sábado, 28 de septiembre de 2013

Capítulo 50

Lo miré fijo por unos cuantos segundos… no puedo entender como alguien así puede ser mi padre. Cómo mi madre pudo amar a esta basura.
—Ya no más, Will — le dije. Él sonrió de costado y se acomodó mejor en su silla.
— Creo que va a ser mejor que pienses en el bien de tu madre. — me habló.
Ahora yo sonreí de la misma manera torcida y perversa que él.
— Ya no puedes hacerle daño — le aseguré. Su sonrisa se desvaneció lentamente.
— Dime — dijo mientras se ponía de pie – ¿Qué te llevó a tu madre? – no contesté y solo me dediqué a mirarlo fijamente — Sé que esa jovencita tonta con la que estás últimamente consiguió el número de tu madre…
— No es ninguna tonta… ya sé que intentaste manipularla ayer, no te funcionó ¿verdad? – reí levemente — Ella no es como las demás. Ya no tienes poder sobre mí. Se terminó.
Se puso de pie y salió de detrás de su escritorio. Se acercó a la biblioteca y comenzó a mirar los libros que allí estaban. Él podía llegar a ser tan cínico, tan frío… tan distante. Después de que mamá se fuera, aprendí que lo único que podía recibir de Will eran órdenes y amenazas. Se giró a verme y volvió a sonreír.
— Voy a demostrarte que puedo ser generoso, Harry – dijo y volvió la mirada a los libros – Tienes un poco de tiempo para jugar a ‘la casita’ con la ramera de tu madre…
— Bastardo – lo interrumpí — Ella no es una ramera.
— No me interrumpas hijo, sabes que no me gusta – respiré profundamente tratando de no perder el control – Como te decía, tienes un tiempo para jugar a ‘la casita’ con tu madre y divertirte con esa muchachita.
— Sabes que ya no es cuestión de tiempo… se terminó, Will, ya no más amenazas estúpidas y ese tipo de cosas — dije. Volvió su vista a mí, se notaba que ya estaba perdiendo la paciencia.
— ¿Sabes? Sé a qué jardín va Emily – me paralicé y mi cuerpo se tensó – Es una niña muy guapa, se parece a tu madre. Le gustan mucho los dulces, ella me lo ha dicho.
— Imbécil — musité por lo bajo.
— Por eso mismo hijo, piénsalo bien... no me molesta que estés con la hija de Jones, una pequeña diversión no te viene mal... pero lo mejor va a ser que dejes la loca idea de estar cerca de tu madre y de ese infeliz – sonreí ante la forma en que llamó a Ben.
Reí divertido y él me miró con furia.
— Padre, padre, padre — dije calmando mi risa — No sé si has visto a tu alrededor últimamente pero, si no, aquí tienes una noticia: YA NO ME CONTROLAS, NI ME CONTROLARÁS.
— No estés tan seguro de eso — dijo apretando los dientes.
— Puedes meterte tus amenazas por donde te quepan — le dije con una sonrisa.
— Puedo hacerlo mucho mejor, hijo, te sorprenderías.
— ¿Sabes? — dije sin dejar de sonreír — He visto cómo está mamá... y debo decirte que alejarla de ti ha sido lo mejor que has podido hacer en este mundo. Así que, sin rencores... papi, todo está bien. Ben le ha dado todo lo que tú jamás pudiste darle en la vida – lo vi ponerse rojo del coraje, y eso me llenó de satisfacción –Cuídate, ¿vale?... ya estás anciano, no debes pasar corajes.
Quise echarme a reír ante su notorio enfado, pero traté de controlarme… pero es que juro que se me hace imposible. Este infeliz tiene que pagarme una y cada una de las que me ha hecho.
— Ten cuidado, hijo mío — me dijo con toda la calma posible, mientras me miraba fijamente. Mi mandíbula se tensó — Mide tus palabras… no querrás que algo le pase a tu nueva dama de compañía ¿o sí?
Y esa fue la gota que colnó el vaso, rápidamente me acerqué a él tomándolo de la camisa para acercarlo a mí.
— Escúchame bien, maldito infeliz — le hablé entre dientes sin dejar de sostenerlo por la camisa. Sus ojos se clavaron en los míos — Dejaré de lado el motivo de tener tu maldita sangre si le tocas un cabello a Cat... no voy a dudar en acabar contigo.
— Te importa de verdad — susurró como si acabara de descubrir lo mejor de su vida.
— Entendiste, ¿verdad? No juegues conmigo, Will… ya no tengo 9 años. Y lo único que siento por ti es desprecio, así que mejor no me busques — lo solté bruscamente y salí de aquel despacho antes de acabara con la poca paciencia que me quedaba.
Cuando estuve afuera de la casa, pateé lo primero que estuvo delante de mí. El contenedor terminó en medio de la calle con toda la basura esparcida.
Intenté calmarme, pero se me estaba haciendo imposible. De verdad, si a él se le ocurre hacerle algo a Cat, lo mataré. Solté un suspiró y decidí calmarme del todo. Comencé a caminar y después de unos cuantos minutos llegué a mi casa, necesitaba dormir un poco, pensar, despejarme. Abrí la puerta y al instante mi prima salió de la habitación.
— ¡Hola! — dijo con una sonrisa de oreja a oreja. Se acercó a abrazarme, al instante se alejó de mí y me miró bien — Oye, ¿Qué te pasa? ¿Acaso vas a decirme que arruinaste todo con Cat y os peleasteis? — no pude evitar sonreír.
— No, no me peleé con Cat — dije en un suspiro.
— ¿Entonces? ¿Por qué tienes esa cara horrible? — preguntó. Le iba a decir algo, pero me interrumpió con un pequeño gritito – Quiero que me cuentes, quiero saberlo todo… todo ¿Qué pasó con Cat? ¿Por qué dormisteis juntos? ¿Cómo te sientes? ¿Estás enfermo? ¿Sabes lo que haces verdad? — volví a reír.
— Sí, sé lo que hago… todo está bien. Anoche me di cuenta de que todos teníais razón, yo estoy loco por ello, la quiero… no puedo evitarlo.
  Angélica llevó sus manos a su pecho y puso su mejor cara de tonta emocionada, apretó los labios como si evitara llorar y luego volvió a gritar. Me alejé un poco de ella.
— Ay, muero, te juro por Dios que me muero aquí mismo. No puedo creerlo, esto es increíble. Al fin, primito – dijo y apretó mis mejillas.
— Ya, ya — dije alejándome de su molesto agarre.
— Te quiero, primo — me volvió a abrazar. Sonreí y le respondí el gesto.
— Yo también te quiero, tonta — le dije. Se alejó de mí y soltó un suspiro. La miré bien, percatándome de que estaba bastante arreglada — ¿Vas a salir? — ella se sonrojó instantáneamente y ahí supe que saldría con Zayn — Ooooh, vas a salir con Zayn.
— Bueno yo… él me invitó al… cine y bueno, creo que ya es hora de… de hacerle un poco de caso. El pobre ya me estaba… dando pena — habló nerviosa.
— Mentira, tonta — dije divertido y la empujé levemente — Te mueres por él, admítelo.
— Bueno sí, me gusta — dijo haciendo un leve puchero y mirando al suelo — Así que… no me esperes hoy, no vendré.
— Está bien… al fin podré dormir en mi cama — golpeó levemente mi brazo — Ya, sólo bromeo. Me voy a ducharme y a dormir un rato…
- Está bien, tontín, adiós – dijo y besó mi mejilla.
Me dirigí a mi habitación y me tiré en la cama. Tomé mi móvil y busqué su número. Sonó una… sonó otra.
— ¿Cómo te fue con tu padre? – preguntó al atender.
— Primero que nada, “hola, cariño, ¿Cómo estás? Te echo de menos” – dije y escuché su risa.
— Hola, cariño, ¿Cómo estás? Te echo de menos — me dijo.
Sonreí y me senté en la cama para buscar un poco de ropa ya que iba a entrar a bañarme.
— Bien ¿y a ti, cariño? — pregunté.
— Bien, acabo de salir de hablar con mi madre… ahora voy a lo de papá.
— ¿Vas a tardar mucho? Quiero verte.
— Quizás no podremos vernos hoy, Harry — detuve mi búsqueda de ropa y me paré bien.
— ¿Por qué no? — dije como un niño al que no quieren comprarle un juguete nuevo.
— Porque papá hará una cena y seguro quiere que me quede…
— Cat, no me hagas esto — supliqué.
— Pareces un niño — dijo divertida.
— Está bien, déjame solo… no te necesito — colgué y me dispuse a buscar la ropa. Mi móvil comenzó a sonar y sonreí al ver que era ella. Esperé unos segundos antes de atender.
— ¿Por qué me cuelgas? ¿Acaso de verdad eres un niño? — preguntó enfadada. Sonreí.
— No me echas de menos, es eso — dije.
— Tonto, eres un tonto… te comportas como un tonto. ¡Claro que te echo de menos! ¿Acaso crees que no me muero de ganas de besarte en este preciso momento? – sonreí como un bobo mientras entraba al baño.
— ¿Quieres besarme? — pregunté.
— Claro que quiero besarte — susurró.
— Yo quiero hacerte otras cosas — dije con voz profunda.
— Harry — se quejó divertida.
— Entonces, ¿no vas a venir? — dije esperanzado con que me dijera que si iba a venir.
— Hagamos una cosa, apenas salga de ahí te llamo y vemos si vamos al cine y tomar algo ¿quieres? Así de paso hablamos de tu padre…
— No, no quiero hablar de él — aseguré.
— Vamos, cariño, te vendrá bien — sonreí levemente.
— Está bien, llámame, por favor — dije.
— Te llamo, adiós — dijo y colgó.
Tuve que haberle dicho que la quería… pero ¿y si es muy rápido? No, no es rápido, es sincero y real… cuando la vea se lo digo. Me duché y luego me puse mi pantalón de dormir para tirarme boca abajo en mi cama. Estoy tan cansado, necesito dormir un poco. Mis ojos comenzaron a cerrarse poco a poco, hasta que todo estuvo totalmente oscuro…

sábado, 21 de septiembre de 2013

Capítulo 49

— Sé perfectamente dónde estás metido, y tienes exactamente dos horas para estar en mi casa. Y te quiero solo… deja a tu ‘acompañante’ donde se te plazca, pero no vengas con ella. ¿Entendiste? — me dijo.
Me tensé al instante de escuchar su maldita voz. ¿Cómo demonios se había enterado de que yo estaba aquí? ¿Acaso el infeliz estaba siguiéndome o algo por el estilo?
— Mal nacido — musité.
— Y más te vale que me hagas caso o ya verás — dijo y colgó.
Apreté con fuerza el móvil que estaba mi mano. Cerré los ojos y traté de estar calmado, pero se me estaba haciendo imposible. Sentí una suave mano apoyarse en mi hombro, me giré a verla, y era ella, Cat.
—¿Qué sucede? — me preguntó preocupada. Solté un suspiro y acaricié su mejilla.
— Debemos irnos — dije y bajé mi mano para acariciar sus labios.
— ¿Por qué? — dijo confundida.
— No puedo explicártelo ahora, solo sé que debemos irnos, cariño — me acerqué a ella y la besé cortamente. Volvimos los pasos hacia donde estaban mi madre y Ben. Ambos me miraron con cara de preocupación.
— Lo siento, mamá, pero tenemos que irnos — le dije. Ella se acercó a mí y me acarició el rostro.
— Tu padre, ¿verdad? — susurró por lo bajo. La miré fijo a los ojos.
— Él sabe donde estoy — le contesté. Ella sonrió levemente, se acercó más a mí y me abrazó.
— Él ya no puede hacerme nada, Harry... que sus tontas amenazas ya no te controlen, cualquier cosa que él te diga es mentira. Will perdió control sobre mí hace exactamente un año — me calmó ella y con cuidado la alejé de mí para mirarla a los ojos.
— Entonces ¿ya no… no hay peligro? — pregunté con algo de duda.
— No, ya no hay peligro. Pero sé como es, así que ve… y hazle saber que ya no le tienes miedo, pero por favor no pierdas el control, Harry, es tu padre — me pidió.
Asentí y besó mi mejilla, para luego alejarse completamente.
— Más tarde, cuando todo este arreglado voy a llamarte — le dije a mi madre.
— Esperaré tu llamada, hijo — dijo ella.
Los tres nos acompañaron hasta la puerta. Emily no tenía esa sonrisa que tenía cuando llegamos.
— ¿Qué pasa, enana? — le pregunté agachándome hasta quedar a su altura.
— Yo no quiero que os vayáis — me dijo sin dejar de mirar al suelo. Levanté su rostro con una mano e hice que me mirara.
— Prometo que nos veremos otra vez. Eres mi hermanita y prometo que voy a cumplir bien mi rol de hermano mayor – le dije. Ella me sonrió y luego miró a Cat.
— Tú también cumplirás bien tu rol de cuñada ¿verdad? — le dijo. Cat la miró asombrada.
— ¿Qué es eso de rol de cuñada, Emily? — la regañó mi madre — ¿De dónde has sacado eso?
— Lo vi en una telenovela, en casa de la abuela Patsy — se defendió ella. Todos reímos divertidos y salimos fuera de la casa. Caminamos hasta el coche de Cat y nos giramos a verlos.
— Prometo, mamá, que esto pronto va a acabar — le dije. Ella me sonrió.
— Lo sé, mi amor, cuidaros. Adiós, Cat, y gracias por traerme de nuevo a mi bebé — le dijo. Ésta sonrió.
— Gracias a usted, por haberlo traído al mundo — le dijo ella, entonces la miré algo sorprendido. Ella me miró y al instante se dio cuenta de que eso le salió sin permiso de la boca, se sonrojó de sobremanera y apartó la vista de mí.
— Adiós, muchachos — nos dijo Ben. Me acerqué a él y lo abracé.
— Por favor, cuídalas — le susurré.
— Tranquilo, las cuidaré. Tú cuídate y cuida a Cat, es una muchacha increíble — me dijo al oído. Asentí y me alejé de él.
— Adiós — se despidió Cat de todos antes de subirse al coche. Miré una última vez a mi hermana y a mi madre y sonreí. La pequeña Emily agitó su mano y eso me llenó de alegría.
— Cuídate, enana, y no comas muchos dulces… te van a salir caries — le dije.
— Está bien, hermanito — me dijo sonriente.
— “Hermanito” — susurré divertido y me subí al coche.

