domingo, 30 de junio de 2013

Capítulo 20

Iba silbando la 5ª sinfonía de mi amigo Beethoven por el pasillo, mientras me acercaba a mi casillero para dejar los libros allí antes de ir a la siguiente clase. Hoy debo decir que estoy muy responsable, no he llegado tarde a ninguna clase y he ido a todas.
Debo tener algún tipo de problema, o algo en mi cerebro no esta haciendo conexión. Vi como mi prima caminaba hacia mí, pero no me había visto.
—Angel —la llamé. Ella levantó la vista y me miró.
—¿Qué haces tontín? —me preguntó.
—Busco unas cosas —le dije y miré a su alrededor para ver si estaba Cat. Desde que se encontraron habían estado hablando y yo no tuve tiempo de agarrar a mi prima y preguntarle de donde demonios se conocían —¿Vas a contarme de donde conoces a Catherin?
—Aaaaw, juro que auún no me puedo creer que ella esté aquí. Y yo que pensé que llegaría aquí para amargarme como la mejor…
—Ajá, sí que bien —dije sin mucho interés —¿Me lo cuentas?
—Vaya, tu no cambias.
—Vamos Angélica, no tengo toda la vida.
—Te cuento luego, ahora tengo que ir a clases. Te quiero —besó mi mejilla y se fue dejándome con aquella maldita intriga.
Volví mi vista al frente y la que venía ahora hacia mí era Cat. No podía dejar pasar esta oportunidad, tenía que saberlo. Me puse justo en su camino, ella miraba para atrás sin dejar de caminar, ya que estaba hablando con alguien del cual se estaba alejando. Volvió su vista al frente y chocó levemente contra mí.
—Auch, me has asustado —me dijo.
—Hola cariño —la saludé.
—¿Qué quieres? —me preguntó cortante. Aún estaba sentida por lo del beso. Sonreí por lo bajo y la miré a los ojos.
—¿De donde conoces a Angélica? —le pregunté.
Su mirada acusadora cambió por una mirada asombrada y algo avergonzada. Apretó sus labios y luego sonrió.
—Pasado tormentoso, Styles. No quieres saberlo —dijo y me guiñó un ojo para comenzar a caminar y alejarse de mí.
—Sí quiero saberlo —le dije, mientras ella caminaba. Se giró a verme y sonrió.
—No, no quieres saberlo...
Siguió caminando y me dejó con más intriga de la que ya tenía.
¡Mierda, tengo que saber de donde se conocen! ¿Y qué es eso de pasado tormentoso?
Como dijo Louis, ¿Qué es lo que esconden ese par de ojos desconfiados?
El resto del día se me pasó bastante lento, siempre me pasa eso cuando estoy con algo que me intriga en la cabeza. Louis, Zayn y yo salimos de nuestra última clase y caminamos hasta el aparcamiento para irnos a nuestras respectivas casas. Me encendí un cigarrillo, y comencé a compartirlo con Louis.
—Que día —suspiró el mientras soltaba el humo por la boca.
—Ni lo digas —dijo Zayn mientras aspiraba el suyo.
Entonces los tres detuvimos nuestros pasos al verlas caminar sin dejar de hablar y reír. Juro que en un momento la imagen se volvió en cámara lenta y cada movimiento que ellas hacían se veía con más claridad. Fijé mi mirada en Cat, miré el movimiento de sus labios al hablar, la forma en la que se curva su boca al sonreír. Sus largas pestañas, el color de su piel, la suavidad que muestran sus piernas…
¡Diablos! ¡No puede ser que aun no me haya acostado con ella!
—Creo que estamos viendo como empieza la destrucción del mundo —les dije a mis amigos.
—Yo creo que las tres hacen un precioso trío de ángeles —dijo Zayn con tono bobo.
—Yo creo que mejor nos cuidamos las espaldas —aseguró Louis.
Las tres se subieron al coche de Cat y prendieron marcha.
Nosotros terminamos nuestros cigarrillos y también prendimos marcha a nuestras casas. Cuando llegué me tiré de cabeza al sillón. Realmente estaba agotado.
Tomé el el mando y encendí la tele. El timbre de mi apartamento sonó. Fruncí el ceño, ¿Quién podrá ser? Yo no espero a nadie hoy. Caminé y abrí la puerta.
