Ella comenzó a reír y yo también me uní a su risa.
—¿Me estás hablando enserio? —le pregunté.
—Muy enserio —dijo divertida —Yo tenía que fingir.
—¿Le fingías?
—Si —dijo y tomó un poco más de vodka para volver a hablar —Sino el pobre iba a sentirse muy mal.
—Ni para darle placer a una mujer es bueno el infeliz —hablé entre risas.
Ella dejó de reír y me miró fijo. Volvió a beber de la botella, y luego miró la hora en un reloj.
—Son las 3 de la mañana Styles, creo que es hora de que te vayas —se
puso de pie, pero al instante se tambaleó y cayó sobre mí. Comenzó a
reír divertida.
—Creo que no puedes andar —le dije divertido.
Se incorporó y se sentó derecha sobre mi regazo.
—¿Estas insinuando que estoy ebria? —me preguntó.
—No lo se, tú dime.
—Lo que yo te digo es que…
No pude aguantarme más y levanté la cabeza para tomar sus labios. Su inmediata respuesta me confundió.
Se acercó más a mí, cuando coloqué una de mis manos alrededor de su
cintura. Su lengua se mezclo con la mía y el sabor de su boca era una
mezcla paradisíaca de alcohol y su propio sabor. Era dulce, y adictivo.
Llevó sus manos a mi nuca y el beso se volvió más profundo. Como cada
vez que la besaba, mis ojos estaban totalmente cerrados y disfrutando de
ello como el resto de mí. Resbalé mis labios por su mentón y bajé a su
cuello. Me sorprendió que ella no se alejara o dijera algo para
alejarse. Estoy seguro de que era el alcohol, el bendito alcohol… Gimió
levemente y eso fue como apretar el acelerador en mí y no sacar el pie
de allí.
Desesperado volví a su boca. Mordió suavemente mi labio superior y luego se alejó para mordisquear mi mandíbula, hasta mi oreja.
—Diablos… —musité apenas audible. Ella iba a volverme loco,
completamente loco. La alejé de mí y me puse de pie. Ella me miró
sorprendida —Estas ebria Cat, mejor te llevo a dormir.
Ella se puso de pie y tambaleándose se acercó hasta mí.
—No estoy ni tan ebria, como para no recordarlo mañana, ni tan sobria,
como para dejar que mi orgullo detenga mis actos —dijo algo agitada. Su
mirada estaba llena de deseo.
—Estoy tan ebrio como para pasar por alto el que mañana estarás
arrepentida, pero tan sobrio y conciente como para hacer que no lo
olvides nunca.
—Entonces, hagámoslo cariño —me dijo levantando sus brazos al tiempo que
yo me acercaba a ella y la tomaba de la cintura para acercarla de nuevo
a mí.
Sus brazos cayeron pesados sobre mis hombros, y se colgó de mí mientras nuestras bocas se fundían en un caliente beso.
Sin dejar de besarnos comencé a caminar a ciegas.
Algunos tropezones, unas risitas de su parte, hasta que chocamos contra una fría mesa de mármol.
Cat soltó agitada mis labios, mientras que yo la subía a la mesa
justo frente a mí. Abrí sus piernas y paré en medio de ellas. Volví a
tomar sus labios, mientras mis manos acarician su cuerpo sobre el fino
camisón.
—No sabes, no tienes ni la menor idea de cuanto te deseo —le susurré al
oído mientras comenzaba a besar su cuello otra vez —Siempre he sido un
firme creyente de vivir el momento. En tomar lo que quiero cuando lo
deseo. Y ahora mismo, Catherin, yo te deseo. Quiero saborear cada
centímetro de tu cuerpo. Sentir tu respiración sobre mi cuello mientras
te hago mía. Explorar con mi lengua cada parte de ti hasta que me
ruegues que me detenga.
—No voy a rogarte que te detengas —dijo agitada y divertida —Esta noche, haz conmigo lo que quieras. Al diablo con el moralismo…
—Amén —dije y volví a sus labios.
—Amén, amén —musitó rápidamente y apenas audible.
Bajé mis manos hasta el borde de su camisón. Con cuidado acaricie sus
muslos y su piel estaba tan caliente como yo en este momento por ella.
Sus manos estaban en mi nuca y acariciaban mis cabellos en forma de
provocación. Sentí como sus manos resbalaban hacia delante y comenzaban a
bajar por mi pecho, mientras nuestras bocas no cesaban. Alejándome
apenas para respirar, la acerqué más a mí, logrando más espacio entres
sus piernas.
Sin ningún problema la tomé en brazos y la subí sobre mi abdomen. Sentí
como sus piernas se cerraban a mí alrededor. Gruñí levemente al sentir,
como desesperada, intentaba quitarme la camisa de encima.
—Apartate un poco. Así puedo… quitarte esto —habló entre dientes trabajosamente.
Me reí ante su apabullante suplica.
—¿Estás caliente, cariño? —pregunté agitado, mientras caminaba con ella encima hasta una de las paredes que estaba casi vacía.
—¿Tú que crees? —susurró y clavó sus ojos en los míos —Yo también puedo
ser una sexo-dependiente como tú, y más si hace tiempo que no lo tengo…
—Juro que voy a encargarme de que lo disfrutes, lo juro…
Gimió cuando la apoyé contra la pared y hundí mis labios en su garganta.
Mordisqueé la delicada piel de su cuello, hasta llegar a su oreja.
Su respiración caliente caía sobre mi oreja y nuca. Como había deseado
esto, por dios. No podía esperar para subir a aquella cama y hacerla
mía, como tantas veces quise.
Me moví levemente contra ella, haciendo que se sobresaltara y me
apretara con fuerza. Recargando su peso contra la pared, me alejó un
poco de ella y con una profunda mirada, se deshizo sin ningún problema
de mi camisa.
Volvió a acercarse para tomar mi boca. Volví a caminar a ciegas, pero
por un mal movimiento y estar tan inmerso en aquello, caímos sobre una
mullida alfombra.
Ella quedó sobre mí, pero aun así nuestras bocas no se alejaron ni lo
más mínimo. Se alejó de mis labios y comenzó a bajar su boca y lengua
por mi cuello, y siguió bajando hasta mi pecho.
—Demonios… —escuché su ahogada voz sobre los músculos de mi abdomen
—Estas más bueno que comer un cono de chocolate derretido con el dedo…
Reí entré dientes y me senté para sentarla sobre mí y besar su boca. La
tomé de la nuca y la acerqué más a mí, como si eso de verdad fuera
posible. Sus firmes pechos estaban apretados contra mi pecho, debajo de
ese sexy camisón y cubiertos por un sujetador.
Ella tenía una forma tan especial de besar, una forma única y
extremadamente caliente. Se alejó apenas de mis labios y abrí mis ojos
para mirarla. Ella me miraba fijo…
—No vas a detenerme, ¿verdad? Estoy desesperado, Cat. Hace semanas
que no lo hago y estoy por volverme loco… loco —le expliqué agitado
mientras veía su forma de mirarme.
Sus labios se curvaron levemente, para formar una misteriosa sonrisa.
Tomó una de mis manos y la dirigió a uno de sus pechos. Me hizo recorrer su cuerpo desde allí, hasta la curva de su trasero.
—¿Desesperado? —preguntó. Tragué sonoramente.
—Muy desesperado —le aseguré.
—¿Y que pasó con tus conquistas?
No podía decirle que no había podido acostarme con ninguna de ellas
porque siempre que lo estaba por hacer, su rostro me aparecía para
atormentarme y alejarme de cada una de ellas.
—Ellas no me excitan —dije.
Su suave mano acarició mi pecho y subió hasta mi hombro. Se acercó un
poco más a mí y comenzó a pasar su lengua por el costado de mi
mandíbula. Gruñí al sentir el calor de sus piernas alrededor mío.
—¿Yo te excito? —preguntó alejándose un poco.
Ella quería saber aquello, ella necesitaba saberlo.
—No te haces una idea de cuanto.
—¿Entonces, qué estas esperando para subir las escaleras y terminar en aquella cama?
—Estaba esperando a que me dieras el permiso —dije con una pequeña sonrisa.
Sin ningún problema me puse de pie con ella encima. Mi cabeza dio
vueltas al sentir como se envolvía alrededor mío otra vez. El calor de
sus muslos internos, quemaron mi cintura mientras sentía su humedad
contra mi estómago.
Comencé a subir las pequeñas escaleras que daban a aquel cuarto, que
contenía una gran cama, un enorme televisor y el placard en la pared.
Esa era su habitación, y podías obtener vista de ella desde la sala.
Regresando a su boca, mezclé mi lengua con la suya y mordí con cuidado
su labio. Susurró algo que no logré entender, pero me dio tanto placer.
Al fin llegamos arriba. Mis manos sostenían con firmeza su trasero, para que pudiera mantenerse sobre mí.
—Voy a devorarte, Cat —le dije con voz ronca.
—Esa idea me tiene loca…
—No más que a mí…
Caminé un poco más hasta que mis pasos se vieron interrumpidos por una
pared. Ella gimió, cuando por causa de la pared, posé mi hinchada
erección contra la parte de ella en la que ya no podía esperar para
enterrarme.
—Oh, dios —dijo en un leve gemido. Probé la calidez de su boca y escuché
sus susurros de placer. Movió sus manos desde mi nuca, a través de mi
espalda, hasta encontrar el cierre de mi pantalón. Echándome hacia atrás
ligeramente, observé su cara.
—Ya no puedo esperar a que lo hagas… Hazlo porque voy a volverme loca
—me dijo agitada. Entonces la bestia que estaba dentro de mí, pareció
salir descontrolada. La apreté más contra la pared y la besé
profundamente. Casi salvajemente le arranqué su ropa interior que tenía
debajo de ese camisón.
Ese camisón que aun cubría su cuerpo. Pero no quería quitarselo todavía, me gustaba verla con eso puesto.
Metí mis manos entre nosotros y terminé de desabrochar los botones que ella ya había empezado…
—Espera, espera —me dijo. La miré fijo —Póntelo primero...sabes de lo que te estoy hablando…
—No se donde está —dije totalmente desesperado.
—No voy a hacerlo, hasta que lo tengas —susurró.
Toqué los bolsillos traseros de mi pantalón y agradecí a Dios
encontrarlo allí. Ella se rió entre dientes. Se bajó de mí, para que yo
pudiera ponérmelo, y mientras yo lo hacia ella acariciaba mis cabellos.
—Eres un tramposo y manipulador… Sabías que iba a pasar esto, lo sabías y viniste a… a enloquecerme…
—Shhhhh... —le dije y la volví a alzar.
—Pero…
Y cuando sus piernas se abrieron a mí alrededor, me hundí en ella. Gimió exaltada y se aferro con fuerza a mi espalda.
Me quedé quieto, sintiendo como sus muslos internos me rodeaban más y
más. Mi cabeza comenzó a dar vueltas, y vueltas. Mi rostro estaba
escondido en su cuello. Subí mis manos por el costado de sus piernas,
alzando un poco más su camisón. Comencé a moverme despacio. Ella boqueó y
se arqueó hacia mí.
—Oh, Cat… —su nombre salió ronco de mi garganta al sentir el placer
de estar dentro de ella. Mis ojos se cerraron y gruñí profundamente.
Comencé a moverme un poco más, quería sentirla, necesitaba sentirla.
—Harry… —mi nombre salió agitado de sus labios.
Entonces me alejé de su cuello y tomé su boca. Gimió un poco más fuerte
que antes y sus manos apretaron mis hombros. Era tan erótico sentirla de
esa forma. Ella estaba completamente vestida, y yo solo tenía puestos
mis pantalones. Me alejé apenas de su boca para poder respirar.
—Di que deseabas esto tanto como yo —le dije sin dejar de moverme dentro
de ella.
—Yo… yo lo deseaba tanto —dijo entre dientes.
Sonreí agitado y capturé sus labios de nuevo. De una manera inexplicable
me deshice de su camisón. Ahora estaba
al descubierto para mí. Sus manos se movían suaves por mi espalda, y su
respiración caliente caía sobre mi boca. La apreté más contra la pared,
haciendo que sus piernas se abrieran un poco más a mí. Mordió sus labios
y cerró sus ojos. Mis caderas no dejaban de empujar en su interior, y
no iban a dejar de hacerlo hasta obtener lo que quería de ella. Su boca
buscó la mía y sus labios tomaron despacio los míos. Me estremecí dentro
de ella. Sus manos subieron por mi espalda hasta mi rostro.
Acaricio mis mejillas, y secó el sudor de mi frente. Sus gestos me
confundieron, y su forma de tocarme más aun. Se alejó de mis labios y
levantó un poco su rostro para besar mi nariz. Mis labios quedaron
quietos sobre su mentón.
—¿Viniste aquí solo por placer? —me preguntó agitada.
sábado, 31 de agosto de 2013
Capítulo 30
¡Es que no es posible! ¡Ni siquiera se giró a mirarme cuando coqueteaba
descaradamente delante de ella con alguna de las otras del lugar!
Al parecer de verdad… de verdad ya no le importo ni lo más mínimo.
Llegué a mi casa y me tiré exhausto en el sillón, había ido a la oficina de Will y se me había hecho tarde allí. Cogí el mando y encendí la televisión.
—Conquístala, llevándole música a la puerta de su casa. Estamos completamente seguros de que caerá rendida a tus pies.
No puedo creer que la televisión me acabara de decir eso. Era como… una sugerencia. Pero... ¿de donde voy a sacar yo músicos a estas horas y un lunes?
Angélica se acercó a mí y se sentó a mi lado.
—¿Qué te pasa? —me preguntó.
—No te importa, ocultadora de información —le dije resentido.
—Si lo dices por Cat, de verdad te digo que no se que le pasa. Te juro que hoy le pregunté, y me dijo que de verdad ya no quiere tener nada que ver contigo, y que si para hacer eso tendría que dejar de hablarte y mirarte, pues que estaba dispuesta a hacerlo.
—¿Me hablas enserio? —dije sin poder creerlo.
—Eso me dijo ella —aseguró.
—Tengo que irme —dije y me puse de pie —No me esperes despierta…
Corrí hasta el baño, me duché, me cambié y salí de mi casa lo más rápido que pude. Ya eran las 12 de la noche y si seguía perdiendo mi tiempo iba a llegar más tarde aun.
—¿Estáis listos? —les pregunté. Todos ellos asintieron. Había estado casi 2 horas buscando músicos y les había ofrecido el doble de lo que cobraban para que vinieran conmigo —Cuando escuchéis algún grito, comenzais a tocar.
Todos volvieron a asentir. Los hice subir en el ascensor y nos bajamos en el piso 6. Yo ya había encontrado la forma de entrar al edificio sin que nadie me abriera con la llave. Eso se llama ser un genio. Les hice un gesto para que se quedaran escondidos del lado de los ascensores, mientras yo iba hacia su puerta. Me acomodé bien y respiré profundamente.
Mi plan de arrepentimiento y conquista comenzaba aquí. Toqué el timbre, y luego miré mi reloj. Maldije por lo bajo al darme cuenta de que ya eran las dos de la mañana. Pero ya estaba jugado, no iba a irme hasta que me atendiera…
Volví a tocar, ya que nadie contestaba. Volví a hacerlo dos veces más.
—¡Ya va, maldita sea! —la escuché gritar desde adentro.
Eso, para nada, pero para nada, es un buen comienzo. La puerta se abrió y su pequeña figura estaba metida dentro de un sexy camisón, le llegaba hasta por apenas arriba de las rodillas. Tenía el pelo todo desordenado y una cara de dormida terrible. Sus ojos se abrieron bien.
—¡Grítame, insultame con lo que quieras, golpéame, ódiame, pero ya no me ignores! Me estás acabando —le dije antes de que me pudiera decir algo.
—No puedo creerlo —habló ella y volteó hacia la izquierda —¡Son las dos de la mañana Styles, estaba durmiendo! ¿No pudiste decirme esto mañana en la Universidad?
La música comenzó a sonar y ella frunció el ceño. Yo sonreí para mí mismo. Ella clavó sus ojos en mí.
—Te traje música —le hablé. Me miró frustrada.
—A veces de verdad me parece que te esfuerzas en ser intolerable, ¿Acaso lo quieres convertir en un deporte? —me preguntó —Tengo vecinos…
—No lo hice con malas intenciones —me disculpé poniendo mi mejor cara de niño bueno.
Ella soltó un suspiro y me miró.
—Dile a los músicos que se vayan, y entra. Así terminamos enserio con esto —me dijo y entró a su apartamento. Me di vuelta e hice mi mejor gesto de ‘victoria’. Fui hasta donde estaban los muchachos y los despaché, lo más rápido que pude. Volví y subí. La puerta estaba abierta. Entré y ella estaba haciendo algo en su pequeña cocina. Me acerqué y me miró.
—Eres tremendo, ¿sabes? —me dijo. Sonreí levemente.
—Algo tenía que hacer para que me hablaras, ya no… no podía aguantar tu… soberbia.
—¿Mi soberbia? ¿Me estas llamando soberbia? —preguntó clavando su mirada en mí.
—Si cariño, eres muy, pero muy soberbia…
—Solo con la gente que lo merece, y creo que tú lo mereces —dijo. Se acercó a mí y me entregó un vaso de zumo. La miré y miré el vaso.
—¿No tienes algo más… fuerte?
—¿Alcohol?
—Podría ser —dije.
—No, yo no voy a darte alcohol —me dijo.
—Vamos, no seas miedosa, tomemos un poco… para entrar en confianza.
—Yo no quiero entrar en confianza contigo —me aseguró.
—¿Qué pasó? ¿Qué hice malo para que hoy me ignoraras completamente? —le pregunté.
Me miró fijo y se alejó de mí, se agachó a buscar algo debajo de una de las encimeras. Me quedó delante una buena vista de su trasero al estar agachada. Tragué saliva sonoramente… hace tanto, para mi gusto, que no estoy con una. Mucho menos una así, como ella.
—Si, aquí hay algo —dijo y se incorporó.
—¿Qué es?
—Vodka.
—Mmm, amo el vodka.
—Eres un asqueroso y repugnante alcohólico.
—Y con orgullo.
Negó con la cabeza y se acercó a mí para agarrar mi vaso y llenarlo con aquel espeso líquido transparente. Cuando lo llenó, la miré y lo tomé de un trago. Ella me miró bien.
—Por dios, eres un loco —aseguró. Reí por lo bajo y volví a llenar el vaso.
—Deberías probarlo —le dije.
—No, no. Ni loca —me dijo. Alcé el brazo hasta sus ojos y lo acerqué un poco ella —No, no voy a tomar eso…
—Vamos vegetarianita, nada va a pasarte. Además de que esto no viene de ningún animal. No te va a venir nada mal tomar un poco…
Mordió sus labios y miró el vaso, para luego mirarme a mí. Pude leer en sus ojos, el debate que estaba dentro de su cabeza. Se preguntaba porque me había dejado entrar, y porque estaba planteándose tomar aquello. Levantó su mano y tomó el vaso.
Reí divertido al ver la expresión de su cara cuando el líquido entraba en su boca. Lo alejó y un poco de vodka se escurrió por sus labios. Cerró los ojos con fuerza y respiró profundamente.
—Esto… esto es un asco —dijo cuando al fin pudo hablar.
—Claro, como si nunca hubieses tomado alcohol —dije negando con la cabeza levemente.
—Sí, sí tome alcohol en mi vida… pero nunca esto —me dijo —Es horrible.
—Pero no sabes lo bien que te hace —dije divertido. Nos sentamos en el sillón frente a la tele y ella la encendió, como queriendo estar con alguien más que conmigo sola en su casa.
La miré y tomé un poco más de la botella para luego pasársela.
—¿Acaso quieres embriagarte? —me preguntó.
—¿Por qué no? —le dije. Ella tomó la botella y bebió un largo trago. Reí cuando lo alejó de ella y volvió a fruncir el ceño —Ya te esta gustando, ¿verdad?
—Es horrible —dijo y rió —Pero… se vuelve… adictivo.
—Como todas las cosas que dan placer —acoté y la miré fijo.
Ella apartó la mirada de mí y dirigió su vista al frente.
—¿Sabes? Nunca te pregunté sobre tu color favorito —me dijo. La miré extrañado.
—¿Quieres saberlo? —le pregunté.
—Sí, ¿Por qué no?
—Me gusta mucho el azul… es un color bonito, fuerte…
—Apasionado y divertido —agregó ella y tomó un poco de vodka. Sonreí sin que me viera.
—¿Y tú color favorito?
—No tengo un color favorito… me gustan todos los colores.
—Oh, eres una chica multi-color
Ella rió divertida y la miré divertido.
—Que palabra más tonta…
—Demasiado diría yo —dije sin dejar de reír.
—¿Celtics o Lakers? —me dijo. La miré como si eso fuera obvio.
—Lakers, eso no se pregunta.
—Tenía mis dudas, eres medio extraño…
—¿Enserio lo crees? —ella negó divertida y mordió sus labios.
—Mmm, ¿Qué más puedo preguntarte? Tus defectos, dime tus defectos… No, ya se todos tus defectos. Mejor tus virtudes… No, también las se —dijo divertida.
—Ya se, yo digo tus defectos y virtudes, y tú dices las mías —le dije.
—De acuerdo —me dijo. Asentí y la miré fijo. Era mejor que ella comenzara.
—Comienza tú —dije.
—Bueno, primero diré tus defectos. Eres impulsivo, cínico, irrespetuoso algunas veces, mujeriego, egocéntrico, narcisista, vicioso, ninfómano —dijo todo de corrido y sin respirar. La miré realmente divertido.
—Ahora yo —dije calmando mi risa —Tú eres soberbia, testaruda, terca, mal pensada, irracional y muy, muy vengadora.
—¿Yo soy mal pensada? —dijo sin poder creerlo.
—Muy mal pensada —dije divertido —Ahora di mis virtudes…
Se quedó callada mirándome fijo. Tal vez no quería decir mis virtudes.
—Bueno no tienes muchas virtudes… Bueno sí tienes varias —dijo bajando la mirada.
—Anda, dímelas —le dije queriendo escuchar aquello.
—Tú… tú eres sincero, directo, apasionado, tierno, divertido, inteligente… y eres un chico bastante guapo —dijo despacio y sin mirarme.
—¿Bastante guapo? Yo diría completamente guapo —le dije, ella rió por lo bajo.
—Pero ahora me toca a mí. Resumiendo... tú eres un amor, te podría comer a mordiscos. Pero si de verdad quieres saberlo eres... preciosa, dulce, inteligente, muy inteligente, centrada, con convicciones inamovibles, simpática, divertida. Pero sobre todo, eres la cosa más sexy que yo haya visto jamás…
—Me falto decir que eres muuuuuuy versero —agregó.
—Y tú muy desconfiada —le dije.
—Y tú muy tonto…
—Y tú muy loca…
—¿Quieres pique?
—Inténtalo —la desafié.
—Tú inténtalo —me dijo mirándome fijamente.
—No, yo te reté primero…
—Me tienes miedo… Cobarde.
—La cobarde eres tú, tú eres la que siempre está huyendo de mí —negó con la cabeza —Si, no te hagas la tonta. Sabes de qué hablo.
—Yo huyo de tu intento de abuso.
—¿Yo quiero abusar de ti?
—Sí, sí quieres —me dijo.
—Sí, sí quiero, ¿Y qué? —pregunté mirándola fijo.
—Ya basta —dijo —Creo que si seguimos así vamos a terminar agarrándonos a golpes.
