lunes, 2 de septiembre de 2013

Capítulo 34

Cat se puso de pie y me miró fijamente. Ella parecía estar bastante enfadada.
—Fue la película más horrorosa que vi en mi vida… y no quiero volver a verla nunca más —me dijo hablando rápido.
—No me pareció eso, cuando me pediste que volviera a ponerla —le dije sonriente.
Su boca y sus ojos se abrieron indignados.
—No puedo creer que hayas dicho eso —me acusó.
—¡Ya basta! —dijo Angélica mientras se ponía de pie también. Yo también lo hice —¡No entiendo nada de lo que decís! ¡Ya me habéis cansado! ¡Discutid, peleaos, id a tener sexo por ahí, a ver si se os quita lo insoportable!
Angélica se fue dejándonos solos. Apreté los dientes ante lo último que había dicho mi prima. Si ella supiera que ese es el puto problema.
—Quiero que te mantengas alejado de mí, porque sino vas a arrepentirte, ¿escuchaste?
—Solo dime una cosa…
—¿Quieres saber si lo disfruté? ¿Si lo gocé? Sí, sí lo gocé, lo disfruté, eres toda una máquina... Pero no quiero volver a repetirlo —me dijo y comenzó a caminar para salir de la cafetería. Mis piernas tardaron un poco en responder a la orden de mi cerebro, para seguirla. Pero lo hicieron y corrí hasta alcanzarla.
—Solo quiero saber que demonios te pasa —le dije, mientras la tomaba con cuidado del brazo para que dejara de caminar —No entiendo porque actúas de esta manera…
—¿Qué? ¿Acaso quieres que siga alimentando tu ego? —me preguntó y soltó una leve risa irónica —Ya está Styles, lograste lo que querías conmigo. ¡Me acosté contigo! ¡Un aplauso para el señor, por favor! —dijo elevando su voz y aplaudiendo un poco —¿Y ahora qué quieres?
—Yo… no lo sé —le dije perturbado por sus palabras.
—Ahora, que venga la siguiente ¿verdad? —me dijo. La miré fijo a los ojos – Así es como funcionas y yo no pretendo poder cambiar eso.
—Quiero estar bien contigo Catherin —le dije soltando un suspiro.
—Está bien, está bien, aquí no pasó nada... ya no quiero peleas, ni vueltas, ni enredos. Solo que ya no sigas... olvídalo, yo ya lo olvidé —me dijo.
—Pero sí pasó… y yo no quiero olvidarlo… no puedo —dije bajando un poco más el tono de mi voz en las últimas dos palabras.
—¿Y qué quieres que haga? —me preguntó y vi como sus ojos se humedecían. Sentí una presión en medio de mi pecho —¿Qué me acueste contigo cada vez que tengas ganas?
Apartó su mirada de mí y miró hacia el suelo. Un nudo se había formado en mi garganta, haciendo que me costara un poco hablar y hasta tragar mi saliva.
Con un poco de duda me acerque a ella. Tomé su rostro con mi mano e hice que me mirara a los ojos. Sus ojos estaban poblados de lágrimas. Cristalinos y vidriosos.
—Para ser honesto eso… me haría muy feliz —le dije. Una lágrima no pudo quedarse en su lugar y resbaló fría por su mejilla. Aquella imagen me destrozó por dentro. Con uno de mis dedos la sequé suavemente —Pero jamás te lo pediría.
—Ya no sigas más Harry… aunque no parezca me haces daño.
—Yo no quiero hacerte daño.
—Entonces… ya déjame, por favor, lárgate de mi vida, te lo pido —me dijo y comenzó a quitar mi mano de su brazo.
Lentamente comenzó a alejarse más y más. Hasta que estuvo lo suficientemente alejada de mí, se dio vuelta y comenzó a caminar por el largo pasillo. Yo solo me quedé ahí mirando como ella se perdía por el camino.
Pero ya intenté dejarte centenares de veces, Cat. Y cada vez encuentro una manera más espectacular para fallar. Soy un maldito cerdo egoísta.
El resto del día en la Universidad se me pasó lento y pesado. No había vuelto a ver a Cat por ningún lado.
Pero lo raro también fue que tampoco volví a ver a mi prima, ni a Jade.