Cat arrancó y comenzamos a andar. Giré mi cabeza para ver como sus pequeñas figuras volvían a entrar a la casa. Soltando un leve suspiró volví mi vista al frente. Miré a Cat y ella aún seguía sonrojada. Sonreí.
— Así que… le estás agradecida porque me trajo a este mundo — dije en tono divertido. Ella se sonrojó más aun.
— Bueno… sí, porque si no lo hubiese hecho…
— No te hubiese conocido, no me hubieses conocido… no serías completa y tontamente feliz en este momento — le dije.
Ella mi miró y detuvo el coche. La miré extrañado, entonces se acercó a mí y me besó desesperadamente. Gruñí por lo bajo ante aquella excitante manera de besar. Giré hacia ella y la tomé de la cintura, para con un simple movimiento subirla sobre mí.
— No, Harry… — susurró agitada sobre mi boca.
— No hables — le dije y volví a reclamar sus labios.
Mis manos se volvieron un poco traviesas y se metieron debajo de su blusa, para acariciar su suave piel.
— No, no, estamos en un coche, Harry… ya para… no… espera… diablos.
Hice oídos sordos a sus peticiones y la tomé de las caderas para acercarla más a mí.
Tomó mi rostro con sus manos y logró alejarme de su boca. Me miró fijamente a los ojos. Sonreí mostrándole una agitada sonrisa.
— ¿Por qué no me escuchas? — me preguntó.
— ¿Por qué no me besas? — le pregunté.
Levanté mi mano y la tomé de la nuca para acercarla rápidamente a mí. Al parecer toda su cordura saltó del coche, porque sus manos pasaron a mi nuca y me acercaron más a ella. Coloqué mis brazos alrededor de su cintura, abrazándola más a mí. Cómo necesitaba estar cerca de ella, cómo me gustaba estar así de cerca.

Un móvil comenzó a sonar, ella se alejó agitada de mí e intentó volver al asiento de al lado, pero la detuve y la volví a besar. El móvil dejó de sonar, pero al instante comenzó a hacerlo de nuevo. Ella se volvió a alejar y, esta vez, se escapó de mí. De manera agitada se sentó de nuevo en su asiento. Metí la mano en mi bolsillo y saqué mi movil, era Ben.
— ¿Ben? — dije extrañado al atender.
— Oye, ¿estáis bien? — me preguntó.
— Sí, ¿Por qué? — le dije.
— Porque el coche está detenido justo en la salida, pensamos que se os había pasado algo, ¿necesitáis ayuda? — dijo. No pude reprimir una risa, y miré a Cat.
— No, Ben, tranquilo, estamos bien. Ya nos vamos, sólo nos detuvimos unos segundos porque… — miré a Cat y ésta me miró para luego ponerse roja — Porque estábamos viendo a dónde ir ahora.
— Bueno, entonces no pasó nada — dijo Ben con tono divertido — Tu madre dice que por favor, cuando termines de hablar con Will, la llames.
— Dile que lo haré sin falta — dije y luego colgué.
Cat colocó sus manos sobre el volante y comenzó a conducir de nuevo. Sonreí sin que me viera, y luego dirigí mi mirada a ella.
— ¿En dónde nos habíamos quedado, cariño? — le pregunté y estiré uno de mis brazos para tocarla, ella al instante se salió.
— No me toques, pervertido — dijo sin dejar de mirar al frente.
— ¿Pervertido yo? — dije.
— Sí, el más pervertido del mundo. ¿Cómo… cómo se te ocurre hacerme una cosa así?
— Discúlpame por ser un pervertido, pero en este caso la culpa la tienes tú, ¿Quién diablos te mandó a ser tan deseable?
Ella sonrió por lo bajo, pero aun así no me miró. Guardé silencio, mientras que nos íbamos alejando más de aquel campo y salíamos por la ruta para llegar a la cuidad.
— ¿Por qué tuvimos que volver? — me preguntó. La miré y solté un suspiro.
— Mi padre… sabe donde estoy. Entonces ahora voy a ir a decirle que todo se terminó y que sus amenazas se las puede meter por donde no le da el sol — dije bastante contento por aquella idea.
— Voy contigo — afirmó.
— No, cariño — le dije y me miró — Fue muy claro conmigo cuando me dijo que fuera solo.
— Harry, eres demasiado impulsivo a veces… tal vez te descontroles y… a pesar de todo es tu padre — me dijo con preocupación.
— Tranquila, cariño — susurré y tomé una de sus manos, haciendo que me mirara — No voy a hacerle nada.
— ¿Me lo prometes?
— Te lo prometo — le dije y besé la palma de su mano.
Más rápido de lo que esperé Cat se detuvo frente a la gran mansión de Will Styles. Solté un suspiró y la miré.
— ¿Estás seguro de que no quieres que me quede contigo? — me preguntó. Sonreí por lo bajo.
— Cariño, todo va a estar bien — le dije. Suspiró y me miró a los ojos.
— Está bien, te dejo aquí. Yo tengo que ir a ver a Gina y luego a mi padre… sino después se ponen insoportables — dijo. Acaricié su mejilla.
— Ve tranquila, saluda a Gin de mi parte… y dile que tal vez considere el volver a trabajar los sábados — dije divertido. Ella me miró desaprobadamente — ¿Qué? ¿Acaso no te gustaría?
— No, no me gustaría — dijo. La miré sorprendido.
— ¿Por qué? — dije.
— Porque no quiero verte babeando por las flacuchas esas que tiene mi madre como modelos —dijo celosa.
— Por la única que he estado babeando últimamente es por ti, cariño — me acerqué a ella y la besé despacio para luego alejarme — Por la noche te llamo… quizás podemos salir a comer algo o al cine y luego…
— Y luego nada — me interrumpió.
— Pero mañana no tenemos Universidad — dije al instante.
— No me importa… ¿tú crees que a mi me gusta estar así todo el tiempo? — preguntó. La miré fijo, y asentí levemente con la cabeza — Ya bájate… y, por favor, no hagas locuras, Harry, prométeme que no vas a ponerte loco.
— Juro, cariño, que no voy a hacer nada malo — le dije. Ella sonrió y me besó cortamente — No, uno así de cortito no, ¿Sabes cuantas horas estaremos alejados? Yo necesito un beso más largo para no desesperarme…
Mordió su labio y se acercó de nuevo a mí. Su boca se movió suave sobre la mía, mandando sensaciones que nunca había sentido sobre mi cuerpo. Se alejó despacio pero se mantuvo cerca.
— Ahora sí, ya puedes irte — susurró.
— Te juro que no tengo ganas de hacerlo — le confesé. Sonrió y se alejó completamente de mí.
— Vamos, cariño, ve, tu padre te esta esperando — me dijo.
— Está bien, adiós — la besé otra vez y me bajé del coche.
Cerré la puerta y la miré. Me sonrió de manera dulce y luego arrancó para dejarme allí parado mirando como se alejaba. Solté un suspiro y giré para enfrentar la casa de Will Styles… Aquel hombre que era mi padre, aquel hombre que me dio la vida, pero al mismo tiempo aquel hombre que hizo de la mitad de mi vida un infierno. No solo la mía, sino que la de mi madre también. Ese hombre que solo podía tener odio de mi parte, vergüenza, decepción. Yo no podía sentir otras cosas por él, nada de nada. Respirando profundamente comencé a caminar hacia la puerta, toqué el timbre y esperé a que alguien me abriera.
— Buenos días, Harry — me saludó Greta cuando abrió la puerta. Ella era la encargada de limpiar la mansión.
— ¿Qué tal, Greti? — le dije y besé tiernamente su mejilla.
— Bien, mi niño — me dijo y me miró con algo de preocupación — Su padre lo espera en el despacho…
— Gracias — dije y entré del todo para empezar a caminar hasta el despacho. Hacía ya tres años que había dejado esta casa, nunca me había gustado vivir aquí. Por el simple hecho de que siempre me recordaba el sufrimiento de mamá. Me acerqué a la puerta del despacho…
— Pasa — escuché su voz.
Abrí y él estaba sentado en aquella inmaculada silla. Su mirada estaba fija en unos cuantos papeles que tenía en las manos. Levantó su vista hacia mí y una sonrisa hipócrita se dibujó en su rostro.
— Me alegro que hayas venido, hijo… por el bien de todos

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Este capítulo se lo dedico a Carmen, mi Zayncienta, que no está muy bien, pero tiene todo mi apoyo, te quiero.

