Ella dejó de caminar y entonces me giré a verla. A leguas se notaba que estaba realmente nerviosa por todo este motivo.
—¿Qué pasa mi amor? —le pregunté.
—Creo… creo que no es buena idea, Harry. Mejor llamo a mi madre y le
digo que no venga. O quizás llamo a papá y le digo a él que no venga
—dijo y tomó su movil.
—Oye, oye —la detuve y le quité el pequeño aparato —Todo va a salir bien. Ellos dos son personas adultas, van a comportarse.
Ella asintió y besé su frente. Volvimos a caminar y entramos al lujoso
hotel para dirigirnos a la parte cómoda del restaurante. Un hombre calvo
y de baja estatura se acercó a nosotros.
—Buenas tardes, ¿en que puedo ayudarles? —nos preguntó.
—Buenas tardes —lo saludó Cat —Tenemos una reservación a nombre de Catherin Jones.
El hombre miró la agenda que tenía en su mano y asintió.
—Sí señorita, la mesa ya está lista. Por aquí.
Comenzó a caminar y lo seguimos. Nos dio el paso para sentarnos en una
adornada mesa con cuatro platos. Como todo un caballero le corrí la
silla a mi novia y ella se sentó. El mozo se alejó inclinando levemente
la cabeza. Vi como Cat miraba a su alrededor…
—Amor, tranquila —le dije. Me miró a los ojos.
—Cuando mis padres lleguen se va a desatar la tercera guerra mundial —aseguró.
—Quien sabe —dije y acarici'e su mejilla —Quizás sea hora de la paz mundial.
—¡No sabéis lo contenta que me puse cuando supe que íbamos a almorzar
los tres juntos! —escuchamos su aguda voz. Ambos nos giramos a verla. Me
puse de pie y ella se acercó a abrazarme —Eres un desconsiderado. No
fuiste a visitarme como lo prometiste.
—Lo siento —le dije y me alejé de ella —Pero las cosas no estaban bien
en esos tiempos. Ella miró a Cat y luego volvió a mirarme.
—¿Acaso ella te prohibió que me vieras? —me preguntó.
—No, no —dije divertido. Cat se puso de pie.
—¿Puedes hacerme el favor de saludar a tu hija como corresponde? —le
dijo. Gina sonrió y se acercó a ella para abrazarla y besar su rostro.
—Eres tan celosa —aseguró alejándose de ella.
—No son celos —cuestionó ella —Solo me molesta que siempre estés a favor de los demás. De cualquier extraño, menos de mí.
—Eso no es verdad —le dijo su madre mientras se sacaba el abrigo y todos
tomábamos asiento. Gina miró bien la mesa y frunció el ceño —¿Por qué
hay cuatro platos? Somos solo tres personas.
—Mmm, lo que pasa es que…
—Se confundieron —interrumpí a Cat, que soltó un leve suspiro.
—Voy a pedir que lo quiten —dijo Gin se puso de pie.
—¡No! —dijo Cat elevando un poco más la voz. Gina la miró extrañada
—No, no digas nada. La mesa se ve bien así… con cuatro platos.
Gina volvió a sentarse y pícaramente miró nuestra cercanía.
—¿Hay algo que debáis decirme? —nos preguntó. Miré a Cat y sonreí.
—Gin, despues de hacerme sufrir como un idiota y casi enloquecerme por
completo tu hija ha aceptado que me quiere —le conté. Su boca se abrió del
asombro y miró a Cat con los ojos bien abiertos.
—En realidad no fue tan así —dijo Cat mirándome con reproche —Lo que está queriendo decirte es que…
—Eres mi suegra —le dije y la miré.
—¡Ay, no sabéis lo feliz que me hacéis! —dijo contenta —Eso quiere decir que sois novios, ¿verdad?
—Sí —dijo Cat por lo bajo.
—¡Esto hay que festejarlo a lo grande! Llamad al camarero y pedir un champagne que yo voy al baño un segundo —se puso de pie y vimos como
desaparecía por una puerta.
Cat volvió su vista a mí y noté su inconfundible enfado.
—¿Qué sucede? —le pregunté.
—¿No te parece que se lo has dicho muy rápido y de una manera muy poco apropiada? —dijo.
Sonreí y me acerqué más a ella para besar cortamente sus labios.
—Todo está perfecto. Ella lo tomó como yo lo esperé. Pero quédate tranquila, que con tu padre seré de otra manera…
—Hija —ambos lo escuchamos y nos giramos a verlo. Nos pusimos de pie y él se acercó a Cat para abrazarla.
—Hola papá —le dijo cuando se alejó de él y miró hacia la puerta del baño.
Gina aun no salía. Greg me miró y sonrió.
—Es un gusto volver a verte, Harry —me dijo y tendió su mano hacia mí. La tomé.
—Lo mismo digo, señor Jones —tomamos asiento.
—No sabía que ibas a la misma Universidad que mi hija —miró a Cat.
—Yo tampoco lo sabía hasta aquella noche en la fiesta —mentí. Cat rió por lo bajo.
—Me alegro que os hayáis llevado bien —dijo él.
Asentí y miré a Cat. Ella observaba intranquila la puerta del baño.
Tomé su mano por debajo de la mesa. Su vista volvió a mí.
‘Todo va a estar bien’ ella leyó mis labios. Sonrió y miró a su padre.
—Señor Jones, básicamente organizamos este almuerzo porque queríamos
contarle que su hija y yo… estamos juntos —le dije tratando de sonar lo
más tranquilo posible. Nunca pensé que llegaría el día en que tendría
que presentarme como el novio de alguna chica.
La mirada de Greg se dirigió a su hija y luego volvió a mí.
—¿Eso quiere decir que tú y mi hija tenéis una relación? —preguntó.
Asentí nervioso. Me parece que la idea no le está cayendo para nada bien
—Eso es muy bueno. —aseguró mientras una sonrisa se formaba en su
rostro. Sentí como todo el aire que tenía en mis pulmones salía
lentamente.
—¿Te agrada la idea? —le preguntó Cat sorprendida.
—Claro que sí, hija —aseguró él y palmeó mi hombro —Este muchacho me
cayó bien desde la primera vez que lo vi. Además de que eso significa
que al fin te has desecho del idiota de Liam.
—¡Papá! —lo regañó.
—¿No le caía bien Payne? —le pregunté.
—Para nada… demasiado posesivo para mi princesa — Un móvil comenzó a
sonar. Greg lo tomó y miró la pantalla. Se puso de pie —Un minuto por
favor.
Se alejó de la mesa mientras contestaba.
—No puedo creer que le hayas agradado desde el primer momento. Se nota
que apenas tuvo contacto contigo —me dijo Cat. Reí por lo bajo.
—Yo soy la persona más agradable del mundo. De eso estate completamente segura.
—Perdón por haber tardado tanto —dijo Gina sentándose a la mesa —Había
fila para el baño, por dios — Cat miró hacia donde Greg se había
ido. Volví a tomar su mano por debajo de la mesa. Ella rió por lo bajo y
me miró —¿Ya pedisteis el champagne? —preguntó. Ambos negamos con la
cabeza —Bueno, voy a pedirlo.
Se volvió a levantar y se dirigió hacia la barra.
—Listo, solo era una llamada de oficina —Greg se sentó en la silla. Lo miramos
—¿Qué vamos a tomar?
—Champagne —dijo Cat.
—Perfecto —aseguró él. Su móvil volvió a sonar —Lo lamento, hija. Pero juro que será el último.
—Atiende tranquilo —dijo ella.
Greg volvió a levantarse. Cat y yo nos miramos y estallamos en risas. Me acerqué más a ella y junté mi frente con la suya
—Esto es tan cómico —le dije.
—Lo sé —asintió ella.
—Nunca pensé que almorzar con mis suegros sería tan divertido —rocé sus labios con los míos y ella dejó de reír.
—Esto no está bien, deberíamos decírselo —susurró y me besó.
—Ya se van a encontrar —aseguré y la besé un poco más.
—¿Qué haces aquí?
—¿Qué haces tú aquí?
Nos alejamos y los miramos uno frente al otro con la mesa de por medio. Y el momento del encuentro ya llegó. Que dios nos ayude.
sábado, 9 de noviembre de 2013
sábado, 2 de noviembre de 2013
Capítulo 53
Ella cayó rendida sobre mí. Escondió su rostro en mi cuello y con sus manos calmó las marcas que sus uñas habían dejado sobre mi pecho.
—Preciosa —le dije. Ella sonrió.
—Tú más.
—¿Te das cuenta de lo qué me has hecho? —le pregunté. Ella negó con la cabeza —Te quiero y es lo mejor que me ha pasado en la vida.
—¿Harry ya te estás poniendo cursi? —preguntó entre divertida y enternecida —Me encanta que lo hagas —besó mis labios —Te quiero.
—No más que yo…
—Mentira, yo más. —dijo y se abrazó más a mí, escondiendo su rostro en mi cuello. Respiró profundamente y acarició mi piel con su nariz.
—¿Fuiste hoy a ver a tu madre? —le pregunté.
—Ajá, y como siempre me preguntó por ti, se nota que te quiere Harry —dijo.
—¿Y qué le dijiste? ¿Qué estamos juntos? ¿Qué me amas? ¿Qué no puedes vivir sin mí? ¿Qué ahora es mi suegra?
Ella rió divertida y alzó la cabeza para mirarme a los ojos.
—No, solo le dije que estabas bien.
—Que mala hija eres. Pero quédate tranquila. Mañana iremos juntos a verla. Y yo mismo le diré que ahora es mi suegra.
—Que yo sepa no he recibido ninguna propuesta de noviazgo para que ella sea tu suegra —dijo con algo de recelo.
La miré fijo a los ojos y sonreí. Acomodé mi garganta.
—Señorita Jones, ¿Quisiera usted ser mi novia? —le pregunté. Una sonrisa del tamaño de una casa atravesó su rostro.
—Sí, sí quiero señor Styles —dijo y me besó efusivamente. Me alejé de sus labios y besé su nariz.
—Mañana podemos ir a almorzar con Gina, y de paso decírselo. Es más, puedes llamar a tu padre. Podríamos almorzar los cuatro.
Cat comenzó a reír como si le hubiese contado el mejor chiste del mundo.
—¿Mis padres? — rió de nuevo — ¿Almorzando?, ¿juntos? —dijo mientras calmaba su risa
—Por dios. Estás loco. Se matarían.
—Vamos, no creo que sea tan malo —le dije.
—No lo sé, no estoy segura —dijo ya más seria —Pero si saben que el otro va, ni locos van.
—Bueno, puedes mentirles. No les digas que va el otro y nos encontramos allí. No será tan malo. Tengo un presentimiento de eso…
—Está bien, lo haré —musitó.
Se volvió a apoyar en mí y comencé a acariciar su espalda. La abracé un poco más.
—Gracias —susurré.
—¿Por qué? —preguntó con la voz ya adormilada.
—Por todo lo que me has dado.
—No, gracias a ti.
—Te quiero —musité.
—Y yo a ti, mucho.
Me desperté al sentir una lluvia de besos sobre mi rostro. Iban desde mi frente hasta mis labios. Y caían con especial énfasis allí.
—Mmm… Buenos días—dije con voz ronca.
—Arriba dormilón.—
—¿Qué hora es? —pregunté mientras estiraba mis brazos para agarrar a Cat, ya que aun no había abierto mis ojos. Ella tomó una de mis manos con la suya, y la acarició.
—Las 9:30 de la mañana —respondió y besó mi palma.
—¿Por qué me estas despertando a estas horas de la madrugada? —reproché.
Ella volvió a besar mi rostro hasta mi boca. Abrí los ojos y la miré. Es la imagen más preciosa que vi en mi vida. Lentamente me incorporé para sentarme. Me apoyé contra el respaldo de la cama y la miré de arriba abajo.
—¿Qué? —dijo ella.
—¿Tienes puesta una camisa mía? —pregunté.
Ella sonrió coqueta y se puso de pie. Solo llevaba puesta una de mis camisas abrochada hasta la mitad de su pecho. Totalmente provocadora y descarada.
—Sí, es tuya —confirmó —Me desperté hace una hora y no tenía ganas de ponerme mi ropa. Comencé a revisar la tuya, y esta es la camisa que tenías puesta el día de la fiesta que nos encontramos. Por dios, estabas tan sexy ese día.
—Ven aquí —dije y la tomé del brazo. Riéndose tontamente se acercó más y la acomodé entre mis brazos —¿Por qué no me dejaste besarte esa noche? Dios sabe lo mucho que quería hacerlo… estabas tan irresistible.
—Te odiaba —aseguró —Me caías mal. En especial con tu aire de galán matador. Pero eras demasiado... Eras el completo SEÑOR EGO.
—¿Qué fue lo que te llevó a no odiarme? —pregunté.
—No sé si la palabra correcta es odio. Pero me chocabas en algunos momentos. En otros lo pasaba bien contigo. Y a veces simplemente me sacabas de mis casillas. Pero no pude evitarlo. Poco a poco te metiste en mí y ahora ...me gustas. Así, egocéntrico y todo.
—¿Cuánto te gusto?
—Mucho, mucho mucho, al infinito y más allá —susurró y levantó su cabeza para besarme cortamente.
—¿Rose no ha llegado? —le pregunté.
—Llamó hace un rato. Se sorprendió de que yo la haya atendido y le conté que somos novios.
—¿Qué dijo? —dije divertido al imaginarme la expresión de mi nana.
—Que era un milagro de dios y que eso había que celebrarlo —me contó soltando una leve risa.
—Já, ya la imagino.
—Y dijo que hoy no vendrá porque, otra vez, Brutus se tragó una moneda.
—Ese perro es tan tonto —aseguré y la acomodé mejor entre mis brazos.
—No ofendas al perro.. Ah, y le dije que la quiero ver y le prometí que mañana por la tarde vendría a visitarla.
—¿Y quien te dijo a ti que esta noche estarías lejos de mí? —le pregunté.
—Oh, ¿Acaso no piensas dejarme un rato? —preguntó.
—Por nada del mundo —dije con una gran sonrisa. La besé.
—¿Sabes que tengo ganas de hacer? —dijo.
—No, pero sabes que quiero hacer yo —pregunté con una sonrisa pervertida.
—Si ya me imagino qué quieres tú, pero yo quiero bañarme, Harry – fruncí el ceño.
—Bueno, ahí tengo un par de toallas limpias, mi amor. Puedes bañarte —dije.
Ella sonrió y luego mordió su labio inferior.
—Sí, pero quiero bañarme contigo —susurró.
La miré fijo por unos cuantos segundos sin decir nada. Con un movimiento del que ni yo mismo fui consciente me puse de pie con ella entre mis brazos. Soltó un grito divertido y se echó a reír.
—Lo que me acabas de decir, es cierto ¿verdad? —pregunté.
—Ajá —asintió divertida
—Como me puedes —dije y salí del cuarto para entrar al baño. Ella reía y pataleaba. La puerta se cerró detrás de nosotros —Acabas de cometer el mayor error de tu vida al permitirme esto, cariño.
