonrió.
—Sí, está aquí y ambos queremos que seas el niño mas guapo de todos.
Harry rió divertido.
—Soy el único niño, mami —le dijo.
—Tienes razón, pero no importa. Para mí eres único y estoy muy orgullosa
de ser tu madre. Ahora sal a ese escenario y haz lo que sabes hacer
—dijo y le dio una pequeña palmada en su trasero para que caminara.
Harry movió sus pequeñas piernas hacia el escenario y Anne lo perdió de vista.
Se sentó en el gran piano de la casa de su abuela. Tenía que terminar de
saber las notas, antes de que su madre llegara. Levantó la tapa del
piano y se sentó en el asiento. Sus pequeñas piernas no alcanzaban el
pedal. Así que buscó un libro y lo apoyó sobre él para poder tocar
tranquilo. Miró las 88 teclas del majestuoso piano de cola. Con cuidado
apoyó uno de sus pequeños dedos sobre una de ellas.
‘—Cuando toques el piano, siempre piensa que estás tocando un pedazo de
tu alma, y tócalo con cuidado... porque él siente las emociones que
tienes cuando lo tocas —le dijo su madre sentándose a su lado.
—¿Él siente mis emociones? —le preguntó él algo asombrado.
—Claro que él te siente. Ahora pon tus manos como te dije la otra vez, y solo toca después de que yo lo haga —le dijo ella.
Harry vio como su madre apoyaba sus manos sobre la otra mitad del piano,
en la que él no estaba. Sus largos y finos dedos empezaron a moverse,
causando que la música saliera suave y melodiosa.
El pequeño castaño comenzó a mover los dedos también, copiando el acto
de su madre. Anne sonrió contenta mientras veía todo lo que su pequeño
de 7 años había avanzado solo en dos semanas. Harry miró a su madre y le
sonrió, enseñándole una sonrisa con falta de dientes. Le encantaba
tanto llegar de la escuela y sentarse a tocar con su madre. Amaba pasar
la tarde con su madre, hablando de los músicos más importantes de la
música clásica. Y aprendiendo a tocar algún instrumento nuevo.
—Mami, ¿crees que algún día seré un gran hombre? —le preguntó él.
Anne dejó de tocar y lo miró.
—Claro que sí mi amor, serás un hombre de bien —le dijo ella acariciando su mejilla.’
••••FIN DEL FLASHBACK•••
Sentí que algo frío caía por mi mejilla. Entonces mi mente salió de
aquel extraño trance en el que había entrado y me di cuenta de que
estaba sentado en el pasto de la Universidad. Miré la carta entre mis
manos y sentí como por mi otra mejilla una nueva lágrima caía.
Un nudo se había formado en mi garganta, haciendo que me costara trabajo
respirar. Mi madre… mi madre me había escrito, mi madre estaba bien.
Ella nunca se olvidó de mí…
—¿Harry? —escuché que me llamaba. Levanté la cabeza y ella me miraba
algo extrañada. Rápidamente se acercó y se agacho hasta mi altura —¿Qué
sucede?
Entonces el nudo en mi garganta se hizo más grande. La tomé del brazo y
rápidamente la acerqué a mí, para abrazarla. Escondí mi rostro en su
cuello y dejé que aquel nudo saliera de mí, materializado en lágrimas.
Ella estaba algo confundida, pues sus brazos estaban indecisos a
abrazarme o no.
—¿Qué pasa? —me volvió a preguntar.
—Solo necesito que me abraces, Catherin —le hablé con la voz algo quebrada —Lo único que quiero es un abrazo.
Y entonces mi necesitada respuesta llegó. Sentí como sus pequeños brazos
me apretaban con fuerza y me acercaban más a ella. Levanté mis brazos y
rodeé su cintura. Lloré en silencio sobre su cuello. Sentí como su mano
bajaba y subía por mi espalda… Era un gesto de cariño, de consuelo. Cerré mis ojos y me
quedé ahí, pegado a ella. Respirando su aroma, y sintiendo un poco de
tranquilidad entre sus brazos. No sé cuanto tiempo estuvimos así,
simplemente perdí la noción de todo. Lentamente comencé a alejarme de
ella. Cat me miró fijo y levantó su mano para secar mi rostro.
—¿Qué sucedió? —dijo preocupada.
Miré la carta que estaba en mis manos y al instante tomé mi mochila y la
guarde allí. Sonriendo levemente me puse de pie y ayudé a Cat a que
lo hiciera.
—Nada cariño, tranquila —le dije y acaricié su rostro.
—No, no puedes decirme nada… porque tú estabas llorando y no creo que te
pongas a llorar por nada… no eres la clase de hombre que llora porque
sí.
—¿Estás preocupada por mi? —le dije arqueando una ceja.
—¿Acaso ni cuando estás mal logras controlarte un poco?
Sonreí divertido, aunque de verdad no me sentía muy bien que digamos.
—Nunca vas a dejarme escuchar que estás muy preocupada por mí ¿verdad? —le dije.
—No… no es eso. Yo si me preocupo por ti… anda, dime que pasó —dijo.
—¿Qué haces aquí? —le pregunté.
—Vine a buscar unos papeles que necesitaba y pasé y te vi aquí… ¿Vas a decirme?
—Te extrañé hoy en las clases… no tenía a quien mirar de manera posesiva —dije para seguir cambiando de tema.
—¡No me cambies de tema! —me reprochó.
—Ya es tarde cariño, va a ser mejor que vayas para tu casa —le dije y me
acerqué a ella para besar su frente. Me tarde un poco más de lo que el
gesto ameritaba.
—Pero… —intentó hablar ella, pero comencé a caminar.
Me metí a la Universidad, necesitaba encontrar un lugar tranquilo para
pensar, y que mejor lugar que sala de música. Miré a mí alrededor y ya
casi nadie estaba en la Universidad. Llegué al salón y entré. Sonreí al
ver el piano. Me acerqué, lo abrí y me senté frente a él.
‘—Cuando tocas el piano estás tocando un pedazo de tu alma…’
Sonreí de nuevo al recordar otra vez sus dulces y sabias palabras.
Acaricie las teclas y luego coloqué bien mis dedos sobre ellas. Comencé a
tocar una de sus canciones favoritas, el Pachabel Canon in D de Mozart.
Mis dedos no habían perdido la habilidad de tocar, pensé que sí ya que
hacía mucho que no tocaba el piano. Muchos recuerdos más llenaron mi
cabeza. Estaba por terminar, cuando sentí una presencia en la sala.
Levanté la cabeza y ella estaba parada en la puerta.
—Cat, ¿qué haces aquí? —dije sorprendido.
Con cuidado ella comenzó a acercarse. Se sentó a mi lado y miró al piano.
—No sabía que tocabas tan bien —me dijo. Ella giró su cabeza y me miró —¿Puedes tocar algo para mí?
La miré fijo y entonces recordé aquella canción que hace unos años, cuando estaba aburrido, había aprendido a tocar en piano.
—Sí —dije asintiendo —Y no solo voy a tocar algo para ti, sino que voy a cantarlo también…
—¿Cantas? —dijo sorprendida.
—Así es —coloqué mis manos sobre el piano de nuevo.
—Vaya… de verdad me sorprendes —musitó.
Moví de nuevo mis dedos y la música comenzó a salir. Miré mis manos,
para tratar de recordar mejor las notas… y al instante invadieron mi
cabeza. Giré mi cabeza para volver a mirarla.
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— Now you were standing there right in front of me, I hold on it's getting harder to breathe. All of a sudden these lights are blinding me, I never noticed how bright they would be... I saw in the corner there is a photograph. No doubt in my mind it's a picture of you, It lies there alone in its bed of broken glass. This bed was never made for two...—su mirada se volvió tierna.
— I'll keep my eyes wide open, I'll keep my arms wide open... —Continué. —Don't let me. Don't let me. Don't let me go. 'Cause I'm tired of feeling alone...
Las últimas notas no llegué a tocarlas bien, pues me concentré mucho en
mirarla. Sus ojos ahora estaban vidriosos y amenazaban con soltar
lágrimas.
Rápidamente se acercó a mí y tomó mis labios con los suyos. Sentí una
pequeña presión en mi pecho, y me di cuenta de que era mi corazón
acelerado. Posó una de sus manos en mi mejilla y me acarició mientras
comenzaba a mover su boca sobre la mía. Un débil sonido salió de mi
garganta y al instante mi necesidad de ella me atrapó. Exigiendo más de
su boca tomé su rostro con ambas manos y la acerqué más a mí. Su pequeña
mano subió hasta mi nuca, mientras nuestras bocas se acariciaban
tiernamente. Soltando sus labios apenas, apoyé mi frente contra la suya,
y respiré profundamente. Abrí mis ojos y sus ojos estaban cerrados. Nuestras respiraciones se mezclaban agitadas en ese pequeño espacio que nos separaba.
—Diablos Cat… esto no puede ser así —susurré.
—Lo sé, lo sé —me dijo rápidamente.
Apretando los dientes me alejé de ella. Yo no quería sentir esto… no
podía sentirlo. Una vez perdí a alguien que amaba mucho. Y me conozco,
yo se que si dejo que esto pase… voy a arruinarlo quiera o no quiera,
siempre termino arruinando las cosas.
—Ya es tarde cariño, ve a casa. Juro que esta noche te llamo—le dije.
Ella se puso de pie y asintió con la cabeza.
—Está bien… pero ¿no quieres contarme? —me dijo. Le sonreí levemente.
—No, no hay nada que contar —dije. Volvió a asentir y caminó hasta la
puerta. Se giró a verme, y pensé que me pondría de pie y caminaría hasta
ella para abrazarla y besarla otra vez.
—Sabes que puedes contar conmigo Harry, y que siempre que necesites hablar voy a escucharte.
—Sí cariño, lo sé.
Sonrió por lo bajo y salió de allí. Solté un suspiró y volví a mirar al
piano. Entonces mi cabeza comenzó a pensar en todas las cartas que me
habrá mandado y que el canalla de mi padre nunca me dio. Tomé mi movil…
el maldito infeliz iba a escucharme.
—¿Qué sucede Harry? —me preguntó al atender.
—¿Dónde diablos están las cartas que me mandó mi madre? —le pregunté. No
dijo nada. Al parecer no esperaba que le dijera eso —Las quiero, quiero
todas las cartas que ella me escribió.
—No se donde están Harry —dijo.
—¡Mentira! ¡Sí lo sabes! ¡Tú las tienes! ¡Eres un maldito cínico! —le grité.
—¡Antes que nada te calmas! —me levantó la voz el también —¡Si te digo que no las tengo es porque no las tengo!
—Voy a ir a tu oficina ahora mismo y me vas a dar esas cartas, al igual
que un número de teléfono en donde puedo comunicarme con ella. No sé si
lo sabes, pero mañana es su cumpleaños y quiero hablar con ella…
—No Harry —sentenció.
—¡Sí maldita sea, me vas a dar lo que te estoy pidiendo! ¡Te guste o no!
—colgué el teléfono y salí de la sala de música alterado. Pero mi
enfado se calmo un poco al verla detrás caminando cerca de la puerta.
—Cat... —la llamé.
—Lo siento, solo quería escucharte tocar de nuevo…
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