—Hola primito, gracias por darme asilo en tu hogar —dijo ella con una sonrisa de oreja a oreja.
Entró con unas tres maletas y las soltó en medio del recibidor. La miré sin poder creerlo.
—Pero Angel…
El timbre volvió a sonar, me acerqué a la puerta y la abrí.
—Hola Styles, no sabía que estarías aquí —me dijo ella.
—Te recuerdo que esta es mi casa, cariño —le contesté.
—Luce, pasa —le dijo Angel. Catherin sonrió y pasó. Se abrazaron amistosamente y se sentaron en el sillón.
¿Acaso yo estaba teniendo una pesadilla y en cualquier momento iba a despertar?
Ambas me miraron y juro que sentí miedo.
—¿Qué te pasa? —me preguntó mi prima.
—No, nada —le dije y me acerqué a la mesa de mármol que estaba allí para sentarme y comer un poco de galletas.
Ellas hablaban en voz baja y de vez en cuando Angélica me miraba de reojo. ¡Dios mío, esto no podía ser peor! El timbre volvió a sonar. Suspiré frustrado.
—Harry, ¿puedes abrir? Esa debe ser Jade —me dijo mi prima.
—¿Me ves cara de mayordomo? —le pregunté.
—Anda Styles, no seas malo —dijo Cat poniendo su mejor cara de niña buena.
La miré fijo y asentí. Caminé hasta la puerta y la abrí. La pequeña figura de Jade me miró fijo y acomodó sus gafas.
—Lo siento, creo que me equivoqué —dijo tímida.
—No, no te equivocaste, pasa están dentro —le dije. Ella asintió y entró.
La pequeña Jade se acercó a las otras dos y se abrazaron dulcemente. Se sentaron y comenzaron a hablar en voz baja. Las tres giraron su vista hacia mí.
—Ya puedes irte —dijo Angel.
—¿Qué? —le pregunté —No saldré para que este trío de ninfas conspiradoras estén solas en MI casa.
Cat rió por lo bajo.
—¿Te sientes intimidado? —preguntó ella.
—Solo temo que incendiéis mi casa. Además que no tengo a donde ir —dije y puse mi mejor cara de perrito mojado. Cat miró a Angel y a Jade.
—No podemos dejarlo en la calle, mirad su cara de perrito —les dijo.
—No me ayudes Cat —le pedí.
—Okey, parece que estás sensible hoy —me dijo y volvió su vista a las chicas.
Sonreí por lo bajo y caminé hasta el pasillo.
Tenía que escuchar que hablaban, así que me quedé allí con la oreja bien puesta.
—¿Y, vais a contarme de donde os conocéis? —preguntó Jade.
—Creo que fueron las mejores vacaciones de toda mi vida —dijo Cat.
—Si, nunca las voy a olvidar. Yo estaba en Hawai con mis padres de vacaciones —habló Angel.
—Yo había viajado con mi padre.
—Recuerdo que ese día me había enfadado con mi madre porque quería coquetear con un bailarín de salsa que había en el hotel —dijo Angel.
—La tía Moira siempre es así —susurré.
—Bajé al bar y me encontré con Cat…
—Que también yo estaba enfadada con mi padre, por sus estúpidas amenazas —dijo ella.
—Comenzamos a hablar, y nos hicimos amigas. Esa noche quedamos en salir a bailar
—Y fuimos. Pero esa noche fue un descontrol...
—¿Descontrol? —preguntó Jade.
—Nos pusimos a beber un poco, y luego se nos ocurrió hacer una apuesta —contó mi prima.
—Jugamos a quien seducía a más chicos en una noche —dijo Luce.
—Había que incluir el beso, ¿verdad? —dijo Angel. Cat rió divertida.
—Sí, es verdad.
—¿Quién ganó? —dijo Jade.
—Pues claro, ¿quien va a ser? Angélica —musité.
—Catherin, me ganó por tres chicos de diferencia —dijo mi prima —Lo que pasa es que yo, me encariñé con uno y me quedé más tiempo del que debía. Sino era obvio que yo ganaba.
—No es cierto, igual iba a ganarte —aseguró Luce.