—¿Por qué? —preguntó, mientras arqueaba una ceja y comenzaba a desabrochar los botones de mi camisa —Yo no le veo nada de malo a bañarme con mi novio. ¿Tú si?
—El problema no es el baño… sino lo que va a pasar en el baño —le dije y miré el movimiento que hacían sus dedos al desabrochar los botones. Su simpática risa llegó a mis oídos, para hacerme reaccionar y mirarla a la cara.
—Será solo un simple baño, Styles —aseguró.
Un rato después..
Cat salió primera del baño, soltando unas cuantas groserías.
—¡Harry, voy a matarte! —la escuché quejarse desde el cuarto —¡Ahora dime como voy a hacer para ocultar estas malditas marcas que me dejaste en el cuello!
—¡Ese es tu problema! —le grité mientras terminaba de enjuagarme la cabeza —¡Tú dime como voy a hacer para quitarme las marcas de tus uñas!
—¡Pero eso no está visible, TONTO! —chilló —¡Lo tapas con la camisa y listo! ¡Yo tengo un chupetón gigante en el cuello y encima del pecho! ¿Qué le voy a decir a mi madre cuando pregunte de qué son?
—¡Lo va a entender, mi amor, deja de quejarte! —le pedí y apagué la ducha.
Tomé la toalla y me sequé el cabello para luego envolver mi cintura con ella. Salí del baño y entré a la habitación. Cat ya casi se había terminado de cambiar.
—Eres un maldita bestia —me dijo sin mirarme.
Sonreí y me acerqué a ella para abrazarla por la espalda. Quiso alejarse pero no la dejé.
—Yo te advertí que no sería un simple baño —le susurré al oído —Pero no vas a decirme que no te encantó —giró para mirarme de frente. Mordió su labio y se puso de puntillas para rozar los míos.
—Sí, pero mira estas marcas—musitó y se alejó antes de que yo la besara. Riéndose salió de la habitación y me dejó con las ganas de otro beso. Me cambie lo más rápido que pude y salí en busca de ella. La busqué y cuando la divisé me acerqué rápidamente. Ella rió sobre mi boca, llenándome de alegría. El timbre de casa sonó. Me alejé despacio de los labios de Cat y miré hacia la puerta.
—¿Quién será? —pregunté.
—¿Esperabas a alguien? —dijo Cat alejándose.
—No, para nada —aseguré y me acerqué a la puerta. Girando la manija abrí la puerta y me quedé quieto mirándolo. Él miró sobre mi hombro a Cat. Una sonrisa se dibujó en él.
—Buenos días hijo, espero no haber interrumpido nada.
—Preciosa —le dije. Ella sonrió.
—Tú más.
—¿Te das cuenta de lo qué me has hecho? —le pregunté. Ella negó con la cabeza —Te quiero y es lo mejor que me ha pasado en la vida.
—¿Harry ya te estás poniendo cursi? —preguntó entre divertida y enternecida —Me encanta que lo hagas —besó mis labios —Te quiero.
—No más que yo…
—Mentira, yo más. —dijo y se abrazó más a mí, escondiendo su rostro en mi cuello. Respiró profundamente y acarició mi piel con su nariz.
—¿Fuiste hoy a ver a tu madre? —le pregunté.
—Ajá, y como siempre me preguntó por ti, se nota que te quiere Harry —dijo.
—¿Y qué le dijiste? ¿Qué estamos juntos? ¿Qué me amas? ¿Qué no puedes vivir sin mí? ¿Qué ahora es mi suegra?
Ella rió divertida y alzó la cabeza para mirarme a los ojos.
—No, solo le dije que estabas bien.
—Que mala hija eres. Pero quédate tranquila. Mañana iremos juntos a verla. Y yo mismo le diré que ahora es mi suegra.
—Que yo sepa no he recibido ninguna propuesta de noviazgo para que ella sea tu suegra —dijo con algo de recelo.
La miré fijo a los ojos y sonreí. Acomodé mi garganta.
—Señorita Jones, ¿Quisiera usted ser mi novia? —le pregunté. Una sonrisa del tamaño de una casa atravesó su rostro.
—Sí, sí quiero señor Styles —dijo y me besó efusivamente. Me alejé de sus labios y besé su nariz.
—Mañana podemos ir a almorzar con Gina, y de paso decírselo. Es más, puedes llamar a tu padre. Podríamos almorzar los cuatro.
Cat comenzó a reír como si le hubiese contado el mejor chiste del mundo.
—¿Mis padres? — rió de nuevo — ¿Almorzando?, ¿juntos? —dijo mientras calmaba su risa
—Por dios. Estás loco. Se matarían.
—Vamos, no creo que sea tan malo —le dije.
—No lo sé, no estoy segura —dijo ya más seria —Pero si saben que el otro va, ni locos van.
—Bueno, puedes mentirles. No les digas que va el otro y nos encontramos allí. No será tan malo. Tengo un presentimiento de eso…
—Está bien, lo haré —musitó.
Se volvió a apoyar en mí y comencé a acariciar su espalda. La abracé un poco más.
—Gracias —susurré.
—¿Por qué? —preguntó con la voz ya adormilada.
—Por todo lo que me has dado.
—No, gracias a ti.
—Te quiero —musité.
—Y yo a ti, mucho.
Me desperté al sentir una lluvia de besos sobre mi rostro. Iban desde mi frente hasta mis labios. Y caían con especial énfasis allí.
—Mmm… Buenos días—dije con voz ronca.
—Arriba dormilón.—
—¿Qué hora es? —pregunté mientras estiraba mis brazos para agarrar a Cat, ya que aun no había abierto mis ojos. Ella tomó una de mis manos con la suya, y la acarició.
—Las 9:30 de la mañana —respondió y besó mi palma.
—¿Por qué me estas despertando a estas horas de la madrugada? —reproché.
Ella volvió a besar mi rostro hasta mi boca. Abrí los ojos y la miré. Es la imagen más preciosa que vi en mi vida. Lentamente me incorporé para sentarme. Me apoyé contra el respaldo de la cama y la miré de arriba abajo.
—¿Qué? —dijo ella.
—¿Tienes puesta una camisa mía? —pregunté.
Ella sonrió coqueta y se puso de pie. Solo llevaba puesta una de mis camisas abrochada hasta la mitad de su pecho. Totalmente provocadora y descarada.
—Sí, es tuya —confirmó —Me desperté hace una hora y no tenía ganas de ponerme mi ropa. Comencé a revisar la tuya, y esta es la camisa que tenías puesta el día de la fiesta que nos encontramos. Por dios, estabas tan sexy ese día.
—Ven aquí —dije y la tomé del brazo. Riéndose tontamente se acercó más y la acomodé entre mis brazos —¿Por qué no me dejaste besarte esa noche? Dios sabe lo mucho que quería hacerlo… estabas tan irresistible.
—Te odiaba —aseguró —Me caías mal. En especial con tu aire de galán matador. Pero eras demasiado... Eras el completo SEÑOR EGO.
—¿Qué fue lo que te llevó a no odiarme? —pregunté.
—No sé si la palabra correcta es odio. Pero me chocabas en algunos momentos. En otros lo pasaba bien contigo. Y a veces simplemente me sacabas de mis casillas. Pero no pude evitarlo. Poco a poco te metiste en mí y ahora ...me gustas. Así, egocéntrico y todo.
—¿Cuánto te gusto?
—Mucho, mucho mucho, al infinito y más allá —susurró y levantó su cabeza para besarme cortamente.
—¿Rose no ha llegado? —le pregunté.
—Llamó hace un rato. Se sorprendió de que yo la haya atendido y le conté que somos novios.
—¿Qué dijo? —dije divertido al imaginarme la expresión de mi nana.
—Que era un milagro de dios y que eso había que celebrarlo —me contó soltando una leve risa.
—Já, ya la imagino.
—Y dijo que hoy no vendrá porque, otra vez, Brutus se tragó una moneda.
—Ese perro es tan tonto —aseguré y la acomodé mejor entre mis brazos.
—No ofendas al perro.. Ah, y le dije que la quiero ver y le prometí que mañana por la tarde vendría a visitarla.
—¿Y quien te dijo a ti que esta noche estarías lejos de mí? —le pregunté.
—Oh, ¿Acaso no piensas dejarme un rato? —preguntó.
—Por nada del mundo —dije con una gran sonrisa. La besé.
—¿Sabes que tengo ganas de hacer? —dijo.
—No, pero sabes que quiero hacer yo —pregunté con una sonrisa pervertida.
—Si ya me imagino qué quieres tú, pero yo quiero bañarme, Harry – fruncí el ceño.
—Bueno, ahí tengo un par de toallas limpias, mi amor. Puedes bañarte —dije.
Ella sonrió y luego mordió su labio inferior.
—Sí, pero quiero bañarme contigo —susurró.
La miré fijo por unos cuantos segundos sin decir nada. Con un movimiento del que ni yo mismo fui consciente me puse de pie con ella entre mis brazos. Soltó un grito divertido y se echó a reír.
—Lo que me acabas de decir, es cierto ¿verdad? —pregunté.
—Ajá —asintió divertida
—Como me puedes —dije y salí del cuarto para entrar al baño. Ella reía y pataleaba. La puerta se cerró detrás de nosotros —Acabas de cometer el mayor error de tu vida al permitirme esto, cariño.
—¿Por qué? —preguntó, mientras arqueaba una ceja y comenzaba a desabrochar los botones de mi camisa —Yo no le veo nada de malo a bañarme con mi novio. ¿Tú si?
—El problema no es el baño… sino lo que va a pasar en el baño —le dije y miré el movimiento que hacían sus dedos al desabrochar los botones. Su simpática risa llegó a mis oídos, para hacerme reaccionar y mirarla a la cara.
—Será solo un simple baño, Styles —aseguró.
Un rato después..
Cat salió primera del baño, soltando unas cuantas groserías.
—¡Harry, voy a matarte! —la escuché quejarse desde el cuarto —¡Ahora dime como voy a hacer para ocultar estas malditas marcas que me dejaste en el cuello!
—¡Ese es tu problema! —le grité mientras terminaba de enjuagarme la cabeza —¡Tú dime como voy a hacer para quitarme las marcas de tus uñas!
—¡Pero eso no está visible, TONTO! —chilló —¡Lo tapas con la camisa y listo! ¡Yo tengo un chupetón gigante en el cuello y encima del pecho! ¿Qué le voy a decir a mi madre cuando pregunte de qué son?
—¡Lo va a entender, mi amor, deja de quejarte! —le pedí y apagué la ducha.
Tomé la toalla y me sequé el cabello para luego envolver mi cintura con ella. Salí del baño y entré a la habitación. Cat ya casi se había terminado de cambiar.
—Eres un maldita bestia —me dijo sin mirarme.
Sonreí y me acerqué a ella para abrazarla por la espalda. Quiso alejarse pero no la dejé.
—Yo te advertí que no sería un simple baño —le susurré al oído —Pero no vas a decirme que no te encantó —giró para mirarme de frente. Mordió su labio y se puso de puntillas para rozar los míos.
—Sí, pero mira estas marcas—musitó y se alejó antes de que yo la besara. Riéndose salió de la habitación y me dejó con las ganas de otro beso. Me cambie lo más rápido que pude y salí en busca de ella. La busqué y cuando la divisé me acerqué rápidamente. Ella rió sobre mi boca, llenándome de alegría. El timbre de casa sonó. Me alejé despacio de los labios de Cat y miré hacia la puerta.
—¿Quién será? —pregunté.
—¿Esperabas a alguien? —dijo Cat alejándose.
—No, para nada —aseguré y me acerqué a la puerta. Girando la manija abrí la puerta y me quedé quieto mirándolo. Él miró sobre mi hombro a Cat. Una sonrisa se dibujó en él.
—Buenos días hijo, espero no haber interrumpido nada.
sábado, 12 de octubre de 2013
Capítulo 52
Cat comenzó a reír divertida al igual que Jade. Dejamos de hablar y nos giramos a verlas. Louis se puso de pie.
— ¿Qué sucede? — preguntó Louis mientras se acercaba a ellas. Zayn y yo lo seguimos.
— Me parece que Angélica acaba de arruinar nuestra cena — dijo Cat sin dejar de reír. La miré divertido.
— ¡No es divertido! — se quejó la rubia. Jade se restregó los ojos, mientras calmada su risa.
— No les hagas caso a estas brujas — dijo Zayn y se acercó a Angel, quien apoyó su cabeza sobre su hombro cuando él estiró sus brazos.
— Aaaay, me ha dicho bruja — se quejó Cat.
Me acerqué a ella y la abracé por la espalda, apoyando mi mentón en su hombro. Mi boca quedó cerca de su oído. Ella colocó sus brazos sobre los míos que estaban sobre su vientre.
— Y sí, algo de eso debes ser… porque me tienes hechizado. No puedo dejar de verte, no puedo dejar de pensar en ti, en tus besos, en tu cuerpo — le susurré.
Sonrió levemente y mordió su labio. Giró un poco la cabeza y me miró.
— No puedes con tu genio, ¿verdad? — preguntó.
— Te lo aseguro… en cuanto se vayan todos, tú no te salvas de mí — besé su mejilla y volví mi vista a los demás, pero sin dejar de abrazar a Cat — Entonces ¿Qué vamos a cenar?
— Pidamos unas pizzas — dijo Louis.
— Perfecto — aseguré y me alejé de Cat para ir en busca del número de la pizzería. Pero detuve mi paso al recordar aquello, me giré a verlos a todos — No podemos.
— ¿Por qué? — dijo confundido Zayn.
— Cat, no come pizzas — dije.
Ella sonrió y se acercó a mí, para acomodar un poco mi cabello.
— Eres tan dulce— aseguró.
— Y tú eres mi envoltura — murmuré y me incliné para besarla cortamente.
— Pero no os preocupéis por mí… pedid la pizza, yo no tengo hambre — les dijo a los chicos.
Ellos volvieron a sus charlas y le lancé a Zayn la tarjeta con el número para que llamara. Volví mi vista a Cat. Me senté en el sillón y le hice un gesto para que se sentara sobre mis piernas.
— Es mentira que no tienes hambre. Hace un rato estabas que matabas por un poco de comida.
— No te preocupes, comeré un poco de fruta — me dijo.
— No, ¿sabes qué? Vas a comer una porción de pizza o dejo de llamarme Harry Edward ‘el sexy’ Styles.
— ¿El sexy? — dijo divertida — Más bien ‘el calentón’.
— Muy graciosa — bufé — Pero la única calentona aquí eres tú…
— Sí, y me encanta serlo — dijo con descarado coqueteo.
— No me seduzcas aquí… tenemos invitados, amor mío. No querrás que haga cosas inapropiadas delante de ellos ¿o sí?
— No te atreverías — dijo entre divertida y nerviosa.
— ¿Quieres averiguarlo? — pregunté.
— No, Harry, ni se te ocurra — se iba a poner de pie, pero no la dejé. Me miró fijo a los ojos.
— ¿A dónde crees que vas?
— A… a estar con las chicas.
— Con ellas puedes estar otro día, ahora estás conmigo — le robé un breve beso.
Ella sonrió y se acurrucó contra mi pecho. Mi corazón latió rápido bajo su oreja, y la escuché sonreír. Se alejó de mí y me miró a los ojos.