—¿Para luego reconciliarnos? Yo creo que no tendría ningún problema…
—Harry… —dijo con tono de advertencia.
—¿Qué? la verdad cariño, como tú misma dijiste soy muy directo.
—Creo que tuve que ponerlo como defecto, no como virtud.
—Te encanta que yo sea así, admítelo…
Seguimos hablando mientras sin darnos cuenta tomábamos vodka, como si fuera agua. Siempre se podía hablar con ella de lo que fuera, porque es una mujer inteligente, la cual tiene criterio y decisión. Hasta comenzamos a hablar de fútbol. Tomé la botella y volví a tomar un largo trago.
Ya no quemaba como al principio, y podía decirse que el alcohol en sangre que yo tenía ya era el de un ebrio. Cat no dejaba de reír, hasta cuando estábamos callados reía. Me quitó la botella de la mano.
—Dame eso —dijo y bebió haciendo que otra vez se le derramara por los labios. Rió divertida y se limpió la boca —Tengo un secreto para contarte —habló en voz más baja como si alguien pudiera escucharla. Me acerqué un poco más a ella —Pero no se lo digas a nadie…
—Te lo prometo —le dije y tomé un poco más.
—¿Me lo juras?
—Te lo juro cariño —levanté mi mano en forma de juramento.
—Es sobre Liam —susurró. Reí por lo bajo.
—¿Payne?
—Sí – dijo asintiendo.
—¿Qué pasa con Payne? —le pregunté.
—No era nada bueno en la cama.
Al parecer de verdad… de verdad ya no le importo ni lo más mínimo.
Llegué a mi casa y me tiré exhausto en el sillón, había ido a la oficina de Will y se me había hecho tarde allí. Cogí el mando y encendí la televisión.
—Conquístala, llevándole música a la puerta de su casa. Estamos completamente seguros de que caerá rendida a tus pies.
No puedo creer que la televisión me acabara de decir eso. Era como… una sugerencia. Pero... ¿de donde voy a sacar yo músicos a estas horas y un lunes?
Angélica se acercó a mí y se sentó a mi lado.
—¿Qué te pasa? —me preguntó.
—No te importa, ocultadora de información —le dije resentido.
—Si lo dices por Cat, de verdad te digo que no se que le pasa. Te juro que hoy le pregunté, y me dijo que de verdad ya no quiere tener nada que ver contigo, y que si para hacer eso tendría que dejar de hablarte y mirarte, pues que estaba dispuesta a hacerlo.
—¿Me hablas enserio? —dije sin poder creerlo.
—Eso me dijo ella —aseguró.
—Tengo que irme —dije y me puse de pie —No me esperes despierta…
Corrí hasta el baño, me duché, me cambié y salí de mi casa lo más rápido que pude. Ya eran las 12 de la noche y si seguía perdiendo mi tiempo iba a llegar más tarde aun.
—¿Estáis listos? —les pregunté. Todos ellos asintieron. Había estado casi 2 horas buscando músicos y les había ofrecido el doble de lo que cobraban para que vinieran conmigo —Cuando escuchéis algún grito, comenzais a tocar.
Todos volvieron a asentir. Los hice subir en el ascensor y nos bajamos en el piso 6. Yo ya había encontrado la forma de entrar al edificio sin que nadie me abriera con la llave. Eso se llama ser un genio. Les hice un gesto para que se quedaran escondidos del lado de los ascensores, mientras yo iba hacia su puerta. Me acomodé bien y respiré profundamente.
Mi plan de arrepentimiento y conquista comenzaba aquí. Toqué el timbre, y luego miré mi reloj. Maldije por lo bajo al darme cuenta de que ya eran las dos de la mañana. Pero ya estaba jugado, no iba a irme hasta que me atendiera…
Volví a tocar, ya que nadie contestaba. Volví a hacerlo dos veces más.
—¡Ya va, maldita sea! —la escuché gritar desde adentro.
Eso, para nada, pero para nada, es un buen comienzo. La puerta se abrió y su pequeña figura estaba metida dentro de un sexy camisón, le llegaba hasta por apenas arriba de las rodillas. Tenía el pelo todo desordenado y una cara de dormida terrible. Sus ojos se abrieron bien.
—¡Grítame, insultame con lo que quieras, golpéame, ódiame, pero ya no me ignores! Me estás acabando —le dije antes de que me pudiera decir algo.
—No puedo creerlo —habló ella y volteó hacia la izquierda —¡Son las dos de la mañana Styles, estaba durmiendo! ¿No pudiste decirme esto mañana en la Universidad?
La música comenzó a sonar y ella frunció el ceño. Yo sonreí para mí mismo. Ella clavó sus ojos en mí.
—Te traje música —le hablé. Me miró frustrada.
—A veces de verdad me parece que te esfuerzas en ser intolerable, ¿Acaso lo quieres convertir en un deporte? —me preguntó —Tengo vecinos…
—No lo hice con malas intenciones —me disculpé poniendo mi mejor cara de niño bueno.
Ella soltó un suspiro y me miró.
—Dile a los músicos que se vayan, y entra. Así terminamos enserio con esto —me dijo y entró a su apartamento. Me di vuelta e hice mi mejor gesto de ‘victoria’. Fui hasta donde estaban los muchachos y los despaché, lo más rápido que pude. Volví y subí. La puerta estaba abierta. Entré y ella estaba haciendo algo en su pequeña cocina. Me acerqué y me miró.
—Eres tremendo, ¿sabes? —me dijo. Sonreí levemente.
—Algo tenía que hacer para que me hablaras, ya no… no podía aguantar tu… soberbia.
—¿Mi soberbia? ¿Me estas llamando soberbia? —preguntó clavando su mirada en mí.
—Si cariño, eres muy, pero muy soberbia…
—Solo con la gente que lo merece, y creo que tú lo mereces —dijo. Se acercó a mí y me entregó un vaso de zumo. La miré y miré el vaso.
—¿No tienes algo más… fuerte?
—¿Alcohol?
—Podría ser —dije.
—No, yo no voy a darte alcohol —me dijo.
—Vamos, no seas miedosa, tomemos un poco… para entrar en confianza.
—Yo no quiero entrar en confianza contigo —me aseguró.
—¿Qué pasó? ¿Qué hice malo para que hoy me ignoraras completamente? —le pregunté.
Me miró fijo y se alejó de mí, se agachó a buscar algo debajo de una de las encimeras. Me quedó delante una buena vista de su trasero al estar agachada. Tragué saliva sonoramente… hace tanto, para mi gusto, que no estoy con una. Mucho menos una así, como ella.
—Si, aquí hay algo —dijo y se incorporó.
—¿Qué es?
—Vodka.
—Mmm, amo el vodka.
—Eres un asqueroso y repugnante alcohólico.
—Y con orgullo.
Negó con la cabeza y se acercó a mí para agarrar mi vaso y llenarlo con aquel espeso líquido transparente. Cuando lo llenó, la miré y lo tomé de un trago. Ella me miró bien.
—Por dios, eres un loco —aseguró. Reí por lo bajo y volví a llenar el vaso.
—Deberías probarlo —le dije.
—No, no. Ni loca —me dijo. Alcé el brazo hasta sus ojos y lo acerqué un poco ella —No, no voy a tomar eso…
—Vamos vegetarianita, nada va a pasarte. Además de que esto no viene de ningún animal. No te va a venir nada mal tomar un poco…
Mordió sus labios y miró el vaso, para luego mirarme a mí. Pude leer en sus ojos, el debate que estaba dentro de su cabeza. Se preguntaba porque me había dejado entrar, y porque estaba planteándose tomar aquello. Levantó su mano y tomó el vaso.
Reí divertido al ver la expresión de su cara cuando el líquido entraba en su boca. Lo alejó y un poco de vodka se escurrió por sus labios. Cerró los ojos con fuerza y respiró profundamente.
—Esto… esto es un asco —dijo cuando al fin pudo hablar.
—Claro, como si nunca hubieses tomado alcohol —dije negando con la cabeza levemente.
—Sí, sí tome alcohol en mi vida… pero nunca esto —me dijo —Es horrible.
—Pero no sabes lo bien que te hace —dije divertido. Nos sentamos en el sillón frente a la tele y ella la encendió, como queriendo estar con alguien más que conmigo sola en su casa.
La miré y tomé un poco más de la botella para luego pasársela.
—¿Acaso quieres embriagarte? —me preguntó.
—¿Por qué no? —le dije. Ella tomó la botella y bebió un largo trago. Reí cuando lo alejó de ella y volvió a fruncir el ceño —Ya te esta gustando, ¿verdad?
—Es horrible —dijo y rió —Pero… se vuelve… adictivo.
—Como todas las cosas que dan placer —acoté y la miré fijo.
Ella apartó la mirada de mí y dirigió su vista al frente.
—¿Sabes? Nunca te pregunté sobre tu color favorito —me dijo. La miré extrañado.
—¿Quieres saberlo? —le pregunté.
—Sí, ¿Por qué no?
—Me gusta mucho el azul… es un color bonito, fuerte…
—Apasionado y divertido —agregó ella y tomó un poco de vodka. Sonreí sin que me viera.
—¿Y tú color favorito?
—No tengo un color favorito… me gustan todos los colores.
—Oh, eres una chica multi-color
Ella rió divertida y la miré divertido.
—Que palabra más tonta…
—Demasiado diría yo —dije sin dejar de reír.
—¿Celtics o Lakers? —me dijo. La miré como si eso fuera obvio.
—Lakers, eso no se pregunta.
—Tenía mis dudas, eres medio extraño…
—¿Enserio lo crees? —ella negó divertida y mordió sus labios.
—Mmm, ¿Qué más puedo preguntarte? Tus defectos, dime tus defectos… No, ya se todos tus defectos. Mejor tus virtudes… No, también las se —dijo divertida.
—Ya se, yo digo tus defectos y virtudes, y tú dices las mías —le dije.
—De acuerdo —me dijo. Asentí y la miré fijo. Era mejor que ella comenzara.
—Comienza tú —dije.
—Bueno, primero diré tus defectos. Eres impulsivo, cínico, irrespetuoso algunas veces, mujeriego, egocéntrico, narcisista, vicioso, ninfómano —dijo todo de corrido y sin respirar. La miré realmente divertido.
—Ahora yo —dije calmando mi risa —Tú eres soberbia, testaruda, terca, mal pensada, irracional y muy, muy vengadora.
—¿Yo soy mal pensada? —dijo sin poder creerlo.
—Muy mal pensada —dije divertido —Ahora di mis virtudes…
Se quedó callada mirándome fijo. Tal vez no quería decir mis virtudes.
—Bueno no tienes muchas virtudes… Bueno sí tienes varias —dijo bajando la mirada.
—Anda, dímelas —le dije queriendo escuchar aquello.
—Tú… tú eres sincero, directo, apasionado, tierno, divertido, inteligente… y eres un chico bastante guapo —dijo despacio y sin mirarme.
—¿Bastante guapo? Yo diría completamente guapo —le dije, ella rió por lo bajo.
—Pero ahora me toca a mí. Resumiendo... tú eres un amor, te podría comer a mordiscos. Pero si de verdad quieres saberlo eres... preciosa, dulce, inteligente, muy inteligente, centrada, con convicciones inamovibles, simpática, divertida. Pero sobre todo, eres la cosa más sexy que yo haya visto jamás…
—Me falto decir que eres muuuuuuy versero —agregó.
—Y tú muy desconfiada —le dije.
—Y tú muy tonto…
—Y tú muy loca…
—¿Quieres pique?
—Inténtalo —la desafié.
—Tú inténtalo —me dijo mirándome fijamente.
—No, yo te reté primero…
—Me tienes miedo… Cobarde.
—La cobarde eres tú, tú eres la que siempre está huyendo de mí —negó con la cabeza —Si, no te hagas la tonta. Sabes de qué hablo.
—Yo huyo de tu intento de abuso.
—¿Yo quiero abusar de ti?
—Sí, sí quieres —me dijo.
—Sí, sí quiero, ¿Y qué? —pregunté mirándola fijo.
—Ya basta —dijo —Creo que si seguimos así vamos a terminar agarrándonos a golpes.
—¿Para luego reconciliarnos? Yo creo que no tendría ningún problema…
—Harry… —dijo con tono de advertencia.
—¿Qué? la verdad cariño, como tú misma dijiste soy muy directo.
—Creo que tuve que ponerlo como defecto, no como virtud.
—Te encanta que yo sea así, admítelo…
Seguimos hablando mientras sin darnos cuenta tomábamos vodka, como si fuera agua. Siempre se podía hablar con ella de lo que fuera, porque es una mujer inteligente, la cual tiene criterio y decisión. Hasta comenzamos a hablar de fútbol. Tomé la botella y volví a tomar un largo trago.
Ya no quemaba como al principio, y podía decirse que el alcohol en sangre que yo tenía ya era el de un ebrio. Cat no dejaba de reír, hasta cuando estábamos callados reía. Me quitó la botella de la mano.
—Dame eso —dijo y bebió haciendo que otra vez se le derramara por los labios. Rió divertida y se limpió la boca —Tengo un secreto para contarte —habló en voz más baja como si alguien pudiera escucharla. Me acerqué un poco más a ella —Pero no se lo digas a nadie…
—Te lo prometo —le dije y tomé un poco más.
—¿Me lo juras?
—Te lo juro cariño —levanté mi mano en forma de juramento.
—Es sobre Liam —susurró. Reí por lo bajo.
—¿Payne?
—Sí – dijo asintiendo.
—¿Qué pasa con Payne? —le pregunté.
—No era nada bueno en la cama.
martes, 20 de agosto de 2013
Capítulo 29
No podía creer lo que Angel me estaba diciendo. Louis no pudo haber hecho una estupidez como esa.
—Sí, ya tenemos una parejita formada, ¿no es una monada? —me preguntó ella.
—Tengo que hablar con Louis, estoy completamente seguro de que me estás mintiendo.
—No, no te estoy mintiendo, ¿Por qué lo haría?
—Porque eres… una…
—¿Una que tonto? Yo no soy nada, y si no me crees llámalo y verás que tengo razón.
—¡Eso mismo haré!
—¡Perfecto! ¡Adiós!
—¡Adiós! ¡Y no llegues muy tarde! —le seguí gritando
—¡Está bien! ¡Cuídate! —utilizó el mismo tono que yo.
Colgó el teléfono y no pudo evitar reír. Angélica siempre encontraba la forma de hacerme reír, hasta en el momento menos pensado.
Como dije que iba a hacerlo, llamé a Louis y lo llené de preguntas. Al final, lo que mi loca prima dijo era verdad. Uno de mis mejores amigos estaba de novio.
¿Entiendeis eso? ¡DE NOVIO! Y es más, de novio con un angelito diabólico. Pobre de él, el mini infierno que le espera.
Al día siguiente me levanté con tiempo de sobra para ducharme y desayunar. El maldito lunes ya había llegado, y con el un nuevo comienzo de semana.
Salí de mi apartamento y me estaba por prender un cigarrillo. Pero me detuve al recordarla.
“—No volváis a fumar sin antes haber desayunado…”
Como si ella estuviera por ahí, guardé el cigarrillo en la caja y me subí a mi moto para llegar al purgatorio, o sea a la Universidad. Divisé a mis amigos y me acerqué a ellos.
—¿Cómo estáis? —les pregunté.
—Mejor que tú —dijo Zayn.
—¿Por qué? —dije sin entender.
—Por tu cara —me dijo Zayn —Tienes cara de estar muy perturbado…
—No, estoy bien. No tengo nada —dije.
Aunque ellos tenían razón, ayer había estado demasiado preocupado y pensando demasiado en Cat. Tal vez yo no me sentía tan así, pero mi rostro demostraba lo contrario.
Divisamos como dos chicas llegaban a las risas. Eran Jade y Angélica. Los ojos de Louis se iluminaron y su cara de idiota apareció de inmediato. La diminuta chica de gafitas y ojos cafés se sonrojó un poco al verlo. ¡Oh dios santo, esto era demasiado cursi!
Louis se acercó a ella y la besó cortamente en los labios.
—Buenos días preciosa—la saludó.
—Buenos días —le dijo dulce.
—¿Podéis dejar la cursilería? —les pregunté. Angel rió divertida.
—Te mata la envidia —me dijo mi rubia prima.
—Sí no veas, estoy muriendo —dije irónico.
Todos rieron y comenzamos a caminar para entrar. Miré para mis costados y me faltaba Cat. Me faltaba ella…
Llegamos a clase. Jade se fue para su clase avanzada y nosotros cuatro entramos. Nos acomodamos y despues de unos minutos el profesor entró. El profesor de estadística era el hombre más sucio y ordinario que había visto en mi vida. De verdad era repugnante. La clase comenzó y traté de concentrar mi atención en otra cosa. No estaba Cat para molestarla, así que me quedaba Angélica para hacerlo. Pero no era lo mismo molestar a mi prima, que molestar a Cat.
La puerta de la clase se abrió y dirigí mi vista hacia allí. Una radiante Catherin entró con una sonrisa de oreja a oreja. Tenía un aura muy distinta al de los otros días. Parecía estar relajada y en completa armonía. Se veía realmente preciosa…
—Tarde señorita Jones —le dijo el profesor.
—Lo siento —se disculpó ella —Aquí tiene mi permiso por la llegada tarde.
Le tendió el papel y caminó hasta tomar asiento al lado de Angel. La rubia le dijo algo y ella asintió. Esperé a que se girara a verme, pero no lo hizo.
¿Qué diablos le sucede? ¿Qué fue lo que hice para que ni siquiera me dedicara una mirada?
La clase pasó lenta para mí. El comportamiento de Cat me tenía más que confundido.
El timbré sonó y todos salimos. No dejé de seguir con la mirada a Cat , hablaba efusivamente con mi prima. Me alejé de mis amigos y caminé hasta ellas dos.
—¿Qué hacéis? —les pregunté.
—¿Sabéis? Me llaman de dirección, luego te sigo contando Angélica —dijo sin mirarme.
Comenzó a caminar alejándose de nosotros.
—¿Me puedes decir que demonios le pasa? —le dije a mi prima.
—No lo sé —dijo y quiso caminar para alejarse de mí, pero la detuve.
—Sí lo sabes, y vas a decírmelo —le dije mirándola amenazadoramente.
—¿Sabes donde puedes meterte tu mirada asesina, verdad? —preguntó y empujó mi brazo para pasar.
—¡Ya vas a querer mi habitación! ¡Ya vas a llorar por ella! ¡Y yo no te la voy a dar! —le dije elevando mi voz, ya que se estaba alejando.
Giré para ir al jardín y fumar un cigarrillo, pero detuve mis pasos al verlo allí mirándome con una sonrisa cínica.
—Te soltaron, Payne —le dije.
—No podían tenerme ahí siempre, Styles —dijo. Reí por lo bajo y lo miré con diversión.
—¿Te gusto la cárcel? Es un lugar muy parecido a ti —dije.
—Sí, puede ser —afirmó y caminó un poco más hacia mí —Ya se la verdad de todo Styles, y, ¿sabes? No estoy enfadado, ni nada de eso. Es más quería pedirte perdón…
—¿Perdón? ¿Por qué?
—Por como me comporte, yo no quería herir tus sentimientos —dijo con sonrisa irónica. Estaba logrando irritarme de nuevo —Yo actué así porque pensé que tenías algo con Cat…
—Y si lo tengo —le dije.
—Ya quisieras —me dijo divertido. Se acercó más y apoyó una de sus manos en mi hombro. Lo miré despectivamente —Conozco perfectamente a Cat, de los pies a la cabeza. Conozco su forma de ser, su forma de pensar… Y se que todo lo que dijo en el juicio fue solo para sacarte de allí. Y lo entiendo, ella haría cualquier cosa por un AMIGO.
—Pues no le parezco muy amigo cuando nos revolcamos —dije despreocupado.
—Cat no se acuesta con cualquiera, y mucho menos con tipos como tú. Que tienen más nombres de mujeres en una cama, que un propio motel de mala muerte.
—Ella parece disfrutarlo bastante…
—Como digas Styles, ya entendí como es la cosa. Tú estás loco por ella, ella ni te mira y por eso estas un poco ‘extraño’ últimamente.
—Si no quieres terminar peor que la última vez, mejor cállate —le advertí.
Se alejó de mí y puso sus manos en el aire.
—Tranquilo, tranquilo. Yo no quiero pelea, solo quería aclararte que ya no hace falta que sigas esforzándote por mostrar algo que no sucede…
—Está bien, puede ser que aun no me la haya llevado a la cama. Pero ¿quién te ha dicho que no lo voy a hacer? Falta menos de lo que imaginas para que eso suceda —dije muy seguro de aquello.
Me miró con ojos venenosos. Él sabía que yo estaba hablando muy enserio.
—Eso lo veremos.
—Sí, sí lo verás. Cuando ella haya sido mía, vendré a refregártelo en la cara. Tal vez nos
grabe, para que veas como lo goza.
—Infeliz… —murmuró.
—Tranquilo Payne, no quiero pelear contigo. Solo quiero que dejes de esforzarte para ser un imbécil, te sale muy bien por sí solo.
—¿Pasa algo amigo? —me preguntó Zayn apareciendo detrás de Payne. Del otro lado apareció Louis.
—No, nada muchachos. Solo intercambiamos opiniones, ¿no es así Liam? —le pregunté.
Me miró fijo y luego se fue sin decir nada.
—¿Qué quería? —preguntó Louis.
—Nada, es solo un pobre idiota —le dije despreocupado.
Las horas comenzaron a pasar y la actitud de Catherin parecía empeorar, ahora no solo no me miraba, ni siquiera me hablaba. Yo de verdad creo que ella quiere acabar conmigo y luego anotarlo como una victoria realizada en su vida.
En esas horas que pasaron mi humor había empeorado, ni siquiera yo mismo podía aguantarme. Mis amigos se acercaron a mí y gruñí frustrado.
—Uuuh, ¿Qué sucede Styles? —preguntó Zayn.
—No molestéis —les advertí, mientras terminaba mi cigarrillo y tiraba la colilla con fuerza.
—Ya se lo que te tiene así —dijo Louis y apoyó una de sus manos sobre mi hombro.
Lo miré de reojo, como advirtiéndole que no se pasara de listo —Has perdido tu talento,
¿verdad?
Lo miré realmente sorprendido, como se nota que estos dos me conocen.
—¿Cómo supiste? —dije mientras seguíamos caminando.
—Ni siquiera tu padre logra ponerte de ese humor, cuando no tienes sexo —me aclaró Louis.
—Lo que Louis dice tiene sentido —habló Zayn —Harry, tú definitivamente eres un
ninfómano.
—Eres un sexo-dependiente —agregó Malik.
—No puedes estar mucho tiempo sin ello… te vuelves completamente loco.
—¡Es que no puedo entenderlo! —bramé nervioso —¡No puedo acostarme con ninguna! ¡No me producen nada! ¡Estoy con ellas y… y no… no me excito!
—Pues claro —dijo Louis soltando un suspiro —Tantos años de desenfreno tenían que cobrar su factura.
Fruncí el ceño ante su tonta teoría.
—Apenas tengo 19 años —dije y volví mi vista al frente.
Los tres nos dirigíamos a otra hora de clases. Las malditas clases, en la maldita Universidad.
—¿Y hace cuanto no pasas más de un mes sin acostarte con nadie? —me preguntó Zayn. Lo miré extrañado y me puse a pensar.