No puedo creer lo que estoy escuchando. Eso no puede ser cierto. No, no creo que sea cierto. Estoy completamente seguro de que ambas están bromeando.
—Después robamos una tienda —prosiguió Angélica.
—Querrás decir, ROBASTE una tienda —aclaró Cat.
—Tú me ayudaste a hacerlo, ya que no querías dejarme comprar ese bikini.
—¡Tenías uno igual!
—No es verdad, esa tenía una piedrita de color que la otra no —se quejó ella.
—Luego casi quemamos el hotel —dijo Cat.
—Casi QUEMASTE el hotel —aclaró la rubia.
—¡No! ¡Eso no es cierto! Tú también lo hiciste.
—Tú sedujiste a ese chico, el pobre tan bobo que quedó, dejó apoyado el cigarrillo cerca de una tela y casi destroza el lugar.
—¿Hace falta que seas tan detallista?
—Sí, lo hace. Luego nos anotamos en un concurso de camisetas mojadas —dijo Angélica.
—Pero antes de empezar Angel quiso matar a las demás participantes, porque todas tenían los pechos hechos y el trasero también. Nos echaron.
—Si, malditas rameras de plástico —dijo mi prima con odio.
—Luego una noche nos hicimos pasar por una pareja de lesbianas para poder entrar a un bar gay, sino no podíamos pasar.
—Tuvimos que besarnos delante del guardia para que nos dejara pasar —acotó la rubia.
—Sí, creo que nunca sentí tanta vergüenza en mi vida —dijo divertida Cat.
—¡Mentira! Si te encantó, hasta casi te haces lesbiana por eso.
—Sabes que a mí me gustan los hombres —aclaró ella.
—Si lo sé, te encantan.
—Y bueno, luego hicimos varias cosas —dijo Cat.
—Atropellar a un cartero.
—Le quitamos unos caramelos a un par de niñas.
—Hasta que Luce conoció a Payne —habló con odio Angélica —Y desde ahí, ya no volvió a ser la misma Cat busca problemas de antes.
—No, eso no es así...
—Sí, sí lo es... me cambiaste por un idiota y aún estoy sentida por eso.
—Suena a que deberíais tener órdenes de restricción para estar cerca una de la otra —habló Jade. Asentí con la cabeza, sin dejar de escuchar —No deberíais estar a menos de 50 metros cerca.
¡Dios santo, por lo menos Jade es algo sensata!
—¿Qué Jade? ¿Acaso nunca te has portado mal? —le preguntó Catherin.
—Verdaderamente… no —dijo ella.
—¡Aaaay no, eso no puede ser así! Vamos a salir las tres juntas y volveremos a Jade, una chica rebelde.
—Nooo —grité sin darme cuenta.
—Oye, ¿Qué haces ahí? —me preguntó la chica de gafitas. Salí de mi escondite. Las miradas venenosas de Angélica y de Catherin se posaron en mí.
—¿Estabas escuchando? —preguntó mi prima.
—No, yo no estaba escuchando. ¿Acaso creéis que soy un cotilla? —les dije.
Las tres entrecerraron los ojos.
—Obviamente sí —dijo Cat.
—No hagas preguntas, de las cuales no quieres saber la respuesta —me dijo Jade.
La miré bien.
—Con razón pones nervioso a Louis, tienes cara de buena, pero seguro eres peor que estas dos —le dije. Miré a mi prima —¡Y tú Angel! Los tíos debieron dejarte más tiempo en el internado de monjas —miré a Cat y negué con la cabeza —Y tú, de ti no me lo esperaba.
—¿Qué? ¿Qué cosa? —preguntó ella.
—Y yo que te veía como la madre de mis hijos —le dije y apoyé mi mano sobre mi pecho.
—¡Oh dios! —dijo ella divertida —Tú solo quieres una noche conmigo, y no la obtendrás.
—Los labios que besarían las frentes de mis hijos… tocaron los de Angel… no sé si podré superarlo —dije con mi mejor cara de decepción.
—Óyeme —se quejó mi prima —Cosas peores han tocado tus labios…
—Tu prima es más cosa que tocar a esa… teñida y hueca de Felicity Bynes. Y quien sabe cuantas huecas más —me acusó Catherin.
—No soy una cosa —dijo Angélica entrecerrando los ojos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario