Me acerqué al lugar donde había dejado mis cosas y las tomé. Busqué a Gina con la mirada y despacio me acerqué a ella.
—Gina, necesito hablar contigo —le dije. Ella me miró.
—Luego continuamos muchachas —les dijo a las modelos que me echaron una
devoradora mirada, como si yo fuera algo de comida. Aunque si lo soy, en
este momento me siento como un yogurt caducado —¿Qué sucede pequeño?
—Gin, renuncio —solté lo que tenía pensado sin ningún rodeo. Sus ojos se abrieron bien.
—¿Qué? Pero, ¿Por qué? ¡No puedes renunciar! ¡Eres el mejor ayudante que he tenido en años, Harry! —me dijo
—Lo se, lo se, no hay nadie como yo. Pero es lo mejor para mí, antes de que tu hija me vuelva completamente loco.
—¿Quieres que la amenace un poco? —preguntó.
—No, no. Eso no cambiaria mi problema —dije. Me acerqué a ella y besé su
mejilla —Eres la mejor jefa que un chico como yo podía tener…
Sus ojos se humedecieron y me miró con tristeza.
—Y tú eres el mejor ayudante del mundo —me dijo y acaricio mi mejilla maternalmente.
¿Hace cuanto que no recibo una caricia así? Tal vez de mi nana, pero no
se siente parecido a la caricia de una madre. Eso debe sentir Cat
cada vez que su madre la acaricia o la mima.
—Adiós Gin —dije por lo bajo.
—Toma —sacó de su bolsillo un sobre con dinero —Esto es tu sueldo del mes…
—No, no lo quiero…
—¿Cómo que no Harry? Por favor, déjame pagarte…
—No podría cobrarle al mejor trabajo de mi vida.
—Por favor, por lo menos dame ese gusto. Ya que no te quedas, déjame pagarte el mes.
—Pero aun no termina el mes…
—Tómalo, y no acepto un no —sentenció. Suspiré y tomé el sobre. Ella se acercó a mí y me abrazó —¿Vendrás a visitarme?
—Cada vez que pueda —le dije.
Se alejó y sonrió.
—Ya puedes irte.
Sonreí y me di vuelta para irme a quien sabe donde a despejar un poco mi
cabeza y mis problema. Mejor dicho mi problema el cual tiene nombre y
apellido, Catherin Jones.
Salí de las oficinas sobre Betty y comencé a conducir sin rumbo alguno.
Hasta que sin darme cuenta estacioné frente al bar de Susan.
La última vez que vine aquí fue cuando esa… esa condenada se me puso a
bailar sensualmente y a provocar a todos los borrachos del lugar. Me
bajé de la moto y caminando despacio entré.
Para la temprana hora que era, el lugar ya estaba lleno. Este era un
lugar perfecto para desahogar culpas, dolores y problemas. Y no había
nadie mejor que Susan para hablarlo. Ella no ponía un límite para tomar.
Ella te dejaba tomar hasta que te diera la gana, y por ese motivo era
el bar más visitado de todos. Sonando los huesos de mis manos me senté
en la barra. Susan me miró algo sorprendida.
—Vaya, vaya —dijo y sonrió —Hace bastante que no te veía aqui, Harry ¿Qué te ha pasado?
—Sírveme un vaso de vodka —le dije. Ella asintió.
Puso el vaso frente a mí y lo llenó hasta el tope. Mi móvil comenzó a
sonar. Busqué en mi bolsillo y miré la pantalla. ' Cat llamando. '
Vacilé algunos segundos en contestar, pero fue más fuerte que yo y terminé por atender.
—Hola —dije apenas.
—¿Dónde estas? ¡Te necesito! —me dijo ella. Cerré los ojos con fuerza y maldije para mis adentros.
—Supongo que no te refieres a que me necesitas por que no puedes vivir
sin mí, sino a que quieres que te haga algún mandado, ¿verdad? —le
pregunté.
—Vas entendiendo como es esto —dijo contenta.
—Bueno, como sea. Le di la renuncia a tu madre…
—Pero…
—Que tengas buena tarde y una muy buena noche , adios—colgué el teléfono y lo apagué.
No quiero volver a escuchar su voz en todo el día. Tomé el vaso que estaba frente a mí y me lo acabé de un solo trago.