— La primera vez que me besaste en la clase, ¿recuerdas?
— Cómo olvidarlo, amor, luego te pusiste como una loca y eso fue lo que más me gustó de ti.
Rió levemente y levantó su mano para acariciar mi mejilla.
— Mi corazón latió muy rápido cuando hiciste eso — me contó. La miré algo sorprendido.
— Entonces ¿Por qué me hiciste sufrir tanto por ti? — le pregunté.
Ella mordió su labio inferior y levantando la mirada encontró la mía.
— Porque yo no quería ser una más para ti, Harry.
— Y no lo eres… definitivamente no lo eres.
— Harry, yo… te…
Sentí una presión en mi pecho ante lo que mis oídos y, principalmente, mi corazón estaban esperando escuchar.
- ¡Llegó la pizza! – gritó Zayn entrando al apartamento.
Maldije para mi mismo a Zayn ya que Cat se puso de pie y se acercó a la mesa dejándome con la duda latiendo.
¿Qué era lo que iba a decirme?
Sacudí la cabeza y me puse de pie. Preparamos las cosas y nos sentamos a comer.
—Ven aquí —le dije a ella. Negó levemente con la cabeza —Que vengas aquí — revoleó los ojos y mordiendo levemente su labio se acercó a mí. La tomé de la cintura y la senté sobre mis rodillas. Tomé una porción de pizza y la acerqué a su boca.
—No, Harry, no quiero comer pizza —dijo moviendo la cara hacia el otro lado.
—Pero vas a hacerlo. ¿O prefieres que eche a los chicos y tú y yo tengamos una seria ‘charla’?
Me miró fijo a los ojos, tratando de saber si sería capaz de hacerlo o si solo estaba bromeando. Soltando un leve suspiro tomó la porción de pizza. Frunció el ceño con bastante asco y lo acercó a su boca. Con cuidado dio el primer mordisco. Comenzó a masticar y poco a poco la cara de repulsión se fue convirtiendo en un gesto de agrado. Me miró mientras comía y sonreí mostrándole una sonrisa de satisfacción.
—Diablos Cat, ya te esta chantajeando. Estás comiendo cosas que ‘supuestamente’ no tienes que comer o mejor dicho que ‘juraste’ no comer. Que mal te veo amiga —dijo Angélica.
—Es el amor Angel —dijo Jade divertida. Cat sonrió y volvió a comer.
—¿Está rico? —le pregunté.
—Hace tanto que no comía esto. Ya casi me había olvidado lo bien que sabía —dijo y volvió a morder su porción.
—¿Has visto, mi amor? Lo mismo va a pasar con la carne. Es solo cuestión de volver a probarlo.
—Jamás —aseguró con la boca llena. Reí por lo bajo – Nunca más voy a comer carne.
—No estés tan segura de eso —susurré y le guiñé un ojo. Ella sonrió y miró al frente.
—¿Y dónde estuvisteis todo el día? —preguntó mi prima. Salí de mi encantó de mirar a Catherin, y miré a mi prima.
—¿Qué? —le pregunté. Ella suspiró.
—¿Acaso voy a tener que repetirte las cosas dos veces porque vas a estar atontado mirando a Cat? —dijo.
—Creo… que sí —dije asintiendo. Todos reímos.
—Bueno, como te decía ¿Dónde estuvisteis?
—Por ahí —dije.
Mi mirada se cruzó con la profunda mirada de Cat, y con ese simple gesto ella entendió que yo no quería contarles, todavía, que había encontrado a mamá.
—¿Haciendo qué? —prosiguió mi prima.
La miré y sonreí. Ella y su curiosidad algún día van a matarme.
—¿Quieres que te lo cuente con detalles? —dije irónico.
—Sí, tonto —dijo por lo bajo Angélica. Cat sonrió y volvió a agarrar otra porción de pizza.
—Paseamos un poco por la cuidad, tomamos un helado y luego fuimos a caminar un poco por ahí —dijo como si fuera totalmente cierto.
—Sí, seguro —dijo Zayn. Todos volvimos a reír.
La cena transcurrió entre risas y recuerdos. Después de terminar las chicas se dirigieron a lavar los platos, mientras que los chicos y yo volvimos a apoyar nuestros traseros en los sillones.
—Os lo voy a pedir de buena manera, llevaros a svuestras queridas novias, amantes, o amigas con derecho y dejadme a solas con mi Cat —les dije.
Ambos me miraron con desaprobación.
—Eres tan sucio —aseguró Louis —¿Acaso no te has puesto a pensar qué tal vez Cat no quiera tener relaciones hoy? No tienes consideración. Mírala, es pequeña Harry y tú eres un oso al lado de ella.
—Ella no se queja de ello. Y créeme que lo disfruta y mucho —le aseguré.
—Definitivamente eres un pervertido —dijo Zayn poniéndose de pie —Vamos Louis, dejemos a este par de tórtolitos con su pasión.
Reí por lo bajo y me puse de pie. Nos acercamos a ellas.
—Jade, mi vida, nos vamos —le habló a su novia.
—¿Ya? —reprochó ella.
—Si, Harry nos ha echado —le contó.
—¡Harry! —me regañó Cat.
—¡Mentirosos, yo nunca los eché!
—Eres el peor —aseguró mi prima —Gracias a dios, no me quedaré aquí.
Arqueé una ceja y miré a Zayn. Al instante la rubia adquirió un color rojo que la tiñó por completo.
—Bueno Cat nos vemos mañana, amiga —dijo Jade y se acercó a ella para abrazarla.
—Perdona a Harry… es un tonto —le dijo y me miró mal —Pero ya va a ver. Lo voy a castigar y donde más le duele.
—Uh no me gustaría estar en tus pantalones, Styles —dijo Louis.
—Ni a mí —agregó Zayn mientras tomaba su abrigo.
Cat se acercó a Angélica y le dijo algo en voz baja. La rubia asintió y ambas me miraron. Sentí miedo, mucho miedo.
—Bueno, vamos —dijo Louis. Todos nos acercamos a la puerta. Cat y yo les despedimos y vimos como desaparecían por el pasillo. El apartamento quedó en un total silencio. Giré para mirar a Cat, pero ella ya no estaba a mi lado. Levanté la vista y estaba terminando de acomodar las cosas en la mesa. Con cuidado me acerqué a ella.
—¿Qué pasa? —le pregunté.
—Eres el peor amigo del mundo —dijo sin mirarme.
Me acerqué un poco más a donde estaba y cuando estuve lo bastante cerca estiré mi mano y tomé su mentón. Hice que me mirara.
—No, no soy un mal amigo —le dije. Ella asintió.
—Sí, sí lo eres.
—Todo el tiempo estamos con ellos. ¿Acaso no entiendes que estoy asumiendo lo que siento por ti y lo único que quiero es estar contigo? —pregunté.
Sus ojos se clavaron penetrantes en los míos.
—¿Y qué sientes por mí? —preguntó. Sonreí de costado.
—¿Bailamos? —le dije.
Ella frunció el ceño. Me alejé y me acerqué a la radio. La encendí y para mi suerte una canción lenta sonaba. Estiré mi mano hacia ella. Me miró confundida y asentí para que se acercara. Se acercó y tomó mi mano. La acerqué hacia mí y la pegué a mi cuerpo. Coloqué mis manos en su espalda y escondí mi rostro en su cabello, mientras ella colocaba sus brazos alrededor de mi cuello. Respiré profundamente su dulce aroma. Llenó mi corazón.
—Cat lo que yo siento por ti es algo tan extraño para mí. Nunca, pero nunca lo sentí por nadie… Y me hace sentir tantas cosas. Incluso tuve miedo… mucho miedo.
—¿Miedo? ¿De qué?
—De perderte —musité y la apreté más a mí.
—¿Estás seguro Harry? Tal vez… no sea tan así, y estés confundido. Yo no sé si podré soportar que esto pase así como si nada.
—Claro que estoy seguro Cat. Ahora que te tengo, que eres mía… no puedo vivir sin ti. Te necesito cerca, muy cerca.
Levantó su cabeza y me miró a los ojos. Recorrí su bello rostro, hasta posar mi mirada en sus labios. Una suave sonrisa se curvó en ellos.
—¿Quieres besarme? —preguntó.
—Ajá —asentí.
—Pues… ¿Qué estas esperando?
Bajé mi cabeza y me topé con ellos. Mi corazón comenzó a latir desaforado. Que estoy completamente seguro que se escucha con perfecta claridad. Me alejé apenas de su boca.
—Juro que si Angélica llega a entrar por esa puerta esta muerta —dije y atrapé su labio inferior suavemente.
—Eres malo ¿sabes? —susurró y me acercó más a ella. Dándome pequeños besos fue soltando mi boca. Apoyé mi frente sobre la de ella y abrí los ojos. Ella aún los tenía cerrados. La música seguía sonando suave —¿Qué pasó con Will?
Eso fue como un balde de agua fría, que verdaderamente arruinó uno de los momentos más románticos de mi vida. Lentamente me alejé de ella.
—Realmente tú eres la peor de los dos —dije y me senté en el sillón. Ella abrió un poco la boca para hablar, pero no dijo nada. Se sentó a mi lado y tomó mis manos con las de ella.
—Lo siento amor, pero estuve toda la tarde pensando en eso. Me preocupa.
—¿Qué cosa? —– dije.
—Que te enfades y te salgas de tu paciencia… yo no quiero que las cosas estén mal. Sé que tu padre no es un santo. Es más, es una basura. Pero yo creo que…
—No amor, mi padre no merece una oportunidad —la interrumpí al entender lo que quería decirme
—No la merece.
Ella se acercó más a mí y apoyó su cabeza contra mi pecho. Levanté mi mano y con uno de mis dedos enredé uno mechón para jugar con él. Ella suspiró.
—¿Cómo te sentiste al ver hoy a tu madre? —preguntó. Me extrañé un poco ante su cambio de tema. Sonreí levemente.
—Feliz —contesté. Al instante recordé que debía llamar a mamá —Mierda…
—¿Qué pasó? —dijo ella incorporándose un poco de mí.
—Me olvidé de llamar a mi madre —le dije.
Ella negó levemente con la cabeza.
—¿Ves que también eres un mal hijo? Debe estar preocupada. Pero ahora ya es tarde para llamarla —asentí con la cabeza —Mal hijo.
—Mañana, apenas me levante, voy a llamarla —aseguré.
—Sí, sí ya lo creo —dijo irónica.
—Lo juro. Y también voy a hacerte el desayuno —dije.
Ella sonrió
—¿Puedes explicarme por qué eres tan precioso? —preguntó.
—Es lo que siempre me pregunto cuando me miro al espejo—dije divertido.
—Tonto egocéntrico —me acusó.
—Te encanta que lo sea —con una uña marcó el contorno de mi mandíbula —¿En qué estás pensando? —le pregunté.
Sentí un calor interno que me erizó la piel por aquel simple, pero provocador toque. Se acercó más a mí y comenzó a besar mi mejilla. Cerré los ojos y disfruté de aquello. Sus labios estaban ya bastante cerca de los míos, pero no pude aguantarme. Corrí mi rostro en busca de su boca. Pero ella tomó mi rostro con sus manos. Abrí los ojos.
Se incorporó un poco de donde estaba sentada y abriendo sus piernas se sentó sobre mí. Sentí como mi respiración se agitaba. Es increíble saber que ella puede alterarme así con solo tocarme o mirarme.
—No tienes una idea de cómo me puedes, Harry. No eres conciente de eso ¿verdad? —dijo y se movió levemente sobre mí. Apreté los dientes y maldije por lo bajo.
—Te detesto —susurré. Ella sonrió perversamente.
—¿Por qué? —preguntó en voz baja, excitándome. Volvió a moverse. Tragué saliva.
—Porque eres una gatita mala, muy mala —le aseguré.
—¿Soy una gatita? —preguntó divertida. Asentí frenéticamente —Sí… pero soy tuya. Tu gatita.
—Eso es lo que más me gusta —ella ronroneó y eso terminó con lo poco que quedaba de mi cordura —Por dios, vas a volverme loco.
Posé mis manos en sus caderas. Ella acercó sus labios a los míos y los acarició. Ella sabe como enloquecerme. Ella simplemente tiene la receta perfecta de mi maldita enfermedad. Su amor.
Tomé su boca en un exigente beso. Un móvil comenzó a sonar, pero no le prestamos atención. Cat se acercó más a mí y comenzó a susurrar cosas sobre mis labios, tensándome un poco más. ¿Acaso eso es posible? Al parecer sí, es muy posible.
—Cat—susurré su nombre.
—Harry… necesito sentir tu corazón latiendo sobre mí rápido, muy rápido —musitó agitada.
La besé ferozmente y sin ningún problema me puse de pie con ella encima. El maldito móvil volvió a sonar. Y diablos, es el mío. Sin bajarse de mí, Cat, lo buscó en mis bolsillos. Cuando lo sacó miré la pantalla. La miré a ella.
—Es mi padre —dije agitado. Ella lo tomó y sin vacilar lo apagó. La miré algo sorprendido.
—Tienes razón al decir que no merece una oportunidad. Y mucho menos le voy a dar la oportunidad de arruinar nuestro momento. Ahora somos tú y yo, nadie más —me dijo mirándome a los ojos. Como me gustan sus ojos —Y ahora lleva a esta gatita a ese cuarto antes de que se le vayan las ganas de dar arañazos.
Acarició mi nariz con la suya y volvió a ronronear. Respiré profundamente.
—Tus deseos son órdenes para mí, gatita.
— ¿Qué sucede? — preguntó Louis mientras se acercaba a ellas. Zayn y yo lo seguimos.
— Me parece que Angélica acaba de arruinar nuestra cena — dijo Cat sin dejar de reír. La miré divertido.
— ¡No es divertido! — se quejó la rubia. Jade se restregó los ojos, mientras calmada su risa.
— No les hagas caso a estas brujas — dijo Zayn y se acercó a Angel, quien apoyó su cabeza sobre su hombro cuando él estiró sus brazos.
— Aaaay, me ha dicho bruja — se quejó Cat.
Me acerqué a ella y la abracé por la espalda, apoyando mi mentón en su hombro. Mi boca quedó cerca de su oído. Ella colocó sus brazos sobre los míos que estaban sobre su vientre.
— Y sí, algo de eso debes ser… porque me tienes hechizado. No puedo dejar de verte, no puedo dejar de pensar en ti, en tus besos, en tu cuerpo — le susurré.
Sonrió levemente y mordió su labio. Giró un poco la cabeza y me miró.
— No puedes con tu genio, ¿verdad? — preguntó.
— Te lo aseguro… en cuanto se vayan todos, tú no te salvas de mí — besé su mejilla y volví mi vista a los demás, pero sin dejar de abrazar a Cat — Entonces ¿Qué vamos a cenar?
— Pidamos unas pizzas — dijo Louis.
— Perfecto — aseguré y me alejé de Cat para ir en busca del número de la pizzería. Pero detuve mi paso al recordar aquello, me giré a verlos a todos — No podemos.
— ¿Por qué? — dijo confundido Zayn.