—No… nunca —dije. Los miré consecutivamente —¿Debería ver a un médico?
—Me parece amigo que tu carrera sexual ha llegado a su fin. Debiste pensar un poco antes de usarla tanto —aseguró Zayn.
—Claro, no debemos ser pesimistas, estamos en el siglo XXI. Existen los tratamientos y diversas cosas para solucionarlo —me alarmó más mi buen amigo Louis.
—Ya Louis, lo estamos asustando. Mira su cara —le dijo Malik divertido —Amigo lo que a ti te pasa es simple y tan claro como el agua.
—¿Qué es? —le pregunté esperanzado de que me diera una respuesta.
—Necesitas un psicólogo —sentenciaron los dos al unísono.
Mi mirada se distrajo por su diminuta figura caminando descaradamente a clase.
—No, no —aseguré y ambos miraron lo que yo miraba —Lo que yo necesito acaba de entrar a esa clase, y me está volviendo completamente loco.
Ambos se miraron entre sí y entramos. La divisé sentada al lado de Angélica. Mi rubia prima me miró y me sonrió, mientras que ella seguía con sin siquiera dirigirme la mirada.
¡No consigo entender que pasó con ella! Ayer estaba todo bien, se quedó a cuidarme… éramos muy felices. Y ahora no somos nada. No dejé de mirarla en ni un solo segundo. Ella parecía no notarlo, pero estoy completamente seguro de que si lo notaba.
Era muy consciente de que yo la estaba mirando, tiene ese sexto sentido que tiene todas las mujeres. Pero aun así no es capaz de mirarme. ¡No es capaz!
Y yo ya no puedo tolerar su indiferencia, su desprecio y su… forma de ser. Todo lo que me sucede es culpa de ella, absolutamente todo. Yo no puedo acostarme con ninguna otra, porque estoy completamente seguro de que ella me ha tirado algún embrujo o algo parecido… ¡Oh, Styles! ¡Escucha lo que estas diciendo! ¿Embrujo? ¿Qué idiotez es esa? Lo único que necesito es acostarme con Catherin Jones, sacarme las malditas ganas que le tengo y volver a ser el mismo de antes. Solo eso. Simplemente eso… Todas las tonterías y cursilerías que me dijo Susan el otro día eran totalmente incoherentes y sin sentido. Yo solo necesito S-E-X-O con ella y asunto arreglado. Primero tengo que arreglar las cosas, pedirle perdón y volver a tomar confianza. Entablar una especie de… ‘amistad’ para luego llevármela a la cama. Pero maldita sea, ¿Cuánto tiempo va a llevarme eso?
—¡Harry! —me llamó Zayn sacándome de mis pensamientos. Me giré a verlo.
—¿Qué? —le dije.
—Ya terminó la clase —afirmó mi amigo.
—¿Cómo? —dije y me puse de pie.
Ya nadie estaba en clase.
—No —dijo Louis mirándome con cara de preocupación —De verdad ya me estás asustando.
—Bueno, no importa —les dije —Pero vamos, salgamos de este maldito lugar.
El resto del día se me pasó lento y pesado. La indiferencia de Cat cada vez me hacía sentir un poco más impotente.
—Sí, ya tenemos una parejita formada, ¿no es una monada? —me preguntó ella.
—Tengo que hablar con Louis, estoy completamente seguro de que me estás mintiendo.
—No, no te estoy mintiendo, ¿Por qué lo haría?
—Porque eres… una…
—¿Una que tonto? Yo no soy nada, y si no me crees llámalo y verás que tengo razón.
—¡Eso mismo haré!
—¡Perfecto! ¡Adiós!
—¡Adiós! ¡Y no llegues muy tarde! —le seguí gritando
—¡Está bien! ¡Cuídate! —utilizó el mismo tono que yo.
Colgó el teléfono y no pudo evitar reír. Angélica siempre encontraba la forma de hacerme reír, hasta en el momento menos pensado.
Como dije que iba a hacerlo, llamé a Louis y lo llené de preguntas. Al final, lo que mi loca prima dijo era verdad. Uno de mis mejores amigos estaba de novio.
¿Entiendeis eso? ¡DE NOVIO! Y es más, de novio con un angelito diabólico. Pobre de él, el mini infierno que le espera.
Al día siguiente me levanté con tiempo de sobra para ducharme y desayunar. El maldito lunes ya había llegado, y con el un nuevo comienzo de semana.
Salí de mi apartamento y me estaba por prender un cigarrillo. Pero me detuve al recordarla.
“—No volváis a fumar sin antes haber desayunado…”
Como si ella estuviera por ahí, guardé el cigarrillo en la caja y me subí a mi moto para llegar al purgatorio, o sea a la Universidad. Divisé a mis amigos y me acerqué a ellos.
—¿Cómo estáis? —les pregunté.
—Mejor que tú —dijo Zayn.
—¿Por qué? —dije sin entender.
—Por tu cara —me dijo Zayn —Tienes cara de estar muy perturbado…
—No, estoy bien. No tengo nada —dije.
Aunque ellos tenían razón, ayer había estado demasiado preocupado y pensando demasiado en Cat. Tal vez yo no me sentía tan así, pero mi rostro demostraba lo contrario.
Divisamos como dos chicas llegaban a las risas. Eran Jade y Angélica. Los ojos de Louis se iluminaron y su cara de idiota apareció de inmediato. La diminuta chica de gafitas y ojos cafés se sonrojó un poco al verlo. ¡Oh dios santo, esto era demasiado cursi!
Louis se acercó a ella y la besó cortamente en los labios.
—Buenos días preciosa—la saludó.
—Buenos días —le dijo dulce.
—¿Podéis dejar la cursilería? —les pregunté. Angel rió divertida.
—Te mata la envidia —me dijo mi rubia prima.
—Sí no veas, estoy muriendo —dije irónico.
Todos rieron y comenzamos a caminar para entrar. Miré para mis costados y me faltaba Cat. Me faltaba ella…
Llegamos a clase. Jade se fue para su clase avanzada y nosotros cuatro entramos. Nos acomodamos y despues de unos minutos el profesor entró. El profesor de estadística era el hombre más sucio y ordinario que había visto en mi vida. De verdad era repugnante. La clase comenzó y traté de concentrar mi atención en otra cosa. No estaba Cat para molestarla, así que me quedaba Angélica para hacerlo. Pero no era lo mismo molestar a mi prima, que molestar a Cat.
La puerta de la clase se abrió y dirigí mi vista hacia allí. Una radiante Catherin entró con una sonrisa de oreja a oreja. Tenía un aura muy distinta al de los otros días. Parecía estar relajada y en completa armonía. Se veía realmente preciosa…
—Tarde señorita Jones —le dijo el profesor.
—Lo siento —se disculpó ella —Aquí tiene mi permiso por la llegada tarde.
Le tendió el papel y caminó hasta tomar asiento al lado de Angel. La rubia le dijo algo y ella asintió. Esperé a que se girara a verme, pero no lo hizo.
¿Qué diablos le sucede? ¿Qué fue lo que hice para que ni siquiera me dedicara una mirada?
La clase pasó lenta para mí. El comportamiento de Cat me tenía más que confundido.
El timbré sonó y todos salimos. No dejé de seguir con la mirada a Cat , hablaba efusivamente con mi prima. Me alejé de mis amigos y caminé hasta ellas dos.
—¿Qué hacéis? —les pregunté.
—¿Sabéis? Me llaman de dirección, luego te sigo contando Angélica —dijo sin mirarme.
Comenzó a caminar alejándose de nosotros.
—¿Me puedes decir que demonios le pasa? —le dije a mi prima.
—No lo sé —dijo y quiso caminar para alejarse de mí, pero la detuve.
—Sí lo sabes, y vas a decírmelo —le dije mirándola amenazadoramente.
—¿Sabes donde puedes meterte tu mirada asesina, verdad? —preguntó y empujó mi brazo para pasar.
—¡Ya vas a querer mi habitación! ¡Ya vas a llorar por ella! ¡Y yo no te la voy a dar! —le dije elevando mi voz, ya que se estaba alejando.
Giré para ir al jardín y fumar un cigarrillo, pero detuve mis pasos al verlo allí mirándome con una sonrisa cínica.
—Te soltaron, Payne —le dije.
—No podían tenerme ahí siempre, Styles —dijo. Reí por lo bajo y lo miré con diversión.
—¿Te gusto la cárcel? Es un lugar muy parecido a ti —dije.
—Sí, puede ser —afirmó y caminó un poco más hacia mí —Ya se la verdad de todo Styles, y, ¿sabes? No estoy enfadado, ni nada de eso. Es más quería pedirte perdón…
—¿Perdón? ¿Por qué?
—Por como me comporte, yo no quería herir tus sentimientos —dijo con sonrisa irónica. Estaba logrando irritarme de nuevo —Yo actué así porque pensé que tenías algo con Cat…
—Y si lo tengo —le dije.
—Ya quisieras —me dijo divertido. Se acercó más y apoyó una de sus manos en mi hombro. Lo miré despectivamente —Conozco perfectamente a Cat, de los pies a la cabeza. Conozco su forma de ser, su forma de pensar… Y se que todo lo que dijo en el juicio fue solo para sacarte de allí. Y lo entiendo, ella haría cualquier cosa por un AMIGO.
—Pues no le parezco muy amigo cuando nos revolcamos —dije despreocupado.
—Cat no se acuesta con cualquiera, y mucho menos con tipos como tú. Que tienen más nombres de mujeres en una cama, que un propio motel de mala muerte.
—Ella parece disfrutarlo bastante…
—Como digas Styles, ya entendí como es la cosa. Tú estás loco por ella, ella ni te mira y por eso estas un poco ‘extraño’ últimamente.
—Si no quieres terminar peor que la última vez, mejor cállate —le advertí.
Se alejó de mí y puso sus manos en el aire.
—Tranquilo, tranquilo. Yo no quiero pelea, solo quería aclararte que ya no hace falta que sigas esforzándote por mostrar algo que no sucede…
—Está bien, puede ser que aun no me la haya llevado a la cama. Pero ¿quién te ha dicho que no lo voy a hacer? Falta menos de lo que imaginas para que eso suceda —dije muy seguro de aquello.
Me miró con ojos venenosos. Él sabía que yo estaba hablando muy enserio.
—Eso lo veremos.
—Sí, sí lo verás. Cuando ella haya sido mía, vendré a refregártelo en la cara. Tal vez nos
grabe, para que veas como lo goza.
—Infeliz… —murmuró.
—Tranquilo Payne, no quiero pelear contigo. Solo quiero que dejes de esforzarte para ser un imbécil, te sale muy bien por sí solo.
—¿Pasa algo amigo? —me preguntó Zayn apareciendo detrás de Payne. Del otro lado apareció Louis.
—No, nada muchachos. Solo intercambiamos opiniones, ¿no es así Liam? —le pregunté.
Me miró fijo y luego se fue sin decir nada.
—¿Qué quería? —preguntó Louis.
—Nada, es solo un pobre idiota —le dije despreocupado.
Las horas comenzaron a pasar y la actitud de Catherin parecía empeorar, ahora no solo no me miraba, ni siquiera me hablaba. Yo de verdad creo que ella quiere acabar conmigo y luego anotarlo como una victoria realizada en su vida.
En esas horas que pasaron mi humor había empeorado, ni siquiera yo mismo podía aguantarme. Mis amigos se acercaron a mí y gruñí frustrado.
—Uuuh, ¿Qué sucede Styles? —preguntó Zayn.
—No molestéis —les advertí, mientras terminaba mi cigarrillo y tiraba la colilla con fuerza.
—Ya se lo que te tiene así —dijo Louis y apoyó una de sus manos sobre mi hombro.
Lo miré de reojo, como advirtiéndole que no se pasara de listo —Has perdido tu talento,
¿verdad?
Lo miré realmente sorprendido, como se nota que estos dos me conocen.
—¿Cómo supiste? —dije mientras seguíamos caminando.
—Ni siquiera tu padre logra ponerte de ese humor, cuando no tienes sexo —me aclaró Louis.
—Lo que Louis dice tiene sentido —habló Zayn —Harry, tú definitivamente eres un
ninfómano.
—Eres un sexo-dependiente —agregó Malik.
—No puedes estar mucho tiempo sin ello… te vuelves completamente loco.
—¡Es que no puedo entenderlo! —bramé nervioso —¡No puedo acostarme con ninguna! ¡No me producen nada! ¡Estoy con ellas y… y no… no me excito!
—Pues claro —dijo Louis soltando un suspiro —Tantos años de desenfreno tenían que cobrar su factura.
Fruncí el ceño ante su tonta teoría.
—Apenas tengo 19 años —dije y volví mi vista al frente.
Los tres nos dirigíamos a otra hora de clases. Las malditas clases, en la maldita Universidad.
—¿Y hace cuanto no pasas más de un mes sin acostarte con nadie? —me preguntó Zayn. Lo miré extrañado y me puse a pensar.
—No… nunca —dije. Los miré consecutivamente —¿Debería ver a un médico?
—Me parece amigo que tu carrera sexual ha llegado a su fin. Debiste pensar un poco antes de usarla tanto —aseguró Zayn.
—Claro, no debemos ser pesimistas, estamos en el siglo XXI. Existen los tratamientos y diversas cosas para solucionarlo —me alarmó más mi buen amigo Louis.
—Ya Louis, lo estamos asustando. Mira su cara —le dijo Malik divertido —Amigo lo que a ti te pasa es simple y tan claro como el agua.
—¿Qué es? —le pregunté esperanzado de que me diera una respuesta.
—Necesitas un psicólogo —sentenciaron los dos al unísono.
Mi mirada se distrajo por su diminuta figura caminando descaradamente a clase.
—No, no —aseguré y ambos miraron lo que yo miraba —Lo que yo necesito acaba de entrar a esa clase, y me está volviendo completamente loco.
Ambos se miraron entre sí y entramos. La divisé sentada al lado de Angélica. Mi rubia prima me miró y me sonrió, mientras que ella seguía con sin siquiera dirigirme la mirada.
¡No consigo entender que pasó con ella! Ayer estaba todo bien, se quedó a cuidarme… éramos muy felices. Y ahora no somos nada. No dejé de mirarla en ni un solo segundo. Ella parecía no notarlo, pero estoy completamente seguro de que si lo notaba.
Era muy consciente de que yo la estaba mirando, tiene ese sexto sentido que tiene todas las mujeres. Pero aun así no es capaz de mirarme. ¡No es capaz!
Y yo ya no puedo tolerar su indiferencia, su desprecio y su… forma de ser. Todo lo que me sucede es culpa de ella, absolutamente todo. Yo no puedo acostarme con ninguna otra, porque estoy completamente seguro de que ella me ha tirado algún embrujo o algo parecido… ¡Oh, Styles! ¡Escucha lo que estas diciendo! ¿Embrujo? ¿Qué idiotez es esa? Lo único que necesito es acostarme con Catherin Jones, sacarme las malditas ganas que le tengo y volver a ser el mismo de antes. Solo eso. Simplemente eso… Todas las tonterías y cursilerías que me dijo Susan el otro día eran totalmente incoherentes y sin sentido. Yo solo necesito S-E-X-O con ella y asunto arreglado. Primero tengo que arreglar las cosas, pedirle perdón y volver a tomar confianza. Entablar una especie de… ‘amistad’ para luego llevármela a la cama. Pero maldita sea, ¿Cuánto tiempo va a llevarme eso?
—¡Harry! —me llamó Zayn sacándome de mis pensamientos. Me giré a verlo.
—¿Qué? —le dije.
—Ya terminó la clase —afirmó mi amigo.
—¿Cómo? —dije y me puse de pie.
Ya nadie estaba en clase.
—No —dijo Louis mirándome con cara de preocupación —De verdad ya me estás asustando.
—Bueno, no importa —les dije —Pero vamos, salgamos de este maldito lugar.
El resto del día se me pasó lento y pesado. La indiferencia de Cat cada vez me hacía sentir un poco más impotente.
miércoles, 7 de agosto de 2013
Capítulo 28
Miré como terminaba de hablar y colgaba el teléfono. Me miró fijo.
—¿Por qué me quitaste el teléfono? —le pregunté.
—Porque creo que ya te estabas pasando —me dijo.
—Tenía que decirle lo que pensaba —me defendí —Ahora dame un poco más de vodka.
—No —sentenció.
—¿Por qué?
—Porque viene a por ti, y no te voy a dejar que sigas bebiendo…
—Bueno, como quieras. Déjame pagarte lo que consumí, ¿Cuánto es? —pregunté mientras medio confuso sacaba mi billetera.
—Tampoco —me dijo.
—¿Tampoco? ¿Por qué nadie hace lo que yo quiero?
—No voy a cobrarte, porque sé que estás mal y has venido aquí con el fin de olvidar. Pero no has podido, así que… esto va por mi cuenta.
—Eres lo más cercano a una hermana mayor que he tenido en toda mi vida —dije melancólico.
—No te pongas sentimental conmigo, por favor —dijo divertida.
Asentí con la cabeza y escuchamos como la puerta del bar se abría. Me giré a ver y ella me miró fijo. Rápidamente se acercó a mí.
—¡No puedo creer que hayas llegado a estar así! – me retó nerviosa.
—Hola cariño —le dije divertido. Revoleó los ojos y miró a Susan.
—Muchas gracias Susan —le dijo.
—No es nada cielo, llévatelo y… cuídalo. Está un poco sensible —le dijo ella.
Sentí como una de sus manos rodeaba mi brazo, entonces la miré fijo. Me hizo ponerme de pie y cuando lo hice, sentí que iba a caer de cara al suelo. Ella colocó mi brazo alrededor de su cuello y me sujetó por la cintura.
—Cat, ¿quieres que le diga a alguno de los muchachos que lo lleve hasta afuera? —le preguntó Susan.
—No Susan, así estamos bien. Muchas gracias —le dijo ella y comenzó a caminar —Por favor, haz el esfuerzo de caminar y no quebrarme el cuerpo.
—Lo estoy haciendo —le dije. Salimos afuera del bar y el frío viento de la noche erizó mi piel. ¿En qué momento se había hecho de noche? Divisé a Betty, y dirigí mis pasos hacia allí allí, pero Cat me empujaba hacia un coche. Su coche.
—No, suéltame —dije y me solté de ella. Me tambaleé un poco, pero me pude mantener de pie —Yo tengo que irme en Betty.
—Estás completamente loco si piensas que te voy a dejar subirte a esa cosa en este estado.
—Betty no es una cosa.
—Lo que sea. Ahora mueve tu trasero hacia el coche.
—¿Qué pasará con Betty? —dije mirando a mi moto.
—Susan la cuidará y mañana, mandaremos a Zayn y a Louis a por ella ¿vale? – me dijo. La miré fijo a los ojos por unos cuantos segundos.
—Te odio por ser así de preciosa Cat —le dije.
—Luego discutimos tu odio, ¿vamos? —preguntó. Asentí con la cabeza y caminé con cuidado hasta el lujoso coche. Ella me abrió la puerta y me senté pesadamente en el asiento de atrás, la cerró y entonces me acosté. Mi cabeza giraba, así que tenía que estar acostado. Ella se subió y comenzó a conducir. Abrí un ojo y miré hacia su asiento. No podía ver su silueta, pues el asiento es más grande que ella, y ninguna parte de su cuerpo sobresale por algún costado.
Entonces me forcé a sentarme. Ella me miró a través del espejo retrovisor.
—¿Cuál es tu problema? ¿Qué necesidad tienes de terminar ebrio? – me preguntó.
—Mi problema eres tú, así que si alguien tiene la culpa de mi estado en este momento, esa eres tú —le dije.
El coche se detuvo en una banquina. La miré extrañado. Se giró a verme y se quitó el cinturón de seguridad. Sin ningún problema se pasó atrás. La miré más extrañado que antes.
—Así que, yo soy tu problema —me dijo.
—Sí —dije asintiendo.
—Y para que todos tus problemas se fueran, yo tendría que acostarme contigo.
—Podría ser.
—Entonces lo haré.
—¿Qué?
—Eso, que me acostaré contigo, como tanto lo deseas.
Se inclinó hacia mí y tomó mis labios en un acalorado beso. Mis ojos estaban abiertos, por la sorpresa de su comportamiento, pero no tardaron en cerrarse y en responder a ella. Gruñí mientras sentía como se subía a horcajadas sobre mí, y su lengua bailaba caliente junto a la mía. Sus manos se enterraron en mis cabellos y con cada movimiento me acercaba más a ella.
—Cat—dije agitado cuando ella comenzó a mordisquear mi mandíbula y llegaba hasta mi oreja.
—¿Qué? —susurró y un escalofrío recorrió mi espalda.
—Estamos en un coche —le dije. Ella se alejó un poco de mí y sin decir nada me quitó la camisa. Comenzó a besar mi cuello y comenzó a bajar su lengua por mi pecho.
—¿Y desde cuando te importa el lugar? —preguntó y volvió su boca a mis labios.
—No, no es que me importe, pero… al diablo —dije y la tomé de la nuca para acercarla más.
Con una mínima capacidad de movimiento, logré girar sobre ella y apresarla debajo de mí. La miré fijo a los ojos, respiraba agitada y el color de sus labios era de un rojo intenso por la presión de nuestras bocas.
—No te detengas —me habló.
Volví a capturar sus labios, y soltó un leve gemido que logro enloquecerme rápidamente. Bajé mis labios de los suyos, a su cuello. Comencé a desabrochar los botones de su camisa, mientras depositaba pequeños besos en lo que había visible de su piel.
Sí, iba ser mía, ahora ella iba a ser solo mía…
—Harry, ¡Harry! —abrí mis ojos algo sobresaltado. Miré a mí alrededor y estaba acostado en la parte de atrás del auto. Miré al frente y la vi parada con la puerta abierta – Llegamos a tu casa, sal del coche.
Solo había sido un sueño. Un maldito sueño.
—¿Por qué me despertaste? —le pregunté mientras lograba sentarme —Estaba por hacerte mía en mis sueños…
Entrecerró los ojos y me miró mal.
—Eres un cerdo —me acusó.
Me ayudó a salir del coche, y me ayudó a caminar hasta mi apartamento. El sabor de sus labios había sido tan real, que puedo jurar que eso no había sido un sueño. Llegamos y ella abrió la puerta. Al parecer no había nadie.
—¿Dónde está Angélica? —le pregunté.
—Debe estar por ahí, no lo se —me dijo ella con dificultad ya que casi podía decirse que me estaba arrastrando hacia dentro —¿Podrías ayudarme un poco? Si no te has dado cuenta pesas el doble de lo que peso yo, y no puedo cargarte…
Me incorporé bien y ella suspiró. Caminamos hasta el cuarto. Al fin iba a dormir en mi cama.
Entramos y ella me ayudó a acostarme. Suspiré aliviado.
—Bueno, ya estas sano y salvo en casa. Ya me voy —me dijo.
—No, no te vayas —le pedí.
—Tengo que irme, Harry…
—Quédate hasta que me duerma, por favor —le rogué.
—Está bien —dijo soltando un suspiro.
Se sentó en el suelo, justo a mi lado. La miré fijo a los ojos, y traté de entender mi necesidad de que se quedara.
—¿Puedes darme tu mano?
Despacio levantó su mano y tomó la mía. Sus fríos dedos se entrelazaron con los míos, que estaban calientes. Su mano era el doble más pequeña que la mía, el doble de frágil y el doble de suave…
Cerré los ojos y acerqué nuestras manos a mi pecho. Quizás así no se pueda ir cuando me duerma, o quizás si.