—¿Mal de amores? —me preguntó Susan. La miré y le hice un gesto para que me volviera a servir. Volvió a llenar el vaso.
—¿Recuerdas a la chica que traje la última vez? La chica de ojos café,
sonrisa enloquecedora, y cuerpo de diosa, que tiene cara de niña de
porcelana, pero en realidad es el diablo en persona —le dije. Ella
sonrió.
—Sí, sí la recuerdo. Cat, ¿así se llama?
—Exactamente —afirmé y tomé un trago de vodka.
—¿Qué pasa con ella?
—Esta volviéndome loco, completamente loco…
—¿Loco por que te persigue o loco por que no te da ni la hora?
—Ninguna de las dos.
—Entonces, ¿Cómo es la cosa?
Volví a tomar, hasta que el vaso quedó vacío. Sentí como el liquidó
quemaba a su paso mi garganta, hasta llegar ardiendo a mi estómago.
—Ella quiere que seamos amigos…
Susan rió por lo bajo y sin que yo se lo dijera volvió a llenar el vaso.
—¿Qué tiene eso de malo?
—¡¿Cómo que tiene de malo?! —le pregunté elevando un poco mi voz —Yo no
puedo ser amigo de una chica con la que tengo fantasías sexuales…
—Aaaah, por ahí viene el problema —dijo divertida —Tú quieres revolcarte
con ella como un sexópata y ella solo esta dispuesta a darte su
amistad.
—Sí, así de simple y sencillo —dije con sarcasmo.
Tomé otra vez, pero esta vez no ardió tanto como la anterior.
—¿Tú ya le dijiste que quieres acostarte con ella? —me preguntó.
—Se lo dije, se lo insinué, casi se lo grafiqué… pero aun así no hay caso.
—Entonces no es que ella no quiera acostarse contigo porque no te tenga
ganas o algo por el estilo. Ella no quiere hacerlo contigo, porque tiene
miedo —me dijo.
Fruncí el ceño y la miré extrañado.
—¿Miedo? Que yo sepa no es virgen…
—No tonto —dijo divertida —Tiene miedo de sentir algo más que placer
después de estar contigo —la miré más confundido que antes —¿La has
besado?
—¿Qué si la he besado? Era uno de mis pasatiempos favoritos —dije
exagerando un poco la cosa, mientras volvía a tomar un poco más.
—¿Cómo reaccionaba ella cuando la besabas? —me preguntó.
Comencé a dejar que mi cabeza pensara y recordara aquello. Siempre al
principio se dejaba, pero luego reaccionaba… y no de la mejor manera.
—Se dejaba un poco pero luego reaccionaba y… me abofeteó un par de veces
—dije y coloqué mi mano sobre mi mejilla, como si Cat me acabara de
golpear.
—¿Lo ves? —dijo, mientras pasaba un trapo sobre el mármol de la barra —A
ella le da miedo, pavor, horror, sentir algo por ti… es más que obvio.
—Entonces, ¿tú dices que está enamorada de mí? —le pregunté totalmente confundido.
—No digo enamorada —aclaró ella —Pero que le gustas… sí le gustas. Una
mujer que cuando la besan al principio cede un poco… pero luego
reacciona así, es porque ese hombre le gusta más de lo que desea. Pero…
¿Y tú? —me dijo. La miré.
—¿Yo que?
—¿Qué te pasa cuando la besas? —preguntó.
—¿Cuándo la beso? Yo... bueno… cuando la beso, ya te dije, necesito tener una cama cerca porque me enloquece —le dije.
—Entonces, si te enciende solo con un beso estás metido hasta la cabeza —dijo divertida.
—¿Metido? —dije confundido.
—Enganchado, atontado, enamorado… como sea —dijo ella.
—No, no, no —dije con tono divertido —Yo no estoy enamorado de Cat. Yo
estoy obsesionado con ella. Yo ya dije, que esto se me va a quitar
cuando me acueste con ella…
—¿Y si no se te quita? ¿Qué pasa si después de acostarte con ella eso que llamas ‘obsesión’ no se te va? —me dijo.
La miré fijo por unos cuantos segundos.
Ella solo quería asustarme, incomodarme, o simplemente me estaba hablando muy enserio.
—Se me va a ir —aseguré.
Volví a tomar, y ya sentí un leve mareo que confundió mis pensamientos.