martes, 17 de septiembre de 2013

Capítulo 48

La miré fijo a los ojos y sentí una pequeña presión en mi pecho.
— Creo que sí — le dije.
— ¿Crees? — dijo confundida.
— Mamá, la verdad es que nunca me pasó algo así. Yo…
— Eres un don Juan – me acusó con indignación.
— Sí, puede ser…
— ¿Con cuántas mujeres has estado? — me preguntó.
—Mamá, ¿no crees que…?
— Contéstame, Harry — sentenció con firmeza.
Sonreí ante su enfado. Siempre quise que mi madre me regañara.
— No lo sé – contesté.
— ¿Cómo que no lo sabes?
— No, no lo sé. Nunca me puse a contarlas.
—Eres un desconsiderado, mujeriego. No puedo creerlo…
— Mami, no me regañes. Sabes que solo tú me interesas — le dije poniendo mi mejor cara de niño bueno. Ella me miró bien y sus ojos se humedecieron. Sonrió y volvió a abrazarme.
— Aún consigues comprarme — dijo sin soltarme. Se alejó y me miró – Pero creo que eso ahora no es así… porque he visto cómo la miras.
—Ella no solo es preciosa por fuera, también lo es por dentro — le conté.
— Sí, se nota y mucho.
— Te extrañé tanto – le dije.
— Y yo a ti, cariño — me dijo y se puso de pie entregándome su mano — Vamos fuera.
Tomé su mano y caminamos hasta la parte trasera de la casa. Salimos y detuvimos nuestros pasos al ver cómo Cat y Emily reían y jugaban con las muñecas.
Sentí un cosquilleo en mi estómago. Ella era tan guapa, y tan dulce. Ambas se giraron a vernos. Emily se puso de pie y corrió hasta nosotros.
— Tu novia es muy simpática, hermanito – me dijo sonriente.
— ¿Qué es eso de ‘hermanito’, enana? Aquí la hermanita eres tú — le dije.
— No, yo soy toda una mujer. Sino pregúntale a mamá, ya me maquilló — dijo y colocó sus dos pequeñas manos sobre su cintura parándose coquetamente.
— ¿Y acaso tú permites que se maquille? – le dije a mi madre.
— Oh, no me digas que vas a ponerte igual de insoportable que Ben con ese tema. Ella es una niña y a todas las niñas les gusta maquillarse y jugar a ser grandes – me dijo mi madre.
Cat se acercó a nosotros. La miré y tuve muchas ganas de besarla, pero no podía hacerlo delante de mi hermana y mi madre.
— Estábamos divirtiéndonos un poco — nos dijo Cat mientras le sonreía a Emily.
Mi madre se acercó a ella y la abrazó. Un tanto confundida, Cat le devolvió el gesto.
— Muchas gracias, Cat… Harry me contó que tú conseguiste el número. De verdad no sé como voy a hacer para agradecerte esto — le dijo y se alejó de ella.
— Primero que nada, Feliz cumpleaños, señora Anne – dijo ella.
— Ya no me digas señora. Dime solo Anne. Nada de formalidades conmigo, al fin y al cabo eres la chica que me devolvió a mi hijo.
— ¡Oye, vamos a comer! — nos llamó Ben.
Mi madre y mi hermana comenzaron a caminar hacia él, Cat iba por caminar también pero la tomé del brazo y la acerqué hacia mí para mirarla a los ojos.
— Gracias — le dije. Ella me miró bien.
— ¿Por qué? – preguntó.
— Por darme el segundo mejor día de mi vida.
— ¿El segundo? ¿Cuál fue el primero?
— El día en que te conocí — contesté y me acerqué a ella para besarla levemente en los labios.
La besé despacio, dulcemente, en cámara lenta. Me olvidé completamente en donde estábamos. Parecía que nada estaba a nuestro alrededor. Su nariz acariciaba la mía, con cada leve movimiento que hacían nuestras bocas.
No había nada más en el mundo que yo quisiera en este momento que estar besándola. Era una sensación increible. Su boca tenía un sabor único, dulce, adictivo… embriagante. Su pequeña mano se apoyó en mi rostro, acariciándome dulcemente.
— Si ella no fuera tu novia, no la besarías en los labios — escuchamos la pequeña y suave voz de Emily. Ambos nos alejamos rápidamente para mirarla.
Mi pequeña hermana tenía una sonrisa pícara en los labios. Sus manitas estaban apoyadas sobre su cintura y se movía levemente para un lado y para otro.
— Lo que pasa, es que aun eres muy pequeña como para entender ciertas cosas — le dije mientras me acercaba a ella y la alzaba en brazos.
Ella me miró y sonrió para luego mirar a Cat.
— ¿Es un buen novio? — le preguntó. Cat sonrió levemente y comenzamos a caminar hacia donde estaban mi madre y Ben.
— Por ahora no lo llamo novio — le dijo ella — Pero por ahora es un buen amigo.
— Pero si es tu amigo, ¿Por qué te besa?
— Porque me gusta besarla — le contesté yo.
— Harry — me regañó Cat.
— Entonces, si mi amigo Billy quiere besarme porque le gusta ¿lo dejo? — preguntó.
— ¿Qué? ¡No, claro que no! ¡Tú no debes dejar que ningún mocoso atrevido te bese! Y si eso sucede tendré que ponerme violento — le dije algo nervioso.
— Oh, Harry, no puedes decirle eso a tu hermana — me dijo Cat y tomó en brazos a Emily. La pequeña rubia la miró fijo a los ojos mientras caminábamos — ¿Quién es ese tal Billy? — le preguntó.
— Vamos juntos al jardín — le contó ella — Y él es mi amigo… y siempre jugamos juntos a la familia y él siempre es mi esposo. Tenemos una hija que se llama Kitty y una mascota llamada Otto.
— ¿Te besó? — preguntó Cat. Me tensé un poco.
— Solo cuando se despide de mí porque se va a trabajar, me da un beso en mi mejilla. ¿Eso es un beso de novios?
— Pero qué mocoso desubicado. Creo que tendré que hablar muy seriamente con tu padre, jovencita — le dije y caminé un poco más rápido.
— Harry, ven aquí — me llamó Cat, haciendo que mi paso se detuviera. Ellas me alcanzaron y me miraron — Tú no vas a decirle nada a Ben, porque tienes que ser un buen hermano y guardarle los secretos a tu hermana…
— ¿Los hermanos guardan secretos? – preguntó Emily.
— Es su deber – le contestó Catherin.
— Sí, pero no cuando un mocoso desubicado trata de propasarse con tu hermanita. ¡Tiene cinco años, por Dios! — solté exasperado.
Llegamos a la mesa y mi madre y Ben se giraron a vernos un poco extrañados.
— ¿Sucede algo? — preguntó Ben.
— Sí, sucede que…
— Sucede que estábamos hablando un poco de el jardín con Emily ¿no es así, Harry? — me preguntó interrumpiéndome.
— Sí, es así – dije con tono bajo.
— Bueno, sentaros a comer… que, si no, se enfría — habló mamá.
Nos sentamos a la mesa y Ben se acercó a nosotros con una bandeja.
— Mamá, casi me olvido… Cat es vegetariana — le dije al mirar la bandeja que Ben traía, de seguro era carne. Mi madre miró a Cat.
— ¿En serio? — le preguntó.
— Bueno, en realidad es algo que hace poco que estoy implementando. Exactamente dos años. Estoy intentando limpiar mi organismo — le contó ella.
— Es asombroso, porque yo también lo soy — le dijo ella.
Me sorprendí al recordar aquello. Juro que me había olvidado completamente de que mamá también era vegetariana.
— No puedo creerlo — dijo Cat y me miró – Nunca me dijiste que tu madre era vegetariana.
— Lo que pasa es que lo había olvidado – dije yo, un tanto sorprendido aún.
— Bueno, eso no es problema. Tenemos comida para las vegetarianas en esta casa — dijo Ben, y sonreí – Pero nosotros comeremos carne, ¿no es así, Harry?
— Por supuesto que sí, Ben — le respondí.
— Carnívoros – dijeron mi madre y Cat al mismo tiempo.
Todos reímos divertidos y comenzamos a comer. Mi madre y Cat hablaban como si se conocieran de todo la vida. Ellas tenían tantas cosas en común. El amor por la naturaleza, por las fotografías. Esa manera de ver la vida como el mejor regalo del mundo, esas ganas de vivir. Y sobre todo esa entereza y dedicación que las hacía verse indestructibles.
— Son preciosas, ¿verdad? – me habló Ben sentándose frente a mí, mientras dirigía su mirada a ellas, que aun seguían hablando con Emily junto a ellas.
— Tienen tantas cosas en común… juro que no me había dado cuenta de eso – le dije y lo miré.
— Son mujeres increíbles. No puedo creer que hayas encontrado a una chica así…
— Fue por casualidad… o el destino — dije asintiendo.
— ¿Dónde la conociste? – preguntó.
— En la Universidad… cuando volví de mi expulsión…
— ¿Te expulsaron? – me interrumpió. Reí por lo bajo.
— Sí – dije en un susurro — Me metí a los jardines del campus en mi moto, y destruí patrimonio del establecimiento.
— Oh, eres increíble — dijo divertido — ¿Y cómo hiciste para enamorarla? Parece ser una chica muy aplicada, como tu madre…
— Debo decir que fue ella la que me enamoró a mí. Yo no tenía ninguna intención de enamorarme, y mucho menos de una mujer así. Te aseguro que me enloqueció — le conté.
— Pero ¿no estás contento de haberla conocido? — me dijo. Entonces volví mi vista a ellas, y la mirada de Cat se cruzó con la mía. Me sonrió levemente y sonrojándose un poco quitó su vista de la mía. Sonriendo volví mi mirada a Ben.
— Soy la persona más feliz del mundo, de eso puedes estar seguro, papá — le dije.
Él me miró bien. Se sentó erguidamente y me miró fijo, sonreí.
— Lo siento, pero ¿qué has dicho? — me preguntó.
— Te dije papá, Ben… ¿acaso ya estás sordo? — le pregunté divertido. Él negó atónito con la cabeza, haciendo que yo riera — Eres como un padre para mí… no tendré tu sangre, pero te aseguro que eres más padre para mí que Will.
— Harry, yo…
— Sé todo lo que has hecho por mi madre. Sé cuánto la amas, cuánto la has cuidado. Y mira, por Dios — dije y miré hacia Emily — Me has dado una hermana que, de paso sea dicho, creo que tendrás que poner un poco más lo límites con esa enana.
— Yo también te quiero como a un hijo — me dijo y lo miré — Y recuerdo que así lo sentí aquel día que te ayudé a venir al mundo.
— Entonces ya no se hable más, porque creo que nos estamos poniendo un poco sentimentales — dije y él rió.
— ¿De qué hablais? — preguntó mi madre mientras ella, Cat y mi hermana se acercaban a nosotros. Las miré.
— Cosas de hombres — le contesté.
— Esa respuesta machista tuya — dijo Cat revoleando los ojos.
Entonces la tomé de la cintura y la senté sobre mi regazo. Me miró bien y me hizo un gesto de ‘¿Qué estas haciendo?’
— Estábamos poniéndonos sentimentales — le dije mirándola a los ojos.
— ¿Sentimentales? — preguntó mi madre.
— Le dije que lo quería como a un padre y él me dijo que me quería como a un hijo… ya sabes esas cosas que son cursis y que salen sin sentido — dije con desenfado.
— Ohhh que tiernos — dijo mi madre y besó cortamente a Ben.
Miré a Cat y ella me sonrió divertida, le guiñé un ojo y quise besarla, pero se alejó discretamente poniéndose de pie.
— ¿A qué hora cortamos la tarta? — preguntó mi cariño.
— A la hora que quiera Emily, la hizo ella — habló Ben.
— ¿Tú hiciste una tarta? — le pregunté. Ella me miró y asintió efusivamente.
— Sí, yo solita… bueno en realidad papá me ayudó, pero él es horrible cocinando, es como si yo lo hubiese hecho solita — dijo con una pequeña sonrisa autosuficiente.
¡Diablos, esta criatura es una exacta copia de mí, pero en miniatura!
Todos reímos y Ben alzó en brazos a Emily. Mi móvil comenzó a sonar, lo miré y me alejé de ellos para contestar. La llamada aparecía como privada.
— ¿Hola? — atendí.

domingo, 15 de septiembre de 2013

Capítulo 47

— Solo quiero estar contigo — le dije.
Ella sonrió y se acercó a mí para besarme impulsivamente. Se alejó y comenzó a subir las escaleras hacia su cuarto.
— Date prisa que tenemos que irnos — me dijo.
—Tú eres la que se tiene que dar prisa— dije y me acerqué a la cocina para comer un poco de la fruta que ella había cortado.
Despues de unos cuantos minutos ella bajó las escaleras y se acercó a la cocina. Estaba arreglada y maquillada. La miré embobado.
— ¿Qué sucede? — me preguntó.
— Que eres preciosa — dije. Ella se sonrojó levemente y tomó una fruta.
— ¿Vamos?
— Vamos, cariño — dije y tomé mi abrigo para salir con ella de su apartamento.
Bajamos hasta la cochera y nos subimos a su coche. Nos colocamos los cinturones de seguridad y Cat arrancó para prender marcha no sé muy bien a donde.
— ¿Estás nervioso? — me preguntó. Me giré a verla.
— Un poco — dije con una media sonrisa — No sé qué voy a decirle…
— Solo tienes que decirle lo que sientes en el corazón – dijo ella sin dejar de mirar al frente.
Estiré mi mano y acaricié su mejilla. Me miró de reojo y sonrió.
— ¿Sabes dónde es? – le dije.
— Queda cerca del campo de mi abuelo – contestó.
— ¿No te lo conté, verdad? Tengo una hermana — dije. Ella se giró a verme sorprendida.
— ¿Qué? — dijo sorprendida.
— Sí, en la carta que me mandó mi madre… me contó que tengo una hermana de 5 años llamada, Emily, ¿puedes creerlo?
— Es maravilloso… yo siempre quise tener hermanos, pero no los tuve. Mis padres no rehicieron sus vidas después de separarse.
— ¿Crees que aún se aman? — le pregunté. Ella sonrió levemente.
— Sí — dijo asintiendo — Solo que son tan orgullosos, que ninguno lo va a admitir. Pero ¿quién te dice que en cualquier momento me dicen que están juntos de nuevo?
Seguimos hablando de algunas cosas más y pusimos un poco de música, mientras que de a poco íbamos saliendo de la ruidosa ciudad. A medida que nos acercábamos más a donde estaba mi madre, mis nervios aumentaban. ¿Qué tengo que decirle? ¿Qué debo hacer? ¿Cómo va a reaccionar? ¿Mi hermana me querrá? Todas esas preguntas cruzaban mi cabeza.
Cat dobló para entrar en una cerca y comenzar a andar por un camino de tierra. Despues de unos cinco minutos divisamos desde lo lejos una casa. Afuera de la casa había dos coches y una camioneta. La casa era grande y a lo lejos tenía una pequeña caballeriza. El coche se detuvo justo frente a la casa. Cat se giró a verme y tomó mi mano. La miré a los ojos.
— Todo va a estar bien… y yo voy a estar contigo – me dijo.
Entonces me incliné hacia ella y la besé fugazmente. Me alejé y me quedé cerca de su rostro.
— Muchas gracias cariño, de verdad muchas gracias – le susurré.
— No, tonto, no me lo agradezcas — dijo y tomó mi rostro con sus manos para depositar un pequeño beso en mis labios — Ahora vamos.
Nos bajamos y el aire limpio y puro del campo invadió mis pulmones. Aquel lugar era increíble. Los árboles eran enormes y el pasto era tan verde que al mirarlo te molestaba a los ojos. Me acerqué a Catherin y tomé su mano para comenzar a caminar hacia la puerta de aquella gran casa blanca y azul.
Nos paramos frente a la puerta y ella apoyó su dedo en el timbre. El timbre sonó y esperamos a que alguien nos abriera. Mi corazón latía desesperado, en cualquier momento se me iba a salir del pecho. Apreté ligeramente la mano de Cat, provocando que ella sonriera por lo bajo.
— No traje un regalo y es su cumpleaños — recordé algo nervioso.
— Harry, no creo que tu madre tenga mejor regalo que verte a tí — me dijo.
Escuchamos el sonido de unas llaves, y unos segundos después la puerta se abrió. La miré fijo, ella se quedó quieta mirándome como si yo fuera irreal.
— ¿Harry? — pronunció mi nombre levemente.
— Mamá — dije apenas audible. Entonces llevó una de sus manos a su boca y la tapó para luego soltar un sollozo y acercarse rápidamente a mí para abrazarme. Pensé que nunca más iba a volver a sentir un abrazo de ella. Desde que ella se había ido, algunas veces por las noches recordaba la sensación de su abrazo. Juro que me sentía como cuando era un niño y ella me abrazaba para reconfortarme o simplemente porque quería hacerlo. Aunque ahora yo era más alto y grande que ella… la sensación era la misma.
Se alejó de mí y tomó mi rostro con sus manos. Su cara estaba empapada en lágrimas. Miré su rostro, buscándole alguna diferencia. Pero ella estaba exactamente igual que siempre, aunque sus ojos se veían un poco más claros que antes. Tenía el pelo más corto y se veía pequeña.
— No puedo creer que seas tú, hijo mío — me habló al fin — Estás tan grande Harry… mírate.
Se alejó de mí y me miró de los pies a la cabeza, rió entre lágrimas.
—No puedo creer que te tenga al frente de nuevo — le dije.
Se acercó de nuevo a mí y me volvió a abrazar. Luego se alejó y miró a Cat, que se había quedado completamente quieta y callada. Mirando un poco hacia otro lado, Cat secó una pequeña lágrima que había soltado.
— Tú debes ser Cat — le habló mi madre. Mi cariño la miró y sonrió.
— Sí, señora, soy yo — le dijo.
— Pero no os quedéis ahí parados, entrad — nos dijo y nos dio el paso a la enorme casa.
Tomé la mano de Cat y ambos entramos detrás de ella, miramos sorprendidos el lugar. Aquella casa era aun mucho más bella por dentro de lo que se veía por fuera. Mi madre se giró a vernos y con una sonrisa miró nuestras manos unidas.
— ¡Ben! ¡Llegaron! — habló asomándose por un puerta que daba a la parte de atrás de la casa.
Al instante un hombre alto de ojos miel entró, con una niña de la mano. Me observaron bien, en especial ella.
— No puedo creer que sea él — dijo la grave voz de Ben.
— Yo no puedo creer que tengas algunas canas Ben — dije algo divertido. Él sonrió y se acercó a mí para abrazarme contento. Palmeó mi espalda y yo también lo hice. Se alejó de mí y me miró sin dejar de sonreír — Ella es Cat…
— Mucho gusto – dijo Catherin.
— El gusto es mío – le dijo él.
— Papi, ¿Quiénes son ellos? — preguntó la pequeña voz detrás de nosotros.
Los tres nos giramos a verla. Mi madre se acercó a ella y tomó de su mano para acercarla al círculo. La observé bien, era tan parecida a mí… dios mío. Puedo jurar que es una versión femenina de mí. Aunque ella es más delicada y parece tan frágil. Dos largas y rizadas colitas caían al costado de su pequeño rostro. Sus ojos eran enormes y de color celeste.
Con cuidado me acerqué a ella y me agaché para quedar a su altura.
— Soy Harry — me presenté y estiré mi mano para que ella la tomara. Miró mi mano y luego me miró a la cara.
— ¿Harry? ¿Mi hermano Harry? — dijo con algo de sorpresa.
— Así es, Emily, soy tu hermano —le dije.
Esperé a que ella me dijera algo, pero solo me miraba fijo. Tal vez… no le caiga bien la idea de que yo sea su hermano… tal vez no me quiera. Miró mi mano y luego se acercó despacio a mí para abrazarme. Sus pequeños brazos rodearon mi cuello y su pequeña cabeza se apoyó en mi hombro. Con un poco de confusión le respondí el gesto.
Era una extraña sensación. Una hermana, sangre de mi sangre. Jamás pensé que se podía querer a alguien sin haber tenido ningún tipo de contacto alguna vez. Cuando leí la carta de mi madre y me contó sobre ella, juro que empecé a quererla. Al fin tengo a quien cuidar de babosos adolescentes…
— Mamá siempre me habló de ti, pero estás diferente que en las fotos — me dijo y se alejó para mirarme.
— Emily, yo te dije que ese era tu hermano de niño. Ahora él es un hombre – le habló mamá.
Mi pequeña hermana miró a Cat y luego me miró a mí. Sonrió mostrándome que le faltaba un diente.
— ¿Ella es tu novia? — me preguntó.
— Mmm, no pequeña. Soy su amiga. — le contestó Cat rápidamente.
La miré y sonreí por lo bajo. ‘Sí, cariño, eres mi amiga. Pero con derecho a todo’
— ¿Cat quieres jugar conmigo a las barbies? — le preguntó.
— Emily, no creo que ella…
— Tranquila, señora Anne, encantada juego con ella. Además creo que usted y Harry tienen mucho de que hablar – le dijo.
— Ella tiene razón, vamos afuera — dijo Ben y vimos cómo los tres salían al jardín.
Mi madre se sentó en una silla y me hizo un gesto para que me sentara frente a ella. Me senté y al instante ella tomó mis manos. Sus manos… sus manos siempre me arropaban a la noche antes de dormir. Despues de que ella se fuera, nadie lo había vuelto a hacer. Solo Rose cuando venía los fines de semana…
— Eres tan guapo... y no lo digo solo por ser tu madre.
— ¿Dónde has estado todo este tiempo? — le pregunté.
— En Francia — contestó y suspiró — Tu padre casi me obligó a dejar el país… Tuve que hacerlo hijo, sino él iba a hacerte daño.
— Es una mierda — aseguré.
— Tranquilo, mi vida, con odio hacia él no ganas nada.
— ¿Cómo puedes pedirme que no lo odie? Mamá, él… él simplemente es un completo extraño para mí. Nunca se ha comportado como un padre. Siempre fue manipulador y hasta frío conmigo. Simplemente yo creo que él me odia.
— Voy a contarte una cosa, hijo — me dijo y se acercó más a mí — Tu padre siempre fue así… una persona posesiva, celosa y manipuladora. Pero yo me enamoré de él, lo amé más que a nada en este mundo. Todo era perfecto, hasta el día en que le dije que estaba embarazada de ti.
— ¿Qué? — dije algo confundido.
— Harry, cuando yo le dije a tu padre que íbamos a ser papas él cambio drásticamente. No me acompañaba a las ecografías, él no estaba pendiente de mí. Y ahí fue cuando conocí a Ben… él trabaja en el hospital al que yo iba a atenderme, y un día yo estaba realmente mal porque a tu padre parecía no importarle nada de ti o de mí. Ben se ofreció a acompañarme aquel día y ahí fue cuando supe que serías un niño — me dijo con una pequeña sonrisa en los labios — Ese día fui a contarle a Will que serías un niño, y la cosa empeoró. Él simplemente no era el mismo… estaba violento, no le importaba mi salud. Y entonces entendí qué era. Él tenía celos de ti Harry.
— No… no creo que haya sido eso — dije haciendo todo lo posible por entender lo que ella me contaba. Mis ojos estaban algo húmedos.
— Sí, hijo, tu padre estaba celoso de ti. Él no concebía la idea de otra persona en mi vida además de él. Y cuando le dije que serías un niño la cosa fue peor. Cuando naciste él no quiso entrar a la sala… ¿Sabes quién estaba conmigo? — preguntó. La miré a los ojos.
— ¿Ben? – pregunté.
— Sí — susurró y unas cuantas lágrimas cayeron de sus ojos – Ben era… o mejor dicho aún lo es… ginecólogo.. Y él fue el que te trajo. Eras tan pequeño y rubio, que parecías de mentira. Te pusieron en mi pecho y dejaste de llorar. Tus ojos se abrieron y me pareció que me mirabas… nunca pensé que podía amarte tanto.
— ¿Luego que pasó? — dije con un nudo en la garganta.
— Tu padre decidió entrar y se acercó a nosotros para mirarte. Pensé que cuando te viera algo se iba a despertar dentro de él, pero no fue así. Él simplemente se dedicó a mirarte fijamente por unos cuantos minutos. Y luego se fue…
— ¿Y ahora sigues pensando que no debo odiarlo? – le dije mirándola fijamente a los ojos.
— Lo único que puedo decirte es que eres el regalo más grande que la vida me ha dado. Y tu padre también fue participe en ello.
— ¿Sabes como logré contactarte? — le dije. Ella negó con la cabeza —Cat  consiguió tu número… Y ya no quiero hablar de Will. Feliz cumpleaños, mamá.
Ella sonrió y me abrazó. Despues de unos segundos se alejó para tomar mi rostro con sus manos.
— Verte aquí es el regalo más grande que me pudieron dar hoy — me dijo contenta — Creo que tendré que darle las gracias a Cat — sonreí levemente — ¿De donde os conocéis?
— Vamos juntos a la Universidad y ella… ha llegado a mi vida hace un mes. Puedo asegurarte que la ha cambiado completamente — le conté medio bobo.
— ¿Sois novios? – preguntó.
— No precisamente… estamos en algo, comenzando..
— Es maravilloso, pensé que nunca viviría el momento en que me trajeras a tu chica a casa.. ¿Estás enamorado?