— Cat, no come pizzas — dije.
Ella sonrió y se acercó a mí, para acomodar un poco mi cabello.
— Eres tan dulce— aseguró.
— Y tú eres mi envoltura — murmuré y me incliné para besarla cortamente.
— Pero no os preocupéis por mí… pedid la pizza, yo no tengo hambre — les dijo a los chicos.
Ellos volvieron a sus charlas y le lancé a Zayn la tarjeta con el número para que llamara. Volví mi vista a Cat. Me senté en el sillón y le hice un gesto para que se sentara sobre mis piernas.
— Es mentira que no tienes hambre. Hace un rato estabas que matabas por un poco de comida.
— No te preocupes, comeré un poco de fruta — me dijo.
— No, ¿sabes qué? Vas a comer una porción de pizza o dejo de llamarme Harry Edward ‘el sexy’ Styles.
— ¿El sexy? — dijo divertida — Más bien ‘el calentón’.
— Muy graciosa — bufé — Pero la única calentona aquí eres tú…
— Sí, y me encanta serlo — dijo con descarado coqueteo.
— No me seduzcas aquí… tenemos invitados, amor mío. No querrás que haga cosas inapropiadas delante de ellos ¿o sí?
— No te atreverías — dijo entre divertida y nerviosa.
— ¿Quieres averiguarlo? — pregunté.
— No, Harry, ni se te ocurra — se iba a poner de pie, pero no la dejé. Me miró fijo a los ojos.
— ¿A dónde crees que vas?
— A… a estar con las chicas.
— Con ellas puedes estar otro día, ahora estás conmigo — le robé un breve beso.
Ella sonrió y se acurrucó contra mi pecho. Mi corazón latió rápido bajo su oreja, y la escuché sonreír. Se alejó de mí y me miró a los ojos.
— La primera vez que me besaste en la clase, ¿recuerdas?
— Cómo olvidarlo, amor, luego te pusiste como una loca y eso fue lo que más me gustó de ti.
Rió levemente y levantó su mano para acariciar mi mejilla.
— Mi corazón latió muy rápido cuando hiciste eso — me contó. La miré algo sorprendido.
— Entonces ¿Por qué me hiciste sufrir tanto por ti? — le pregunté.
Ella mordió su labio inferior y levantando la mirada encontró la mía.
— Porque yo no quería ser una más para ti, Harry.
— Y no lo eres… definitivamente no lo eres.
— Harry, yo… te…
Sentí una presión en mi pecho ante lo que mis oídos y, principalmente, mi corazón estaban esperando escuchar.
- ¡Llegó la pizza! – gritó Zayn entrando al apartamento.
Maldije para mi mismo a Zayn ya que Cat se puso de pie y se acercó a la mesa dejándome con la duda latiendo.
¿Qué era lo que iba a decirme?
Sacudí la cabeza y me puse de pie. Preparamos las cosas y nos sentamos a comer.
—Ven aquí —le dije a ella. Negó levemente con la cabeza —Que vengas aquí — revoleó los ojos y mordiendo levemente su labio se acercó a mí. La tomé de la cintura y la senté sobre mis rodillas. Tomé una porción de pizza y la acerqué a su boca.
—No, Harry, no quiero comer pizza —dijo moviendo la cara hacia el otro lado.
—Pero vas a hacerlo. ¿O prefieres que eche a los chicos y tú y yo tengamos una seria ‘charla’?
Me miró fijo a los ojos, tratando de saber si sería capaz de hacerlo o si solo estaba bromeando. Soltando un leve suspiro tomó la porción de pizza. Frunció el ceño con bastante asco y lo acercó a su boca. Con cuidado dio el primer mordisco. Comenzó a masticar y poco a poco la cara de repulsión se fue convirtiendo en un gesto de agrado. Me miró mientras comía y sonreí mostrándole una sonrisa de satisfacción.
—Diablos Cat, ya te esta chantajeando. Estás comiendo cosas que ‘supuestamente’ no tienes que comer o mejor dicho que ‘juraste’ no comer. Que mal te veo amiga —dijo Angélica.
—Es el amor Angel —dijo Jade divertida. Cat sonrió y volvió a comer.
—¿Está rico? —le pregunté.
—Hace tanto que no comía esto. Ya casi me había olvidado lo bien que sabía —dijo y volvió a morder su porción.
—¿Has visto, mi amor? Lo mismo va a pasar con la carne. Es solo cuestión de volver a probarlo.
—Jamás —aseguró con la boca llena. Reí por lo bajo – Nunca más voy a comer carne.
—No estés tan segura de eso —susurré y le guiñé un ojo. Ella sonrió y miró al frente.
—¿Y dónde estuvisteis todo el día? —preguntó mi prima. Salí de mi encantó de mirar a Catherin, y miré a mi prima.
—¿Qué? —le pregunté. Ella suspiró.
—¿Acaso voy a tener que repetirte las cosas dos veces porque vas a estar atontado mirando a Cat? —dijo.
—Creo… que sí —dije asintiendo. Todos reímos.
—Bueno, como te decía ¿Dónde estuvisteis?
—Por ahí —dije.
Mi mirada se cruzó con la profunda mirada de Cat, y con ese simple gesto ella entendió que yo no quería contarles, todavía, que había encontrado a mamá.
—¿Haciendo qué? —prosiguió mi prima.
La miré y sonreí. Ella y su curiosidad algún día van a matarme.
—¿Quieres que te lo cuente con detalles? —dije irónico.
—Sí, tonto —dijo por lo bajo Angélica. Cat sonrió y volvió a agarrar otra porción de pizza.
—Paseamos un poco por la cuidad, tomamos un helado y luego fuimos a caminar un poco por ahí —dijo como si fuera totalmente cierto.
—Sí, seguro —dijo Zayn. Todos volvimos a reír.
La cena transcurrió entre risas y recuerdos. Después de terminar las chicas se dirigieron a lavar los platos, mientras que los chicos y yo volvimos a apoyar nuestros traseros en los sillones.
—Os lo voy a pedir de buena manera, llevaros a svuestras queridas novias, amantes, o amigas con derecho y dejadme a solas con mi Cat —les dije.
Ambos me miraron con desaprobación.
—Eres tan sucio —aseguró Louis —¿Acaso no te has puesto a pensar qué tal vez Cat no quiera tener relaciones hoy? No tienes consideración. Mírala, es pequeña Harry y tú eres un oso al lado de ella.
—Ella no se queja de ello. Y créeme que lo disfruta y mucho —le aseguré.
—Definitivamente eres un pervertido —dijo Zayn poniéndose de pie —Vamos Louis, dejemos a este par de tórtolitos con su pasión.
Reí por lo bajo y me puse de pie. Nos acercamos a ellas.
—Jade, mi vida, nos vamos —le habló a su novia.
—¿Ya? —reprochó ella.
—Si, Harry nos ha echado —le contó.
—¡Harry! —me regañó Cat.
—¡Mentirosos, yo nunca los eché!
—Eres el peor —aseguró mi prima —Gracias a dios, no me quedaré aquí.
Arqueé una ceja y miré a Zayn. Al instante la rubia adquirió un color rojo que la tiñó por completo.
—Bueno Cat nos vemos mañana, amiga —dijo Jade y se acercó a ella para abrazarla.
—Perdona a Harry… es un tonto —le dijo y me miró mal —Pero ya va a ver. Lo voy a castigar y donde más le duele.
—Uh no me gustaría estar en tus pantalones, Styles —dijo Louis.
—Ni a mí —agregó Zayn mientras tomaba su abrigo.
Cat se acercó a Angélica y le dijo algo en voz baja. La rubia asintió y ambas me miraron. Sentí miedo, mucho miedo.
—Bueno, vamos —dijo Louis. Todos nos acercamos a la puerta. Cat y yo les despedimos y vimos como desaparecían por el pasillo. El apartamento quedó en un total silencio. Giré para mirar a Cat, pero ella ya no estaba a mi lado. Levanté la vista y estaba terminando de acomodar las cosas en la mesa. Con cuidado me acerqué a ella.
—¿Qué pasa? —le pregunté.
—Eres el peor amigo del mundo —dijo sin mirarme.
Me acerqué un poco más a donde estaba y cuando estuve lo bastante cerca estiré mi mano y tomé su mentón. Hice que me mirara.
—No, no soy un mal amigo —le dije. Ella asintió.
—Sí, sí lo eres.
—Todo el tiempo estamos con ellos. ¿Acaso no entiendes que estoy asumiendo lo que siento por ti y lo único que quiero es estar contigo? —pregunté.
Sus ojos se clavaron penetrantes en los míos.
—¿Y qué sientes por mí? —preguntó. Sonreí de costado.
—¿Bailamos? —le dije.
Ella frunció el ceño. Me alejé y me acerqué a la radio. La encendí y para mi suerte una canción lenta sonaba. Estiré mi mano hacia ella. Me miró confundida y asentí para que se acercara. Se acercó y tomó mi mano. La acerqué hacia mí y la pegué a mi cuerpo. Coloqué mis manos en su espalda y escondí mi rostro en su cabello, mientras ella colocaba sus brazos alrededor de mi cuello. Respiré profundamente su dulce aroma. Llenó mi corazón.
—Cat lo que yo siento por ti es algo tan extraño para mí. Nunca, pero nunca lo sentí por nadie… Y me hace sentir tantas cosas. Incluso tuve miedo… mucho miedo.
—¿Miedo? ¿De qué?
—De perderte —musité y la apreté más a mí.
—¿Estás seguro Harry? Tal vez… no sea tan así, y estés confundido. Yo no sé si podré soportar que esto pase así como si nada.
—Claro que estoy seguro Cat. Ahora que te tengo, que eres mía… no puedo vivir sin ti. Te necesito cerca, muy cerca.
Levantó su cabeza y me miró a los ojos. Recorrí su bello rostro, hasta posar mi mirada en sus labios. Una suave sonrisa se curvó en ellos.
—¿Quieres besarme? —preguntó.
—Ajá —asentí.
—Pues… ¿Qué estas esperando?
Bajé mi cabeza y me topé con ellos. Mi corazón comenzó a latir desaforado. Que estoy completamente seguro que se escucha con perfecta claridad. Me alejé apenas de su boca.
—Juro que si Angélica llega a entrar por esa puerta esta muerta —dije y atrapé su labio inferior suavemente.
—Eres malo ¿sabes? —susurró y me acercó más a ella. Dándome pequeños besos fue soltando mi boca. Apoyé mi frente sobre la de ella y abrí los ojos. Ella aún los tenía cerrados. La música seguía sonando suave —¿Qué pasó con Will?
Eso fue como un balde de agua fría, que verdaderamente arruinó uno de los momentos más románticos de mi vida. Lentamente me alejé de ella.
—Realmente tú eres la peor de los dos —dije y me senté en el sillón. Ella abrió un poco la boca para hablar, pero no dijo nada. Se sentó a mi lado y tomó mis manos con las de ella.
—Lo siento amor, pero estuve toda la tarde pensando en eso. Me preocupa.
—¿Qué cosa? —– dije.
—Que te enfades y te salgas de tu paciencia… yo no quiero que las cosas estén mal. Sé que tu padre no es un santo. Es más, es una basura. Pero yo creo que…
—No amor, mi padre no merece una oportunidad —la interrumpí al entender lo que quería decirme
—No la merece.
Ella se acercó más a mí y apoyó su cabeza contra mi pecho. Levanté mi mano y con uno de mis dedos enredé uno mechón para jugar con él. Ella suspiró.
—¿Cómo te sentiste al ver hoy a tu madre? —preguntó. Me extrañé un poco ante su cambio de tema. Sonreí levemente.
—Feliz —contesté. Al instante recordé que debía llamar a mamá —Mierda…
—¿Qué pasó? —dijo ella incorporándose un poco de mí.
—Me olvidé de llamar a mi madre —le dije.
Ella negó levemente con la cabeza.
—¿Ves que también eres un mal hijo? Debe estar preocupada. Pero ahora ya es tarde para llamarla —asentí con la cabeza —Mal hijo.
—Mañana, apenas me levante, voy a llamarla —aseguré.
—Sí, sí ya lo creo —dijo irónica.
—Lo juro. Y también voy a hacerte el desayuno —dije.
Ella sonrió
—¿Puedes explicarme por qué eres tan precioso? —preguntó.
—Es lo que siempre me pregunto cuando me miro al espejo—dije divertido.
—Tonto egocéntrico —me acusó.
—Te encanta que lo sea —con una uña marcó el contorno de mi mandíbula —¿En qué estás pensando? —le pregunté.
Sentí un calor interno que me erizó la piel por aquel simple, pero provocador toque. Se acercó más a mí y comenzó a besar mi mejilla. Cerré los ojos y disfruté de aquello. Sus labios estaban ya bastante cerca de los míos, pero no pude aguantarme. Corrí mi rostro en busca de su boca. Pero ella tomó mi rostro con sus manos. Abrí los ojos.
Se incorporó un poco de donde estaba sentada y abriendo sus piernas se sentó sobre mí. Sentí como mi respiración se agitaba. Es increíble saber que ella puede alterarme así con solo tocarme o mirarme.
—No tienes una idea de cómo me puedes, Harry. No eres conciente de eso ¿verdad? —dijo y se movió levemente sobre mí. Apreté los dientes y maldije por lo bajo.
—Te detesto —susurré. Ella sonrió perversamente.
—¿Por qué? —preguntó en voz baja, excitándome. Volvió a moverse. Tragué saliva.
—Porque eres una gatita mala, muy mala —le aseguré.
—¿Soy una gatita? —preguntó divertida. Asentí frenéticamente —Sí… pero soy tuya. Tu gatita.
—Eso es lo que más me gusta —ella ronroneó y eso terminó con lo poco que quedaba de mi cordura —Por dios, vas a volverme loco.
Posé mis manos en sus caderas. Ella acercó sus labios a los míos y los acarició. Ella sabe como enloquecerme. Ella simplemente tiene la receta perfecta de mi maldita enfermedad. Su amor.
Tomé su boca en un exigente beso. Un móvil comenzó a sonar, pero no le prestamos atención. Cat se acercó más a mí y comenzó a susurrar cosas sobre mis labios, tensándome un poco más. ¿Acaso eso es posible? Al parecer sí, es muy posible.
—Cat—susurré su nombre.
—Harry… necesito sentir tu corazón latiendo sobre mí rápido, muy rápido —musitó agitada.
La besé ferozmente y sin ningún problema me puse de pie con ella encima. El maldito móvil volvió a sonar. Y diablos, es el mío. Sin bajarse de mí, Cat, lo buscó en mis bolsillos. Cuando lo sacó miré la pantalla. La miré a ella.
—Es mi padre —dije agitado. Ella lo tomó y sin vacilar lo apagó. La miré algo sorprendido.
—Tienes razón al decir que no merece una oportunidad. Y mucho menos le voy a dar la oportunidad de arruinar nuestro momento. Ahora somos tú y yo, nadie más —me dijo mirándome a los ojos. Como me gustan sus ojos —Y ahora lleva a esta gatita a ese cuarto antes de que se le vayan las ganas de dar arañazos.
Acarició mi nariz con la suya y volvió a ronronear. Respiré profundamente.
—Tus deseos son órdenes para mí, gatita.
sábado, 5 de octubre de 2013
Capítulo 51
Sus ojos volvieron a adquirir ese brillo de hace unos instantes, sus
mejillas se enrojecieron levemente y eso terminó con lo que quedaba de
mí.
— ¿Usas ese calificativo con otras… personas? — me preguntó con recelo. Sonreí.
— ¿Celosa? – le pregunté arqueando una ceja.
— Estás matando el momento, Harry — dijo frunciendo levemente el ceño. Reí por lo bajo.
— Y tú solo me estás tentando cada vez más — dije divertido.
— Solo quiero saber si alguien más fue llamada así…
— No — le dije mirándola fijamente — Nadie más.
Ella levantó su mano y acarició mi mejilla, para luego subir hasta mi pelo y acomodarlo levemente hacia atrás. Me incliné hacia ella y la besé dulcemente acariciando sus labios con cuidado. Gimió levemente, mandando a través de mí una oleada de placer. El beso dulce y tierno se volvió apasionado e intranquilo. Necesitaba sentirla, desesperadamente. Bajé mis manos al borde de su blusa.
— No, no y no, Styles —dije agitada soltando mis labios— He dicho que no…
— Maldita, eso eres una pequeña y peligrosa niña que ha venido hasta mi habitación y me ha despertado y me ha seducido y ahora no quiere dejarme cobrar lo que debo.
— Por Dios, Harry, no han pasado si quiera 24 horas desde la última vez que lo hicimos… no puedes estar desesperado. Definitivamente eres un sexópata.
— Y tú te comportas como una monja — la besé cortamente.
— Pero te encanta esta monja – dijo coqueta.
— Está bien, tú ganas. Solo porque no tengo como contradecir eso, es absolutamente cierto.
Me miró de manera tierna y acarició de nuevo mi mejilla.
— Ahora, ¿me puedes dejar salir? Quiero comer algo — me dijo.
— Delante de ti ya tienes algo para comer, ¿para qué quieres otra cosa? — le pregunté.
Ella rió por lo bajo.
— No se puede vivir de hacer el amor, Harry — dijo mientras sin intención alguna clavaba su mirada en mi boca.
— Mmmm, esa mirada… quieres besarme ¿a que sí? – le dije y me agaché para morder sus labios.
— Tienes razón… ganas en todo. Sí quiero besarte, y todo lo que se te pueda pasar por la mente. Pero ahora tengo hambre… de comida.
— Bueno, vamos a comer — dije rendido mientras me alejaba de ella y me ponía de pie. Tomé su mano y la levanté de la cama — Pero luego quiero el postre.
Le gruñí y la tomé de la cintura para un arrebato beso, luego la solté. Ella rió divertida.
— Traje helado — dijo con una inocente sonrisa.
— Y te atreves a decir que soy yo quien mata los momentos. No tienes vergüenza.
— Decidí ignorar tu doble sentido — me aclaró.
— Pero si lo divertido de eso es que te escandalices — dije mientras ambos salíamos de la habitación.
— Oh, tranquilo, ya no me escandalizan tus dobles sentidos — me dijo divertida.
Arqueé una ceja y antes de que se alejara demasiado, la detuve y la acerqué a mí. Su espalda chocó levemente contra mi pecho y el aroma de su cuerpo. Sentí como su respiración se volvía un poco más densa.
— ¿Por qué estás tan distante? — le pregunté al oído.
— Yo no estoy distante — aseguró.
— Sí, sí lo estás – susurré y bajé mis manos a su vientre, abrazándola un poco más.
— Harry… - murmuró.
— ¿A qué le temes, Cat? – le pregunté y la giré para que me hiciera frente.
Me miró fijo a los ojos y vi la inseguridad en ellos. Aquellos ojos cautivantes estaban llenos de inseguridad.
— No quiero que… que te canses de mí.
— ¿Cansarme? – pregunté confundido.
— Tal vez… si me hago la difícil, pueda que no me dejes tan pronto.
Eso es lo que pasa… Cat aún no entiende lo que ella significa para mí. Tomé su rostro con mis manos y la acerqué a mis labios.
— Estoy perdida y completamente enamorado de ti… te necesito, te quiero. Y no creo que pueda cansarme de algo que hace latir tan fuerte mi corazón — besé sus labios apenas — Eres la dueña de mi corazón… puedes hacer lo que se te cante con él. Soy tuyo, maldita sea.
— Yo también soy tuya, Harry, completamente tuya — susurró agitada y se acercó completamente a mi boca. Gruñí ante el desenfreno de su pasión.
Sus labios abrasaron los míos y su lengua me cautivó. Sus pequeños brazos rodearon mi cuello y entonces la alcé del suelo. Ella sonrió levemente.
Sus piernas rodearon mis caderas y entonces volví a besar su boca.
— Claro que no, Zayn — dijo divertida.
Entonces dejamos de mover nuestras bocas para lentamente girar a verla.
Ellos tenían los ojos bien abiertos y estaban ahí parados como estatuas en la puerta, nos miraban fijo. Cat seguía sobre mí.
— Creo que no hemos llegado en un momento muy apropiado — dijo mi buen amigo Malik.
Lentamente, Cat se fue bajando de mí, para acomodarse un poco el pelo y la ropa.
— Diablos, Angel… ¿acaso no me dijiste que no vendrías hoy? — le pregunté.
— Lo siento, primito, no pensé que estaríais haciendo tal muestra de amor en medio del pasillo — dijo ella con una leve sonrisa.
— Sois unos aguafiestas — dije fastidiado y miré a Zayn — Y tú, ¿Acaso no podías llevarla a algún lado para distraerla o algo así? Es la segunda vez que interrumpe algo interesante…
— Ya, ya — dijo Cat apoyando una de sus manos sobre mi pecho — Vamos a ser unos buenos anfitriones y vamos a hacerles pasar y vamos a cenar todos juntos.
Angélica sonrió emocionada y se acercó a Cat para tomarla de la mano.
— ¿A dónde piensas llevarte a mi Cat? — le pregunté, tomando la otra mano de Cat.
— Necesito hablar en privado con mi mejor amiga, pesado — me dijo la rubia.
— Jamás voy a perdonarte que hayas arruinado nuestro momento — le aseguré.
— Sí vas a perdonarme, primito — apretó mi mejilla.
— Ahora vuelvo — me dijo Cat y besó levemente mis labios — Yo también quiero hablar con tu prima… — se acercó a mi oído — Te prometo que luego la recompensa será mejor de lo que esperas.
— Ya, Cat, deja de excitarlo —la regañó Angel y tiró de ella para desparecer por el pasillo.
Me giré a ver a Zayn y éste soltó un leve suspiro.
— Lo siento, hermano… juro que no tenía idea de que estabas con ella.Angélica me contó que ayer estuvisteis juntos y que al parecer al fin aceptaste que estás enamorado — me dijo.
Solté un suspiró y apoyé mi mano en su hombro para hacerlo caminar hacia la mesa de mármol y sentarnos allí.
— Yo no sé como pasó… pero me tiene loco — le conté. Él sonrió divertido.
— Así son ellas cuando logran meterse en tu corazón. Te sientes como un títere que depende de los hilos para moverse… te aseguro que en verdad van a enredarnos.
— Pues estoy dispuesto a enredarme por ella — dije divertido.
Ambos escuchamos las chistosas risas de Catherin y Angel, Zayn me miró divertido.
— Son terribles — aseguró.
— Nuestra perdición, hermano — dije y palmeé su hombro – Pero, espera un segundo, yo me perdí de algo, ¿qué ha pasado entre tú y mi prima?
— Bueno… nosotros estamos saliendo — me contó. Puse mi mejor cara de enternecido.
— ¿Te das cuenta de que tú, Louis y yo hemos caído en los brazos de tres asesinas?
— ¿Por qué asesinas? — dijo confundido.
— ¿Aún tienes el valor de preguntarlo? — dije mientras veía como ambas caminaban hacia nosotros.
— ¿Qué hacéis? — preguntó mi curiosa prima.
— Hablábamos — le dije y miré a mi Cat que se acercó lentamente a mí hasta estar a mi lado.
La tomé de la cintura y la guié para que se sentara sobre mi regazo.
— Zayn, ¿me acompañas a comprar unas cosas para la cena? — le preguntó Taylor.
— Claro que sí, preciosa — dijo él y ambos salieron del apartamento cogidos de la mano.
En ese instante, Cat apoyó su cabeza contra mi hombro y con su mano derecha comenzó a acariciar mi pecho. Bajé la mirada para mirarla y estaba demasiado callada para mi gusto.
— ¿Pasó algo? — le pregunté.
Ella levantó su rostro, pero sin alejarse de mi hombro, su boca quedó cerca de la mía. Su mano hacía pequeños círculos sobre mis pectorales.
— Te quiero — susurró. Mi cara se tornó boba y una media sonrisa curvó mis labios.
— ¿Cómo? — le pregunté. Ella sonrió.
— Que te quiero, Harry… no te haces una idea de cuanto — dijo en tono suave — Bésame como esta mañana…
Me acerqué más a ella, y la besé como me pidió. Mis labios rozaron suaves los suyos. Me invadió su dulce aroma. Me invadió ella… su amor y pasión.
— ¿Por qué no les pedimos que se vayan? — pregunté sobre su boca. Ella sonrió.
— Lo siento… pero en este momento Louis y Jade también están viniendo hacia aquí.
— ¡Demonios! No se van a ir nunca más — me quejé.
Me besó cortamente y se puso de pie.
— No te pongas quisquilloso, son tus amigos y mis amigas… está bien que estemos con ellos.
— Yo no quiero estar con ellos — aseguré.
— Eres un mal amigo — me dijo.
— Pero, mi amor… yo estoy todo el tiempo con esos dos — seguí quejándome como un niño — Yo solo quiero estar contigo ahora.
Sonrió y clavó su mirada en la mía. Se volvió a acercar a mí y rodeó mi cuello con sus brazos.
— Ahora soy ‘mi amor’, cada vez le vas agregando algo más— dijo risueña.
— Tú me provocas esa clase de cursilerías, solo tú — le dije y me acerqué de nuevo a ella para besarla. Rió sobre mis labios y aquella fue una hermosa sensación, que también me hizo sonreír. La puerta del apartamento se volvió a abrir.
— Oh, vamos ¿Acaso no vais a dejar de estar como chicles ni por un segundo? — nos dijo Angélica entrando con Zayn, Louis y Jade detrás.
— Si no fuera por ti, y por tu inoportuna llegada a esta casa, estaríamos más pegados que dos chicles — le dije. Cat golpeó levemente mi brazo y se alejó de mí, para saludar a su querida amiga Jade.
La pequeña diabólica se acercó a mí con duda y resentimiento y cuando la tuve en frente estiré mi mano hacia ella.
— ¿Tregua? — le dije. Ella analizó mi mano.
— Llegas hacer sufrir a mi amiga, y serás hombre muerto — me aseguró.
Reí y ella también lo hizo para luego tomar mi mano.
Las chicas se quedaron en la cocina ‘haciendo la cena’ mientras que los chicos y yo nos sentamos frente al televisor con una lata de cerveza cada uno.
— Esto sí que es vida… la vida de enamorado no es tan mala como nosotros habíamos pensado, muchachos — dijo Louis.
— El único que esta enamorado aquí eres tú, nosotros apenas estamos empezando, ¿o no, Styles? — me dijo Zayn.
Mi mirada estaba clavada en Cat. En su sonrisa, en la forma en que su boca se mueve al hablar, en sus gestos, en sus ojos, sus pestañas, sus mejillas, su nariz…
— ¡Harry! — me llamó Louis, sacándome de mi sueño.
— ¿Eh? — dije confundido y lo miré.
El sonrió divertido y miró en la dirección en la que yo estaba mirando.
— Por Dios, Zayn, este puede estar empezando, pero está más metido que nosotros dos juntos — le dijo divertido.
— Si supieras como los encontramos Angel y yo cuando entramos, por Dios no pueden dejar de tocarse ni un segundo —exclamó Zayn. Al fin pude concentrarme bien en ellos.
— Ehhh, dejadme en paz, soy feliz ahora. Tengo a la chica más preciosa del mundo, la más dulce e inteligente, la más sexy y provocadora, la más tierna y cariñosa…
— Y luego yo era el cursi, ¿no?
— Mueres de envidia, Malik, es eso — le aseguré.
— Yo creo que debemos brindar — dijo Louis.
— Claro — dije y tomé mi lata para levantarla hasta la altura de nuestros ojos.
— ¿Y por qué vamos a brindar? — preguntó Louis.
— Por… otro año más juntos — dijo Zayn.
Sonreímos y brindamos. Mi mirada volvió a fijarse en Cat. Otra vez mi cara de tornó boba y una estúpida sonrisa atravesó mi rostro.
— Y por ellas — dije sin dejar de mirarla.
— ¿Usas ese calificativo con otras… personas? — me preguntó con recelo. Sonreí.
— ¿Celosa? – le pregunté arqueando una ceja.
— Estás matando el momento, Harry — dijo frunciendo levemente el ceño. Reí por lo bajo.
— Y tú solo me estás tentando cada vez más — dije divertido.
— Solo quiero saber si alguien más fue llamada así…
— No — le dije mirándola fijamente — Nadie más.
Ella levantó su mano y acarició mi mejilla, para luego subir hasta mi pelo y acomodarlo levemente hacia atrás. Me incliné hacia ella y la besé dulcemente acariciando sus labios con cuidado. Gimió levemente, mandando a través de mí una oleada de placer. El beso dulce y tierno se volvió apasionado e intranquilo. Necesitaba sentirla, desesperadamente. Bajé mis manos al borde de su blusa.
— No, no y no, Styles —dije agitada soltando mis labios— He dicho que no…
— Maldita, eso eres una pequeña y peligrosa niña que ha venido hasta mi habitación y me ha despertado y me ha seducido y ahora no quiere dejarme cobrar lo que debo.
— Por Dios, Harry, no han pasado si quiera 24 horas desde la última vez que lo hicimos… no puedes estar desesperado. Definitivamente eres un sexópata.
— Y tú te comportas como una monja — la besé cortamente.
— Pero te encanta esta monja – dijo coqueta.
— Está bien, tú ganas. Solo porque no tengo como contradecir eso, es absolutamente cierto.
Me miró de manera tierna y acarició de nuevo mi mejilla.
— Ahora, ¿me puedes dejar salir? Quiero comer algo — me dijo.
— Delante de ti ya tienes algo para comer, ¿para qué quieres otra cosa? — le pregunté.
Ella rió por lo bajo.
— No se puede vivir de hacer el amor, Harry — dijo mientras sin intención alguna clavaba su mirada en mi boca.
— Mmmm, esa mirada… quieres besarme ¿a que sí? – le dije y me agaché para morder sus labios.
— Tienes razón… ganas en todo. Sí quiero besarte, y todo lo que se te pueda pasar por la mente. Pero ahora tengo hambre… de comida.
— Bueno, vamos a comer — dije rendido mientras me alejaba de ella y me ponía de pie. Tomé su mano y la levanté de la cama — Pero luego quiero el postre.
Le gruñí y la tomé de la cintura para un arrebato beso, luego la solté. Ella rió divertida.
— Traje helado — dijo con una inocente sonrisa.
— Y te atreves a decir que soy yo quien mata los momentos. No tienes vergüenza.
— Decidí ignorar tu doble sentido — me aclaró.
— Pero si lo divertido de eso es que te escandalices — dije mientras ambos salíamos de la habitación.
— Oh, tranquilo, ya no me escandalizan tus dobles sentidos — me dijo divertida.
Arqueé una ceja y antes de que se alejara demasiado, la detuve y la acerqué a mí. Su espalda chocó levemente contra mi pecho y el aroma de su cuerpo. Sentí como su respiración se volvía un poco más densa.
— ¿Por qué estás tan distante? — le pregunté al oído.
— Yo no estoy distante — aseguró.
— Sí, sí lo estás – susurré y bajé mis manos a su vientre, abrazándola un poco más.
— Harry… - murmuró.
— ¿A qué le temes, Cat? – le pregunté y la giré para que me hiciera frente.
Me miró fijo a los ojos y vi la inseguridad en ellos. Aquellos ojos cautivantes estaban llenos de inseguridad.
— No quiero que… que te canses de mí.
— ¿Cansarme? – pregunté confundido.
— Tal vez… si me hago la difícil, pueda que no me dejes tan pronto.
Eso es lo que pasa… Cat aún no entiende lo que ella significa para mí. Tomé su rostro con mis manos y la acerqué a mis labios.
— Estoy perdida y completamente enamorado de ti… te necesito, te quiero. Y no creo que pueda cansarme de algo que hace latir tan fuerte mi corazón — besé sus labios apenas — Eres la dueña de mi corazón… puedes hacer lo que se te cante con él. Soy tuyo, maldita sea.
— Yo también soy tuya, Harry, completamente tuya — susurró agitada y se acercó completamente a mi boca. Gruñí ante el desenfreno de su pasión.
Sus labios abrasaron los míos y su lengua me cautivó. Sus pequeños brazos rodearon mi cuello y entonces la alcé del suelo. Ella sonrió levemente.
Sus piernas rodearon mis caderas y entonces volví a besar su boca.
— Claro que no, Zayn — dijo divertida.
Entonces dejamos de mover nuestras bocas para lentamente girar a verla.
Ellos tenían los ojos bien abiertos y estaban ahí parados como estatuas en la puerta, nos miraban fijo. Cat seguía sobre mí.
— Creo que no hemos llegado en un momento muy apropiado — dijo mi buen amigo Malik.
Lentamente, Cat se fue bajando de mí, para acomodarse un poco el pelo y la ropa.
— Diablos, Angel… ¿acaso no me dijiste que no vendrías hoy? — le pregunté.
— Lo siento, primito, no pensé que estaríais haciendo tal muestra de amor en medio del pasillo — dijo ella con una leve sonrisa.
— Sois unos aguafiestas — dije fastidiado y miré a Zayn — Y tú, ¿Acaso no podías llevarla a algún lado para distraerla o algo así? Es la segunda vez que interrumpe algo interesante…
— Ya, ya — dijo Cat apoyando una de sus manos sobre mi pecho — Vamos a ser unos buenos anfitriones y vamos a hacerles pasar y vamos a cenar todos juntos.
Angélica sonrió emocionada y se acercó a Cat para tomarla de la mano.
— ¿A dónde piensas llevarte a mi Cat? — le pregunté, tomando la otra mano de Cat.
— Necesito hablar en privado con mi mejor amiga, pesado — me dijo la rubia.
— Jamás voy a perdonarte que hayas arruinado nuestro momento — le aseguré.
— Sí vas a perdonarme, primito — apretó mi mejilla.
— Ahora vuelvo — me dijo Cat y besó levemente mis labios — Yo también quiero hablar con tu prima… — se acercó a mi oído — Te prometo que luego la recompensa será mejor de lo que esperas.
— Ya, Cat, deja de excitarlo —la regañó Angel y tiró de ella para desparecer por el pasillo.
Me giré a ver a Zayn y éste soltó un leve suspiro.
— Lo siento, hermano… juro que no tenía idea de que estabas con ella.Angélica me contó que ayer estuvisteis juntos y que al parecer al fin aceptaste que estás enamorado — me dijo.
Solté un suspiró y apoyé mi mano en su hombro para hacerlo caminar hacia la mesa de mármol y sentarnos allí.
— Yo no sé como pasó… pero me tiene loco — le conté. Él sonrió divertido.
— Así son ellas cuando logran meterse en tu corazón. Te sientes como un títere que depende de los hilos para moverse… te aseguro que en verdad van a enredarnos.
— Pues estoy dispuesto a enredarme por ella — dije divertido.
Ambos escuchamos las chistosas risas de Catherin y Angel, Zayn me miró divertido.
— Son terribles — aseguró.
— Nuestra perdición, hermano — dije y palmeé su hombro – Pero, espera un segundo, yo me perdí de algo, ¿qué ha pasado entre tú y mi prima?
— Bueno… nosotros estamos saliendo — me contó. Puse mi mejor cara de enternecido.
— ¿Te das cuenta de que tú, Louis y yo hemos caído en los brazos de tres asesinas?
— ¿Por qué asesinas? — dijo confundido.
— ¿Aún tienes el valor de preguntarlo? — dije mientras veía como ambas caminaban hacia nosotros.
— ¿Qué hacéis? — preguntó mi curiosa prima.
— Hablábamos — le dije y miré a mi Cat que se acercó lentamente a mí hasta estar a mi lado.
La tomé de la cintura y la guié para que se sentara sobre mi regazo.
— Zayn, ¿me acompañas a comprar unas cosas para la cena? — le preguntó Taylor.
— Claro que sí, preciosa — dijo él y ambos salieron del apartamento cogidos de la mano.
En ese instante, Cat apoyó su cabeza contra mi hombro y con su mano derecha comenzó a acariciar mi pecho. Bajé la mirada para mirarla y estaba demasiado callada para mi gusto.
— ¿Pasó algo? — le pregunté.
Ella levantó su rostro, pero sin alejarse de mi hombro, su boca quedó cerca de la mía. Su mano hacía pequeños círculos sobre mis pectorales.
— Te quiero — susurró. Mi cara se tornó boba y una media sonrisa curvó mis labios.
— ¿Cómo? — le pregunté. Ella sonrió.
— Que te quiero, Harry… no te haces una idea de cuanto — dijo en tono suave — Bésame como esta mañana…
Me acerqué más a ella, y la besé como me pidió. Mis labios rozaron suaves los suyos. Me invadió su dulce aroma. Me invadió ella… su amor y pasión.
— ¿Por qué no les pedimos que se vayan? — pregunté sobre su boca. Ella sonrió.
— Lo siento… pero en este momento Louis y Jade también están viniendo hacia aquí.
— ¡Demonios! No se van a ir nunca más — me quejé.
Me besó cortamente y se puso de pie.
— No te pongas quisquilloso, son tus amigos y mis amigas… está bien que estemos con ellos.
— Yo no quiero estar con ellos — aseguré.
— Eres un mal amigo — me dijo.
— Pero, mi amor… yo estoy todo el tiempo con esos dos — seguí quejándome como un niño — Yo solo quiero estar contigo ahora.
Sonrió y clavó su mirada en la mía. Se volvió a acercar a mí y rodeó mi cuello con sus brazos.
— Ahora soy ‘mi amor’, cada vez le vas agregando algo más— dijo risueña.
— Tú me provocas esa clase de cursilerías, solo tú — le dije y me acerqué de nuevo a ella para besarla. Rió sobre mis labios y aquella fue una hermosa sensación, que también me hizo sonreír. La puerta del apartamento se volvió a abrir.
— Oh, vamos ¿Acaso no vais a dejar de estar como chicles ni por un segundo? — nos dijo Angélica entrando con Zayn, Louis y Jade detrás.
— Si no fuera por ti, y por tu inoportuna llegada a esta casa, estaríamos más pegados que dos chicles — le dije. Cat golpeó levemente mi brazo y se alejó de mí, para saludar a su querida amiga Jade.
La pequeña diabólica se acercó a mí con duda y resentimiento y cuando la tuve en frente estiré mi mano hacia ella.
— ¿Tregua? — le dije. Ella analizó mi mano.
— Llegas hacer sufrir a mi amiga, y serás hombre muerto — me aseguró.
Reí y ella también lo hizo para luego tomar mi mano.
Las chicas se quedaron en la cocina ‘haciendo la cena’ mientras que los chicos y yo nos sentamos frente al televisor con una lata de cerveza cada uno.
— Esto sí que es vida… la vida de enamorado no es tan mala como nosotros habíamos pensado, muchachos — dijo Louis.
— El único que esta enamorado aquí eres tú, nosotros apenas estamos empezando, ¿o no, Styles? — me dijo Zayn.
Mi mirada estaba clavada en Cat. En su sonrisa, en la forma en que su boca se mueve al hablar, en sus gestos, en sus ojos, sus pestañas, sus mejillas, su nariz…
— ¡Harry! — me llamó Louis, sacándome de mi sueño.
— ¿Eh? — dije confundido y lo miré.
El sonrió divertido y miró en la dirección en la que yo estaba mirando.
— Por Dios, Zayn, este puede estar empezando, pero está más metido que nosotros dos juntos — le dijo divertido.
— Si supieras como los encontramos Angel y yo cuando entramos, por Dios no pueden dejar de tocarse ni un segundo —exclamó Zayn. Al fin pude concentrarme bien en ellos.
— Ehhh, dejadme en paz, soy feliz ahora. Tengo a la chica más preciosa del mundo, la más dulce e inteligente, la más sexy y provocadora, la más tierna y cariñosa…
— Y luego yo era el cursi, ¿no?
— Mueres de envidia, Malik, es eso — le aseguré.
— Yo creo que debemos brindar — dijo Louis.
— Claro — dije y tomé mi lata para levantarla hasta la altura de nuestros ojos.
— ¿Y por qué vamos a brindar? — preguntó Louis.
— Por… otro año más juntos — dijo Zayn.
Sonreímos y brindamos. Mi mirada volvió a fijarse en Cat. Otra vez mi cara de tornó boba y una estúpida sonrisa atravesó mi rostro.
— Y por ellas — dije sin dejar de mirarla.
sábado, 28 de septiembre de 2013
Capítulo 50
Lo miré fijo por unos cuantos segundos… no puedo entender como alguien
así puede ser mi padre. Cómo mi madre pudo amar a esta basura.
—Ya no más, Will — le dije. Él sonrió de costado y se acomodó mejor en su silla.
— Creo que va a ser mejor que pienses en el bien de tu madre. — me habló.
Ahora yo sonreí de la misma manera torcida y perversa que él.
— Ya no puedes hacerle daño — le aseguré. Su sonrisa se desvaneció lentamente.
— Dime — dijo mientras se ponía de pie – ¿Qué te llevó a tu madre? – no contesté y solo me dediqué a mirarlo fijamente — Sé que esa jovencita tonta con la que estás últimamente consiguió el número de tu madre…
— No es ninguna tonta… ya sé que intentaste manipularla ayer, no te funcionó ¿verdad? – reí levemente — Ella no es como las demás. Ya no tienes poder sobre mí. Se terminó.
Se puso de pie y salió de detrás de su escritorio. Se acercó a la biblioteca y comenzó a mirar los libros que allí estaban. Él podía llegar a ser tan cínico, tan frío… tan distante. Después de que mamá se fuera, aprendí que lo único que podía recibir de Will eran órdenes y amenazas. Se giró a verme y volvió a sonreír.
— Voy a demostrarte que puedo ser generoso, Harry – dijo y volvió la mirada a los libros – Tienes un poco de tiempo para jugar a ‘la casita’ con la ramera de tu madre…
— Bastardo – lo interrumpí — Ella no es una ramera.
— No me interrumpas hijo, sabes que no me gusta – respiré profundamente tratando de no perder el control – Como te decía, tienes un tiempo para jugar a ‘la casita’ con tu madre y divertirte con esa muchachita.
— Sabes que ya no es cuestión de tiempo… se terminó, Will, ya no más amenazas estúpidas y ese tipo de cosas — dije. Volvió su vista a mí, se notaba que ya estaba perdiendo la paciencia.
— ¿Sabes? Sé a qué jardín va Emily – me paralicé y mi cuerpo se tensó – Es una niña muy guapa, se parece a tu madre. Le gustan mucho los dulces, ella me lo ha dicho.
— Imbécil — musité por lo bajo.
— Por eso mismo hijo, piénsalo bien... no me molesta que estés con la hija de Jones, una pequeña diversión no te viene mal... pero lo mejor va a ser que dejes la loca idea de estar cerca de tu madre y de ese infeliz – sonreí ante la forma en que llamó a Ben.
Reí divertido y él me miró con furia.
— Padre, padre, padre — dije calmando mi risa — No sé si has visto a tu alrededor últimamente pero, si no, aquí tienes una noticia: YA NO ME CONTROLAS, NI ME CONTROLARÁS.
— No estés tan seguro de eso — dijo apretando los dientes.
— Puedes meterte tus amenazas por donde te quepan — le dije con una sonrisa.
— Puedo hacerlo mucho mejor, hijo, te sorprenderías.
— ¿Sabes? — dije sin dejar de sonreír — He visto cómo está mamá... y debo decirte que alejarla de ti ha sido lo mejor que has podido hacer en este mundo. Así que, sin rencores... papi, todo está bien. Ben le ha dado todo lo que tú jamás pudiste darle en la vida – lo vi ponerse rojo del coraje, y eso me llenó de satisfacción –Cuídate, ¿vale?... ya estás anciano, no debes pasar corajes.
Quise echarme a reír ante su notorio enfado, pero traté de controlarme… pero es que juro que se me hace imposible. Este infeliz tiene que pagarme una y cada una de las que me ha hecho.
— Ten cuidado, hijo mío — me dijo con toda la calma posible, mientras me miraba fijamente. Mi mandíbula se tensó — Mide tus palabras… no querrás que algo le pase a tu nueva dama de compañía ¿o sí?
Y esa fue la gota que colnó el vaso, rápidamente me acerqué a él tomándolo de la camisa para acercarlo a mí.
— Escúchame bien, maldito infeliz — le hablé entre dientes sin dejar de sostenerlo por la camisa. Sus ojos se clavaron en los míos — Dejaré de lado el motivo de tener tu maldita sangre si le tocas un cabello a Cat... no voy a dudar en acabar contigo.
— Te importa de verdad — susurró como si acabara de descubrir lo mejor de su vida.
— Entendiste, ¿verdad? No juegues conmigo, Will… ya no tengo 9 años. Y lo único que siento por ti es desprecio, así que mejor no me busques — lo solté bruscamente y salí de aquel despacho antes de acabara con la poca paciencia que me quedaba.
Cuando estuve afuera de la casa, pateé lo primero que estuvo delante de mí. El contenedor terminó en medio de la calle con toda la basura esparcida.
Intenté calmarme, pero se me estaba haciendo imposible. De verdad, si a él se le ocurre hacerle algo a Cat, lo mataré. Solté un suspiró y decidí calmarme del todo. Comencé a caminar y después de unos cuantos minutos llegué a mi casa, necesitaba dormir un poco, pensar, despejarme. Abrí la puerta y al instante mi prima salió de la habitación.
— ¡Hola! — dijo con una sonrisa de oreja a oreja. Se acercó a abrazarme, al instante se alejó de mí y me miró bien — Oye, ¿Qué te pasa? ¿Acaso vas a decirme que arruinaste todo con Cat y os peleasteis? — no pude evitar sonreír.
— No, no me peleé con Cat — dije en un suspiro.
— ¿Entonces? ¿Por qué tienes esa cara horrible? — preguntó. Le iba a decir algo, pero me interrumpió con un pequeño gritito – Quiero que me cuentes, quiero saberlo todo… todo ¿Qué pasó con Cat? ¿Por qué dormisteis juntos? ¿Cómo te sientes? ¿Estás enfermo? ¿Sabes lo que haces verdad? — volví a reír.
— Sí, sé lo que hago… todo está bien. Anoche me di cuenta de que todos teníais razón, yo estoy loco por ello, la quiero… no puedo evitarlo.
Angélica llevó sus manos a su pecho y puso su mejor cara de tonta emocionada, apretó los labios como si evitara llorar y luego volvió a gritar. Me alejé un poco de ella.
— Ay, muero, te juro por Dios que me muero aquí mismo. No puedo creerlo, esto es increíble. Al fin, primito – dijo y apretó mis mejillas.
— Ya, ya — dije alejándome de su molesto agarre.
— Te quiero, primo — me volvió a abrazar. Sonreí y le respondí el gesto.
— Yo también te quiero, tonta — le dije. Se alejó de mí y soltó un suspiro. La miré bien, percatándome de que estaba bastante arreglada — ¿Vas a salir? — ella se sonrojó instantáneamente y ahí supe que saldría con Zayn — Ooooh, vas a salir con Zayn.
— Bueno yo… él me invitó al… cine y bueno, creo que ya es hora de… de hacerle un poco de caso. El pobre ya me estaba… dando pena — habló nerviosa.
— Mentira, tonta — dije divertido y la empujé levemente — Te mueres por él, admítelo.
— Bueno sí, me gusta — dijo haciendo un leve puchero y mirando al suelo — Así que… no me esperes hoy, no vendré.
— Está bien… al fin podré dormir en mi cama — golpeó levemente mi brazo — Ya, sólo bromeo. Me voy a ducharme y a dormir un rato…
- Está bien, tontín, adiós – dijo y besó mi mejilla.
Me dirigí a mi habitación y me tiré en la cama. Tomé mi móvil y busqué su número. Sonó una… sonó otra.
— ¿Cómo te fue con tu padre? – preguntó al atender.
— Primero que nada, “hola, cariño, ¿Cómo estás? Te echo de menos” – dije y escuché su risa.
— Hola, cariño, ¿Cómo estás? Te echo de menos — me dijo.
Sonreí y me senté en la cama para buscar un poco de ropa ya que iba a entrar a bañarme.
— Bien ¿y a ti, cariño? — pregunté.
— Bien, acabo de salir de hablar con mi madre… ahora voy a lo de papá.
— ¿Vas a tardar mucho? Quiero verte.
— Quizás no podremos vernos hoy, Harry — detuve mi búsqueda de ropa y me paré bien.
— ¿Por qué no? — dije como un niño al que no quieren comprarle un juguete nuevo.
— Porque papá hará una cena y seguro quiere que me quede…
— Cat, no me hagas esto — supliqué.
— Pareces un niño — dijo divertida.
— Está bien, déjame solo… no te necesito — colgué y me dispuse a buscar la ropa. Mi móvil comenzó a sonar y sonreí al ver que era ella. Esperé unos segundos antes de atender.
— ¿Por qué me cuelgas? ¿Acaso de verdad eres un niño? — preguntó enfadada. Sonreí.
— No me echas de menos, es eso — dije.
— Tonto, eres un tonto… te comportas como un tonto. ¡Claro que te echo de menos! ¿Acaso crees que no me muero de ganas de besarte en este preciso momento? – sonreí como un bobo mientras entraba al baño.
— ¿Quieres besarme? — pregunté.
— Claro que quiero besarte — susurró.
— Yo quiero hacerte otras cosas — dije con voz profunda.
— Harry — se quejó divertida.
— Entonces, ¿no vas a venir? — dije esperanzado con que me dijera que si iba a venir.
— Hagamos una cosa, apenas salga de ahí te llamo y vemos si vamos al cine y tomar algo ¿quieres? Así de paso hablamos de tu padre…
— No, no quiero hablar de él — aseguré.
— Vamos, cariño, te vendrá bien — sonreí levemente.
— Está bien, llámame, por favor — dije.
— Te llamo, adiós — dijo y colgó.
Tuve que haberle dicho que la quería… pero ¿y si es muy rápido? No, no es rápido, es sincero y real… cuando la vea se lo digo. Me duché y luego me puse mi pantalón de dormir para tirarme boca abajo en mi cama. Estoy tan cansado, necesito dormir un poco. Mis ojos comenzaron a cerrarse poco a poco, hasta que todo estuvo totalmente oscuro…
—Ya no más, Will — le dije. Él sonrió de costado y se acomodó mejor en su silla.
— Creo que va a ser mejor que pienses en el bien de tu madre. — me habló.
Ahora yo sonreí de la misma manera torcida y perversa que él.
— Ya no puedes hacerle daño — le aseguré. Su sonrisa se desvaneció lentamente.
— Dime — dijo mientras se ponía de pie – ¿Qué te llevó a tu madre? – no contesté y solo me dediqué a mirarlo fijamente — Sé que esa jovencita tonta con la que estás últimamente consiguió el número de tu madre…
— No es ninguna tonta… ya sé que intentaste manipularla ayer, no te funcionó ¿verdad? – reí levemente — Ella no es como las demás. Ya no tienes poder sobre mí. Se terminó.
Se puso de pie y salió de detrás de su escritorio. Se acercó a la biblioteca y comenzó a mirar los libros que allí estaban. Él podía llegar a ser tan cínico, tan frío… tan distante. Después de que mamá se fuera, aprendí que lo único que podía recibir de Will eran órdenes y amenazas. Se giró a verme y volvió a sonreír.
— Voy a demostrarte que puedo ser generoso, Harry – dijo y volvió la mirada a los libros – Tienes un poco de tiempo para jugar a ‘la casita’ con la ramera de tu madre…
— Bastardo – lo interrumpí — Ella no es una ramera.
— No me interrumpas hijo, sabes que no me gusta – respiré profundamente tratando de no perder el control – Como te decía, tienes un tiempo para jugar a ‘la casita’ con tu madre y divertirte con esa muchachita.
— Sabes que ya no es cuestión de tiempo… se terminó, Will, ya no más amenazas estúpidas y ese tipo de cosas — dije. Volvió su vista a mí, se notaba que ya estaba perdiendo la paciencia.
— ¿Sabes? Sé a qué jardín va Emily – me paralicé y mi cuerpo se tensó – Es una niña muy guapa, se parece a tu madre. Le gustan mucho los dulces, ella me lo ha dicho.
— Imbécil — musité por lo bajo.
— Por eso mismo hijo, piénsalo bien... no me molesta que estés con la hija de Jones, una pequeña diversión no te viene mal... pero lo mejor va a ser que dejes la loca idea de estar cerca de tu madre y de ese infeliz – sonreí ante la forma en que llamó a Ben.
Reí divertido y él me miró con furia.
— Padre, padre, padre — dije calmando mi risa — No sé si has visto a tu alrededor últimamente pero, si no, aquí tienes una noticia: YA NO ME CONTROLAS, NI ME CONTROLARÁS.
— No estés tan seguro de eso — dijo apretando los dientes.
— Puedes meterte tus amenazas por donde te quepan — le dije con una sonrisa.
— Puedo hacerlo mucho mejor, hijo, te sorprenderías.
— ¿Sabes? — dije sin dejar de sonreír — He visto cómo está mamá... y debo decirte que alejarla de ti ha sido lo mejor que has podido hacer en este mundo. Así que, sin rencores... papi, todo está bien. Ben le ha dado todo lo que tú jamás pudiste darle en la vida – lo vi ponerse rojo del coraje, y eso me llenó de satisfacción –Cuídate, ¿vale?... ya estás anciano, no debes pasar corajes.
Quise echarme a reír ante su notorio enfado, pero traté de controlarme… pero es que juro que se me hace imposible. Este infeliz tiene que pagarme una y cada una de las que me ha hecho.
— Ten cuidado, hijo mío — me dijo con toda la calma posible, mientras me miraba fijamente. Mi mandíbula se tensó — Mide tus palabras… no querrás que algo le pase a tu nueva dama de compañía ¿o sí?
Y esa fue la gota que colnó el vaso, rápidamente me acerqué a él tomándolo de la camisa para acercarlo a mí.
— Escúchame bien, maldito infeliz — le hablé entre dientes sin dejar de sostenerlo por la camisa. Sus ojos se clavaron en los míos — Dejaré de lado el motivo de tener tu maldita sangre si le tocas un cabello a Cat... no voy a dudar en acabar contigo.
— Te importa de verdad — susurró como si acabara de descubrir lo mejor de su vida.
— Entendiste, ¿verdad? No juegues conmigo, Will… ya no tengo 9 años. Y lo único que siento por ti es desprecio, así que mejor no me busques — lo solté bruscamente y salí de aquel despacho antes de acabara con la poca paciencia que me quedaba.
Cuando estuve afuera de la casa, pateé lo primero que estuvo delante de mí. El contenedor terminó en medio de la calle con toda la basura esparcida.
Intenté calmarme, pero se me estaba haciendo imposible. De verdad, si a él se le ocurre hacerle algo a Cat, lo mataré. Solté un suspiró y decidí calmarme del todo. Comencé a caminar y después de unos cuantos minutos llegué a mi casa, necesitaba dormir un poco, pensar, despejarme. Abrí la puerta y al instante mi prima salió de la habitación.
— ¡Hola! — dijo con una sonrisa de oreja a oreja. Se acercó a abrazarme, al instante se alejó de mí y me miró bien — Oye, ¿Qué te pasa? ¿Acaso vas a decirme que arruinaste todo con Cat y os peleasteis? — no pude evitar sonreír.
— No, no me peleé con Cat — dije en un suspiro.
— ¿Entonces? ¿Por qué tienes esa cara horrible? — preguntó. Le iba a decir algo, pero me interrumpió con un pequeño gritito – Quiero que me cuentes, quiero saberlo todo… todo ¿Qué pasó con Cat? ¿Por qué dormisteis juntos? ¿Cómo te sientes? ¿Estás enfermo? ¿Sabes lo que haces verdad? — volví a reír.
— Sí, sé lo que hago… todo está bien. Anoche me di cuenta de que todos teníais razón, yo estoy loco por ello, la quiero… no puedo evitarlo.
Angélica llevó sus manos a su pecho y puso su mejor cara de tonta emocionada, apretó los labios como si evitara llorar y luego volvió a gritar. Me alejé un poco de ella.
— Ay, muero, te juro por Dios que me muero aquí mismo. No puedo creerlo, esto es increíble. Al fin, primito – dijo y apretó mis mejillas.
— Ya, ya — dije alejándome de su molesto agarre.
— Te quiero, primo — me volvió a abrazar. Sonreí y le respondí el gesto.
— Yo también te quiero, tonta — le dije. Se alejó de mí y soltó un suspiro. La miré bien, percatándome de que estaba bastante arreglada — ¿Vas a salir? — ella se sonrojó instantáneamente y ahí supe que saldría con Zayn — Ooooh, vas a salir con Zayn.
— Bueno yo… él me invitó al… cine y bueno, creo que ya es hora de… de hacerle un poco de caso. El pobre ya me estaba… dando pena — habló nerviosa.
— Mentira, tonta — dije divertido y la empujé levemente — Te mueres por él, admítelo.
— Bueno sí, me gusta — dijo haciendo un leve puchero y mirando al suelo — Así que… no me esperes hoy, no vendré.
— Está bien… al fin podré dormir en mi cama — golpeó levemente mi brazo — Ya, sólo bromeo. Me voy a ducharme y a dormir un rato…
- Está bien, tontín, adiós – dijo y besó mi mejilla.
Me dirigí a mi habitación y me tiré en la cama. Tomé mi móvil y busqué su número. Sonó una… sonó otra.
— ¿Cómo te fue con tu padre? – preguntó al atender.
— Primero que nada, “hola, cariño, ¿Cómo estás? Te echo de menos” – dije y escuché su risa.
— Hola, cariño, ¿Cómo estás? Te echo de menos — me dijo.
Sonreí y me senté en la cama para buscar un poco de ropa ya que iba a entrar a bañarme.
— Bien ¿y a ti, cariño? — pregunté.
— Bien, acabo de salir de hablar con mi madre… ahora voy a lo de papá.
— ¿Vas a tardar mucho? Quiero verte.
— Quizás no podremos vernos hoy, Harry — detuve mi búsqueda de ropa y me paré bien.
— ¿Por qué no? — dije como un niño al que no quieren comprarle un juguete nuevo.
— Porque papá hará una cena y seguro quiere que me quede…
— Cat, no me hagas esto — supliqué.
— Pareces un niño — dijo divertida.
— Está bien, déjame solo… no te necesito — colgué y me dispuse a buscar la ropa. Mi móvil comenzó a sonar y sonreí al ver que era ella. Esperé unos segundos antes de atender.
— ¿Por qué me cuelgas? ¿Acaso de verdad eres un niño? — preguntó enfadada. Sonreí.
— No me echas de menos, es eso — dije.
— Tonto, eres un tonto… te comportas como un tonto. ¡Claro que te echo de menos! ¿Acaso crees que no me muero de ganas de besarte en este preciso momento? – sonreí como un bobo mientras entraba al baño.
— ¿Quieres besarme? — pregunté.
— Claro que quiero besarte — susurró.
— Yo quiero hacerte otras cosas — dije con voz profunda.
— Harry — se quejó divertida.
— Entonces, ¿no vas a venir? — dije esperanzado con que me dijera que si iba a venir.
— Hagamos una cosa, apenas salga de ahí te llamo y vemos si vamos al cine y tomar algo ¿quieres? Así de paso hablamos de tu padre…
— No, no quiero hablar de él — aseguré.
— Vamos, cariño, te vendrá bien — sonreí levemente.
— Está bien, llámame, por favor — dije.
— Te llamo, adiós — dijo y colgó.
Tuve que haberle dicho que la quería… pero ¿y si es muy rápido? No, no es rápido, es sincero y real… cuando la vea se lo digo. Me duché y luego me puse mi pantalón de dormir para tirarme boca abajo en mi cama. Estoy tan cansado, necesito dormir un poco. Mis ojos comenzaron a cerrarse poco a poco, hasta que todo estuvo totalmente oscuro…
sábado, 21 de septiembre de 2013
Capítulo 49
— Sé perfectamente dónde estás metido, y tienes exactamente dos horas
para estar en mi casa. Y te quiero solo… deja a tu ‘acompañante’ donde
se te plazca, pero no vengas con ella. ¿Entendiste? — me dijo.