—Es una chica muy guapa, y parece tierna —dijo ella. Reí por lo bajo y
terminé de tomar lo que quedaba en el vaso. El alcohol, ya se me había
subido a la cabeza.
—Sí, es tierna, es dulce, es inteligente, es preciosa… pero es
diabólica, enredadora, calculadora y es muy factible que logre volverte
loco.
—Dime, ¿te preocupas por ella?
—¿Preocuparme? —pregunté y le hice un gesto para que volviera a llenar el vaso. Lo llenó de nuevo, y yo volví a tomar un sorbo.
—Sí, preocuparte, estar muy pendiente de ella. Como por ejemplo, saber
quien le habla, quien la mira, que hace, a donde va, con quien va, su
salud, su bienestar…
—Puede ser —dije y apoyé el vaso en la barra —Sí tal vez… he estado bastante pendiente de ella…
—Sí, se notó aquella noche, en la que te la llevaste de aquí para que
nadie más que tú pudiera mirarla o si quiera pensar en fantasear con
ella —me dijo con media sonrisa en los labios.
—¡Ya deja de insinuar que estoy enamorado de ella! —le advertí.
Susan rió divertida.
—Me parece que voy a llamar a Zayn para que venga por ti, ya estas ebrio —me dijo con una leve sonrisa.
—¡No, no necesito a nadie! —le dije malhumorado —Estoy bien, puedo irme solo.
—No puedes irte solo, y lo sabes —me dijo y me quitó el vaso —Ya no beberás más…
—¿Qué pasa contigo? —le pregunté molesto —¿Desde cuando pones límites para beber?
—Desde hoy y más con un muchacho. Aún eres muy joven como para beber hasta no recordar tu nombre. —me dijo.
—Pues ¿no te parece que eso lo decido yo? —dije y quise tomar el vaso, pero ella lo alejó más de mí.
—No, ya no vas a beber —sentenció y escondió el vaso debajo de la barra.
—Susan… necesito olvidarme… de —dejé de hablar y la miré. Ella sonrió.
—Necesitas olvidarte de Cat —terminó la frase —Pero no te la vas a
sacar de la cabeza con alcohol, es más quizás el alcohol te lleve a
hacer cosas que en realidad no quieres hacer…
—Solo quiero una noche con ella —hablé con la voz acortada. Ya comenzaba
a salir mi parte sentimental —¿Es mucho pedir un poco de ella?
—Quizás no necesites solo un poco de ella —me dijo, la miré fijo y fruncí el ceño amargamente.
—Voy a llamarla —le dije y saqué mi movil.
Lo encedí y comencé a buscar su número.
—Harry, no creo que sea buena idea que la llames en estas condiciones —dijo e intentó quitarme el teléfono, pero no la dejé.
Lo puse en mi oreja y esperé a que ella me contestara.
—¿Se puede saber donde estás? —me preguntó al atender. Su voz pareció
enviar una oleada de calor a mi cuerpo —Todo el mundo está buscándote.
—¿Por qué no quieres darme una noche, solo una maldita noche? —le
pregunté con voz ronca, mi garganta estaba seca por culpa de alcohol.
—¿Qué? —musitó atónita.
—¿Por qué no me quieres dejar entrar en ti solo una noche? ¿Acaso es demasiado pedirte un poco de placer? Dime, ¿es mucho?
—Harry, ¿estás ebrio?
—¿Qué importa eso? Quiero que me contestes, ¿Por qué? ¿Por qué no me dejas tocarte y besarte hasta que amanezca?
—¿Dónde estás? —volvió a preguntar.
—¿Por qué me rechazas?
—Por favor Harry, préstame un poco de atención y deja de decir tonterías…
—¡No son tonterías! —le dije exasperado —Te necesito. Te deseo de una
manera inhumana, de una manera inusual… te deseo Catherin, no sabes
cuanto.
—Déjame ir a por ti… dime donde estás —pidió en un susurro. Cerré los ojos y respirar profundamente.
—No quiero que vengas a por mí, solo te quiero en mi cama, en mis brazos, debajo de mí…
Sentí como alguien me quitaba el teléfono, me giré a verla.
—Cat soy Susan, no se si te acuerdas de mí, pero Harry está aquí en el bar de siempre.
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