sábado, 14 de septiembre de 2013

Capítulo 46

Ella colgó el teléfono y se quedó parada dándome la espalda. Esperé a que girara pero no lo hizo. Me senté en la cama.
— Oye, ¿por qué no me miras? —le pregunté. Lentamente se giró a verme, con los brazos sobre su pecho… cubriéndose – Ooooh, ¿ahora tienes vergüenza?
— No seas tonto… claro que tengo vergüenza… no es algo que haga siempre —me dijo.
— Eres la criatura más hermosa que he visto en mi vida.
— Mentira — me contradijo.
— ¿Quieres que te lo demuestre? —le pregunté. Ella rió y se acercó a la cama, para acercarse a mí y depositar un dulce beso sobre mis labios.
— No, porque sé exactamente qué clase de demostración está pasando por tu perversa mente en estos momentos… ahora debemos levantarnos y ducharnos, y…
— ¿Ducharnos juntos? — la detuve. Ella arqueó una ceja y se puso de pie.
— No, claro que no — me dijo.
— ¿Por qué no? — pregunté como un niño pequeño.
— Porque no – contestó – Es tarde Harry… por tu culpa ya no fuimos a la Universidad…
— ¿Por mi culpa? Disculpa cariño, pero eras tú la que no quería parar anoche.
Hizo un gesto de indignación.
— ¡Claro que quería parar!
— ¿Segura? – dije con tono seductor.
— Bueno, en realidad… no. Pero ese no es el tema ahora, lo que importa ahora es que tú te duchas en este baño y yo voy al de abajo – me dijo.
— No, no, no espera – dije y me puse de pie.
Ella tapó sus ojos rápidamente y giró dándome la espalda.
— ¡Cúbrete! — chilló. No pude evitar soltar una sonora carcajada.
— Mmm, me parece que de verdad el día te vuelve timidona — dije mientras me acercaba más a ella.
— ¡No te me acerques! — me advirtió. Sonreí y me acerqué más hasta tener su espalda contra mi pecho. Ella se paró erguidamente.
— ¿Por qué?
— Harry… no te pases — susurró un tanto agitada.
— ¿Vas a dejar que me duche contigo? – le pregunté y acerqué mi boca a su nuca, para comenzar a besarla tiernamente.
— N… no — dijo con un poco de dificultad.
— Por favor — rogué y coloqué mis manos en su cintura para acercarla más a mí.
— No y es mi última palabra Styles — dijo firmé y se alejó para comenzar a bajar las escaleras.
— ¡Está bien! Tú te lo pierdes — le dije y me volví a acostar en la cama pesadamente.
— ¡Levántate y entra a ese baño! ¿Me escuchaste? — me habló desde abajo.
— No, no quiero — dije como un niño de 5 años.
— Será mejor que lo hagas cariño — me dijo y sonreí ante su forma burlona de llamarme así.
— ¿Qué pasa si no lo hago?
— Sufrirás las consecuencias…
— ¿Y cuáles son las consecuencias?
— No voy a besarte más, por el resto del día – me dijo.
Rápidamente me levanté de la cama y busqué mis cosas, para entrar a ducharme. No quería semejante castigo solo por no hacer lo que me decía.
— Está bien, está bien… ya voy — dije y obedientemente entré a ducharme.
Me di una refrescante ducha y salí cambiado. Bajé las escaleras y me dirigí hacia la cocina. Detuve mis pasos al verla allí parada, preparando el desayuno, envuelta en un albornoz de baño. Su pelo estaba mojado, y caía pesadamente a ambos lados de sus hombros. Ella levantó la mirada y me miró. Una sonrisa se curvó en su perfecta boca, haciendo que me diera cuenta de algo. Siempre que ella me sonreía de esa manera, mi corazón se aceleraba.
— Pensé que la ducha te había tragado — me dijo — Casi subo a buscarte…
— ¿Y porque no lo hiciste? Así tenía una buena excusa para meterte conmigo debajo de aquella tibia y relajante agua — le dije.
— Por eso mismo no subí… sabía que eras capaz de eso — dijo y volvió a mirar hacia lo que estaba haciendo.
— ¿Qué cocinas? — pregunté.
— Estoy cortando fruta… así comes un poco — dijo sin dejar de cortar.
De repente recordé que día era hoy. ¡El cumpleaños de mi madre! Comencé a buscar en los bolsillos de mi pantalón mi móvil, y lo encontré.
— Cariño, ¿puedo usar tu teléfono? — le dije.
— Claro que sí — dijo ella.
Tomé el teléfono y me alejé un poco de la cocina, para sentarme en la mesa que estaba en medio de la sala. Le puse tonó y miré el número que ayer me había dado mi padre. Respiré profundamente y comencé a marcar.
Mi corazón latía desesperado… juro que tenía miedo.
Llevé el teléfono a mi oído y esperé a que sonara.
—El número solicitado no corresponde a un cliente en servicio. El número solicitado no corresponde a un cliente en servicio. El número solicitado no corresponde a un…
— ¡MIERDA! — rugí y colgué.
El maldito bastardo me había engañado. Aquel no era el número de mi madre. ¿Cómo pude ser tan estúpido y creer que de verdad él iba a dármelo?
Sentí como unas pequeñas manos se apoyaban en mis hombros y luego bajaban hacia mi pecho. Cerré mis ojos y sentí como ella apoyaba su mentón sobre mi hombro izquierdo. Sus manos acariciaron mi pecho en forma de consuelo…
— Tengo algo para ti — me susurró al oído.
Abriendo los ojos, giré mi cabeza para mirarla. Alejó su mano derecha de mi pecho y me la mostró. Un pequeño papel estaba entre sus dedos. Lo tomé y la miré extrañada.
— ¿Qué es esto? — le pregunté.
— Ábrelo — dijo ella y se alejó de mí para sentarse sobre mi regazo.
Acomodándola bien sobre mí, miré extrañado el pequeño papel que me había dado. La miré a los ojos y luego decidí abrirlo.
Anne Styles.
Mis ojos se abrieron como platos al ver el nombre de mi madre en aquel papel y debajo un número. Más que extrañado volví a mirarla.
— ¿Qué… qué es esto? — le dije confundido. Ella me sonrió y acaricio mi rostro.
— Es el número de tu madre — me dijo.
— ¿Qué? — dije sin poder creerlo.
Ella asintió con la cabeza, sin dejar de acariciar mi mejilla.
— Vamos, llámala — dijo mientras tomaba el teléfono.
Pero entonces la detuve, agarrando su mano suavemente con la mía. Me miró fijo a los ojos, y me hizo sentir en el aire.
— ¿Cómo lo hiciste? — le pregunté.
— No pude evitar escucharte ayer… bueno en realidad me acerqué a escuchar. Lo siento si soy metida pero… tenía que hacerlo. Además después de lo que tu padre me dijo… con más razón aun.
— ¿Qué te dijo mi padre?
— Mmm, no tiene importancia…
— Dímelo, cariño – le pedí.
— Me dijo que hiciera que odiaras a tu madre… que dejes de pensar en ella y en querer llamarla y encontrarla — me dijo — Perdona si digo esto, pero tu padre es un imbécil.
Sonreí divertido y capturé sus labios en un tierno beso. Sus labios se movieron suaves sobre los míos. Se alejó despacio y me miró.
— No puedo creer que lo hayas conseguido — dije y volví a mirar el papel — ¿Cómo fue?
— En un momento, en el que estabas con tu padre en la oficina, la secretaría se fue a no sé dónde y me acerqué a su escritorio, me puse a revolver sus cosas hasta que encontré el nombre tu madre…
— ¿Cómo sabías el nombre de mi madre? — le pregunté.
— Angélica una vez me la nombró — dijo haciendo un gesto con los hombros — Entonces anoté su nombre y unos datos más. Ayer por la tarde comencé a averiguar sobre ella. Hasta que encontré un número que había, pero que era de Londres. Luego llamé y me atendió una mujer… le pregunté por ella y me dio este número.
— ¿Estás segura de que es ella? — le pregunté.
— Sí, por todo lo que me dijo la mujer, sí es ella… así que por favor llámala – dijo y levantó el teléfono hasta mi rostro. Suspiré y lo tomé.
Comencé a marcar el número y coloqué el móvil en mi oreja. Comenzó a sonar y sentí como mi corazón se aceleraba más que antes. Cat aun estaba sentada sobre mí, por lo que coloqué uno de mis brazos alrededor de su cintura y la apreté un poco.
— ¿Hola? — escuché su voz y me paralicé. Pensé que nunca más en mi vida iba a volver a escuchar su dulce voz — ¿Hola? — volvió a decir.
Intenté hablar pero las palabras no salían de mi garganta. Era como si me hubiese olvidado de cómo hablar.
— Vamos Harry, dile algo — me dijo Cat.
— ¿Harry? – preguntó sin poder creerlo. Las palabras se atoraron más en mi garganta — ¿Harry hijo, eres tú?
Cat me quitó el teléfono y lo llevó a su oreja.
— ¿Señora Styles? — Le preguntó y sonrió — ¿Qué tal? Mi nombre es Cat y… estoy aquí con su hijo Harry — guardó silencio y me miró con una pequeña sonrisa — Sí es él… ¿Estáis aquí? ¿Dónde? Oh sí, lo conozco — dijo asintiendo —– Está bien, dentro de un rato estamos por ahí… adiós — dijo y colgó.
— ¿Está aquí? — le pregunté. Ella sonrió mostrándome todos sus dientes.
— Llegó hace unos meses de Londres… se está quedando en un campo, que está a una hora de aquí. Nos espera allí — me dijo.
— No es cierto – dije mientras una pequeña sonrisa se curvaba en mis labios.
— Sí lo es… tenemos que ir para allá ahora mismo — dijo y se puso de pie.
Un poco atontado me puse de pie. Ella se giró a verme.
— ¿Qué pasa? — preguntó.
— Que eres lo mejor que se pudo haber cruzado en mi camino – le dije y rápidamente me acerqué a ella para abrazarla. Sus pequeños brazos se levantaron y me apretaron más cerca de ella. ¿Cómo tuve el valor de siquiera negar lo mucho que ella vale, lo mucho que significa para mí? Cualquier otra, se hubiese dejado manejar por mi padre… Pero no ella, ella no se iba a dejar manejar jamás por nadie. Y eso era lo que más me gustaba.
Despacio se alejó de mí y se puso de puntillas de pie para besar cortamente mis labios.
— Vamos, debemos ir ya — me dijo e intentó alejarse.
Pero entonces la tomé de la cintura y la pegué a mí. Me miró con algo de sorpresa.
— Esperé toda mi vida para esto… no pasa nada si espero unos minutos más — le dije y me acerqué más a ella para besarla.
Su boca se abrió despacio para mí. Nunca había experimentado algo así. Nunca me había gustado tanto besar a alguien. No solo se podía encontrar placer en un beso… hasta ahora no era consciente de eso. No sé cuanto tiempo estuvimos así, besándonos, suavemente. Recorriendo cada centímetro de su delicada boca.
— Ya… deja de besarme así — susurró sin separar sus labios de los míos.
— No puedes pedirme eso — le dije por lo bajo.
Sus pequeños brazos se colocaron alrededor de mis hombros, mientras ella se ponía de puntillas, para llegar mejor a mí. Mis brazos la rodearon por la cintura, abrazándola casi asfixiantemente.
Se alejó despacio y acarició mi nariz con la suya.
Abrí mis ojos y junté nuestras frentes. Ella sonrió levemente y mordió su labio.
— ¿Realmente esto está pasando? — me preguntó.
— No lo sé… tal vez yo este soñando…
— O tal vez yo esté soñando.
Levanté mi mano y acomodé un poco su cabello, para luego bajar mis dedos por su mejilla, y llegar hasta su boca. La acaricie despacio, con cuidado. Como si fuera algo que realmente pudiera romperse.
— Cat — le dije.
— ¿Qué? — preguntó.
— ¿Qué somos ahora? — pregunté. Ella sonrió y se alejó completamente de mí.
— Estamos comenzando… podríamos llamarlo ‘Amigos con derecho’
— Pero sin derecho a estar con otra persona…
Sus ojos brillaron de manera especial.
— ¿Me estas queriendo decir que serás solo para mí? — dijo algo sorprendida.

viernes, 13 de septiembre de 2013

Capítulo 45

Besé cada centímetro de su piel que estaba a mi alcance.
—Harry… —
Mordisqueé sus labios y tironeé de ellos con suavidad, mientras me movía despacio la sostenía entre mis brazos. Ella entrelazó sus piernas con las mías y me mantuvo cerca.
—Quiero que sepas una cosa —le hablé agitadamente. Sus ojos se clavaron en los míos. Me acerqué a ella y rocé su nariz con la mía —Yo quiero hacer el amor contigo… hoy, mañana… pasado mañana y por muchas, muchas noches más.
No sé como fue, pero ella giró sobre el colchón y quedó sobre mí. Gruñí fuertemente al sentirla así. Salvaje… agitada… completamente mía. Me senté y capturé sus labios en un caliente beso.
—Y yo quiero que lo hagas —me dijo agitada y soltando apenas mi boca.
No se cuanto tiempo estuvimos así, y tampoco me importaba.
Por mí iba a estar dentro de ella toda la noche. Pero entonces sentí que tenía que liberarme. La tomé de las caderas y la empujé más cerca de mí. Ella boqueó y se aferró a mi cuello, mientras me mordía levemente el hombro. Me recosté con ella y giré atrapándola de nuevo.
Cat respiraba trabajosamente, sus labios estaban rojos, un poco hinchados y una cortada en su labio inferior. Levantó su mirada para encontrarse con la mía.
Me sonrió y levantó su mano para acariciar mi rostro. Entonces supe que no había nada que yo no hiciera por ella. Si ella quería, sería capaz de bajar al infierno y matar al mismo diablo, solo para hacerla sonreír. Maldije por lo bajo ante el pensamiento. Me estaba por apartar de ella, pero me tomó de la barbilla e hizo que la mirara.
—No te atrevas a alejarte de mí —me ordenó y luego me besó ferozmente.
Apenas podía respirar al sentirla con cada fibra de mi ser. Su pequeño y femenino cuerpo debajo del mío. Pero el calor de sus labios y el valor de su intrépida voluntad eran los que me calentaban. El fuego de su pasión ardía a través de mí, haciéndome sentir vulnerable y al mismo tiempo fuerte y decidido. Soltó levemente mis labios, entonces la miré a los ojos y luego bajé sobre ella, para poder apoyar mi cabeza sobre su pecho.
—¿Escuchas la lluvia? —le pregunté.
—Sí —me contestó sin dejar de acariciar mis cabellos.
—¿Sabes qué escucho yo? —le dije.
—¿Qué? —preguntó.
—Escucho tu corazón…
—¿Y que te dice mi corazón?
—Me dice: Más te vale Styles que te quedes, porque sino te juro que te vas a arrepentir de haberme hecho latir como una loca —le dije.
Ella rió divertida, haciéndome levantar la cabeza para mirarla.
—¿Y qué dice el tuyo? —me preguntó.
—¿Por qué no lo escuchas tú misma? —dije y giré en el colchón para que ella quedara sobre mi pecho. Se apoyó suavemente, colocando su mano izquierda en el lado derecho de mi pecho. Con mi mano acaricie su espalda —¿Y qué te dice?
—Me dice: Cariño, ¿Por qué no lo repetimos? Fue muy interesante participar esta vez… aunque debo confesarte que la primera vez también participé —me dijo y levantó su cabeza para mirarme —¿Eso es lo que está diciendo?
—Exactamente eso es lo que está diciendo —le contesté.
Sonrió y se acercó a mí besando suavemente mis labios. Respiré profundamente y su perfume invadió mi cuerpo. Que agradable era oler a ella. Mordió mis labios traviesamente. Arqueé una de mis cejas y me alejé con cuidado.
—¿Estás juguetona? —le pregunté.
—Solo cuando me provocan estarlo —me dijo y capturó mi boca de nuevo.

Comencé a despertar por un extraño ruido que llegó a mis oídos. Somnoliento abrí un ojo y miré el techo. Esta no es mi casa… Entonces recordé todo y giré la cabeza para poder comprobarlo. Sentí que mi corazón latía rápido al verla allí. Ella dormía profundamente boca abajo. Su largo cabello caía sobre su espalda. Me apoyé sobre mi codo y la miré fijo. Su rostro estaba relajado y sus labios parecían curvar una leve sonrisa. Bajé mi mirada por su cuerpo, que estaba debajo de las sábanas. Levanté mi mano y acaricie su mejilla. No puedo creer que de verdad me haya quedado, aunque después de hacer el amor casi toda la noche no podía irme. Bajé mi mano de su mejilla a su mentón, seguí bajando hasta encontrarme con las sabanas y las corrí.
—¿Por qué estás mirándome? —su voz suave y adormilada llegó a mis oídos.
Levanté la cabeza y miré su rostro.
—Buenos días —la saludé.
—Pásame las sábanas, pervertido. Y deja de mirarme así —me dijo.
—Me parece que la más pervertida de los dos eres tú —le dije.
Se sentó en la cama y tomó las sábanas para taparse. Volvió a acostarse boca arriba y giró la cabeza para mirarme.
—¿Te quedaste de verdad o estoy soñando? —me preguntó.
Rápidamente me acerqué a ella y la besé con pasión. Llevé mi mano a su nuca y enterré mis dedos en sus cabellos. Su lengua acarició la mía y elevó sus manos para tocar mi rostro. Entonces no pude evitarlo, me subí a su cuerpo, haciendo que gimiera levemente. Solté despacio sus labios.
—No podía irme cariño —le contesté agitado.
Ella arqueó una ceja y subió y bajó sus manos por mi torso.
—Mmm, que excitante es despertar y encontrarte aquí… —dijo provocadoramente.
—¿Recuerdas las barbaridades que me dijiste? —le pregunté.
—¿Yo? —dijo haciéndose la desentendida —No querido… tú eras el que me decía cosas que ni siquiera me atrevo a repetir.
—¿Cómo que? Lo duro que…
—¡Harry! —me calló antes de que continuara.
—Vamos, te encantó que te dijera todas esas cosas mi pequeña y pervertida cajita de mentiras…
—¿Quieres saber que es lo que realmente me encantó, mi fogoso y lujurioso motero?
—Mmm… fogoso y lujurioso, que bonitos adjetivos —le dije. Ella sonrió —¿Qué fue lo que te encantó?
—Me encantó hacer el amor contigo y que te quedaras…
—¿Qué me estás queriendo decir con eso? —pregunté alejándome un poco más de ella para mirarla bien a los ojos —¿Acaso me estás queriendo decir que te gustaría intentarlo?
—¿Tú lo intentarías? —me preguntó. La miré fijo a los ojos y ya no lo dude.
—Claro que sí… porque eres la primera mujer con la que duermo, y eres la primera mujer con la que hago el amor… la primera que me vuelve loco… y me gusta tanto —le dije mientras me inclinaba hacia ella para tomar sus labios.
Su boca me esperó dulce y calida. Comencé a besarla más profundamente al sentir que el deseo volvía a brotar en mí. Subí mi mano por el costado de su cadera y cintura, hasta toparme con su pecho y bajando de nuevo.  La apreté sutilmente y su boca se abrió más para mí.
—Harry… cariño —dijo alejándose apenas de mí —Tenemos que levantarnos.
—No —susurré y la callé besándola de nuevo.
Volvió a soltar mi boca y respiró profundamente.
—Styles —me llamó en tono de advertencia.
—Vamos, Cat, no te resistas —le dije y comencé a bajar mis besos por su mentón.
Al parecer ella perdió todo rastro de cordura, pues comenzó a dejarse y a no protestar por ello. Seguí bajando mis besos por su cuello, mordisqueé esa delicada piel. Seguí bajando.
—Harry… no hagas esto… no, detente ya… dios. Debemos levantarnos, tenemos que ir a la Universidad —me dijo.
—Al diablo con la Universidad —dije y volví a subir por su cuello hasta su boca. La besé con ímpetu, con necesidad. Saboreando cada rincón de su boca —Pero si no quieres me alejo. Dime Cat, dime que no me deseas y me alejo de ti…
—Te deseo Harry, no sabes cuanto —dijo agitada.
Le sonreí y volví a besarla. No había nada que me gustara tanto como besarla. Como lo dije varias veces ella tiene una forma muy particular de hacerlo. Sus manos bajaron por mi espalda y soltó mi boca haciendo que mis ojos se abrieran. La miré fijo.
—¿Qué sucede? —le pregunté.
—Nada… solo quería verte los ojos —me dijo dulce.
Entre unas tiernas y al mismo tiempo calientes caricias la temperatura de nuestros cuerpos y del lugar comenzó a subir. Jadeé al sentir sus labios en mi cuello y llegando a mi oreja. Con cuidado tomó el lóbulo con su boca y lo mordió despacio.
Se inclinó hacia delante y comenzó a besar mi mentón, comenzó a bajar por mi pecho, cerrando y abriendo su boca sobre mi piel. Un móvil comenzó a sonar. Ella levantó la cabeza y miró extrañada a nuestro alrededor. La miré y tomé su rostro.
—No lo cojas—le dije agitado.
—Puede ser importante —resopló.
—No hay nada más importante que tú y yo en este momento —dije y la acerque hacia mí para besarla.
El movil dejó de sonar, y sonreí sobre sus labios. Nada ni nadie iba a parar este momento, ella no se iba a alejar de mí sin antes ser mía. Otra vez el maldito sonido invadió la casa. Cat se incorporó de mí y me miró divertida. Solté un frustrado gruñido. Ella se bajó de mí y giró sobre el colchón para agarrar el móvil que se encontraba en la mesita de noche.
—¿Hola? —dijo al atender. Sin dejar de mirarla me acerqué a ella y comencé a besar su brazo. Ella sonrió y mordió sus labios. Fui un poco más atrevido y subí mi boca por su hombro para luego bajar. —¡Harry no hagas eso, es tu prima!
—¿Angélica? —dije sin poder creerlo. Tomé el móvil de Cat y lo puse en alta voz.
—¡Estás con Harry! ¿Cómo que estás con Harry? ¿Qué hace él ahí? —escuché como preguntaba sin poder creerlo.
—Primero quieres tirar a mi Cat a los brazos de otro y ahora arruinas un momento extremadamente caliente, ¿Qué más vas a hacer primita? —le pregunté.
—¡Oh, eres un asqueroso! ¡No quería saber eso! —se quejó.
—No seas malo con tu prima —la defendió mi cariño —¿Qué pasó Angélica?
—¿Cómo que qué pasó? Por si no te has dado cuenta ya son más de las 11 de la mañana y tú aun no estas en la Universidad… pero ya entiendo porqué —dijo la rubia.
—Me parece perfecto que lo entiendas… bueno adiós —dije e intenté colgar, pero Cat tomó el movil y se puso de pie dándome la espalda.
—Creo que ya no vale la pena ir por unas pocas horas —dijo ella y me miró de costado, aun mostrándome su cuerpo desnudo, solo de atrás.
—¿Pasasteis la noche juntos? —preguntó Angel.
—Una larga y lujuriosa noche —le dije fuerte para que me escuchara.
—¡Pervertido! —me chilló mi prima. Cat tomó su ropa interior y se la colocó rápidamente. Maldije para mis adentros al saber que la cosa ya se había acabado… por ahora.
—Angélica, más tarde te llamo ¿vale? —dijo ella.
—¿Vas a cambiarme por él? —le preguntó sin poder creerlo.
—No, no te estoy cambiando por tu primo…
—Sí, sí lo está haciendo —dije mientras me recostaba en la cama y colocaba mis brazos detrás de mi cabeza.
—Bueno, no importa —habló Angélica y ambos escuchamos como reía levemente —Me alegro que os hayáis dado cuenta de que tenéis que estar juntos… me alegro que lo hayáis entendido de una vez, en vez de estar como perro y gato peleándose y reclamándose cosas.
—En eso estoy completamente de acuerdo primita —le dije.