Comencé a despertarme porque mis ganas de ir al baño me estaban llamando. Cuando sentí que mi cabeza despertaba, sentí un terrible dolor. Cerré los ojos con fuerza, para persuadir un poco al dolor. Y entonces sentí que algo estaba entrelazo con mi mano. Abrí un ojo y miré que era. Era otra mano. Entonces levanté la cabeza y la vi allí.
Sentí como mi corazón se aceleraba al ver que Cat estaba allí, con la cabeza apoyada sobre el borde del colchón, y con los ojos cerrados. Se quedó, no se fue. Me puse a mirarla fijamente, me puse a observar las delicadas líneas de su rostro. Intenté buscarle algún defecto, como tantas veces, pero no lo tiene. Ella simplemente es perfecta. Levanté mi otra mano y con cuidado acaricié su mejilla. Se movió un poco y arrugó la nariz, pero no se despertó.
—Arriba Harry, ya traje a Betty y...
—Shhhhhhh —le dije cuando lo vi entrar. Zayn me miró bien – Cállate que vas a despertar a la bella durmiente.
—¿Qué hace ella ahí? —me preguntó en voz baja.
—Me cuida —le dije con una pequeña sonrisa.
Soltando su mano con cuidado me levanté de la cama. La alcé en brazos y la acosté en la misma, para que pudiera seguir durmiendo, un poco más cómoda. Sali con Zayn del cuarto y caminamos hasta la cocina. Fruncí el ceño extrañado al no ver a Rose por ahí.
—¿No has visto a Rose? —le dije a mi amigo.
—¿Sabes que hora es? —me dijo él. Negué con la cabeza —Harry, son casi las 5 de la tarde.
Rose se fue hace una hora.
—¿Qué? ¿Las 5? —dije sin poder creerlo.
—Sí, dormiste como nunca —dijo divertido.
Nos acercamos a la mesa y nos preparamos un café. Tal vez con eso, este terrible dolor de cabeza se me iría de una vez. Estuvimos hablando un poco más, hasta que los dos sentimos los pasos de alguien. Miramos hacia el pasillo y venía caminando hacia la sala. Sonreí levemente…
—Adiós —dijo por lo bajo y pasó de largo hasta llegar a la puerta.
La abrió y salió dejándome totalmente desconcertado.
Me puse de pie, y estaba por salir detrás de ella, hasta que Zayn me detuvo.
—Oye, oye —me dijo haciendo que lo mirara —Si se fue así es por algo… déjala.
—Pero… no, no puedo dejarla…
Intenté caminar de nuevo, pero Zayn me volvió a detener.
—Déjala… se fue, ya esta. Ella necesita pensar… déjala —me dijo.
Gruñí por lo bajo y volví a sentarme para terminarme el café. Despues de unas dos horas Zayn decidió irse. Y en esas dos horas, Cat no había salido en ningún momento de mis pensamientos.
La forma en la que se había ido me tenía bastante confundido. Tomé mi teléfono y marqué el número de su móvil.
—Hola... -dijo aquella aterciopelada voz.
—Cat solo...
—Jaja te engañé...Por cierto soy Cat, y en este momento no puedo atenderte. Deja tu mensaje, despues de que lo escuche te devuelvo la llamada…
Colgué y maldije por lo bajo. Tenía el movil apagado. Volví a darle tono al teléfono y marqué el número de su casa. Sonó, sonó y sonó, pero nadie contesto. Al parecer tampoco estaba en casa.
—¡¿Dónde diablos estás?! —dije algo nervioso. Entonces volví a darle tonó al teléfono y
marqué el número de mi prima. Sonó una, sonó otra.
—¿Hola? —me dijo al atender.
—Angel —le dije.
—¡Al fin tienes la consideración de llamarme! —me dijo elevando un poco la voz —¿Por qué demonios haces esas cosas Harry? ¿Cuántas veces te dije que embriagarse por ahí no es la solución a ningún problema?
—¿Acaso la privacidad de una borrachera ya no existe? —le dije. Ella me dijo unas cuantas cosas más, pero que las pasé por alto.
Lo único que quería era saber de ella —¿Sabes donde está Cat?
—¿Cat?
—Sí, Cat —dije algo nervioso.
—Se fue a un spa con Gina, estaba bastante estresada —me dijo. Suspiré aliviado. Ella estaba bien…
—Pero ella, ¿está bien, verdad? —le dije.
—Si, estaba un poco con dolores de nuca, pero por lo demás estaba bien —dijo ella. Y si,
durmió sentada —Dijo que mañana iría a la Universidad un poco más tarde, ya que se quedarían toda la noche allí.
—Bueno prima, gracias por la información —le dije.
—De nada primito, dentro de un rato voy a casa. Estoy con Jade haciendo unas cosas, ¿sabías que tu amiguito Louis le pidió ser su novia? —me dijo. Entonces sentí mi corazón detenerse.
—¡¿Qué?! —le pregunté sin poder creerlo.
—¿Por qué me quitaste el teléfono? —le pregunté.
—Porque creo que ya te estabas pasando —me dijo.
—Tenía que decirle lo que pensaba —me defendí —Ahora dame un poco más de vodka.
—No —sentenció.
—¿Por qué?
—Porque viene a por ti, y no te voy a dejar que sigas bebiendo…
—Bueno, como quieras. Déjame pagarte lo que consumí, ¿Cuánto es? —pregunté mientras medio confuso sacaba mi billetera.
—Tampoco —me dijo.
—¿Tampoco? ¿Por qué nadie hace lo que yo quiero?
—No voy a cobrarte, porque sé que estás mal y has venido aquí con el fin de olvidar. Pero no has podido, así que… esto va por mi cuenta.
—Eres lo más cercano a una hermana mayor que he tenido en toda mi vida —dije melancólico.
—No te pongas sentimental conmigo, por favor —dijo divertida.
Asentí con la cabeza y escuchamos como la puerta del bar se abría. Me giré a ver y ella me miró fijo. Rápidamente se acercó a mí.
—¡No puedo creer que hayas llegado a estar así! – me retó nerviosa.
—Hola cariño —le dije divertido. Revoleó los ojos y miró a Susan.
—Muchas gracias Susan —le dijo.
—No es nada cielo, llévatelo y… cuídalo. Está un poco sensible —le dijo ella.
Sentí como una de sus manos rodeaba mi brazo, entonces la miré fijo. Me hizo ponerme de pie y cuando lo hice, sentí que iba a caer de cara al suelo. Ella colocó mi brazo alrededor de su cuello y me sujetó por la cintura.
—Cat, ¿quieres que le diga a alguno de los muchachos que lo lleve hasta afuera? —le preguntó Susan.
—No Susan, así estamos bien. Muchas gracias —le dijo ella y comenzó a caminar —Por favor, haz el esfuerzo de caminar y no quebrarme el cuerpo.
—Lo estoy haciendo —le dije. Salimos afuera del bar y el frío viento de la noche erizó mi piel. ¿En qué momento se había hecho de noche? Divisé a Betty, y dirigí mis pasos hacia allí allí, pero Cat me empujaba hacia un coche. Su coche.
—No, suéltame —dije y me solté de ella. Me tambaleé un poco, pero me pude mantener de pie —Yo tengo que irme en Betty.
—Estás completamente loco si piensas que te voy a dejar subirte a esa cosa en este estado.
—Betty no es una cosa.
—Lo que sea. Ahora mueve tu trasero hacia el coche.
—¿Qué pasará con Betty? —dije mirando a mi moto.
—Susan la cuidará y mañana, mandaremos a Zayn y a Louis a por ella ¿vale? – me dijo. La miré fijo a los ojos por unos cuantos segundos.
—Te odio por ser así de preciosa Cat —le dije.
—Luego discutimos tu odio, ¿vamos? —preguntó. Asentí con la cabeza y caminé con cuidado hasta el lujoso coche. Ella me abrió la puerta y me senté pesadamente en el asiento de atrás, la cerró y entonces me acosté. Mi cabeza giraba, así que tenía que estar acostado. Ella se subió y comenzó a conducir. Abrí un ojo y miré hacia su asiento. No podía ver su silueta, pues el asiento es más grande que ella, y ninguna parte de su cuerpo sobresale por algún costado.
Entonces me forcé a sentarme. Ella me miró a través del espejo retrovisor.
—¿Cuál es tu problema? ¿Qué necesidad tienes de terminar ebrio? – me preguntó.
—Mi problema eres tú, así que si alguien tiene la culpa de mi estado en este momento, esa eres tú —le dije.
El coche se detuvo en una banquina. La miré extrañado. Se giró a verme y se quitó el cinturón de seguridad. Sin ningún problema se pasó atrás. La miré más extrañado que antes.
—Así que, yo soy tu problema —me dijo.
—Sí —dije asintiendo.
—Y para que todos tus problemas se fueran, yo tendría que acostarme contigo.
—Podría ser.
—Entonces lo haré.
—¿Qué?
—Eso, que me acostaré contigo, como tanto lo deseas.
Se inclinó hacia mí y tomó mis labios en un acalorado beso. Mis ojos estaban abiertos, por la sorpresa de su comportamiento, pero no tardaron en cerrarse y en responder a ella. Gruñí mientras sentía como se subía a horcajadas sobre mí, y su lengua bailaba caliente junto a la mía. Sus manos se enterraron en mis cabellos y con cada movimiento me acercaba más a ella.
—Cat—dije agitado cuando ella comenzó a mordisquear mi mandíbula y llegaba hasta mi oreja.
—¿Qué? —susurró y un escalofrío recorrió mi espalda.
—Estamos en un coche —le dije. Ella se alejó un poco de mí y sin decir nada me quitó la camisa. Comenzó a besar mi cuello y comenzó a bajar su lengua por mi pecho.
—¿Y desde cuando te importa el lugar? —preguntó y volvió su boca a mis labios.
—No, no es que me importe, pero… al diablo —dije y la tomé de la nuca para acercarla más.
Con una mínima capacidad de movimiento, logré girar sobre ella y apresarla debajo de mí. La miré fijo a los ojos, respiraba agitada y el color de sus labios era de un rojo intenso por la presión de nuestras bocas.
—No te detengas —me habló.
Volví a capturar sus labios, y soltó un leve gemido que logro enloquecerme rápidamente. Bajé mis labios de los suyos, a su cuello. Comencé a desabrochar los botones de su camisa, mientras depositaba pequeños besos en lo que había visible de su piel.
Sí, iba ser mía, ahora ella iba a ser solo mía…
—Harry, ¡Harry! —abrí mis ojos algo sobresaltado. Miré a mí alrededor y estaba acostado en la parte de atrás del auto. Miré al frente y la vi parada con la puerta abierta – Llegamos a tu casa, sal del coche.
Solo había sido un sueño. Un maldito sueño.
—¿Por qué me despertaste? —le pregunté mientras lograba sentarme —Estaba por hacerte mía en mis sueños…
Entrecerró los ojos y me miró mal.
—Eres un cerdo —me acusó.
Me ayudó a salir del coche, y me ayudó a caminar hasta mi apartamento. El sabor de sus labios había sido tan real, que puedo jurar que eso no había sido un sueño. Llegamos y ella abrió la puerta. Al parecer no había nadie.
—¿Dónde está Angélica? —le pregunté.
—Debe estar por ahí, no lo se —me dijo ella con dificultad ya que casi podía decirse que me estaba arrastrando hacia dentro —¿Podrías ayudarme un poco? Si no te has dado cuenta pesas el doble de lo que peso yo, y no puedo cargarte…
Me incorporé bien y ella suspiró. Caminamos hasta el cuarto. Al fin iba a dormir en mi cama.
Entramos y ella me ayudó a acostarme. Suspiré aliviado.
—Bueno, ya estas sano y salvo en casa. Ya me voy —me dijo.
—No, no te vayas —le pedí.
—Tengo que irme, Harry…
—Quédate hasta que me duerma, por favor —le rogué.
—Está bien —dijo soltando un suspiro.
Se sentó en el suelo, justo a mi lado. La miré fijo a los ojos, y traté de entender mi necesidad de que se quedara.
—¿Puedes darme tu mano?
Despacio levantó su mano y tomó la mía. Sus fríos dedos se entrelazaron con los míos, que estaban calientes. Su mano era el doble más pequeña que la mía, el doble de frágil y el doble de suave…
Cerré los ojos y acerqué nuestras manos a mi pecho. Quizás así no se pueda ir cuando me duerma, o quizás si.
Comencé a despertarme porque mis ganas de ir al baño me estaban llamando. Cuando sentí que mi cabeza despertaba, sentí un terrible dolor. Cerré los ojos con fuerza, para persuadir un poco al dolor. Y entonces sentí que algo estaba entrelazo con mi mano. Abrí un ojo y miré que era. Era otra mano. Entonces levanté la cabeza y la vi allí.
Sentí como mi corazón se aceleraba al ver que Cat estaba allí, con la cabeza apoyada sobre el borde del colchón, y con los ojos cerrados. Se quedó, no se fue. Me puse a mirarla fijamente, me puse a observar las delicadas líneas de su rostro. Intenté buscarle algún defecto, como tantas veces, pero no lo tiene. Ella simplemente es perfecta. Levanté mi otra mano y con cuidado acaricié su mejilla. Se movió un poco y arrugó la nariz, pero no se despertó.
—Arriba Harry, ya traje a Betty y...
—Shhhhhhh —le dije cuando lo vi entrar. Zayn me miró bien – Cállate que vas a despertar a la bella durmiente.
—¿Qué hace ella ahí? —me preguntó en voz baja.
—Me cuida —le dije con una pequeña sonrisa.
Soltando su mano con cuidado me levanté de la cama. La alcé en brazos y la acosté en la misma, para que pudiera seguir durmiendo, un poco más cómoda. Sali con Zayn del cuarto y caminamos hasta la cocina. Fruncí el ceño extrañado al no ver a Rose por ahí.
—¿No has visto a Rose? —le dije a mi amigo.
—¿Sabes que hora es? —me dijo él. Negué con la cabeza —Harry, son casi las 5 de la tarde.
Rose se fue hace una hora.
—¿Qué? ¿Las 5? —dije sin poder creerlo.
—Sí, dormiste como nunca —dijo divertido.
Nos acercamos a la mesa y nos preparamos un café. Tal vez con eso, este terrible dolor de cabeza se me iría de una vez. Estuvimos hablando un poco más, hasta que los dos sentimos los pasos de alguien. Miramos hacia el pasillo y venía caminando hacia la sala. Sonreí levemente…
—Adiós —dijo por lo bajo y pasó de largo hasta llegar a la puerta.
La abrió y salió dejándome totalmente desconcertado.
Me puse de pie, y estaba por salir detrás de ella, hasta que Zayn me detuvo.
—Oye, oye —me dijo haciendo que lo mirara —Si se fue así es por algo… déjala.
—Pero… no, no puedo dejarla…
Intenté caminar de nuevo, pero Zayn me volvió a detener.
—Déjala… se fue, ya esta. Ella necesita pensar… déjala —me dijo.
Gruñí por lo bajo y volví a sentarme para terminarme el café. Despues de unas dos horas Zayn decidió irse. Y en esas dos horas, Cat no había salido en ningún momento de mis pensamientos.
La forma en la que se había ido me tenía bastante confundido. Tomé mi teléfono y marqué el número de su móvil.
—Hola... -dijo aquella aterciopelada voz.
—Cat solo...
—Jaja te engañé...Por cierto soy Cat, y en este momento no puedo atenderte. Deja tu mensaje, despues de que lo escuche te devuelvo la llamada…
Colgué y maldije por lo bajo. Tenía el movil apagado. Volví a darle tono al teléfono y marqué el número de su casa. Sonó, sonó y sonó, pero nadie contesto. Al parecer tampoco estaba en casa.
—¡¿Dónde diablos estás?! —dije algo nervioso. Entonces volví a darle tonó al teléfono y
marqué el número de mi prima. Sonó una, sonó otra.
—¿Hola? —me dijo al atender.
—Angel —le dije.
—¡Al fin tienes la consideración de llamarme! —me dijo elevando un poco la voz —¿Por qué demonios haces esas cosas Harry? ¿Cuántas veces te dije que embriagarse por ahí no es la solución a ningún problema?
—¿Acaso la privacidad de una borrachera ya no existe? —le dije. Ella me dijo unas cuantas cosas más, pero que las pasé por alto.
Lo único que quería era saber de ella —¿Sabes donde está Cat?
—¿Cat?
—Sí, Cat —dije algo nervioso.
—Se fue a un spa con Gina, estaba bastante estresada —me dijo. Suspiré aliviado. Ella estaba bien…
—Pero ella, ¿está bien, verdad? —le dije.
—Si, estaba un poco con dolores de nuca, pero por lo demás estaba bien —dijo ella. Y si,
durmió sentada —Dijo que mañana iría a la Universidad un poco más tarde, ya que se quedarían toda la noche allí.
—Bueno prima, gracias por la información —le dije.
—De nada primito, dentro de un rato voy a casa. Estoy con Jade haciendo unas cosas, ¿sabías que tu amiguito Louis le pidió ser su novia? —me dijo. Entonces sentí mi corazón detenerse.
—¡¿Qué?! —le pregunté sin poder creerlo.
Capítulo 27
Me acerqué al lugar donde había dejado mis cosas y las tomé. Busqué a Gina con la mirada y despacio me acerqué a ella.
—Gina, necesito hablar contigo —le dije. Ella me miró.
—Luego continuamos muchachas —les dijo a las modelos que me echaron una devoradora mirada, como si yo fuera algo de comida. Aunque si lo soy, en este momento me siento como un yogurt caducado —¿Qué sucede pequeño?
—Gin, renuncio —solté lo que tenía pensado sin ningún rodeo. Sus ojos se abrieron bien.
—¿Qué? Pero, ¿Por qué? ¡No puedes renunciar! ¡Eres el mejor ayudante que he tenido en años, Harry! —me dijo
—Lo se, lo se, no hay nadie como yo. Pero es lo mejor para mí, antes de que tu hija me vuelva completamente loco.
—¿Quieres que la amenace un poco? —preguntó.
—No, no. Eso no cambiaria mi problema —dije. Me acerqué a ella y besé su mejilla —Eres la mejor jefa que un chico como yo podía tener…
Sus ojos se humedecieron y me miró con tristeza.
—Y tú eres el mejor ayudante del mundo —me dijo y acaricio mi mejilla maternalmente.
¿Hace cuanto que no recibo una caricia así? Tal vez de mi nana, pero no se siente parecido a la caricia de una madre. Eso debe sentir Cat cada vez que su madre la acaricia o la mima.
—Adiós Gin —dije por lo bajo.
—Toma —sacó de su bolsillo un sobre con dinero —Esto es tu sueldo del mes…
—No, no lo quiero…
—¿Cómo que no Harry? Por favor, déjame pagarte…
—No podría cobrarle al mejor trabajo de mi vida.
—Por favor, por lo menos dame ese gusto. Ya que no te quedas, déjame pagarte el mes.
—Pero aun no termina el mes…
—Tómalo, y no acepto un no —sentenció. Suspiré y tomé el sobre. Ella se acercó a mí y me abrazó —¿Vendrás a visitarme?
—Cada vez que pueda —le dije.
Se alejó y sonrió.
—Ya puedes irte.
Sonreí y me di vuelta para irme a quien sabe donde a despejar un poco mi cabeza y mis problema. Mejor dicho mi problema el cual tiene nombre y apellido, Catherin Jones.
Salí de las oficinas sobre Betty y comencé a conducir sin rumbo alguno. Hasta que sin darme cuenta estacioné frente al bar de Susan.
La última vez que vine aquí fue cuando esa… esa condenada se me puso a bailar sensualmente y a provocar a todos los borrachos del lugar. Me bajé de la moto y caminando despacio entré.
Para la temprana hora que era, el lugar ya estaba lleno. Este era un lugar perfecto para desahogar culpas, dolores y problemas. Y no había nadie mejor que Susan para hablarlo. Ella no ponía un límite para tomar. Ella te dejaba tomar hasta que te diera la gana, y por ese motivo era el bar más visitado de todos. Sonando los huesos de mis manos me senté en la barra. Susan me miró algo sorprendida.
—Vaya, vaya —dijo y sonrió —Hace bastante que no te veía aqui, Harry ¿Qué te ha pasado?
—Sírveme un vaso de vodka —le dije. Ella asintió.
Puso el vaso frente a mí y lo llenó hasta el tope. Mi móvil comenzó a sonar. Busqué en mi bolsillo y miré la pantalla. ' Cat llamando. '
Vacilé algunos segundos en contestar, pero fue más fuerte que yo y terminé por atender.
—Hola —dije apenas.
—¿Dónde estas? ¡Te necesito! —me dijo ella. Cerré los ojos con fuerza y maldije para mis adentros.
—Supongo que no te refieres a que me necesitas por que no puedes vivir sin mí, sino a que quieres que te haga algún mandado, ¿verdad? —le pregunté.
—Vas entendiendo como es esto —dijo contenta.
—Bueno, como sea. Le di la renuncia a tu madre…
—Pero…
—Que tengas buena tarde y una muy buena noche , adios—colgué el teléfono y lo apagué.
No quiero volver a escuchar su voz en todo el día. Tomé el vaso que estaba frente a mí y me lo acabé de un solo trago.
—¿Mal de amores? —me preguntó Susan. La miré y le hice un gesto para que me volviera a servir. Volvió a llenar el vaso.
—¿Recuerdas a la chica que traje la última vez? La chica de ojos café, sonrisa enloquecedora, y cuerpo de diosa, que tiene cara de niña de porcelana, pero en realidad es el diablo en persona —le dije. Ella sonrió.
—Sí, sí la recuerdo. Cat, ¿así se llama?
—Exactamente —afirmé y tomé un trago de vodka.
—¿Qué pasa con ella?
—Esta volviéndome loco, completamente loco…
—¿Loco por que te persigue o loco por que no te da ni la hora?
—Ninguna de las dos.
—Entonces, ¿Cómo es la cosa?
Volví a tomar, hasta que el vaso quedó vacío. Sentí como el liquidó quemaba a su paso mi garganta, hasta llegar ardiendo a mi estómago.
—Ella quiere que seamos amigos…
Susan rió por lo bajo y sin que yo se lo dijera volvió a llenar el vaso.
—¿Qué tiene eso de malo?
—¡¿Cómo que tiene de malo?! —le pregunté elevando un poco mi voz —Yo no puedo ser amigo de una chica con la que tengo fantasías sexuales…
—Aaaah, por ahí viene el problema —dijo divertida —Tú quieres revolcarte con ella como un sexópata y ella solo esta dispuesta a darte su amistad.
—Sí, así de simple y sencillo —dije con sarcasmo.
Tomé otra vez, pero esta vez no ardió tanto como la anterior.
—¿Tú ya le dijiste que quieres acostarte con ella? —me preguntó.
—Se lo dije, se lo insinué, casi se lo grafiqué… pero aun así no hay caso.
—Entonces no es que ella no quiera acostarse contigo porque no te tenga ganas o algo por el estilo. Ella no quiere hacerlo contigo, porque tiene miedo —me dijo.
Fruncí el ceño y la miré extrañado.
—¿Miedo? Que yo sepa no es virgen…
—No tonto —dijo divertida —Tiene miedo de sentir algo más que placer después de estar contigo —la miré más confundido que antes —¿La has besado?
—¿Qué si la he besado? Era uno de mis pasatiempos favoritos —dije exagerando un poco la cosa, mientras volvía a tomar un poco más.
—¿Cómo reaccionaba ella cuando la besabas? —me preguntó.
Comencé a dejar que mi cabeza pensara y recordara aquello. Siempre al principio se dejaba, pero luego reaccionaba… y no de la mejor manera.
—Se dejaba un poco pero luego reaccionaba y… me abofeteó un par de veces —dije y coloqué mi mano sobre mi mejilla, como si Cat me acabara de golpear.
—¿Lo ves? —dijo, mientras pasaba un trapo sobre el mármol de la barra —A ella le da miedo, pavor, horror, sentir algo por ti… es más que obvio.
—Entonces, ¿tú dices que está enamorada de mí? —le pregunté totalmente confundido.
—No digo enamorada —aclaró ella —Pero que le gustas… sí le gustas. Una mujer que cuando la besan al principio cede un poco… pero luego reacciona así, es porque ese hombre le gusta más de lo que desea. Pero… ¿Y tú? —me dijo. La miré.
—¿Yo que?
—¿Qué te pasa cuando la besas? —preguntó.
—¿Cuándo la beso? Yo... bueno… cuando la beso, ya te dije, necesito tener una cama cerca porque me enloquece —le dije.
—Entonces, si te enciende solo con un beso estás metido hasta la cabeza —dijo divertida.
—¿Metido? —dije confundido.
—Enganchado, atontado, enamorado… como sea —dijo ella.
—No, no, no —dije con tono divertido —Yo no estoy enamorado de Cat. Yo estoy obsesionado con ella. Yo ya dije, que esto se me va a quitar cuando me acueste con ella…
—¿Y si no se te quita? ¿Qué pasa si después de acostarte con ella eso que llamas ‘obsesión’ no se te va? —me dijo.
La miré fijo por unos cuantos segundos.
Ella solo quería asustarme, incomodarme, o simplemente me estaba hablando muy enserio.
—Se me va a ir —aseguré.
Volví a tomar, y ya sentí un leve mareo que confundió mis pensamientos.
—Es una chica muy guapa, y parece tierna —dijo ella. Reí por lo bajo y terminé de tomar lo que quedaba en el vaso. El alcohol, ya se me había subido a la cabeza.
—Sí, es tierna, es dulce, es inteligente, es preciosa… pero es diabólica, enredadora, calculadora y es muy factible que logre volverte loco.
—Dime, ¿te preocupas por ella?
—¿Preocuparme? —pregunté y le hice un gesto para que volviera a llenar el vaso. Lo llenó de nuevo, y yo volví a tomar un sorbo.
—Sí, preocuparte, estar muy pendiente de ella. Como por ejemplo, saber quien le habla, quien la mira, que hace, a donde va, con quien va, su salud, su bienestar…
—Puede ser —dije y apoyé el vaso en la barra —Sí tal vez… he estado bastante pendiente de ella…
—Sí, se notó aquella noche, en la que te la llevaste de aquí para que nadie más que tú pudiera mirarla o si quiera pensar en fantasear con ella —me dijo con media sonrisa en los labios.
—¡Ya deja de insinuar que estoy enamorado de ella! —le advertí.
Susan rió divertida.
—Me parece que voy a llamar a Zayn para que venga por ti, ya estas ebrio —me dijo con una leve sonrisa.
—¡No, no necesito a nadie! —le dije malhumorado —Estoy bien, puedo irme solo.
—No puedes irte solo, y lo sabes —me dijo y me quitó el vaso —Ya no beberás más…
—¿Qué pasa contigo? —le pregunté molesto —¿Desde cuando pones límites para beber?
—Desde hoy y más con un muchacho. Aún eres muy joven como para beber hasta no recordar tu nombre. —me dijo.
—Pues ¿no te parece que eso lo decido yo? —dije y quise tomar el vaso, pero ella lo alejó más de mí.
—No, ya no vas a beber —sentenció y escondió el vaso debajo de la barra.
—Susan… necesito olvidarme… de —dejé de hablar y la miré. Ella sonrió.
—Necesitas olvidarte de Cat —terminó la frase —Pero no te la vas a sacar de la cabeza con alcohol, es más quizás el alcohol te lleve a hacer cosas que en realidad no quieres hacer…
—Solo quiero una noche con ella —hablé con la voz acortada. Ya comenzaba a salir mi parte sentimental —¿Es mucho pedir un poco de ella?
—Quizás no necesites solo un poco de ella —me dijo, la miré fijo y fruncí el ceño amargamente.
—Voy a llamarla —le dije y saqué mi movil.
Lo encedí y comencé a buscar su número.
—Harry, no creo que sea buena idea que la llames en estas condiciones —dijo e intentó quitarme el teléfono, pero no la dejé.
Lo puse en mi oreja y esperé a que ella me contestara.
—¿Se puede saber donde estás? —me preguntó al atender. Su voz pareció enviar una oleada de calor a mi cuerpo —Todo el mundo está buscándote.
—¿Por qué no quieres darme una noche, solo una maldita noche? —le pregunté con voz ronca, mi garganta estaba seca por culpa de alcohol.
—¿Qué? —musitó atónita.
—¿Por qué no me quieres dejar entrar en ti solo una noche? ¿Acaso es demasiado pedirte un poco de placer? Dime, ¿es mucho?
—Harry, ¿estás ebrio?
—¿Qué importa eso? Quiero que me contestes, ¿Por qué? ¿Por qué no me dejas tocarte y besarte hasta que amanezca?
—¿Dónde estás? —volvió a preguntar.
—¿Por qué me rechazas?
—Por favor Harry, préstame un poco de atención y deja de decir tonterías…
—¡No son tonterías! —le dije exasperado —Te necesito. Te deseo de una manera inhumana, de una manera inusual… te deseo Catherin, no sabes cuanto.
—Déjame ir a por ti… dime donde estás —pidió en un susurro. Cerré los ojos y respirar profundamente.
—No quiero que vengas a por mí, solo te quiero en mi cama, en mis brazos, debajo de mí…
Sentí como alguien me quitaba el teléfono, me giré a verla.
—Cat soy Susan, no se si te acuerdas de mí, pero Harry está aquí en el bar de siempre.
—Gina, necesito hablar contigo —le dije. Ella me miró.
—Luego continuamos muchachas —les dijo a las modelos que me echaron una devoradora mirada, como si yo fuera algo de comida. Aunque si lo soy, en este momento me siento como un yogurt caducado —¿Qué sucede pequeño?
—Gin, renuncio —solté lo que tenía pensado sin ningún rodeo. Sus ojos se abrieron bien.
—¿Qué? Pero, ¿Por qué? ¡No puedes renunciar! ¡Eres el mejor ayudante que he tenido en años, Harry! —me dijo
—Lo se, lo se, no hay nadie como yo. Pero es lo mejor para mí, antes de que tu hija me vuelva completamente loco.
—¿Quieres que la amenace un poco? —preguntó.
—No, no. Eso no cambiaria mi problema —dije. Me acerqué a ella y besé su mejilla —Eres la mejor jefa que un chico como yo podía tener…
Sus ojos se humedecieron y me miró con tristeza.
—Y tú eres el mejor ayudante del mundo —me dijo y acaricio mi mejilla maternalmente.
¿Hace cuanto que no recibo una caricia así? Tal vez de mi nana, pero no se siente parecido a la caricia de una madre. Eso debe sentir Cat cada vez que su madre la acaricia o la mima.
—Adiós Gin —dije por lo bajo.
—Toma —sacó de su bolsillo un sobre con dinero —Esto es tu sueldo del mes…
—No, no lo quiero…
—¿Cómo que no Harry? Por favor, déjame pagarte…
—No podría cobrarle al mejor trabajo de mi vida.
—Por favor, por lo menos dame ese gusto. Ya que no te quedas, déjame pagarte el mes.
—Pero aun no termina el mes…
—Tómalo, y no acepto un no —sentenció. Suspiré y tomé el sobre. Ella se acercó a mí y me abrazó —¿Vendrás a visitarme?
—Cada vez que pueda —le dije.
Se alejó y sonrió.
—Ya puedes irte.
Sonreí y me di vuelta para irme a quien sabe donde a despejar un poco mi cabeza y mis problema. Mejor dicho mi problema el cual tiene nombre y apellido, Catherin Jones.
Salí de las oficinas sobre Betty y comencé a conducir sin rumbo alguno. Hasta que sin darme cuenta estacioné frente al bar de Susan.
La última vez que vine aquí fue cuando esa… esa condenada se me puso a bailar sensualmente y a provocar a todos los borrachos del lugar. Me bajé de la moto y caminando despacio entré.
Para la temprana hora que era, el lugar ya estaba lleno. Este era un lugar perfecto para desahogar culpas, dolores y problemas. Y no había nadie mejor que Susan para hablarlo. Ella no ponía un límite para tomar. Ella te dejaba tomar hasta que te diera la gana, y por ese motivo era el bar más visitado de todos. Sonando los huesos de mis manos me senté en la barra. Susan me miró algo sorprendida.
—Vaya, vaya —dijo y sonrió —Hace bastante que no te veía aqui, Harry ¿Qué te ha pasado?
—Sírveme un vaso de vodka —le dije. Ella asintió.
Puso el vaso frente a mí y lo llenó hasta el tope. Mi móvil comenzó a sonar. Busqué en mi bolsillo y miré la pantalla. ' Cat llamando. '
Vacilé algunos segundos en contestar, pero fue más fuerte que yo y terminé por atender.
—Hola —dije apenas.
—¿Dónde estas? ¡Te necesito! —me dijo ella. Cerré los ojos con fuerza y maldije para mis adentros.
—Supongo que no te refieres a que me necesitas por que no puedes vivir sin mí, sino a que quieres que te haga algún mandado, ¿verdad? —le pregunté.
—Vas entendiendo como es esto —dijo contenta.
—Bueno, como sea. Le di la renuncia a tu madre…
—Pero…
—Que tengas buena tarde y una muy buena noche , adios—colgué el teléfono y lo apagué.
No quiero volver a escuchar su voz en todo el día. Tomé el vaso que estaba frente a mí y me lo acabé de un solo trago.
—¿Mal de amores? —me preguntó Susan. La miré y le hice un gesto para que me volviera a servir. Volvió a llenar el vaso.
—¿Recuerdas a la chica que traje la última vez? La chica de ojos café, sonrisa enloquecedora, y cuerpo de diosa, que tiene cara de niña de porcelana, pero en realidad es el diablo en persona —le dije. Ella sonrió.
—Sí, sí la recuerdo. Cat, ¿así se llama?
—Exactamente —afirmé y tomé un trago de vodka.
—¿Qué pasa con ella?
—Esta volviéndome loco, completamente loco…
—¿Loco por que te persigue o loco por que no te da ni la hora?
—Ninguna de las dos.
—Entonces, ¿Cómo es la cosa?
Volví a tomar, hasta que el vaso quedó vacío. Sentí como el liquidó quemaba a su paso mi garganta, hasta llegar ardiendo a mi estómago.
—Ella quiere que seamos amigos…
Susan rió por lo bajo y sin que yo se lo dijera volvió a llenar el vaso.
—¿Qué tiene eso de malo?
—¡¿Cómo que tiene de malo?! —le pregunté elevando un poco mi voz —Yo no puedo ser amigo de una chica con la que tengo fantasías sexuales…
—Aaaah, por ahí viene el problema —dijo divertida —Tú quieres revolcarte con ella como un sexópata y ella solo esta dispuesta a darte su amistad.
—Sí, así de simple y sencillo —dije con sarcasmo.
Tomé otra vez, pero esta vez no ardió tanto como la anterior.
—¿Tú ya le dijiste que quieres acostarte con ella? —me preguntó.
—Se lo dije, se lo insinué, casi se lo grafiqué… pero aun así no hay caso.
—Entonces no es que ella no quiera acostarse contigo porque no te tenga ganas o algo por el estilo. Ella no quiere hacerlo contigo, porque tiene miedo —me dijo.
Fruncí el ceño y la miré extrañado.
—¿Miedo? Que yo sepa no es virgen…
—No tonto —dijo divertida —Tiene miedo de sentir algo más que placer después de estar contigo —la miré más confundido que antes —¿La has besado?
—¿Qué si la he besado? Era uno de mis pasatiempos favoritos —dije exagerando un poco la cosa, mientras volvía a tomar un poco más.
—¿Cómo reaccionaba ella cuando la besabas? —me preguntó.
Comencé a dejar que mi cabeza pensara y recordara aquello. Siempre al principio se dejaba, pero luego reaccionaba… y no de la mejor manera.
—Se dejaba un poco pero luego reaccionaba y… me abofeteó un par de veces —dije y coloqué mi mano sobre mi mejilla, como si Cat me acabara de golpear.
—¿Lo ves? —dijo, mientras pasaba un trapo sobre el mármol de la barra —A ella le da miedo, pavor, horror, sentir algo por ti… es más que obvio.
—Entonces, ¿tú dices que está enamorada de mí? —le pregunté totalmente confundido.
—No digo enamorada —aclaró ella —Pero que le gustas… sí le gustas. Una mujer que cuando la besan al principio cede un poco… pero luego reacciona así, es porque ese hombre le gusta más de lo que desea. Pero… ¿Y tú? —me dijo. La miré.
—¿Yo que?
—¿Qué te pasa cuando la besas? —preguntó.
—¿Cuándo la beso? Yo... bueno… cuando la beso, ya te dije, necesito tener una cama cerca porque me enloquece —le dije.
—Entonces, si te enciende solo con un beso estás metido hasta la cabeza —dijo divertida.
—¿Metido? —dije confundido.
—Enganchado, atontado, enamorado… como sea —dijo ella.
—No, no, no —dije con tono divertido —Yo no estoy enamorado de Cat. Yo estoy obsesionado con ella. Yo ya dije, que esto se me va a quitar cuando me acueste con ella…
—¿Y si no se te quita? ¿Qué pasa si después de acostarte con ella eso que llamas ‘obsesión’ no se te va? —me dijo.
La miré fijo por unos cuantos segundos.
Ella solo quería asustarme, incomodarme, o simplemente me estaba hablando muy enserio.
—Se me va a ir —aseguré.
Volví a tomar, y ya sentí un leve mareo que confundió mis pensamientos.
—Es una chica muy guapa, y parece tierna —dijo ella. Reí por lo bajo y terminé de tomar lo que quedaba en el vaso. El alcohol, ya se me había subido a la cabeza.
—Sí, es tierna, es dulce, es inteligente, es preciosa… pero es diabólica, enredadora, calculadora y es muy factible que logre volverte loco.
—Dime, ¿te preocupas por ella?
—¿Preocuparme? —pregunté y le hice un gesto para que volviera a llenar el vaso. Lo llenó de nuevo, y yo volví a tomar un sorbo.
—Sí, preocuparte, estar muy pendiente de ella. Como por ejemplo, saber quien le habla, quien la mira, que hace, a donde va, con quien va, su salud, su bienestar…
—Puede ser —dije y apoyé el vaso en la barra —Sí tal vez… he estado bastante pendiente de ella…
—Sí, se notó aquella noche, en la que te la llevaste de aquí para que nadie más que tú pudiera mirarla o si quiera pensar en fantasear con ella —me dijo con media sonrisa en los labios.
—¡Ya deja de insinuar que estoy enamorado de ella! —le advertí.
Susan rió divertida.
—Me parece que voy a llamar a Zayn para que venga por ti, ya estas ebrio —me dijo con una leve sonrisa.
—¡No, no necesito a nadie! —le dije malhumorado —Estoy bien, puedo irme solo.
—No puedes irte solo, y lo sabes —me dijo y me quitó el vaso —Ya no beberás más…
—¿Qué pasa contigo? —le pregunté molesto —¿Desde cuando pones límites para beber?
—Desde hoy y más con un muchacho. Aún eres muy joven como para beber hasta no recordar tu nombre. —me dijo.
—Pues ¿no te parece que eso lo decido yo? —dije y quise tomar el vaso, pero ella lo alejó más de mí.
—No, ya no vas a beber —sentenció y escondió el vaso debajo de la barra.
—Susan… necesito olvidarme… de —dejé de hablar y la miré. Ella sonrió.
—Necesitas olvidarte de Cat —terminó la frase —Pero no te la vas a sacar de la cabeza con alcohol, es más quizás el alcohol te lleve a hacer cosas que en realidad no quieres hacer…
—Solo quiero una noche con ella —hablé con la voz acortada. Ya comenzaba a salir mi parte sentimental —¿Es mucho pedir un poco de ella?
—Quizás no necesites solo un poco de ella —me dijo, la miré fijo y fruncí el ceño amargamente.
—Voy a llamarla —le dije y saqué mi movil.
Lo encedí y comencé a buscar su número.
—Harry, no creo que sea buena idea que la llames en estas condiciones —dijo e intentó quitarme el teléfono, pero no la dejé.
Lo puse en mi oreja y esperé a que ella me contestara.
—¿Se puede saber donde estás? —me preguntó al atender. Su voz pareció enviar una oleada de calor a mi cuerpo —Todo el mundo está buscándote.
—¿Por qué no quieres darme una noche, solo una maldita noche? —le pregunté con voz ronca, mi garganta estaba seca por culpa de alcohol.
—¿Qué? —musitó atónita.
—¿Por qué no me quieres dejar entrar en ti solo una noche? ¿Acaso es demasiado pedirte un poco de placer? Dime, ¿es mucho?
—Harry, ¿estás ebrio?
—¿Qué importa eso? Quiero que me contestes, ¿Por qué? ¿Por qué no me dejas tocarte y besarte hasta que amanezca?
—¿Dónde estás? —volvió a preguntar.
—¿Por qué me rechazas?
—Por favor Harry, préstame un poco de atención y deja de decir tonterías…
—¡No son tonterías! —le dije exasperado —Te necesito. Te deseo de una manera inhumana, de una manera inusual… te deseo Catherin, no sabes cuanto.
—Déjame ir a por ti… dime donde estás —pidió en un susurro. Cerré los ojos y respirar profundamente.
—No quiero que vengas a por mí, solo te quiero en mi cama, en mis brazos, debajo de mí…
Sentí como alguien me quitaba el teléfono, me giré a verla.
—Cat soy Susan, no se si te acuerdas de mí, pero Harry está aquí en el bar de siempre.
lunes, 5 de agosto de 2013
Capítulo 26
Después del juicio volví a mi casa con mi prima y mis amigos. Angélica se
preparó para ir a la casa de Cat, donde me dijo que desde ahora se
iban a juntar por mi culpa…
Pues eso es mejor para mi, ya no tendré que llegar a mi casa y verla… infectada de chicas.
Louis y Zayn se sentaron al mismo tiempo en el sillón.
—¿Y que pasó con Cat? —me preguntó Louis.
Solté un agobiado suspiró y me senté frente a ellos después de pasarles su plato de comida. Habíamos pedido unas pizzas.
—Es una loca —dije irritado.
—Pero bien que esa loca te salvó el pellejo, ¿visteis la actuación que hizo? —habló Zayn.
—Fue increíble, te aseguro que casi me hace llorar —agregó Louis.
—Dejad de hablar de ella —sentencié.
—¿Qué sucede? ¿Estás sensible hoy? —preguntó con burla Malik.
—No me busques… porque vas a encontrarme —le advertí.
—No creo que quieras otro día en la cárcel ¿o sí? —dijo Tomlinson.
Gruñí por lo bajo y tomé un poco de mi lata de cerveza antes de darle un mordisco a mi porción de pizza.
Sus palabras aún sonaban en mi cabeza.
'Querías una respuesta directa, entonces la tendrás. ¡No! ¡No tienes ninguna posibilidad!'
¡Maldita y mil veces maldita seas Cat!
Después de terminar de comer, ordenamos todo y nos acomodamos para dormir. Hoy, ellos se quedarían a dormir aquí. Me acosté en el colchón y miré fijo al techo. Cat no salía de mi cabeza, ella me atormentaba y no me dejaba pensar en otra cosa que no fuera ella.
Levanté la cabeza para mirar a mis amigos y ambos ya estaban dormidos. Sin hacer ruido, me puse de pie, tomé el teléfono y salí al balcón. Cerré la puerta, para que no escucharan y caminé hasta el fondo. Me apoyé sobre la baranda y comencé a marcar el número de su casa. Comenzó a sonar, pero nadie contestaba. Corté y volví a marcar. Sonó una vez… sonó otra.
—¿Hola? —escuché su dormida voz. No dije nada, solo guardé silencio —¿Hola? Holaaaa, ¿Hola, hay alguien? —preguntó elevando un poco más su voz —¿Matt? ¿Eres tú?
—¿Quién es Matt? —la pregunta salió impulsivamente de mí.
—¿Styles? ¿Eres tú? —dijo con sorpresa.
—Te hice una pregunta directa, espero una respuesta directa —le dije.
—¿Acaso no has visto que hora es? —preguntó nerviosa.
—¿Quién diablos es Matt? —dije elevando más mi voz.
Guardó silencio por varios segundos. Solo se escuchaba su leve respiración, y por un momento deseé poder escuchar esa respiración pero cara a cara. Poder escuchar esa respiración cerca de mi oído…
—Si te contesto, ¿me dejaras en paz? —dijo con voz calmada.
—Contéstame de una vez —sentencié.
—Un viejo amigo…
—¿Qué clase de amigo? —pregunté al instante.
—¿Acaso esto es un interrogatorio judicial? Que yo sepa el que estuvo preso fuiste tú, yo no le debo nada a nadie. Así que mejor deja de molestar y déjame dormir, ¡de una vez! —me dijo.
—¡Ahora tú vas a escucharme…! —escuché el interminable sonido del fin de la llamada.
Me había colgado. Con cuidado alejé el teléfono de mi oreja. No, ella no pudo haberme colgado el teléfono de esa forma. Respiré profundamente antes de enloquecer.
—LOCO, QUIERES VOLVERME LOCO , MALDITA SEAA —le grité al teléfono como si de verdad ella iba a escucharme.
Al día siguiente me negué rotundamente al ir a la Universidad, hasta que Zayn me amenazó con llamar a mi padre y que me quitara a Betty si no me movía de donde estaba. Entonces accedí a regañadientes. Desayunamos algo rápido y partimos hacia allí. Antes de llegar Louis, se desvió del camino, diciendo que tenía que ir a buscar unas cosas. 'Hoy me animaré al fin'. Eso fue lo último que nos dijo antes de doblar una calle antes de la calle que nos llevaba a la Universidad.
Zayn y yo nos miramos un poco extrañados, y decidimos dejarlo pasar. Llegamos y la gente, ya comenzaba a entrar apresurada. Ibamos a llegar tarde, una vez más. Pero eso no me importaba lo más mínimo.
Mi amigo y yo divisamos un elegante coche, y era nada más, y nada menos que el de Catherin. Ella se bajó y luego se bajaron mi prima y Jade. Las tres reían divertidas. Tay fijó su mirada hacia nosotros y dijo algo. Al instante las otras dos se giraron a vernos.
La mirada divertida de Cat, se esfumó al posarse sobre mí. Revoleó los ojos y suspiró levemente. Comenzaron a acercarse a nosotros.
—Buenos días —saludó Angel alegre.
—Hola —dijo con tono bobo Zayn.
Mi rubia prima rió divertida y negó con la cabeza.
—Buenos días —dijo por lo bajo Jade.
—Buenos días Raffa —le respondí.