Louis me dijo que Jade se había ido porque tenía que realizar unos trabajos con su madre, y de Angélica… bueno de ella no supe nada.
Llegué a mi apartamento y tiré las llaves sobre la mesa, para luego entrar al baño. Me duché y salí para acostarme un rato a descansar.
Cogí el mando y encedí el televisor. Sentí unas voces provenientes de afuera y el sonido de una llave. Apagué la tele y me escondí detrás del sillón. Seguro esa era Angélica y venía en compañía de alguien.
—Que cansada estoy —escuché la voz de mi prima.
—Si, hoy fue un día bastante largo —dijo Jade.
Me acomodé mejor detrás del sillón para que ellas no me vieran.
—¿Quieres algo para tomar? —le preguntó mi prima.
—Un poco de agua —dijo ella.
Escuché como se sentaban en las sillas de alrededor de la mesa de la cocina.
—Ya se porque hoy estaba tan tensa Cat —dijo la rubia.
—¿Por qué? —le preguntó Jade.
—Ayer Harry fue a su casa a buscarla… y ya sabes, ellos…
—¿Qué?
—Tú sabes que entre ellos hay mucha química.
Asentí con la cabeza.
—Sí, lo se.
—Bueno, ellos terminaron haciéndolo —dijo Angélica.
—No puedo creerlo.
—Tarde o temprano iba a pasar, yo lo sabía. Pero no sabía que iba a afectarla tanto.
Fruncí el ceño al escuchar eso de mi prima.
—¿Afectarla? —dijo la chica de ojos cafés.
—Sí, a Cat le pasa algo con Harry... Es así aunque quiera negármelo rotundamente, yo se que le pasa algo con él. Y está asustada la pobre... imagínate se enamoró de Liam, era un idiota en potencia, aunque no lo parecía. ¿Y ahora Harry? Está bien, es mi primo, lo adoro. Pero es tan cínicamente idiota y mujeriego. No hay que ser un genio ni nada para saber que en algún momento,
la terminaría engañando —dijo ella.
Eso no es así, a Cat no le afectó. Comencé a pensar en las cosas que mi prima acaba de decir. ¿A Cat le afectó? ¡Demonios soy un completo imbécil! La única chica a la que sí bien… bueno tal vez… no, no, definitivamente NO AMO pero si me importa lo que piense de mí, no quiere saber nada conmigo antes de siquiera intentarlo.
—Yo la conozco bien, Cat se deja ver como una chica fuerte, y decidida, tiene un carácter especial y amo sus convicciones inamovibles... es lo que más admiro de ella. Pero cuando logras entrar a su mundo, ves lo sensible y frágil que es —agregó Angel.
—Pobre, ella es tan buena —dijo Jade —Debemos hacer algo por ella.
—Sí, lo sé —dijo mi prima.
—¿Acaso estás pensando lo mismo que yo? —dijo la pequeña genio.
—¿Qué estas pensando tú?
—Es hora de buscarle un candidato a Catherin —dijo contenta.
—Creo que me leíste la mente pequeña genia, es hora de buscarle el candidato ideal para ella y creo que ya sé quien es —dijo la rubia.
—¿Quién? —dijo Jade con tono intrigado.
— Niall James Horan – sentenció.
¡Diablos! Ella no podía estar hablando enserio.
—¿Niall Horan? ¿El presidente del centro de estudiantes de la Universidad? ¿El que estudia sociología y letras? —preguntó.
—Ese mismo —afirmó Angélica.
—¿Lo conoces? —le preguntó.
—Sin querer el otro día me choqué con él yendo a clases y se me cayeron todos los libros. Me ayudó a recogerlos y fue muy amable y para nada se comporto como un idiota —dijo ella.
Tal vez porque el bobo sea medio raro, primita mía. Pensé entre una extraña sensación de molestia ya que ella estaba alardeando de un extraño, al cual le quería entregar a MI Cat.
—¿Tú crees que le gustará a Cat? —preguntó Jade.
—Conociéndola… podría ser —dijo la rubia.
¡Genial! Ahora ni en la familia se puede confiar.