jueves, 12 de septiembre de 2013

Capítulo 44

—Por ahora no tengo ninguna intención de irme —le contesté. Ella suspiró levemente. Se sirvió comida para ella y se sentó frente a mí.
Vi como miraba con cierto asco la carne frente a su plato. Con el tenedor, corrió un pedazo y se dedico a pinchar la verdura. Reí por lo bajo y me miró.
—¿Qué pasa? —preguntó.
Pinché un pedazo de carne y estiré mi mano para acercarlo a su boca. Arrugó la nariz y me miró implorando que no lo hiciera.
—Debes comerlo, o me veo en la obligación de que comas otro tipo de carne.
—Dispuesta, estaría a hacerlo… —susurró, y clavó sus ojos en los míos —No me hagas comer eso, voy a ensuciar todo mi organismo. Hasta tal vez me de una enfermendad al hígado por comer esto, después de tanto tiempo.
—¿Qué te dijo el médico? —le recordé.
—Puedo sustituir eso por alimentos con fibra —dijo sin dejar de mirar asqueada la carne en mi tenedor —No me hagas comer eso.
—Cat, los humanos estamos hechos para comer carne.
—¿Si como un pedacito, ya no me harás comer más? —preguntó como una niña pequeña poniendo condiciones para comer sus verduras, en este caso… carne.
—Lo prometo —le afirmé.
Respiró profundamente y abrió apenas su boca para acercar la carne. Cuando estuvo dentro se quitó el tenedor. Dio un pequeño mordisco y frunciendo aun más el ceño quito la carne de su boca. La miré bien.
—No puedo, no puedo —dijo apunto de llorar como si de verdad tuviera 5 años —Esta viscoso y… iiiiuuu que asco. El solo hecho de pensar que un pobre animalito fue asesinado brutalmente para terminar en mi plato me repugna. No sabes lo mal que me sentí cuando tuve que cortar la carne en pequeños pedacitos…
Reí divertido y me miró entrecerrando los ojos.
—Oh, eres increíble —dije sin dejar de reír.
—Lo siento señor ‘como carne porque soy un humano’ pero no puedo hacerlo. Simplemente no puedo.
—Está bien, está bien. Por lo menos comete las verduras.
—Acabas de sonar como mi padre —dijo algo asustada.
Volví a reír. Ella era divertida y tan única. Tan espontánea y natural. Tal vez yo podría estar pasando el peor momento de mi vida, pero estoy completamente seguro que ella sería capaz de sacarme una sonrisa.
Cenamos entre risas y unas cuantas intensas miradas. Mirarla era algo tan especial, juro que me daba paz. Terminamos y la ayudé a lavar todo. Se giró a verme.
—¿Seguirá lloviendo? —dijo.
Hice un gesto con los hombros. Entonces ella comenzó a caminar hacia un gran ventanal. Corrió las cortinas y vimos como la intensa lluvia caía pesadamente sobre la cuidad.
—Sí, aún llueve —le dije acercándome a mirar un poco. Ella abrió una de las puertas del balcón.
—Amo el olor a lluvia —musitó con los ojos cerrados y respirando profundamente.
—Y yo amo el olor a ti —dije inconscientemente. Se giró a verme y pestañeó nerviosa.
—¿Vemos una película? —me preguntó rápidamente.
—¿Por qué no? —le dije asintiendo.
Volvió a la cocina y tomó dos pequeños conos de helado del refrigerador. Me entregó uno.
—Ven, vamos a arriba —me dijo y comenzó a subir las escaleras a su cuarto. Otra vez los recuerdos de esa noche volvieron a mi mente. Hicieron sobresaltarme un poco, pensando como la tenía esa noche. Lentamente subí detrás de ella. Y cuando llegamos ambos nos quedamos quietos —Mmm, ponte cómodo —dijo algo nerviosa.
Asentí y me quité las zapatillas para sentarme en la gran cama. No podía evitar recordar aquello, se me hacía casi imposible.
—Amelie, película de origen franco-alemana, me dijeron que es muy buena —dijo ella y se acercó hasta el gran televisor que estaba frente a nosotros para ponerlo.
Puso el DVD y luego se sentó en la cama. Se acercó más a mí, apoyando un costado suyo contra mi pecho. La miré y en un impulso me acerqué a ella, para besar su mejilla. Vi como sonreía sin dejar de mirar al televisor.
La película comenzó. Una voz en off comenzó a narrar la historia. Traté de concentrarme, pero mi vista se desviaba hacia el perfil de Cat, hacia su forma de comer helado, mientras concentradamente leía la traducción.
Después de un rato apoyó la cabeza en mi pecho. Yo solo me quedé así, mirando muy entretenido aquella interesante película y comiendo helado. Coloqué mi brazo alrededor de ella, y mi mano quedó descansando en su espalda.
“Sin ti, las emociones de hoy no serían más que la piel muerta de las emociones de ayer” Esa frase quedó bastante metida en mi cabeza. Bostecé cuando la película terminó y el disco salió solo. Quise moverme, pero Cat no se levantó. Estiré un poco mi cabeza para mirarla y estaba dormida.
Sonreí levemente y con cuidado la solté. Abrí la cama, y la acomodé bien allí para taparla como a una niña. Me acerqué al televisor y lo apagué.
Tomé mis zapatos para irme. Yo tenía que irme de allí, salir e irme para dejar de pensar un poco en todo lo que ella me produce cuando estamos juntos. Caminé hasta la escalera, pero mis pasos se detuvieron. Giré para mirarla y su pequeña figura sobresalía en aquella inmensa cama.
—Rayos… —susurré y solté las zapatos para acercarme de nuevo a la cama.
Abrí con cuidado las sabanas para, con más cuidado, acostarme a su lado. Cuando lo hice, giró sobre el colchón y apoyó su cabeza sobre mi pecho. Apoyándose dulcemente cerca de mí, colocando sus piernas debajo de las mías y haciendo que su perfume entrara impávidamente por mi nariz. La miré algo sorprendido.
—Sabía que no ibas a irte —me habló en voz baja.
—¿Estabas despierta? —pregunté.
—Sí —musitó y se abrazó más a mí —Y me alegro de que no te hayas ido.
—Cat…yo...
—Abrázame, no seas tonto… Hace frió —se quejó. Entonces con cuidado la abracé.
—Cat—la llamé.
—¿Sí?
—¿Puedo hacerte una pregunta?
—Claro.
—¿Estas arrepentida de lo que pasó aquella noche? —le pregunté.
No dijo nada, pensé que no iba a responderme.
—No —dijo apenas audible, pero la escuche —No estoy arrepentida —levantó un poco su cabeza y besó el borde de mi mentón —Ahora duerme, ¿vale?
—Cat —la volví a llamar.
—¿Qué? —dijo ya frustrada de mí. Reí levemente.
—Déjame besarte —pedí.
—¿Por qué quieres besarme? —me preguntó.
—Porque lo necesito —dije algo agitado.
—¿Y por qué? —volvió a preguntar.
—No lo sé, maldita sea —solté exasperado —Solo sé que lo necesito, te necesito desesperadamente.
Entonces, levantó su cabeza de mi pecho y me besó de esa manera suave que ella siempre utilizaba. Moví mi boca a ese ritmo tan especial y delicado. Sentí como una de sus manos se apoyaba suavemente en mi mejilla. La rodeé firmemente con mis dos brazos, mientras la acercaba implacablemente hacia mí.
Se subió a horcajadas sobre mi abdomen, jadeé levemente al sentir el tibio contacto de sus manos debajo de mi camiseta. Se alejó apenas de mi boca y me miró agitada.
—Déjame demostrarte que puedes llevar más cosas, además de las ganas, a la cama. Déjame demostrarte que no solo puede haber placer en esto —dijo mientras besaba mi rostro. Tragué sonoramente —En la cama puede haber muchas cosas, Harry. Consuelo, culpa, alivio…
—Cat… —dije agitado. Me besó callando mis palabras.
—Puedes sentir miedo, alegría. Puedes sentir coraje… —se alejó de mi para clavar sus ojos en los míos —Harry… puedes sentir amor, eso que tanto temes y de lo que huyes despavorido, como si fuera lo más horrible del mundo. En una cama, las cosas son mucho mejor y más placenteras cuando hay sentimientos de por medio.
—Cat, yo…
—¿Tú que? —susurró, calló por un segundo y me miró —Déjame hacerte el amor.
La miré fijo a los ojos y recordé las palabras de Louis.
—Soy todo tuyo, cariño —le dije y ella sonrió para luego inclinarse hacia delante y tomar mis labios en un apasionado beso.
Metí mis manos debajo de la blusa de pijama, la suave piel de su espalda estaba fría, mientras que mis manos estaban calientes. Sentí como todo su cuerpo se erizaba ante el contacto caliente de mi mano, sobre su piel. Su lengua se mezcló con la mía y sentí el sabor dulce y frío del helado. Con un simple movimiento giré sobre el colchón y la atrapé debajo de mí. Me alejé de su boca para mirarla a los ojos. Ella me sonrió dulcemente y acarició mi rostro.
—Ya dejemos las vueltas, Harry —me dijo.
—¿Estás dispuesta a admitir que te mueres por mí? —le pregunté divertido. Mordió su labio inferior y me miró de manera tierna.
—Ya no puedo decirte que no —dijo y alzó la cabeza para rozar mi boca —Estoy loca por ti.
Sentí un cosquilleó en mi estómago.
Eran las estúpidas mariposas que Rose me había dicho que se sienten cuando uno está… está enamorado.
—Yo también estoy loco por ti Catherin, completa y perdidamente loco —admití y terminé de besarla.
Sus manos bajaron hasta el borde de mi camisa y soltando apenas mis labios me la quitó por la cabeza. Arrojó la prenda hacia un costado, mientras sobre sus labios se curvaba una sonrisa. Su suave mano acarició mi pecho y bajó por mi abdomen.
Casi desesperado me senté y la besé posesivamente, provocando que un pequeño gemido escapara de su boca. Le quité la molesta blusa, que no me dejaba acariciarla con ansias. Volví a besar sus labios, para luego bajar a su cuello. Sus manos acariciaban mi espalda y nuca. Subiendo una de mis manos por su pequeña espalda, solté el cierre de su sujetador. Se alejó un poco de mí para mirarme a los ojos. Levanté mi mano y la apoyé sobre su hombro. Sin quitar mi mirada de la suya, retiré con cuidado el sujetador. Sus labios se apoyaron despacio sobre los míos, mientras mis manos terminaban de quitar el sostén de ella. Sus brazos se elevaron y rodearon mi cuello. Acercándola más a mí rodeé su cintura con mis brazos, mientras nuestras bocas se conocían un poco más. De una u otra forma, nos fuimos deshaciendo de cada prenda que nos cubría. Juro que no solo estaba totalmente excitado, también estaba asustado y una parte de mí me decía que me alejara.
Pero, ¿Cómo podía hacer algo así? ¿Cómo podía hacerlo si simplemente sé que la necesito más que a nada? Sus manos eran tan suaves y calidas y me acariciaban tan dulcemente, que puedo jurar que su toque me quemaba por dentro. Me encendía de una forma, que nunca había sentido. Esto no era simplemente algo sexual. Más placer de lo que jamás pensé sentir. Con cuidado me recosté con ella y volví a girar para que quedara bajo mi cuerpo. Bajé mis besos por su cuello. Sus piernas me rodearon las caderas, encendiendo una hoguera en mi interior.
—Sabes tan bien cariño —le murmuré cerca del oído.
Gimió levemente, cuando con mis manos la acomodé mejor debajo de mí, tomándola de ambas piernas. Entonces alcé la cabeza para mirarla fijamente a la cara. Sus ojos, sus hermosos ojos estaban nublados por el placer, sus mejillas levemente enrojecidas. Ella era tan preciosa… y yo ya no podía hacer nada para negar lo que sentía. Sus manos apretaron mis hombros. Bajé la cabeza y la besé con
ternura. Me abrazó dulcemente mientras nuestras bocas se fundían en un delicado beso. ¡Demonios, la tonta sensación de su cuerpo abrazando al mío no tiene descripción! La sensación de su pecho latiendo contra el mío. La sensación de su corazón latiendo bajo el mío. Su ritmo era hiperactivo y escandalizador, hizo que todo mi cuerpo temblara e hizo que me diera cuenta de que mi corazón latía al mismo ritmo. O peor aún, mucho más.

Capítulo 43

Llegué a mi casa y tiré todas mis cosas al suelo. Tomé la carta de mi madre y me senté en el sillón para volver a leerla. Me había olvidado completamente de su letra. Una letra fina y bien clara. Me levanté y fui hasta mi habitación. Comencé a revolver los cajones de mi mueble, hasta que encontré lo que estaba buscando. Tome la foto con cuidado y la miré detenidamente. Ella era tan guapa… y debe serlo aún.
Sentí un nudo de impotencia que no me dejaba respirar tranquilo. Ella era una mujer increíble y nunca tuvo que haber pasado por todo lo que mi padre la hizo pasar. Maldito cobarde, infeliz… será mi padre pero lo único que siento hacia él es desprecio.
Me puse de pie, necesitaba salir y despejarme, dejar de pensar en todo. Me cambié la molesta ropa de la Universidad y tomé mis llaves y mi teléfono para salir de casa. No iba a ir en moto. Necesitaba caminar.
Caminé sin rumbo alguno por las calles de la cuidad, sin prestar mucha atención a donde estaba yendo. Hasta que mis pasos se detuvieron frente a un viejo bar. Miré a mí alrededor y decidí entrar. Un lugar con luces bajas, todo estaba relativamente oscuro. Me acerqué a la barra y me senté en la silla. Un hombre de unos 70 años se acercó a mí y me miró fijo.
—¿Qué se te ofrece muchacho? —me preguntó.
—Dame una botella de ron – le pedí. Él asintió. Se alejó de mí y se agacho para buscar lo que le estaba pidiendo.
—¿No vas a hacer ninguna tontería, cierto?
Su pregunta y preocupación llegó a mi cabeza. Me la había vuelto a preguntar después de que la había ido a besar. El hombre se acercó de nuevo a mí y apoyó la botella frente a mis ojos, colocó un vaso al lado. Lo miré y le agradecí con la cabeza. Se alejó de nuevo.
Lo siento cariño, pero no puedo cumplirte. Necesito que mi mente esté en otro lugar, necesito olvidar y embriagarme. Abrí la botella y me serví un poco de ron. Miré mi vaso y dudé un poco en hacerlo… Cat y la maldita promesa estaban en mi cabeza.