—Hola Zayn, ¿Cómo estas? —le preguntó Cat.
Zayn frunció el ceño y me miró a mí.
—Mmm, muy bien Cat ¿y tú? —le dijo él.
—Mejor que nunca —aseguró.
—¿Acaso has perdido la falta de modales? —le dije.
Ella bostezó y luego miró su reloj. Miró a sus amigas.
—Chicas, creo que ya debemos entrar, se nos hará tarde —dijo y volvió su vista a Zayn.
—¿Dónde está Louis?
—No lo sé, dijo que iba a hacer una cosa —contestó mi amigo.
Le iba a decir algo, hasta que sentimos como alguien llegaba. Nos giramos a verlo y era Louis. Se bajó rápidamente de su coche y agitado se acercó corriendo hacia donde estábamos nosotros. Lo miramos extrañado, pues traía consigo un gran ramo de flores.
Los cafés ojos de Jade se abrieron bien al verlo. Agitado Louis se acercó hasta ella.
—Jade —dijo respirando trabajosamente —Sé que piensas que soy un… idiota, y puede ser que tengas toda la razón del mundo. Pero… pero te juro que ya no me siento tan así. Siento que… que puedo cambiar cada vez que te veo. Porque eres eso que yo necesito para ser una mejor persona, eso para ser un hombre de bien…
—Aaaaaw, ¿escuchas lo que le está diciendo? —preguntó enternecida Angélica.
Volví mi vista hacia mi amigo Louis. ¿Qué era lo que estaba haciendo? ¿Acaso se había vuelto completamente loco?
—Se que no tuvimos un buen comienzo, y tampoco un buen encuentro y bueno casi nada. Pero quiero demostrarte que puedo ser otro de ese que te imaginas, ¿Me dejas? —le preguntó y le tendió el ramo de flores.
La pequeña chica de gafas tomó atónita las flores.
Estoy seguro de que no podía creer todo lo que Louis le acababa de decir. Todos esperamos ansiosos a que le dijera algo.
—Vamos Jade, dile algo —le susurró Cat.
—Mmm, yo… —habló algo nerviosa —Yo… yo también creo que podrías cambiar.
Louis sonrió contento y se acercó a abrazarla. Angélica nos hizo un gesto para que con mucha discreción comenzáramos a salir de allí. Cuando estuvimos lo suficientemente alejados. Las dos chicas comenzaron a saltar y a reír divertidas. Zayn y yo las miramos extrañados.
—Es un amor —dijo Cat.
—¿Quién se hubiese imaginado que Louis diría unas cosas tan preciosas? —preguntó Angélica.
—Fue demasiado tierno…
—¿Tú crees que Matt hará lo mismo? —le dijo. Entonces me concentré en prestar más atención a lo que decían. Cat dirigió una leve mirada sobre mí.
—No lo sé, solo me dijo que iba a llamarme. Aún estoy esperando que lo haga —le contestó.
Sentí un gran nudo en mi garganta. Quería golpear a alguien, especialmente a alguien llamado Matt.
Un móvil comenzó a sonar, las dos se miraron sorprendidas. Cat lo sacó de su bolso y le mostró la pantalla a Angel.
—¡Es él, es él! —dijo entusiasmada mi prima —¡Contesta, contesta!
—¿Seguro? —preguntó dudosa.
¡No lo cojas! ¡Cuélgale! ¡Ódialo! ¡Aborrécelo! Tanto como a mí.
—¡Vamos tonta, contesta! —le exigió mi adorada y tierna prima.
—Hola Matt —dijo cuando atendió. Miró fijo a mi prima y sonrió divertida —Claro que estaba esperando a que me llamaras…
Ambas comenzaron a caminar para alejarse de nosotros. Zayn se giró a verme.
—Creo amigo, que deberías de decirle a tu cara que es hora de sonreírle un poco a la vida —me dijo apoyando una mano sobre mi hombro.
El viernes se me pasó lento y frustrado. Esa noche tenía pensado salir con una chica que estaba un año más alto que yo. Pero juro que no tenía cabeza, ni ganas. Por lo que tuve que suspender, una vez más, una salida. ¿Cuántas van ya que he rechazado? ¿Cuatro? ¿Cinco? ¡Diablos, jamás había tenido una lista de chicas rechazadas! Todo lo malo que me pasa es culpa de aquella condenada, de aquella loca que, maldita sea la hora posé mis ojos en ella. Aquella loca que quiere volverme loco. Pero no va a conseguirlo. Primero soy yo, segundo soy yo y tercero soy yo. Así es mi vida, al que le gusta bien, y al que no también.
El sábado me desperté más temprano de lo normal. Hoy tenía que ir a trabajar a lo de Gina. Que mejor momento para acercarme a ella y seducirla, hacerle saber que no estoy celoso como ella seguramente debe pensar.
Llegué a las oficinas y subí realmente entusiasmado. Quería verla y que ella viera lo bien que yo estaba, aunque eso no sea del todo cierto. Llegué al piso y me bajé, caminé hasta el salón de siempre, pero mis pasos se detuvieron al verla allí hablando con un chico. Ambos reían divertidos.
Lo miré bien. Aquel chico… parecía bastante rarito. Vestía un pantalón color beige, una camisa blanca y un pañuelo color dorado colgaba alrededor de su cuello. Su pelo estaba bien peinado y juro que tenía mejor cutis que todas las modelos que allí estaban. Lo escuché reírse al igual que Cat.
—¡No puedo creer que le hicieras eso al pobre de Liam! —dijo entre risas y golpeando levemente el brazo de Cat.
—¿Lo conoces? —me preguntó Gina acercándose.
—¿Es Matt? —le pregunté sin dejar de mirarlos.
—Aja, él es el famoso Matt. Estudió con Cat fotografía, y desde entonces son muy buenos amigos. Como te habrás dado cuenta Matt… es más una amiga que un amigo.
—Sí, sí —dije asintiendo y la miré. Le sonreí abiertamente – Me he dado cuenta, ¿Necesitas que empiece a hacer algo?
—¿Puedes ir a buscar a la oficina de al lado el historial de las modelos? —me preguntó.
—Claro que sí jefa —dije con mi mejor sonrisa y salí de allí.
¡Ja! No puedo creerlo, el famoso Matt, batea para el otro equipo. Tuve que haberlo previsto, era obvio, ella solo quería darme celos. Cosa que no ha funcionado…
Bueno tal vez un poco… pero nada fuera de lo normal. Escuché que alguien entraba y me giré a ver. Era ella. No dijo nada y se dedicó a acercarse a una de las mesas. Sonreí por lo bajo.
—¿Así que ese es Matt? —le pregunté. No me respondió —¿Tu amiguito es gay?
—¿Hablas de Matt? —dijo sin mirarme.
—¿Acaso hay otro? —dije apoyándome contra la mesa.
—No —dijo sin dejar de buscar. Hasta que me miró. Sentí un pequeño escalofrío —¿Cuál es el problema?
—Que tu intento de darme celos, no funcionó —le dije. Ella comenzó a reír. La miré divertido, nunca la había visto reír de esa forma.
—¿Mi intento de darte celos? —dijo divertida —¿De que hablas? Yo nunca quise darte celos.
—¿A no? ¿Entonces porque no me dijiste desde un principio quien era? —pregunté.
—Yo te dije claramente que era un viejo amigo, allá tú con lo que pensaste. Además, ¿Qué te crees? ¿El centro del universo? Mi vida no gira en torno a ti, Harry.
¡Pero mi vida si gira en torno a ti en este momento, maldita sea!
La miré fijo y sonreí levemente. Me alejé de la mesa y me acerqué un poco a ella.
—Pues, haz un esfuerzo para que no se note que te mueres por mi..—le dije.
Negó con la cabeza y suspiró.
— Ay Harry, eres tan intratable… ahora sal de mi camino que Matt me está esperando para hacer unas fotos.
Quiso salir, pero me puse en su camino. Me miró fijo a los ojos.
—¿No me extrañas ni un poquito? —le pregunté.
Sus ojos se desviaron de los míos hacia otro lado.
—No, para nada —contestó rápidamente —¿Sabes? Hasta he estado mejor. Tenías razón con lo del otro día. Yo te hacía más mal que bien, al igual que tú a mí. Así que alejados estamos perfectamente bien… ¿no lo crees?
La miré fijo a los ojos, buscando alguna respuesta a esto que me esta pasando.
¿Qué diablos es? Una maldita obsesión que no va a dejarme en paz, hasta que la haga mía. Solo necesito eso para poder ser como antes.
—No, no estoy de acuerdo —le dije y salí de allí antes de hacer una locura.
Pues eso es mejor para mi, ya no tendré que llegar a mi casa y verla… infectada de chicas.
Louis y Zayn se sentaron al mismo tiempo en el sillón.
—¿Y que pasó con Cat? —me preguntó Louis.
Solté un agobiado suspiró y me senté frente a ellos después de pasarles su plato de comida. Habíamos pedido unas pizzas.
—Es una loca —dije irritado.
—Pero bien que esa loca te salvó el pellejo, ¿visteis la actuación que hizo? —habló Zayn.
—Fue increíble, te aseguro que casi me hace llorar —agregó Louis.
—Dejad de hablar de ella —sentencié.
—¿Qué sucede? ¿Estás sensible hoy? —preguntó con burla Malik.
—No me busques… porque vas a encontrarme —le advertí.
—No creo que quieras otro día en la cárcel ¿o sí? —dijo Tomlinson.
Gruñí por lo bajo y tomé un poco de mi lata de cerveza antes de darle un mordisco a mi porción de pizza.
Sus palabras aún sonaban en mi cabeza.
'Querías una respuesta directa, entonces la tendrás. ¡No! ¡No tienes ninguna posibilidad!'
¡Maldita y mil veces maldita seas Cat!
Después de terminar de comer, ordenamos todo y nos acomodamos para dormir. Hoy, ellos se quedarían a dormir aquí. Me acosté en el colchón y miré fijo al techo. Cat no salía de mi cabeza, ella me atormentaba y no me dejaba pensar en otra cosa que no fuera ella.
Levanté la cabeza para mirar a mis amigos y ambos ya estaban dormidos. Sin hacer ruido, me puse de pie, tomé el teléfono y salí al balcón. Cerré la puerta, para que no escucharan y caminé hasta el fondo. Me apoyé sobre la baranda y comencé a marcar el número de su casa. Comenzó a sonar, pero nadie contestaba. Corté y volví a marcar. Sonó una vez… sonó otra.
—¿Hola? —escuché su dormida voz. No dije nada, solo guardé silencio —¿Hola? Holaaaa, ¿Hola, hay alguien? —preguntó elevando un poco más su voz —¿Matt? ¿Eres tú?
—¿Quién es Matt? —la pregunta salió impulsivamente de mí.
—¿Styles? ¿Eres tú? —dijo con sorpresa.
—Te hice una pregunta directa, espero una respuesta directa —le dije.
—¿Acaso no has visto que hora es? —preguntó nerviosa.
—¿Quién diablos es Matt? —dije elevando más mi voz.
Guardó silencio por varios segundos. Solo se escuchaba su leve respiración, y por un momento deseé poder escuchar esa respiración pero cara a cara. Poder escuchar esa respiración cerca de mi oído…
—Si te contesto, ¿me dejaras en paz? —dijo con voz calmada.
—Contéstame de una vez —sentencié.
—Un viejo amigo…
—¿Qué clase de amigo? —pregunté al instante.
—¿Acaso esto es un interrogatorio judicial? Que yo sepa el que estuvo preso fuiste tú, yo no le debo nada a nadie. Así que mejor deja de molestar y déjame dormir, ¡de una vez! —me dijo.
—¡Ahora tú vas a escucharme…! —escuché el interminable sonido del fin de la llamada.
Me había colgado. Con cuidado alejé el teléfono de mi oreja. No, ella no pudo haberme colgado el teléfono de esa forma. Respiré profundamente antes de enloquecer.
—LOCO, QUIERES VOLVERME LOCO , MALDITA SEAA —le grité al teléfono como si de verdad ella iba a escucharme.
Al día siguiente me negué rotundamente al ir a la Universidad, hasta que Zayn me amenazó con llamar a mi padre y que me quitara a Betty si no me movía de donde estaba. Entonces accedí a regañadientes. Desayunamos algo rápido y partimos hacia allí. Antes de llegar Louis, se desvió del camino, diciendo que tenía que ir a buscar unas cosas. 'Hoy me animaré al fin'. Eso fue lo último que nos dijo antes de doblar una calle antes de la calle que nos llevaba a la Universidad.
Zayn y yo nos miramos un poco extrañados, y decidimos dejarlo pasar. Llegamos y la gente, ya comenzaba a entrar apresurada. Ibamos a llegar tarde, una vez más. Pero eso no me importaba lo más mínimo.
Mi amigo y yo divisamos un elegante coche, y era nada más, y nada menos que el de Catherin. Ella se bajó y luego se bajaron mi prima y Jade. Las tres reían divertidas. Tay fijó su mirada hacia nosotros y dijo algo. Al instante las otras dos se giraron a vernos.
La mirada divertida de Cat, se esfumó al posarse sobre mí. Revoleó los ojos y suspiró levemente. Comenzaron a acercarse a nosotros.
—Buenos días —saludó Angel alegre.
—Hola —dijo con tono bobo Zayn.
Mi rubia prima rió divertida y negó con la cabeza.
—Buenos días —dijo por lo bajo Jade.
—Buenos días Raffa —le respondí.
—Hola Zayn, ¿Cómo estas? —le preguntó Cat.
Zayn frunció el ceño y me miró a mí.
—Mmm, muy bien Cat ¿y tú? —le dijo él.
—Mejor que nunca —aseguró.
—¿Acaso has perdido la falta de modales? —le dije.
Ella bostezó y luego miró su reloj. Miró a sus amigas.
—Chicas, creo que ya debemos entrar, se nos hará tarde —dijo y volvió su vista a Zayn.
—¿Dónde está Louis?
—No lo sé, dijo que iba a hacer una cosa —contestó mi amigo.
Le iba a decir algo, hasta que sentimos como alguien llegaba. Nos giramos a verlo y era Louis. Se bajó rápidamente de su coche y agitado se acercó corriendo hacia donde estábamos nosotros. Lo miramos extrañado, pues traía consigo un gran ramo de flores.
Los cafés ojos de Jade se abrieron bien al verlo. Agitado Louis se acercó hasta ella.
—Jade —dijo respirando trabajosamente —Sé que piensas que soy un… idiota, y puede ser que tengas toda la razón del mundo. Pero… pero te juro que ya no me siento tan así. Siento que… que puedo cambiar cada vez que te veo. Porque eres eso que yo necesito para ser una mejor persona, eso para ser un hombre de bien…
—Aaaaaw, ¿escuchas lo que le está diciendo? —preguntó enternecida Angélica.
Volví mi vista hacia mi amigo Louis. ¿Qué era lo que estaba haciendo? ¿Acaso se había vuelto completamente loco?
—Se que no tuvimos un buen comienzo, y tampoco un buen encuentro y bueno casi nada. Pero quiero demostrarte que puedo ser otro de ese que te imaginas, ¿Me dejas? —le preguntó y le tendió el ramo de flores.
La pequeña chica de gafas tomó atónita las flores.
Estoy seguro de que no podía creer todo lo que Louis le acababa de decir. Todos esperamos ansiosos a que le dijera algo.
—Vamos Jade, dile algo —le susurró Cat.
—Mmm, yo… —habló algo nerviosa —Yo… yo también creo que podrías cambiar.
Louis sonrió contento y se acercó a abrazarla. Angélica nos hizo un gesto para que con mucha discreción comenzáramos a salir de allí. Cuando estuvimos lo suficientemente alejados. Las dos chicas comenzaron a saltar y a reír divertidas. Zayn y yo las miramos extrañados.
—Es un amor —dijo Cat.
—¿Quién se hubiese imaginado que Louis diría unas cosas tan preciosas? —preguntó Angélica.
—Fue demasiado tierno…
—¿Tú crees que Matt hará lo mismo? —le dijo. Entonces me concentré en prestar más atención a lo que decían. Cat dirigió una leve mirada sobre mí.
—No lo sé, solo me dijo que iba a llamarme. Aún estoy esperando que lo haga —le contestó.
Sentí un gran nudo en mi garganta. Quería golpear a alguien, especialmente a alguien llamado Matt.
Un móvil comenzó a sonar, las dos se miraron sorprendidas. Cat lo sacó de su bolso y le mostró la pantalla a Angel.
—¡Es él, es él! —dijo entusiasmada mi prima —¡Contesta, contesta!
—¿Seguro? —preguntó dudosa.
¡No lo cojas! ¡Cuélgale! ¡Ódialo! ¡Aborrécelo! Tanto como a mí.
—¡Vamos tonta, contesta! —le exigió mi adorada y tierna prima.
—Hola Matt —dijo cuando atendió. Miró fijo a mi prima y sonrió divertida —Claro que estaba esperando a que me llamaras…
Ambas comenzaron a caminar para alejarse de nosotros. Zayn se giró a verme.
—Creo amigo, que deberías de decirle a tu cara que es hora de sonreírle un poco a la vida —me dijo apoyando una mano sobre mi hombro.
El viernes se me pasó lento y frustrado. Esa noche tenía pensado salir con una chica que estaba un año más alto que yo. Pero juro que no tenía cabeza, ni ganas. Por lo que tuve que suspender, una vez más, una salida. ¿Cuántas van ya que he rechazado? ¿Cuatro? ¿Cinco? ¡Diablos, jamás había tenido una lista de chicas rechazadas! Todo lo malo que me pasa es culpa de aquella condenada, de aquella loca que, maldita sea la hora posé mis ojos en ella. Aquella loca que quiere volverme loco. Pero no va a conseguirlo. Primero soy yo, segundo soy yo y tercero soy yo. Así es mi vida, al que le gusta bien, y al que no también.
El sábado me desperté más temprano de lo normal. Hoy tenía que ir a trabajar a lo de Gina. Que mejor momento para acercarme a ella y seducirla, hacerle saber que no estoy celoso como ella seguramente debe pensar.
Llegué a las oficinas y subí realmente entusiasmado. Quería verla y que ella viera lo bien que yo estaba, aunque eso no sea del todo cierto. Llegué al piso y me bajé, caminé hasta el salón de siempre, pero mis pasos se detuvieron al verla allí hablando con un chico. Ambos reían divertidos.
Lo miré bien. Aquel chico… parecía bastante rarito. Vestía un pantalón color beige, una camisa blanca y un pañuelo color dorado colgaba alrededor de su cuello. Su pelo estaba bien peinado y juro que tenía mejor cutis que todas las modelos que allí estaban. Lo escuché reírse al igual que Cat.
—¡No puedo creer que le hicieras eso al pobre de Liam! —dijo entre risas y golpeando levemente el brazo de Cat.
—¿Lo conoces? —me preguntó Gina acercándose.
—¿Es Matt? —le pregunté sin dejar de mirarlos.
—Aja, él es el famoso Matt. Estudió con Cat fotografía, y desde entonces son muy buenos amigos. Como te habrás dado cuenta Matt… es más una amiga que un amigo.
—Sí, sí —dije asintiendo y la miré. Le sonreí abiertamente – Me he dado cuenta, ¿Necesitas que empiece a hacer algo?
—¿Puedes ir a buscar a la oficina de al lado el historial de las modelos? —me preguntó.
—Claro que sí jefa —dije con mi mejor sonrisa y salí de allí.
¡Ja! No puedo creerlo, el famoso Matt, batea para el otro equipo. Tuve que haberlo previsto, era obvio, ella solo quería darme celos. Cosa que no ha funcionado…
Bueno tal vez un poco… pero nada fuera de lo normal. Escuché que alguien entraba y me giré a ver. Era ella. No dijo nada y se dedicó a acercarse a una de las mesas. Sonreí por lo bajo.
—¿Así que ese es Matt? —le pregunté. No me respondió —¿Tu amiguito es gay?
—¿Hablas de Matt? —dijo sin mirarme.
—¿Acaso hay otro? —dije apoyándome contra la mesa.
—No —dijo sin dejar de buscar. Hasta que me miró. Sentí un pequeño escalofrío —¿Cuál es el problema?
—Que tu intento de darme celos, no funcionó —le dije. Ella comenzó a reír. La miré divertido, nunca la había visto reír de esa forma.
—¿Mi intento de darte celos? —dijo divertida —¿De que hablas? Yo nunca quise darte celos.
—¿A no? ¿Entonces porque no me dijiste desde un principio quien era? —pregunté.
—Yo te dije claramente que era un viejo amigo, allá tú con lo que pensaste. Además, ¿Qué te crees? ¿El centro del universo? Mi vida no gira en torno a ti, Harry.
¡Pero mi vida si gira en torno a ti en este momento, maldita sea!
La miré fijo y sonreí levemente. Me alejé de la mesa y me acerqué un poco a ella.
—Pues, haz un esfuerzo para que no se note que te mueres por mi..—le dije.
Negó con la cabeza y suspiró.
— Ay Harry, eres tan intratable… ahora sal de mi camino que Matt me está esperando para hacer unas fotos.
Quiso salir, pero me puse en su camino. Me miró fijo a los ojos.
—¿No me extrañas ni un poquito? —le pregunté.
Sus ojos se desviaron de los míos hacia otro lado.
—No, para nada —contestó rápidamente —¿Sabes? Hasta he estado mejor. Tenías razón con lo del otro día. Yo te hacía más mal que bien, al igual que tú a mí. Así que alejados estamos perfectamente bien… ¿no lo crees?
La miré fijo a los ojos, buscando alguna respuesta a esto que me esta pasando.
¿Qué diablos es? Una maldita obsesión que no va a dejarme en paz, hasta que la haga mía. Solo necesito eso para poder ser como antes.
—No, no estoy de acuerdo —le dije y salí de allí antes de hacer una locura.
viernes, 2 de agosto de 2013
Capítulo 25
Lo miré con toda la furia que podía tener. Maldito infeliz, juro que me las va a pagar de la manera más dolorosa.
—No más preguntas —dijo su abogado.
—¿Usted tiene preguntas señor Black? —le preguntó a mi abogado.
—Sí, sí las tengo —dijo y se puso de pie. Caminó hasta donde estaba Payne —Señor Payne, ¿Por qué cree que el señor Styles lo atacó? —le preguntó.
—Mmm, porque es un lunático —dijo él.
—Aja, según se el señor Styles tiene un excelente historial psicológico. No tiene ningún problema mental —dijo y giró para mirar a los miembros del jurado —Entonces queridos miembros del jurado, ¿ustedes creen que pudo golpearlo porque si? Algún motivo tuvo que tener, ¿Cuál fue el motivo señor Payne? —Payne guardó silencio y compartió una nerviosa mirada con su abogado —No más preguntas al señor.
—Puede retirarse Payne —le dijo el juez —Señor Black, ¿tiene alguien para interrogar?
—Sí —dijo él. Se giró a vernos —Llamo al estrado a la señorita Catherin Jones.
Todo el mundo se giró a verla. Con cuidado ella se puso de pie y caminó de la misma forma hasta el lugar en donde antes estaba Payne. El mismo hombre del libro se acercó a ella.
—Jura decir la verdad, y nada más que la verdad —le dijo.
Ella apoyó la mano derecha sobre el libro.
—Lo juro —dijo. James se acercó hasta ella.
—Bien señorita Jones, ¿Usted conoce al señor Payne? —le preguntó.