Gracias por esas ideas primita adorada de mi alma, eres un amor. Ya veremos quien dormirá hoy por la noche en la cama, querida mía. Ya lo veremos…
—No creo que HARRY te lo agradezca —dijo Jade, pronunciando mí nombre un poco más fuerte de lo que se amerita.
—Esto lo hago por el bien de MI mejor amiga. ¿Verdad que lo entiendes Harry? —me preguntó.
Entonces me quedé quieto esperando a que esto no estuviera pasando. Ellas sabían que yo estaba aquí, escondido como una rata. Lentamente me incorporé.
—¿Desde cuando sabéis que estoy aquí? – les pregunté.
—Desde que gruñiste cuando nombré a Niall Horan —me dijo Angel.
—Que bueno lo tuyo primita, entregarle a Cat en bandeja a ese tipejo —le dije con tono molesto.
—¿Qué quieres? ¿Qué te la deje a ti para que le hagas daño? Olvídalo —me dijo ella.
—No te atrevas a meterte en esto Harry —me dijo Jade amenazadoramente —Si todo sale bien, mejor para todos —¿Acaso no estás pensando en mí pequeña diabólica? —Y no, no estoy pensando en ti, pequeño mujeriego…
Me quedé congelado. ¿Cómo sabía que yo había pensado aquello?
—¿Que como lo sabía? —preguntó Angélica y rió —Fácil primito, te estamos leyendo la mente. Buuuuu —hizo un tono de fantasma. Miró a Jade —No hay que ser psíquico, el pobre es tan predecible.
—Hubiese preferido que dijeras que estabas leyendo mi mente —le dije entrecerrando los ojos y mirándola mal.
—Bueno volviendo al tema importante —dijo Angel y sonrió —Tenemos que hacer que Cat y Niall se encuentren.
—¿Cómo? —preguntó Jade.
—Sí, eso ¿cómo? —dije molesto.
—¿Sabes si acaso él va seguido a la biblioteca? —le dijo.
—Mmm, sí, sí. Él va bastante seguido a buscar los libros de braile, ¿sabías que le enseña a leer a niños ciegos?
—¿De verdad? Oooh, es tan tierno. ¿Y como podemos hacer para que se encuentren?
—Sois unas malditas traidoras —las acusé. Ambas se giraron a verme con una
despectiva mirada.
—Si no quieres oír, vete —me dijo mi prima.
—Sí, molestas —me dijo Jade.
—¿Sabes qué pequeña diabólica? Calladita estás más guapa —le dije.
Ella me sacó la lengua como nena de 5 años y volvió su vista a mi prima. Comenzaron a hablar en voz más baja, impidiendo que yo pudiera escucharlas.
¿Quién las necesita? Yo no voy a dejar que anden armando ninguna clase de salida ni nada con Horan y mi cariño.
Me dejé caer en el sillón y encendí la tele para tratar de concentrar mi atención en otra cosa, mientras que aquellas dos traidoras planeaban como clavarme una daga por la espalda. Ellas reían y hablaban muy animadamente. Las ganas de saber qué era lo que estaban tramando comenzaron a carcomerme la conciencia.
¿Qué pasa si a Cat le gusta Horan?
¿Qué pasa si acepta salir con él?
¿Qué pasa si a él le comienza a gustar?
¿Qué pasa si me meto en el medio?
Sonreí maliciosamente al cruzarse por mi mente la idea de frustrar cualquier plan que incluya hacer que Catherin salga con algún tipejo.
—¿De qué sonríes? —me preguntó Angélica haciendo que saliera de mis pensamientos.
Me giré a verla y me senté cómodamente en el sillón.
—De nada, ¿por qué? —le dije sin dejar de sonreír.
—Porque yo conozco esa sonrisa. Esa es una sonrisa de que tu cabeza está maquinando alguna idea macabra para arruinar alguna cosa.
—¿Por qué crees eso de mí? —dije haciéndome el inocente.
—¿Será porque te conozco?
—¿O porque es predecible? —dijo Jade.
—No chicas, estáis equivocadas —me puse de pie y caminé hasta ellas. Coloqué una de mis manos sobre el hombro de Jade —¿Y sabéis que? Teneis razón en todo lo que dijisteis, así que si necesitáis mi ayuda para hacer que Cat salga con Horan, no dudéis en avisarme, haré lo que sea.

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