Pero no, tenía que hacerlo. Llevé el vaso a mi boca y tomé de golpe. Apoyé el vaso con un poco de fuerza sobre la barra, ya que el ron me había quemado hasta el cerebro. Volví a llenarlo y volví a tomar.
‘—Tu madre es una cualquiera, ¿entiendes eso? Ella te dejó, decidió irse con otro… ¿y sabes por qué? Porque eres un error… nunca te quiso. Cuando se enteró de que estaba embarazada de ti… quiso abortarte pero yo no la dejé, y cuando naciste no te quiso ver. Eras un estorbo para ella, nunca, nunca te quiso. La tuvieron que obligar a que te diera de amamantar… ¿Cuándo vas a entenderlo? Ella nunca quiso que nacieras…’

—¡Mentira! —dije sin darme cuenta.
La gente que estaba a mí alrededor se giró a verme. Volví a tomar el ron que estaba en mi vaso. Sus malditas palabras llenaron mi cabeza.
¿Por qué me hacía esto? ¿Por qué mi propio padre quería destruirme? ¿Por qué quería acabar conmigo? ¿Qué le había hecho yo a él?
Seguí tomando y tomando. Mi cabeza ya daba vueltas. Pero aun así no había logrado despejar mi mente de aquellos recuerdos horribles y aquellas palabras hirientes. No sé cuanto tiempo pasó, pero mi botella ya estaba casi vacía.
Miré a mí alrededor y luego miré a la hora del reloj de pared del bar. Ya era tarde, debía irme. Me puse de pie y ante el repentino mareo me agarré de la mesa. Saqué un poco de dinero y sin mirar cuanto era lo dejé encima de la mesa.
Salí del bar y las gotas de lluvia mojaron mi rostro. Levanté mi cabeza y miré el cielo. Estaba oscuro y había refrescado bastante. Coloqué sobre mi cabeza la capucha de mi chaqueta. Tenía que ir a algún lado, tenía que dejar de pensar un poco. Mis pies comenzaron a caminar sin rumbo alguno, la lluvia fría había logrado traspasar un poco mi ropa. No sabía a donde ir, mis pasos caminaban sin dirección.
Hasta que me detuve frente a un edificio. Lo miré bien y supe que ese era el edificio de Cat. Me acerqué a la puerta y para mi buena suerte, estaba abierta. Me quedé un segundo quieto, esperando a que todo volviera a ser visible, ya que lo estaba viendo borroso. Reí por lo bajo y me acerqué al ascensor.
Entré y sin dudar marque el piso 6. Llegué al piso más rápido de lo que pensé. Me acerqué a la puerta y di tres golpes firmes y lentos. Necesitaba que me abriera, necesitaba verla, necesitaba abrazarla. Que ella me abrazara y que me contuviera. Tragué ante el pensamiento.

—Ya voy —escuché su dulce voz desde adentro. La puerta se abrió y ella me miró sin poder creerlo —Harry…
—Lo siento, no sabía a que otro lugar ir —dije y me tambaleé un poco. Ella se acercó a mí y tomó de la cintura. Su rostro quedó cerca del mío —Louis ha salido de casa y Zayn esta en un caos familiar —disculpé con esas excusas mi presencia en su casa. Me ayudó a entrar y me hizo sentarme en el sillón.
—¡Menos mal que te dije que no hicieras tonterías, imagínate si te digo haz tonterías! —me empezó a regañar. Mi cabeza daba muchas vueltas. Solo vi como se acercaba a la cocina —¿Por qué haces esto? ¿Qué necesidad tenías de beber así? A kilómetros se te huele el alcohol —siguió hablando. Sonreí por lo bajo y vi como ella servía algo en una taza —¡Creo que ya estás un poquito grande como para estar embriagándote por ahí y poniendo tu vida en peligro!
—Ya, ya no me regañes, cariño, por favor —le pedí. Ella se acercó y se arrodillo frente a mí. Me quitó la capucha.
—¡Tienes los ojos rojos por el alcohol! ¿No te da vergüenza? Encima me lo prometiste, me prometiste que no ibas a hacer tonterías…
—Perdón, perdón, perdon —me disculpé.
Levantó su mano y secó mi rostro con la toalla que había traído. Luego me ayudó a quitarme la chaqueta, ya que estaba empapada.
Colocó la toalla alrededor de mis hombros. Giró y tomó la taza para dármela. Miré el líquido verde claro y la miré a ella.
—Es un té chino, quita la borrachera más rápido que el café y no provoca efectos de adicción, como el café —me dijo.
Volví a mirar el té y con duda lo acerqué a mi boca.
Apenas un sorbo de aquello tocó mi lengua lo alejé de mí.
—Esto es un asco —dije mientras dejaba que esa horrible cosa pasara por mi garganta.
—Lo siento querido, pero el que algo quiere algo le cuesta —dijo y me hizo tomar de nuevo.
Juro que era lo más asqueroso que había probado en mi vida.
—No, no quiero más —alejé la taza de mí, pero ella volvió a acercarla.
—No, claro que no —llevó la taza a mi boca —Vas a tomartelo todo, quieras o no.
Sonreí por lo bajo y tomé obedientemente.
—Estoy seguro de que así debe sonar mi madre —dije algo divertido. Sus ojos se clavaron en los míos, y acomodó un poco mi cabello.
—¿Sabes? La noche de la fiesta en la que nos encontramos, ¿recuerdas? —me dijo. Asentí con la cabeza mientras volvía a tomar un poco de té. Ya no sabía tan horrible —Estábamos jugando a las veinte preguntas… no lo terminamos. Me tocaba a mí…
—Fueron cinco, no veinte... bueno seis —le dije al recordarlo con claridad. Sonrió por lo bajo y luego soltó un leve suspiró mientras se arrodillaba mejor frente a mí.
—Bueno, entonces comenzaré —me dijo. Asentí —¿Por qué haces las cosas que haces?
—No lo sé, es algo que… no lo sé —le respondí.
—Esta pregunta siempre quise hacértela —dijo algo divertida —¿Qué le viste a Felicity?
Su pregunta me hizo reír por lo bajo. La miré a los ojos y arqueé una ceja.
—¿Celosa? —pregunté.
—La que hace las preguntas aquí soy yo —me dijo seria.
—Está bien, está bien —le dije y suspiré —Felicity es una más del montón, nada significó para mí y jamás va a significarlo.
—¿Yo soy una más del montón?
—No, jamás —contesté rápidamente.
—¿Playa o montaña? —me dijo.
—Montaña, así podría ir con alguien a quien le parece que lo mejor de tener frío es poder entrar en calor —le dije. Rió levemente y clavó sus ojos en los míos.
—¿Cómo se llama tu madre? —preguntó.
Detuve el recorrido que estaba haciendo la taza a mi boca. Sentí como un nuevo nudo se formaba en mi garganta. Aquel mareo horrible que tenía cuando llegué ya casi ni estaba.
—Anne —dije por lo bajo.
—¿Dónde está ella? —dijo.
—No lo sé —dije y fijé mi mirada en la nada —Hace diez años que no se nada de ella. Mi padre… mi padre la golpeaba. Ella un día se cansó, me agarró y nos fuimos de casa con Ben.
—¿Quién es Ben? – la miré a los ojos y sentí como los míos se llenaban de lágrimas.
—Ben era el hombre por quien mamá iba dejar a Will. Siempre lo quise mucho, era un hombre increíble —contesté su pregunta —Nos… fuimos de casa, pero papá fue por mí con un juez y se quedó conmigo. Desde entonces… no supe más nada de ella. No sabía si estaba viva, si estaba muerta —mi voz se quebró al final de la oración —Mi padre me ha amenazado toda su vida con que si yo no hacía lo que él quería iba a mandar a matar a mi madre —la mire de nuevo a los ojos y
sus marrones ojos estaban llenos de lágrimas también —Yo no pude hacer nada, ¿entiendes? ¡El maldito me tiene como títere!
—Otra pregunta —dijo con un hilo de voz. La miré extrañado —¿Puedo besarte?
No dije nada. Ella se inclinó hacia delante y chocó suavemente sus labios con los míos. Mis ojos se cerraron instantáneamente. Sus labios se cerraron suaves sobre los míos, que con temor respondían a su gesto.
No había ganas en ese beso, no era una insinuación sexual. Ese beso era preocupado, angustiado, quería consolarme. Esto no podía ser así, no debía ser así. Algo asustado me alejé de ella. Me miró algo sorprendida.

—¿Qué pasa? —me preguntó.
—No… no hagas eso más por favor. Yo no quiero tu lástima… no me gusta la lástima, no me gusta que me tengan lástima —le dije.
Tomó mi rostro con sus manos e hizo que la mirara fijo a los ojos. Me sonrió dulcemente, provocando que un escalofrió bajara por mi espalda. Volvió acercarse a mi boca.
—No, no es lástima —susurró sobre mis labios —Solo quiero cuidarte. Tú viniste hasta aquí, no porque Louis o Zayn no estaban. Viniste hasta aquí, porque necesitas que te cuide, necesitas que te abrace, que te bese. Me necesitas…

Se acercó más a mí y se sentó sobre mi regazo. Me encontré colocando torpemente mis brazos alrededor de su cintura, mientras sus labios eran una suave caricia sobre los míos. Sus manos acariciaban mis cabellos, hacia atrás. Y luego las yemas de sus dedos, acariciaban mis mejillas. Y su boca, ¡dios santo su boca! Su boca se estaba convirtiendo en una obsesión. Una dulce obsesión.
Se alejó un poco y yo quedé colgando en el aire. Abrí mis ojos, para enfrentar los suyos. Despacio acarició mi nariz con la suya y luego se puso de pie.
Caminó hasta la cocina y se puso a revolver algo.
—¿Te quedas a cenar? —me dijo. Me puse de pie y caminé hasta donde estaba ella.
—Creo que va a ser mejor que me vaya —le dije. Me miró a los ojos.
—Está lloviendo y ya es tarde, ¿Por qué no te quedas, Harry? —preguntó.
—No… no lo sé Cat —dije con duda.
Puso su mejor cara tierna y me miró fijo sacando un poco de puchero. ¡Maldita sea! No puedo creer que tenga esa facilidad de hacerme ceder así.
—¿Sí? —preguntó sin dejar de mirarme y hacerme ojitos. Respiré profundamente.
—Está bien —dije mientras soltaba el aire que tenía en mi cuerpo.
Sonrió y se estaba por acercar a mí, pero se detuvo y me miró.
—No, no. No lo tengo que hacer. No lo voy a hacer, quédate tranquilo. Mantendré distancia entre nosotros —dijo. La miré divertido.
Me acerqué a la mesa y me senté frente a ella mientras observaba como cocinaba.
—¿Qué estas haciendo? —le pregunté.
—¿Recuerdas aquel día en la oficina de mi madre que me desmayé y me dijeron que estaba anémica? Bueno, fui al médico el otro día y confirmó aquello. Me dijo que debo comer carne. Así que estoy haciendo algo con un poco de carne —dijo. La miré divertido.
—Aquí tienes carne para comer, cariño – dije refiriéndome a mí. Me miró divertida.
—No, esa carne tiene miedo de mí. Así que mejor no la como, y trato de no mirarla, para que no salga corriendo —me dijo sin dejar de sonreír.
Volvió su vista a la comida. Y una pregunta se trabó en mi garganta. Mi mirada estaba clavada en ella, pero ella parecía no notarlo.
El imborrable recuerdo de su cuerpo desnudo contra el mío, llegó a mi cabeza para agitarme. Tenía que preguntárselo, tenía que hacerlo…
—¿Me pasas ese plato? —me dijo, haciendo que saliera de mis pensamientos. Asentí y le alcancé lo que me pedía —Tengo helado de postre, ¿Te gusta el helado?
—Algo frío para entrar en calor, sí —le dije.
Ella rió divertida y vi como sus mejillas tomaban un poco de color. Como me encantaba que sus mejillas tomaran color. Se veía tan inocente así.
—¿Vas a quedarte, verdad? —me preguntó mientras me servía un plato con comida.