—Sí —dijo ella asintiendo.
—¿Podría decirnos hace cuanto?
—Conozco a Liam desde hace ya dos años, lo conocí en unas vacaciones que hice con mi padre.
—¿Podría decirnos como es él?
—Liam es un chico dulce, cuando quiere. Atento y respetuoso —habló ella. ¿Acaso eso iba a ayudarme a salir? —Pero tiene un serio problema, es demasiado celoso…
—¿Celoso? —dijo mi abogado y sonrió —¿Podría decirnos un poco más de eso?
—¡Objeción! ¿Qué tiene que ver la vida personal del señor Payne con esto? —dijo su abogado.
—No da lugar —dijo el juez y miró a James —Prosiga.
—Liam y yo comenzamos una relación amorosa algunos meses después de conocernos, antes de eso todo era perfecto, hasta que comenzaron a aparecer los celos. Pero no eran celos normales, eran celos posesivos y hasta irracionales. Aguanté esa situación, porque de verdad lo quería, y quería intentar algo con él. Hasta que hace unos meses decidí terminar con la relación, sus celos me estresaban…
—Entonces ¿usted nos está diciendo que el señor Payne sufre un grave problema de celos?
—Sí —dijo ella asintiendo.
—¿Usted conoce al señor Styles? —le preguntó. Ella posó su mirada en mí. Y había algo en su mirada que no había visto antes.
—Sí —contestó.
—¿Puede contarnos sobre eso?
—A Harry lo conozco hace un mes. Él y yo vamos a la misma Universidad, al igual que Liam.
—Aja, ¿usted podría decirme algunas cosas sobre el señor Styles?
—Él es caballero y respetuoso. Siempre se muestra generoso con la gente que quiere y siempre encuentra la manera de hacerte reír.
—¿Señorita Jones, tiene usted algo con el señor Styles? —le preguntó.
Ella volvió su vista a mí y yo la miré fijo.
—Sí —dijo ella.
Entonces sentí que mi corazón se aceleraba. Ella iba a mentir para sacarme de aquí.
—¿Hace cuanto?
—Hace dos semanas.
James se giró a ver a los miembros del jurado.
—Una joven pareja, que acaba de empezar ¿no les parece tierno? —preguntó. Todos rieron por lo bajo. Se acercó de nuevo a Catherin —¿Cree usted que eso tiene que ver con lo que pasó ayer con el señor Payne?
—Estoy completamente segura de ello —dijo ella.
—¡Maldita seas Cat! —rugió Payne.
—¡Vuélvele a levantar la voz imbécil y te arrepentirás! —le advertí.
—¡Orden, orden! —dijo el juez elevando la voz, haciendo que todos se callaran —Prosiga señorita.
—Harry jamás actuaría sin provocación. No lo conozco hace mucho, pero sí lo suficiente. Siempre esta tranquilo, y pasivo. Le gusta compartir tardes con sus amigos, y no es celoso… bueno quizás un poco, pero normal. Estoy segura de que Liam se enteró y que fue a buscarlo —dijo y su voz comenzó a sonar temblorosa. Todos la miramos bien.
—Es hora de la actuación —me susurró Angélica.
—Lo único que yo quiero es que él salga. Ustedes no tienen ni idea de lo terrible que fue ayer para mi enterarme de que él estaba aquí —dijo y soltó algunas lágrimas —Yo lo quiero, y él no es un mal chico. Yo se que también me quiere…
—Tranquila señorita Jones —le dijo James y le cedió un pañuelo.
Ella sonó su nariz y soltó un nuevo sollozo. Giré mi vista al jurado y todas las mujeres que estaban allí miraban con ternura a Cat.
—¿Acaso no puedes dejarme en paz Liam? —le preguntó a Payne —¿No te cansas de querer volverme loca?
—¡Eres una cualquiera! —le gritó él.
—¡No te voy a permitir que le hables así a Cat! —le grité poniéndome de pie.
—¡Ya cállense señores o los encerrare a los dos! —gritó el juez.
Todo el mundo volvió a guardar silencio.
—Lo único que pido es que piensen bien antes de encerrarlo. Yo se que él hizo unas cuantas cosas malas en el pasado, pero me dijo que estaba dispuesto a cambiar…
—Sí, por ti sí cariño —dije en voz alta. Todos me miraron.
—No tengo más preguntas señor juez —dijo James.
—Señor Lax, ¿tiene preguntas para la señorita Jones? —preguntó el juez al abogado de Payne.
—No, no señor —contestó él.
—Puede volver a su lugar señorita Jones —le dijo el juez.
—Gracias —susurró ella.
Se puso de pie y comenzó a caminar. Entonces me paré y me acerqué rápidamente a ella.
—Señor Styles, siéntese —me dijo el juez. No le presté atención y la miré fijo a los ojos.
—Tengo que besarte para que esto sea más real —le susurré.
—No —dijo ella por lo bajo.
—Sí —dije y me incliné hacia su rostro.
Capturé sus labios de manera suave, cerrando al instante mis ojos. Todo lo que estaba a nuestro alrededor pasó a un segundo plano. Solo estaba ella frente a mí. Ella y esta maldita sensación que me trae loco. Sus labios se dejaron mover suaves junto a los míos.
—¡Jovencitos! —elevó la voz el juez. Cat se alejó rápidamente de mí.
—Lo siento —se disculpó ella.
—Usted no tiene ni idea de lo feo que es pasar una noche alejado de esos labios —le dije.
—Vuelva a su asiento, señor Styles —me dijo. Asentí y volví a sentarme.
Giré mi cabeza para ver a Cat, ella me miró y negó con la cabeza para luego mirar al frente.
Creo que no debí hacer eso, pero fue más fuerte que yo.
Uno de los miembros del jurado se levantó y le entregó un papel al juez. Este lo leyó y nos miró a todos.
—Ya tenemos la sentencia —dijo el juez. Respiré profundamente. Y me imaginé lo que iba a ser pasar unos 2 o 3 años aquí dentro. Cerré los ojos y esperé a escuchar —La corte a decidido absolver al señor Harry Styles, bajo la fianza de dos mil dólares.
El aire que estaba aguantando en mis pulmones salió rápidamente. Miré a James y él sonrió.
Escuché a lo lejos un festejo de risas. Giré y eran Louis y Zayn.
—¡Maldición! —rugió Payne —¡Son todos unos incompetentes! ¡No saben nada!
—Señor Payne, ¡Cálmese! —le dijo el juez.
—¡Y usted más que ningún otro, señor juez! —le gritó.
—¡No voy a tolerar la falta de respeto a mi autoridad! —le dijo él —¡Enciérrenlo para que aprenda a respetar a la ley!
Vimos como los guardias lo llevaban para adentro. Angélica se acercó a mí y me abrazó. Pude responderle el gesto.
—Te juro que estaba muy preocupada primito —me dijo. Me alejé de ella y le sonreí.
—Lo sé, tonta —le dije divertido.
—Pensé que ibas a quedarte en ese horrible lugar.
—Pero como ves, no fue así.
—Bueno, ya damos por terminado esto —habló el juez —Señor Styles, puede irse… pero la próxima vez no habrá perdón.
—Lo entiendo —le contesté —¿Qué harán con Payne?
—Lo dejaré una noche para que aprenda a comportarse —me contestó.
—¿No podrían ser dos? —pedí.
—Lo siento, pero no —me dijo.
Asentí divertido. El honorable juez se puso de pie y se fue de allí. Los miembros del jurado comenzaron a hacer lo mismo. Louis me abrazó con fuerza, como si
hace mucho no lo hiciera.
—Pensamos que te pudrirías adentro —dijo contento.
—Sí, hasta estábamos haciendo turnos para quien te traía los cigarrillos —dijo Zayn.
—Gracias a dios no fue así —dijo Angélica contenta y me volvió a abrazar.
—Todo salió mejor de lo que esperé —habló James —Y todo gracias a la señorita Jones.
Me giré a buscarla y ya no estaba.
—¿Dónde esta? —pregunté.
—Creo que se fue —dijo Angélica apuntando a la puerta que se acababa de cerrar.
—¿Cómo que se fue? —dije confundido.
Entonces puse mis piernas a correr para encontrarla. Salí y la divisé caminando.
—¡Cat! —la llamé. Ella comenzó a caminar más rápido, entonces comencé a correr de nuevo hasta que logré alcanzarla. La tomé del brazo y la detuve.
—¿Qué quieres? —me preguntó nerviosa.
—¿Qué pasa? —le pregunté.
—¿Qué pasa? ¡Pasa que trato de ayudarte y tú... tú aprovechas! —me dijo enfadada.
—¿Lo dices por el beso? —dije algo confundido.
—Dime, ¿Qué necesidad tenías? Bastante ya hice poniéndome en contra de Liam, no debiste hacer eso…
—Lo siento, lo siento —me disculpé.
—¿De verdad lo sientes? —preguntó con ese tono firme y enfafado aun.
—Realmente… no —contesté.
—¡Lo ves! Eres… eres un cínico.
—Espera un segundo…
—Ya no te quiero cerca —dijo apretando los dientes —¡Ni como amigo, ni como nada!
—Pero Cat…
—¡Pero Cat, nada! ¡Me cansé Harry, realmente me cansé! ¡Me cansé de tu inmadurez, de tu cinismo, de la falta de consideración!
—No es la primera vez que te beso…
—Lo se, pero fue la última —sentenció. Entonces sentí una presión en mi pecho —Querías una respuesta directa, entonces la tendrás. ¡No! ¡No tienes ninguna posibilidad!
—¿Así lo quieres? —le dije un poco molesto.
—¡Sí, así lo quiero! ¡Ya no me mires, ya no me hables! ¡Haz como si no me conoces! Y quédate tranquilo, no me verás en tu casa. Le diré a tu prima que ahora nos juntaremos en la mía o en la de Jade…
—Pues aún así no vas a deshacerte de mí —le comenté.
—Si lo dices por lo de la oficina de mi mamá, quédate tranquilo, haré como si no estuvieras. Pero esto se terminó, y espero que ahora sí haya quedado bien claro.
Comenzó a caminar, dejándome allí, desconcertado.
—¡Ya volverás arrastrándote a mí! —le dije fuerte ya que se alejaba más.
—¡Eso lo veremos! —me contestó.
—¡Loca!
—¡Imbécil!
Me quedé ahí quieto, mirando como desaparecía. ¡Al demonio! ¿Quién la necesita?
¡Yo soy el que tuvo que haber dicho esas cosas, cuando me cansara de ella!
—No más preguntas —dijo su abogado.
—¿Usted tiene preguntas señor Black? —le preguntó a mi abogado.
—Sí, sí las tengo —dijo y se puso de pie. Caminó hasta donde estaba Payne —Señor Payne, ¿Por qué cree que el señor Styles lo atacó? —le preguntó.
—Mmm, porque es un lunático —dijo él.
—Aja, según se el señor Styles tiene un excelente historial psicológico. No tiene ningún problema mental —dijo y giró para mirar a los miembros del jurado —Entonces queridos miembros del jurado, ¿ustedes creen que pudo golpearlo porque si? Algún motivo tuvo que tener, ¿Cuál fue el motivo señor Payne? —Payne guardó silencio y compartió una nerviosa mirada con su abogado —No más preguntas al señor.
—Puede retirarse Payne —le dijo el juez —Señor Black, ¿tiene alguien para interrogar?
—Sí —dijo él. Se giró a vernos —Llamo al estrado a la señorita Catherin Jones.
Todo el mundo se giró a verla. Con cuidado ella se puso de pie y caminó de la misma forma hasta el lugar en donde antes estaba Payne. El mismo hombre del libro se acercó a ella.
—Jura decir la verdad, y nada más que la verdad —le dijo.
Ella apoyó la mano derecha sobre el libro.
—Lo juro —dijo. James se acercó hasta ella.
—Bien señorita Jones, ¿Usted conoce al señor Payne? —le preguntó.
—Sí —dijo ella asintiendo.
—¿Podría decirnos hace cuanto?
—Conozco a Liam desde hace ya dos años, lo conocí en unas vacaciones que hice con mi padre.
—¿Podría decirnos como es él?
—Liam es un chico dulce, cuando quiere. Atento y respetuoso —habló ella. ¿Acaso eso iba a ayudarme a salir? —Pero tiene un serio problema, es demasiado celoso…
—¿Celoso? —dijo mi abogado y sonrió —¿Podría decirnos un poco más de eso?
—¡Objeción! ¿Qué tiene que ver la vida personal del señor Payne con esto? —dijo su abogado.
—No da lugar —dijo el juez y miró a James —Prosiga.
—Liam y yo comenzamos una relación amorosa algunos meses después de conocernos, antes de eso todo era perfecto, hasta que comenzaron a aparecer los celos. Pero no eran celos normales, eran celos posesivos y hasta irracionales. Aguanté esa situación, porque de verdad lo quería, y quería intentar algo con él. Hasta que hace unos meses decidí terminar con la relación, sus celos me estresaban…
—Entonces ¿usted nos está diciendo que el señor Payne sufre un grave problema de celos?
—Sí —dijo ella asintiendo.
—¿Usted conoce al señor Styles? —le preguntó. Ella posó su mirada en mí. Y había algo en su mirada que no había visto antes.
—Sí —contestó.
—¿Puede contarnos sobre eso?
—A Harry lo conozco hace un mes. Él y yo vamos a la misma Universidad, al igual que Liam.
—Aja, ¿usted podría decirme algunas cosas sobre el señor Styles?
—Él es caballero y respetuoso. Siempre se muestra generoso con la gente que quiere y siempre encuentra la manera de hacerte reír.
—¿Señorita Jones, tiene usted algo con el señor Styles? —le preguntó.
Ella volvió su vista a mí y yo la miré fijo.
—Sí —dijo ella.
Entonces sentí que mi corazón se aceleraba. Ella iba a mentir para sacarme de aquí.
—¿Hace cuanto?
—Hace dos semanas.
James se giró a ver a los miembros del jurado.
—Una joven pareja, que acaba de empezar ¿no les parece tierno? —preguntó. Todos rieron por lo bajo. Se acercó de nuevo a Catherin —¿Cree usted que eso tiene que ver con lo que pasó ayer con el señor Payne?
—Estoy completamente segura de ello —dijo ella.
—¡Maldita seas Cat! —rugió Payne.
—¡Vuélvele a levantar la voz imbécil y te arrepentirás! —le advertí.
—¡Orden, orden! —dijo el juez elevando la voz, haciendo que todos se callaran —Prosiga señorita.
—Harry jamás actuaría sin provocación. No lo conozco hace mucho, pero sí lo suficiente. Siempre esta tranquilo, y pasivo. Le gusta compartir tardes con sus amigos, y no es celoso… bueno quizás un poco, pero normal. Estoy segura de que Liam se enteró y que fue a buscarlo —dijo y su voz comenzó a sonar temblorosa. Todos la miramos bien.
—Es hora de la actuación —me susurró Angélica.
—Lo único que yo quiero es que él salga. Ustedes no tienen ni idea de lo terrible que fue ayer para mi enterarme de que él estaba aquí —dijo y soltó algunas lágrimas —Yo lo quiero, y él no es un mal chico. Yo se que también me quiere…
—Tranquila señorita Jones —le dijo James y le cedió un pañuelo.
Ella sonó su nariz y soltó un nuevo sollozo. Giré mi vista al jurado y todas las mujeres que estaban allí miraban con ternura a Cat.
—¿Acaso no puedes dejarme en paz Liam? —le preguntó a Payne —¿No te cansas de querer volverme loca?
—¡Eres una cualquiera! —le gritó él.
—¡No te voy a permitir que le hables así a Cat! —le grité poniéndome de pie.
—¡Ya cállense señores o los encerrare a los dos! —gritó el juez.
Todo el mundo volvió a guardar silencio.
—Lo único que pido es que piensen bien antes de encerrarlo. Yo se que él hizo unas cuantas cosas malas en el pasado, pero me dijo que estaba dispuesto a cambiar…
—Sí, por ti sí cariño —dije en voz alta. Todos me miraron.
—No tengo más preguntas señor juez —dijo James.
—Señor Lax, ¿tiene preguntas para la señorita Jones? —preguntó el juez al abogado de Payne.
—No, no señor —contestó él.
—Puede volver a su lugar señorita Jones —le dijo el juez.
—Gracias —susurró ella.
Se puso de pie y comenzó a caminar. Entonces me paré y me acerqué rápidamente a ella.
—Señor Styles, siéntese —me dijo el juez. No le presté atención y la miré fijo a los ojos.
—Tengo que besarte para que esto sea más real —le susurré.
—No —dijo ella por lo bajo.
—Sí —dije y me incliné hacia su rostro.
Capturé sus labios de manera suave, cerrando al instante mis ojos. Todo lo que estaba a nuestro alrededor pasó a un segundo plano. Solo estaba ella frente a mí. Ella y esta maldita sensación que me trae loco. Sus labios se dejaron mover suaves junto a los míos.
—¡Jovencitos! —elevó la voz el juez. Cat se alejó rápidamente de mí.
—Lo siento —se disculpó ella.
—Usted no tiene ni idea de lo feo que es pasar una noche alejado de esos labios —le dije.
—Vuelva a su asiento, señor Styles —me dijo. Asentí y volví a sentarme.
Giré mi cabeza para ver a Cat, ella me miró y negó con la cabeza para luego mirar al frente.
Creo que no debí hacer eso, pero fue más fuerte que yo.
Uno de los miembros del jurado se levantó y le entregó un papel al juez. Este lo leyó y nos miró a todos.
—Ya tenemos la sentencia —dijo el juez. Respiré profundamente. Y me imaginé lo que iba a ser pasar unos 2 o 3 años aquí dentro. Cerré los ojos y esperé a escuchar —La corte a decidido absolver al señor Harry Styles, bajo la fianza de dos mil dólares.
El aire que estaba aguantando en mis pulmones salió rápidamente. Miré a James y él sonrió.
Escuché a lo lejos un festejo de risas. Giré y eran Louis y Zayn.
—¡Maldición! —rugió Payne —¡Son todos unos incompetentes! ¡No saben nada!
—Señor Payne, ¡Cálmese! —le dijo el juez.
—¡Y usted más que ningún otro, señor juez! —le gritó.
—¡No voy a tolerar la falta de respeto a mi autoridad! —le dijo él —¡Enciérrenlo para que aprenda a respetar a la ley!
Vimos como los guardias lo llevaban para adentro. Angélica se acercó a mí y me abrazó. Pude responderle el gesto.
—Te juro que estaba muy preocupada primito —me dijo. Me alejé de ella y le sonreí.
—Lo sé, tonta —le dije divertido.
—Pensé que ibas a quedarte en ese horrible lugar.
—Pero como ves, no fue así.
—Bueno, ya damos por terminado esto —habló el juez —Señor Styles, puede irse… pero la próxima vez no habrá perdón.
—Lo entiendo —le contesté —¿Qué harán con Payne?
—Lo dejaré una noche para que aprenda a comportarse —me contestó.
—¿No podrían ser dos? —pedí.
—Lo siento, pero no —me dijo.
Asentí divertido. El honorable juez se puso de pie y se fue de allí. Los miembros del jurado comenzaron a hacer lo mismo. Louis me abrazó con fuerza, como si
hace mucho no lo hiciera.
—Pensamos que te pudrirías adentro —dijo contento.
—Sí, hasta estábamos haciendo turnos para quien te traía los cigarrillos —dijo Zayn.
—Gracias a dios no fue así —dijo Angélica contenta y me volvió a abrazar.
—Todo salió mejor de lo que esperé —habló James —Y todo gracias a la señorita Jones.
Me giré a buscarla y ya no estaba.
—¿Dónde esta? —pregunté.
—Creo que se fue —dijo Angélica apuntando a la puerta que se acababa de cerrar.
—¿Cómo que se fue? —dije confundido.
Entonces puse mis piernas a correr para encontrarla. Salí y la divisé caminando.
—¡Cat! —la llamé. Ella comenzó a caminar más rápido, entonces comencé a correr de nuevo hasta que logré alcanzarla. La tomé del brazo y la detuve.
—¿Qué quieres? —me preguntó nerviosa.
—¿Qué pasa? —le pregunté.
—¿Qué pasa? ¡Pasa que trato de ayudarte y tú... tú aprovechas! —me dijo enfadada.
—¿Lo dices por el beso? —dije algo confundido.
—Dime, ¿Qué necesidad tenías? Bastante ya hice poniéndome en contra de Liam, no debiste hacer eso…
—Lo siento, lo siento —me disculpé.
—¿De verdad lo sientes? —preguntó con ese tono firme y enfafado aun.
—Realmente… no —contesté.
—¡Lo ves! Eres… eres un cínico.
—Espera un segundo…
—Ya no te quiero cerca —dijo apretando los dientes —¡Ni como amigo, ni como nada!
—Pero Cat…
—¡Pero Cat, nada! ¡Me cansé Harry, realmente me cansé! ¡Me cansé de tu inmadurez, de tu cinismo, de la falta de consideración!
—No es la primera vez que te beso…
—Lo se, pero fue la última —sentenció. Entonces sentí una presión en mi pecho —Querías una respuesta directa, entonces la tendrás. ¡No! ¡No tienes ninguna posibilidad!
—¿Así lo quieres? —le dije un poco molesto.
—¡Sí, así lo quiero! ¡Ya no me mires, ya no me hables! ¡Haz como si no me conoces! Y quédate tranquilo, no me verás en tu casa. Le diré a tu prima que ahora nos juntaremos en la mía o en la de Jade…
—Pues aún así no vas a deshacerte de mí —le comenté.
—Si lo dices por lo de la oficina de mi mamá, quédate tranquilo, haré como si no estuvieras. Pero esto se terminó, y espero que ahora sí haya quedado bien claro.
Comenzó a caminar, dejándome allí, desconcertado.
—¡Ya volverás arrastrándote a mí! —le dije fuerte ya que se alejaba más.
—¡Eso lo veremos! —me contestó.
—¡Loca!
—¡Imbécil!
Me quedé ahí quieto, mirando como desaparecía. ¡Al demonio! ¿Quién la necesita?
¡Yo soy el que tuvo que haber dicho esas cosas, cuando me cansara de ella!
jueves, 1 de agosto de 2013
Capítulo 24
Él negó divertido con la cabeza.
—Llévenselo a una celda individual, es demasiado joven como para meterlo con los grandes.
—Gracias sargento, es usted muy considerado.
—No me subestimes jovencito —me aclaró —Ahora llévenselo.
Me empujaron un poco hasta tirarme dentro de una celda que contenía una cama, y a un costado un baño.
Miré a mi alrededor y maldije por lo bajo. Otra vez caí en este agujero, y esta vez necesitaba un milagro para poder salir de aquí. Me senté en la cama y traté de calmarme, poniéndome como loco no voy a lograr nada.
Las horas comenzaron a pasar, y se me hacían interminables. Me puse a pensar cuantos años eran los que podía llegar a pasar en un lugar como este, y juro que llegué a desesperarme.
—Styles, tienes visitas —me dijeron. Levanté la cabeza y vi como mis dos amigos se acercaban.
—¿Qué hiciste Harry? —preguntó Louis.
—Tenía que hacerlo —le dije.
—Pero ¿Acaso no te pusiste a pensar en las consecuencias? —dijo Zayn. Los miré.
—¡No, maldita sea! —rugí, y me puse de pie —¡Ese maldito infeliz me buscó, y me encontró!
—Ese no es el problema ahora Harry —me dijo Louis —El problema ahora es que tendrás un juicio y una sentencia. Payne puede hundirte.
—Pues que lo haga, no me interesa…
—Ambos sabemos que sí te importa Harry —dijo Louis.
—Sí, tienes razón —dije soltando un suspiro.
—Nosotros haremos todo lo que podamos, no estás solo en esto. Debo decirte que tu prima esta como loca buscando un buen abogado. La condenada de verdad te quiere —me contó Zayn.
—Mi rubia prima, y yo que quería devolverla por donde vino —dije nostálgico
—Y otra que está que trepa las paredes es… Cat.
—¿Cat? —pregunté.
—Sí —asintió Zayn —Le dijeron que habías golpeado a Payne, que él estaba en el hospital y que tú estabas preso, y lo primero que hizo fue preguntar por ti.
—Mi Catherin… —musité.
Era por ella que yo estaba aquí adentro, pero juro que no estaba arrepentido. Y juro que todas las cosas que le dije a Payne, fueron cosas que me salieron del alma. Cosas que deseo, cosas que imagino. Catherin Jones está metida en mi cabeza de una forma que no puedo describir.
La noche se me pasó lenta en aquel lugar. No pude dormir pensando en todo lo que podía pasar si no salía de aquí. De verdad tuve que haberme controlado… pero él, él me sacó de quicio. Además, ¿Cómo logró saber todo eso? Alguien estuvo hablándole a aquel infeliz de mi vida. Al día siguiente los guardias me dieron de desayunar y me dieron la noticia de que tenía una visita.
Vi como ella entraba con cuidado y con algo de asco miraba a su alrededor.
—¿Felicity? ¿Qué haces aquí? —le pregunté. Ella se acercó más a la celda.
—No sabes lo preocupada que he estado por ti —me dijo ella.
—No hacía falta que vinieras Felicity —dije mientras me ponía de pie.
—A pesar de que quieras darme celos con la odiosa de Jones, yo estoy aquí… Y hablando de ella, ¿Dónde esta? ¿No era que teníais algo?
—Sí, sí lo tienen teñida —escuché la voz de Angélica. Ambos nos giramos a verla, no estaba sola. Cat venía a su lado —Vamos Felicity, ellos tienen que hablar de sus cosas… o hacer cosas ¿me entiendes verdad?
—No vas a pedirme que me vaya por ella, ¿verdad? —me preguntó la rubia.
Miré a Cat y luego a Angel. Volví mi vista a Felicity.
—Va a ser mejor que te vayas, este no es lugar para ti —le dije lo más amable que pude.
—Eres un mal agradecido —me dijo indignada y comenzó a caminar.
—Sí, sí lo es —le dijo Angélica mientras caminaba detrás de ella.
Fijé mi vista en Cat. Ella solo se acercó un poco más.
—Solo vine a decirte que ya tenemos la forma de sacarte de aquí —me habló distante.
—¿Estás segura? ¿O también viniste a la visita higiénica? Ya me toca… [Visita higiénica = Bañar al preso]
—Ni siquiera cuando estás a punto de terminar preso por unos cuantos años dejas de ser idiota, ¿verdad?
—Se que te preocupaste más por mi, que por Payne—le dije serio.
—No vine a hacer sociales contigo —sentenció. Al parecer de verdad estaba enfadada —Para eso tienes a otras… solo vine para decirte que esta tarde será tu juicio y declararé a tu favor. Lo único que tienes que hacer es guardar silencio y confirmar todo lo que yo digo.
Comenzó a caminar, entonces me acerqué más a los barrotes.
—¿Por qué lo haces? —le pregunté. Se giró a verme.
—Por tu prima —me respondió.
—¿Estás completamente segura de eso? —le dije. Me miró —Por favor, acércate —le pedí. Me miró con duda y se acercó. Con cuidado tomé sus manos. Ella miró la unión de nuestras ellas y luego volvió la vista a mí —Muchas gracias.
—¿Por qué? —me preguntó.
—Por querer ayudarme —respondí —Aunque sea por mi prima.
—Yo se lo mucho que ella te quiere —dijo sin mirarme a los ojos.
Entonces con cuidado solté sus manos para tomar su rostro. Me miró sorprendida.
—¿Que haces? —preguntó nerviosa.
—Shh —le dije y despacio la acerqué más al pequeño espacio que había entre los barrotes. Acaricié su mejilla —Déjame besarte —le rogué en un susurro.
—No —negó efusivamente mientras ponía las manos sobre las mías e intentaba alejarse.
—Por favor Cat, déjame hacerlo, te lo estoy rogando. Además es mi manera de pagarte lo que estás haciendo por mí —dije mientras mi mirada estaba clavaba en sus ojos.
—Yo no quiero nada de ti —aseguró.
—Cat, ¿Por qué me haces esto?
—Yo no te hago nada Styles, tú eres el que hace mal las cosas —dijo.
—Por favor, déjame hacerlo. Lo necesito —le pedí. Ella volvió a negar pero no se alejó, sus manos apretaron un poco más las mías que estaban sujetando su bello rostro —Cierra los ojos...
—No… tú cierra los ojos —dijo ella.
—Siempre lo hago cuando te beso —le confesé.
Sonreí levemente, para luego acercarme más al tiempo que mis ojos se cerraban. No iba a ser violento, ni pasional en este beso... quería ser ¿tierno? Rocé sus suaves labios con cuidado, separándolos un poco.
—Creo que ayer fuiste muy claro cuando me dijiste que yo te hacia más mal que bien. Bueno, lo entendí, me quedó claro. Yo quise establecer una relación amistosa, pero al parecer eso no cuadra contigo. Y bueno así lo quieres así será —se alejó de mi agarre. La miré algo sorprendido —Tú ahí y yo aquí…
—Catherin…
—Ya me cansé de intentarlo Harry, eres… tan cínico, no lo comprendes. Yo no soy como Felicity Bynes, y además pienso que acostarse con alguien que apenas conoces es… aborrecible.
—¿Y si me conocieras más? —le pregunté.
—Tampoco —me dijo.
Suspiré levemente.
—Entonces, ¿así son las cosas? —dije.
—¿Qué te parece si lo discutimos cuando salgas? —preguntó.
—¿Por qué no ahora?
—Porque no me da la gana, y no puedes hacer nada al respecto. Estás encerrado.
Me guiñó un ojo y comenzó a caminar para alejarse.
—LOCO ¿SABES? QUIERES VOLVERME LOCO —le grité bien fuerte para que me escuchara.
Suspiré y me acosté en aquella pequeña cama. Escuché que alguien corría hacia mi celda.
Levanté la cabeza y la miré.
—Lo siento, se me olvidó —dijo. Una caja cayó sobre mi cuerpo. La tomé y eran cigarrillos. Volví mi vista a ella. Sonrió levemente —Solo fuma, si ya has desayunado… Ahora sí, adiós —se despidió y se fue.
Me senté en la cama y miré la caja entre mis manos.
No la comprendo, ¡Me es imposible! Si ella solo fuera un poco más clara conmigo, yo no estaría tan confundido.
Las horas comenzaron a pasar, hasta que uno de los guardias entró y me dio un traje que me había mandado mi prima.
Faltaba media hora para que el juicio comenzara. Me cambie y me senté a esperar a que vinieran a por mí.
—Vamos Styles, ya es hora —me habló el sargento.
Me puse de pie y abrieron la celda.
—¿Cree que voy a salir sargento? —le pregunté.
Él sonrió por lo bajo y me hizo caminar un poco para entrar a una oficina.
—Pues lo veo un poco difícil hijo, pero no imposible.
—Cualquier cosa, si llego a quedarme… le aseguró que vamos a llevarnos bien —dije algo divertido.
—Ya lo creo Styles, ya lo creo —palmeó mi hombro.
Me pusieron las esposas, como si fuera un criminal de primera clase. Este país siempre está al revés, los verdaderos maleantes andan sueltos, mientras que la gente honesta y buena se pudre dentro de esas cárceles.
De verdad deseo con todo mi corazón salir de esto, y juro que voy a comportarme. Juro que no volveré a ser impulsivo.
Comenzaron a caminar conmigo y más rápido de lo que pensé llegamos al juzgado. Una puerta de madera se abrió y me empujaron levemente para que entrara.
Todo el mundo se puso de pie, ya que el juez a cargo de la causa entraba por la otra puerta. Divisé a mi prima y a Cat sentadas al lado de James, mi abogado. Mi fiel abogado. Quizás mi padre se haya apiadado y lo haya contactado.
Al otro lado, divisé a Payne, sentado al lado de su abogado. Sonreí para mis adentros al ver el estado en el que estaba. La felicidad que recorrió mi cuerpo fue muy gratificante. Eso significaba que yo no había pasado una noche dentro de esta cárcel en vano.
Sentados detrás estaban Louis y Zayn, los miré a ambos y los dos sonrieron contentos.
Algo me decía que yo ya estaba salvado.
—Comencemos —dijo el juez.
Me sentaron al lado de mi abogado y al instante mi prima me abrazó. No pude devolverle el gesto pues tenía las esposas en las manos
—El acusado, es el señor Harry Styles de 19 años de edad, por atentado físico al señor Liam Payne, que es el demandante. Pido a los abogados que se acerquen al estrado…
Nuestros abogados se levantaron y se saludaron con una apretada de manos. Volvieron su vista al juez, dijeron algo en voz baja y James se volvió a sentar. Me quitaron las esposas.
—¿Crees que saldré? —le pregunté en voz baja.
—Si creen todo lo que dirá la señorita Jones, lo más probable es que sí —me contestó.
—¿Y que es lo que va a decir? —dije intrigado.
—Ya lo verás —dijo James con una leve sonrisa.
Giré mi cabeza para mirar a Cat. Su mirada se cruzó con la mía, pero al instante la apartó.
Ella no solo es mi perdición, sino que ahora también le voy a deber la libertad.
¡Esto es increíble!
—Llamo a declarar al señor Liam Payne —habló su abogado.
Payne se puso de pie, y un poco dolorido se acercó al estrado.
Se sentó y un hombre con un libro se acercó a él.
—Jura decir la verdad, y nada más que la verdad —dijo él hombre.
—Sí, juro —dijo Payne y apoyó la mano sobre el libro.
—Señor Payne, ¿Hace cuanto que conoce al señor Styles? —le preguntó.
—De nombre hará un año —dijo él y me miró —Así como persona, un mes aproximadamente.
—¿Tenían una buena relación?
—Ni buena ni mala, apenas trataba con él.
—Mal nacido —musité.
—¿Qué pasó ayer por la tarde? —le preguntó su abogado.
—Yo estaba caminando por el jardín de la Universidad, entonces divisé a Harry… me acerque a él y lo saludé amablemente —dijo aquel infeliz —Entonces, comenzó a insultarme, a decirme cosas sobre... – se detuvo y miró a Cat – No importa... y luego me golpeó.
—¡Eso no fue así, infeliz! —rugí poniéndome de pie.
—Señor Styles, le voy a pedir que guarde silencio —me advirtió el juez.
Soltando un gruñido me senté en mi lugar.
—¿Entonces usted asegura que el señor Styles lo atacó sin motivo alguno? —le dijo el abogado.
—Sin ningún motivo —aseguró el muy cabrón.
—Llévenselo a una celda individual, es demasiado joven como para meterlo con los grandes.
—Gracias sargento, es usted muy considerado.
—No me subestimes jovencito —me aclaró —Ahora llévenselo.
Me empujaron un poco hasta tirarme dentro de una celda que contenía una cama, y a un costado un baño.
Miré a mi alrededor y maldije por lo bajo. Otra vez caí en este agujero, y esta vez necesitaba un milagro para poder salir de aquí. Me senté en la cama y traté de calmarme, poniéndome como loco no voy a lograr nada.
Las horas comenzaron a pasar, y se me hacían interminables. Me puse a pensar cuantos años eran los que podía llegar a pasar en un lugar como este, y juro que llegué a desesperarme.
—Styles, tienes visitas —me dijeron. Levanté la cabeza y vi como mis dos amigos se acercaban.
—¿Qué hiciste Harry? —preguntó Louis.
—Tenía que hacerlo —le dije.
—Pero ¿Acaso no te pusiste a pensar en las consecuencias? —dijo Zayn. Los miré.
—¡No, maldita sea! —rugí, y me puse de pie —¡Ese maldito infeliz me buscó, y me encontró!
—Ese no es el problema ahora Harry —me dijo Louis —El problema ahora es que tendrás un juicio y una sentencia. Payne puede hundirte.
—Pues que lo haga, no me interesa…
—Ambos sabemos que sí te importa Harry —dijo Louis.
—Sí, tienes razón —dije soltando un suspiro.
—Nosotros haremos todo lo que podamos, no estás solo en esto. Debo decirte que tu prima esta como loca buscando un buen abogado. La condenada de verdad te quiere —me contó Zayn.
—Mi rubia prima, y yo que quería devolverla por donde vino —dije nostálgico
—Y otra que está que trepa las paredes es… Cat.
—¿Cat? —pregunté.
—Sí —asintió Zayn —Le dijeron que habías golpeado a Payne, que él estaba en el hospital y que tú estabas preso, y lo primero que hizo fue preguntar por ti.
—Mi Catherin… —musité.
Era por ella que yo estaba aquí adentro, pero juro que no estaba arrepentido. Y juro que todas las cosas que le dije a Payne, fueron cosas que me salieron del alma. Cosas que deseo, cosas que imagino. Catherin Jones está metida en mi cabeza de una forma que no puedo describir.
La noche se me pasó lenta en aquel lugar. No pude dormir pensando en todo lo que podía pasar si no salía de aquí. De verdad tuve que haberme controlado… pero él, él me sacó de quicio. Además, ¿Cómo logró saber todo eso? Alguien estuvo hablándole a aquel infeliz de mi vida. Al día siguiente los guardias me dieron de desayunar y me dieron la noticia de que tenía una visita.
Vi como ella entraba con cuidado y con algo de asco miraba a su alrededor.
—¿Felicity? ¿Qué haces aquí? —le pregunté. Ella se acercó más a la celda.
—No sabes lo preocupada que he estado por ti —me dijo ella.
—No hacía falta que vinieras Felicity —dije mientras me ponía de pie.
—A pesar de que quieras darme celos con la odiosa de Jones, yo estoy aquí… Y hablando de ella, ¿Dónde esta? ¿No era que teníais algo?
—Sí, sí lo tienen teñida —escuché la voz de Angélica. Ambos nos giramos a verla, no estaba sola. Cat venía a su lado —Vamos Felicity, ellos tienen que hablar de sus cosas… o hacer cosas ¿me entiendes verdad?
—No vas a pedirme que me vaya por ella, ¿verdad? —me preguntó la rubia.
Miré a Cat y luego a Angel. Volví mi vista a Felicity.
—Va a ser mejor que te vayas, este no es lugar para ti —le dije lo más amable que pude.
—Eres un mal agradecido —me dijo indignada y comenzó a caminar.
—Sí, sí lo es —le dijo Angélica mientras caminaba detrás de ella.
Fijé mi vista en Cat. Ella solo se acercó un poco más.
—Solo vine a decirte que ya tenemos la forma de sacarte de aquí —me habló distante.
—¿Estás segura? ¿O también viniste a la visita higiénica? Ya me toca… [Visita higiénica = Bañar al preso]
—Ni siquiera cuando estás a punto de terminar preso por unos cuantos años dejas de ser idiota, ¿verdad?
—Se que te preocupaste más por mi, que por Payne—le dije serio.
—No vine a hacer sociales contigo —sentenció. Al parecer de verdad estaba enfadada —Para eso tienes a otras… solo vine para decirte que esta tarde será tu juicio y declararé a tu favor. Lo único que tienes que hacer es guardar silencio y confirmar todo lo que yo digo.
Comenzó a caminar, entonces me acerqué más a los barrotes.
—¿Por qué lo haces? —le pregunté. Se giró a verme.
—Por tu prima —me respondió.
—¿Estás completamente segura de eso? —le dije. Me miró —Por favor, acércate —le pedí. Me miró con duda y se acercó. Con cuidado tomé sus manos. Ella miró la unión de nuestras ellas y luego volvió la vista a mí —Muchas gracias.
—¿Por qué? —me preguntó.
—Por querer ayudarme —respondí —Aunque sea por mi prima.
—Yo se lo mucho que ella te quiere —dijo sin mirarme a los ojos.
Entonces con cuidado solté sus manos para tomar su rostro. Me miró sorprendida.
—¿Que haces? —preguntó nerviosa.
—Shh —le dije y despacio la acerqué más al pequeño espacio que había entre los barrotes. Acaricié su mejilla —Déjame besarte —le rogué en un susurro.
—No —negó efusivamente mientras ponía las manos sobre las mías e intentaba alejarse.
—Por favor Cat, déjame hacerlo, te lo estoy rogando. Además es mi manera de pagarte lo que estás haciendo por mí —dije mientras mi mirada estaba clavaba en sus ojos.
—Yo no quiero nada de ti —aseguró.
—Cat, ¿Por qué me haces esto?
—Yo no te hago nada Styles, tú eres el que hace mal las cosas —dijo.
—Por favor, déjame hacerlo. Lo necesito —le pedí. Ella volvió a negar pero no se alejó, sus manos apretaron un poco más las mías que estaban sujetando su bello rostro —Cierra los ojos...
—No… tú cierra los ojos —dijo ella.
—Siempre lo hago cuando te beso —le confesé.
Sonreí levemente, para luego acercarme más al tiempo que mis ojos se cerraban. No iba a ser violento, ni pasional en este beso... quería ser ¿tierno? Rocé sus suaves labios con cuidado, separándolos un poco.
—Creo que ayer fuiste muy claro cuando me dijiste que yo te hacia más mal que bien. Bueno, lo entendí, me quedó claro. Yo quise establecer una relación amistosa, pero al parecer eso no cuadra contigo. Y bueno así lo quieres así será —se alejó de mi agarre. La miré algo sorprendido —Tú ahí y yo aquí…
—Catherin…
—Ya me cansé de intentarlo Harry, eres… tan cínico, no lo comprendes. Yo no soy como Felicity Bynes, y además pienso que acostarse con alguien que apenas conoces es… aborrecible.
—¿Y si me conocieras más? —le pregunté.
—Tampoco —me dijo.
Suspiré levemente.
—Entonces, ¿así son las cosas? —dije.
—¿Qué te parece si lo discutimos cuando salgas? —preguntó.
—¿Por qué no ahora?
—Porque no me da la gana, y no puedes hacer nada al respecto. Estás encerrado.
Me guiñó un ojo y comenzó a caminar para alejarse.
—LOCO ¿SABES? QUIERES VOLVERME LOCO —le grité bien fuerte para que me escuchara.
Suspiré y me acosté en aquella pequeña cama. Escuché que alguien corría hacia mi celda.
Levanté la cabeza y la miré.
—Lo siento, se me olvidó —dijo. Una caja cayó sobre mi cuerpo. La tomé y eran cigarrillos. Volví mi vista a ella. Sonrió levemente —Solo fuma, si ya has desayunado… Ahora sí, adiós —se despidió y se fue.
Me senté en la cama y miré la caja entre mis manos.
No la comprendo, ¡Me es imposible! Si ella solo fuera un poco más clara conmigo, yo no estaría tan confundido.
Las horas comenzaron a pasar, hasta que uno de los guardias entró y me dio un traje que me había mandado mi prima.
Faltaba media hora para que el juicio comenzara. Me cambie y me senté a esperar a que vinieran a por mí.
—Vamos Styles, ya es hora —me habló el sargento.
Me puse de pie y abrieron la celda.
—¿Cree que voy a salir sargento? —le pregunté.
Él sonrió por lo bajo y me hizo caminar un poco para entrar a una oficina.
—Pues lo veo un poco difícil hijo, pero no imposible.
—Cualquier cosa, si llego a quedarme… le aseguró que vamos a llevarnos bien —dije algo divertido.
—Ya lo creo Styles, ya lo creo —palmeó mi hombro.
Me pusieron las esposas, como si fuera un criminal de primera clase. Este país siempre está al revés, los verdaderos maleantes andan sueltos, mientras que la gente honesta y buena se pudre dentro de esas cárceles.
De verdad deseo con todo mi corazón salir de esto, y juro que voy a comportarme. Juro que no volveré a ser impulsivo.
Comenzaron a caminar conmigo y más rápido de lo que pensé llegamos al juzgado. Una puerta de madera se abrió y me empujaron levemente para que entrara.
Todo el mundo se puso de pie, ya que el juez a cargo de la causa entraba por la otra puerta. Divisé a mi prima y a Cat sentadas al lado de James, mi abogado. Mi fiel abogado. Quizás mi padre se haya apiadado y lo haya contactado.
Al otro lado, divisé a Payne, sentado al lado de su abogado. Sonreí para mis adentros al ver el estado en el que estaba. La felicidad que recorrió mi cuerpo fue muy gratificante. Eso significaba que yo no había pasado una noche dentro de esta cárcel en vano.
Sentados detrás estaban Louis y Zayn, los miré a ambos y los dos sonrieron contentos.
Algo me decía que yo ya estaba salvado.
—Comencemos —dijo el juez.
Me sentaron al lado de mi abogado y al instante mi prima me abrazó. No pude devolverle el gesto pues tenía las esposas en las manos
—El acusado, es el señor Harry Styles de 19 años de edad, por atentado físico al señor Liam Payne, que es el demandante. Pido a los abogados que se acerquen al estrado…
Nuestros abogados se levantaron y se saludaron con una apretada de manos. Volvieron su vista al juez, dijeron algo en voz baja y James se volvió a sentar. Me quitaron las esposas.
—¿Crees que saldré? —le pregunté en voz baja.
—Si creen todo lo que dirá la señorita Jones, lo más probable es que sí —me contestó.
—¿Y que es lo que va a decir? —dije intrigado.
—Ya lo verás —dijo James con una leve sonrisa.
Giré mi cabeza para mirar a Cat. Su mirada se cruzó con la mía, pero al instante la apartó.
Ella no solo es mi perdición, sino que ahora también le voy a deber la libertad.
¡Esto es increíble!
—Llamo a declarar al señor Liam Payne —habló su abogado.
Payne se puso de pie, y un poco dolorido se acercó al estrado.
Se sentó y un hombre con un libro se acercó a él.
—Jura decir la verdad, y nada más que la verdad —dijo él hombre.
—Sí, juro —dijo Payne y apoyó la mano sobre el libro.
—Señor Payne, ¿Hace cuanto que conoce al señor Styles? —le preguntó.
—De nombre hará un año —dijo él y me miró —Así como persona, un mes aproximadamente.
—¿Tenían una buena relación?
—Ni buena ni mala, apenas trataba con él.
—Mal nacido —musité.
—¿Qué pasó ayer por la tarde? —le preguntó su abogado.
—Yo estaba caminando por el jardín de la Universidad, entonces divisé a Harry… me acerque a él y lo saludé amablemente —dijo aquel infeliz —Entonces, comenzó a insultarme, a decirme cosas sobre... – se detuvo y miró a Cat – No importa... y luego me golpeó.
—¡Eso no fue así, infeliz! —rugí poniéndome de pie.
—Señor Styles, le voy a pedir que guarde silencio —me advirtió el juez.
Soltando un gruñido me senté en mi lugar.
—¿Entonces usted asegura que el señor Styles lo atacó sin motivo alguno? —le dijo el abogado.
—Sin ningún motivo —aseguró el muy cabrón.
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