Me tensé al instante de escuchar su maldita voz. ¿Cómo demonios se había enterado de que yo estaba aquí? ¿Acaso el infeliz estaba siguiéndome o algo por el estilo?
— Mal nacido — musité.
— Y más te vale que me hagas caso o ya verás — dijo y colgó.
Apreté con fuerza el móvil que estaba mi mano. Cerré los ojos y traté de estar calmado, pero se me estaba haciendo imposible. Sentí una suave mano apoyarse en mi hombro, me giré a verla, y era ella, Cat.
—¿Qué sucede? — me preguntó preocupada. Solté un suspiro y acaricié su mejilla.
— Debemos irnos — dije y bajé mi mano para acariciar sus labios.
— ¿Por qué? — dijo confundida.
— No puedo explicártelo ahora, solo sé que debemos irnos, cariño — me acerqué a ella y la besé cortamente. Volvimos los pasos hacia donde estaban mi madre y Ben. Ambos me miraron con cara de preocupación.
— Lo siento, mamá, pero tenemos que irnos — le dije. Ella se acercó a mí y me acarició el rostro.
— Tu padre, ¿verdad? — susurró por lo bajo. La miré fijo a los ojos.
— Él sabe donde estoy — le contesté. Ella sonrió levemente, se acercó más a mí y me abrazó.
— Él ya no puede hacerme nada, Harry... que sus tontas amenazas ya no te controlen, cualquier cosa que él te diga es mentira. Will perdió control sobre mí hace exactamente un año — me calmó ella y con cuidado la alejé de mí para mirarla a los ojos.
— Entonces ¿ya no… no hay peligro? — pregunté con algo de duda.
— No, ya no hay peligro. Pero sé como es, así que ve… y hazle saber que ya no le tienes miedo, pero por favor no pierdas el control, Harry, es tu padre — me pidió.
Asentí y besó mi mejilla, para luego alejarse completamente.
— Más tarde, cuando todo este arreglado voy a llamarte — le dije a mi madre.
— Esperaré tu llamada, hijo — dijo ella.
Los tres nos acompañaron hasta la puerta. Emily no tenía esa sonrisa que tenía cuando llegamos.
— ¿Qué pasa, enana? — le pregunté agachándome hasta quedar a su altura.
— Yo no quiero que os vayáis — me dijo sin dejar de mirar al suelo. Levanté su rostro con una mano e hice que me mirara.
— Prometo que nos veremos otra vez. Eres mi hermanita y prometo que voy a cumplir bien mi rol de hermano mayor – le dije. Ella me sonrió y luego miró a Cat.
— Tú también cumplirás bien tu rol de cuñada ¿verdad? — le dijo. Cat la miró asombrada.
— ¿Qué es eso de rol de cuñada, Emily? — la regañó mi madre — ¿De dónde has sacado eso?
— Lo vi en una telenovela, en casa de la abuela Patsy — se defendió ella. Todos reímos divertidos y salimos fuera de la casa. Caminamos hasta el coche de Cat y nos giramos a verlos.
— Prometo, mamá, que esto pronto va a acabar — le dije. Ella me sonrió.
— Lo sé, mi amor, cuidaros. Adiós, Cat, y gracias por traerme de nuevo a mi bebé — le dijo. Ésta sonrió.
— Gracias a usted, por haberlo traído al mundo — le dijo ella, entonces la miré algo sorprendido. Ella me miró y al instante se dio cuenta de que eso le salió sin permiso de la boca, se sonrojó de sobremanera y apartó la vista de mí.
— Adiós, muchachos — nos dijo Ben. Me acerqué a él y lo abracé.
— Por favor, cuídalas — le susurré.
— Tranquilo, las cuidaré. Tú cuídate y cuida a Cat, es una muchacha increíble — me dijo al oído. Asentí y me alejé de él.
— Adiós — se despidió Cat de todos antes de subirse al coche. Miré una última vez a mi hermana y a mi madre y sonreí. La pequeña Emily agitó su mano y eso me llenó de alegría.
— Cuídate, enana, y no comas muchos dulces… te van a salir caries — le dije.
— Está bien, hermanito — me dijo sonriente.
— “Hermanito” — susurré divertido y me subí al coche.
Cat arrancó y comenzamos a andar. Giré mi cabeza para ver como sus pequeñas figuras volvían a entrar a la casa. Soltando un leve suspiró volví mi vista al frente. Miré a Cat y ella aún seguía sonrojada. Sonreí.
— Así que… le estás agradecida porque me trajo a este mundo — dije en tono divertido. Ella se sonrojó más aun.
— Bueno… sí, porque si no lo hubiese hecho…
— No te hubiese conocido, no me hubieses conocido… no serías completa y tontamente feliz en este momento — le dije.
Ella mi miró y detuvo el coche. La miré extrañado, entonces se acercó a mí y me besó desesperadamente. Gruñí por lo bajo ante aquella excitante manera de besar. Giré hacia ella y la tomé de la cintura, para con un simple movimiento subirla sobre mí.
— No, Harry… — susurró agitada sobre mi boca.
— No hables — le dije y volví a reclamar sus labios.
Mis manos se volvieron un poco traviesas y se metieron debajo de su blusa, para acariciar su suave piel.
— No, no, estamos en un coche, Harry… ya para… no… espera… diablos.
Hice oídos sordos a sus peticiones y la tomé de las caderas para acercarla más a mí.
Tomó mi rostro con sus manos y logró alejarme de su boca. Me miró fijamente a los ojos. Sonreí mostrándole una agitada sonrisa.
— ¿Por qué no me escuchas? — me preguntó.
— ¿Por qué no me besas? — le pregunté.
Levanté mi mano y la tomé de la nuca para acercarla rápidamente a mí. Al parecer toda su cordura saltó del coche, porque sus manos pasaron a mi nuca y me acercaron más a ella. Coloqué mis brazos alrededor de su cintura, abrazándola más a mí. Cómo necesitaba estar cerca de ella, cómo me gustaba estar así de cerca.
Un móvil comenzó a sonar, ella se alejó agitada de mí e intentó volver al asiento de al lado, pero la detuve y la volví a besar. El móvil dejó de sonar, pero al instante comenzó a hacerlo de nuevo. Ella se volvió a alejar y, esta vez, se escapó de mí. De manera agitada se sentó de nuevo en su asiento. Metí la mano en mi bolsillo y saqué mi movil, era Ben.
— ¿Ben? — dije extrañado al atender.
— Oye, ¿estáis bien? — me preguntó.
— Sí, ¿Por qué? — le dije.
— Porque el coche está detenido justo en la salida, pensamos que se os había pasado algo, ¿necesitáis ayuda? — dijo. No pude reprimir una risa, y miré a Cat.
— No, Ben, tranquilo, estamos bien. Ya nos vamos, sólo nos detuvimos unos segundos porque… — miré a Cat y ésta me miró para luego ponerse roja — Porque estábamos viendo a dónde ir ahora.
— Bueno, entonces no pasó nada — dijo Ben con tono divertido — Tu madre dice que por favor, cuando termines de hablar con Will, la llames.
— Dile que lo haré sin falta — dije y luego colgué.
Cat colocó sus manos sobre el volante y comenzó a conducir de nuevo. Sonreí sin que me viera, y luego dirigí mi mirada a ella.
— ¿En dónde nos habíamos quedado, cariño? — le pregunté y estiré uno de mis brazos para tocarla, ella al instante se salió.
— No me toques, pervertido — dijo sin dejar de mirar al frente.
— ¿Pervertido yo? — dije.
— Sí, el más pervertido del mundo. ¿Cómo… cómo se te ocurre hacerme una cosa así?
— Discúlpame por ser un pervertido, pero en este caso la culpa la tienes tú, ¿Quién diablos te mandó a ser tan deseable?
Ella sonrió por lo bajo, pero aun así no me miró. Guardé silencio, mientras que nos íbamos alejando más de aquel campo y salíamos por la ruta para llegar a la cuidad.
— ¿Por qué tuvimos que volver? — me preguntó. La miré y solté un suspiro.
— Mi padre… sabe donde estoy. Entonces ahora voy a ir a decirle que todo se terminó y que sus amenazas se las puede meter por donde no le da el sol — dije bastante contento por aquella idea.
— Voy contigo — afirmó.
— No, cariño — le dije y me miró — Fue muy claro conmigo cuando me dijo que fuera solo.
— Harry, eres demasiado impulsivo a veces… tal vez te descontroles y… a pesar de todo es tu padre — me dijo con preocupación.
— Tranquila, cariño — susurré y tomé una de sus manos, haciendo que me mirara — No voy a hacerle nada.
— ¿Me lo prometes?
— Te lo prometo — le dije y besé la palma de su mano.
Más rápido de lo que esperé Cat se detuvo frente a la gran mansión de Will Styles. Solté un suspiró y la miré.
— ¿Estás seguro de que no quieres que me quede contigo? — me preguntó. Sonreí por lo bajo.
— Cariño, todo va a estar bien — le dije. Suspiró y me miró a los ojos.
— Está bien, te dejo aquí. Yo tengo que ir a ver a Gina y luego a mi padre… sino después se ponen insoportables — dijo. Acaricié su mejilla.
— Ve tranquila, saluda a Gin de mi parte… y dile que tal vez considere el volver a trabajar los sábados — dije divertido. Ella me miró desaprobadamente — ¿Qué? ¿Acaso no te gustaría?
— No, no me gustaría — dijo. La miré sorprendido.
— ¿Por qué? — dije.
— Porque no quiero verte babeando por las flacuchas esas que tiene mi madre como modelos —dijo celosa.
— Por la única que he estado babeando últimamente es por ti, cariño — me acerqué a ella y la besé despacio para luego alejarme — Por la noche te llamo… quizás podemos salir a comer algo o al cine y luego…
— Y luego nada — me interrumpió.
— Pero mañana no tenemos Universidad — dije al instante.
— No me importa… ¿tú crees que a mi me gusta estar así todo el tiempo? — preguntó. La miré fijo, y asentí levemente con la cabeza — Ya bájate… y, por favor, no hagas locuras, Harry, prométeme que no vas a ponerte loco.
— Juro, cariño, que no voy a hacer nada malo — le dije. Ella sonrió y me besó cortamente — No, uno así de cortito no, ¿Sabes cuantas horas estaremos alejados? Yo necesito un beso más largo para no desesperarme…
Mordió su labio y se acercó de nuevo a mí. Su boca se movió suave sobre la mía, mandando sensaciones que nunca había sentido sobre mi cuerpo. Se alejó despacio pero se mantuvo cerca.
— Ahora sí, ya puedes irte — susurró.
— Te juro que no tengo ganas de hacerlo — le confesé. Sonrió y se alejó completamente de mí.
— Vamos, cariño, ve, tu padre te esta esperando — me dijo.
— Está bien, adiós — la besé otra vez y me bajé del coche.
Cerré la puerta y la miré. Me sonrió de manera dulce y luego arrancó para dejarme allí parado mirando como se alejaba. Solté un suspiro y giré para enfrentar la casa de Will Styles… Aquel hombre que era mi padre, aquel hombre que me dio la vida, pero al mismo tiempo aquel hombre que hizo de la mitad de mi vida un infierno. No solo la mía, sino que la de mi madre también. Ese hombre que solo podía tener odio de mi parte, vergüenza, decepción. Yo no podía sentir otras cosas por él, nada de nada. Respirando profundamente comencé a caminar hacia la puerta, toqué el timbre y esperé a que alguien me abriera.
— Buenos días, Harry — me saludó Greta cuando abrió la puerta. Ella era la encargada de limpiar la mansión.
— ¿Qué tal, Greti? — le dije y besé tiernamente su mejilla.
— Bien, mi niño — me dijo y me miró con algo de preocupación — Su padre lo espera en el despacho…
— Gracias — dije y entré del todo para empezar a caminar hasta el despacho. Hacía ya tres años que había dejado esta casa, nunca me había gustado vivir aquí. Por el simple hecho de que siempre me recordaba el sufrimiento de mamá. Me acerqué a la puerta del despacho…
— Pasa — escuché su voz.
Abrí y él estaba sentado en aquella inmaculada silla. Su mirada estaba fija en unos cuantos papeles que tenía en las manos. Levantó su vista hacia mí y una sonrisa hipócrita se dibujó en su rostro.
— Me alegro que hayas venido, hijo… por el bien de todos
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Este capítulo se lo dedico a Carmen, mi Zayncienta, que no está muy bien, pero tiene todo mi apoyo, te quiero.
Me tensé al instante de escuchar su maldita voz. ¿Cómo demonios se había enterado de que yo estaba aquí? ¿Acaso el infeliz estaba siguiéndome o algo por el estilo?
— Mal nacido — musité.
— Y más te vale que me hagas caso o ya verás — dijo y colgó.
Apreté con fuerza el móvil que estaba mi mano. Cerré los ojos y traté de estar calmado, pero se me estaba haciendo imposible. Sentí una suave mano apoyarse en mi hombro, me giré a verla, y era ella, Cat.
—¿Qué sucede? — me preguntó preocupada. Solté un suspiro y acaricié su mejilla.
— Debemos irnos — dije y bajé mi mano para acariciar sus labios.
— ¿Por qué? — dijo confundida.
— No puedo explicártelo ahora, solo sé que debemos irnos, cariño — me acerqué a ella y la besé cortamente. Volvimos los pasos hacia donde estaban mi madre y Ben. Ambos me miraron con cara de preocupación.
— Lo siento, mamá, pero tenemos que irnos — le dije. Ella se acercó a mí y me acarició el rostro.
— Tu padre, ¿verdad? — susurró por lo bajo. La miré fijo a los ojos.
— Él sabe donde estoy — le contesté. Ella sonrió levemente, se acercó más a mí y me abrazó.
— Él ya no puede hacerme nada, Harry... que sus tontas amenazas ya no te controlen, cualquier cosa que él te diga es mentira. Will perdió control sobre mí hace exactamente un año — me calmó ella y con cuidado la alejé de mí para mirarla a los ojos.
— Entonces ¿ya no… no hay peligro? — pregunté con algo de duda.
— No, ya no hay peligro. Pero sé como es, así que ve… y hazle saber que ya no le tienes miedo, pero por favor no pierdas el control, Harry, es tu padre — me pidió.
Asentí y besó mi mejilla, para luego alejarse completamente.
— Más tarde, cuando todo este arreglado voy a llamarte — le dije a mi madre.
— Esperaré tu llamada, hijo — dijo ella.
Los tres nos acompañaron hasta la puerta. Emily no tenía esa sonrisa que tenía cuando llegamos.
— ¿Qué pasa, enana? — le pregunté agachándome hasta quedar a su altura.
— Yo no quiero que os vayáis — me dijo sin dejar de mirar al suelo. Levanté su rostro con una mano e hice que me mirara.
— Prometo que nos veremos otra vez. Eres mi hermanita y prometo que voy a cumplir bien mi rol de hermano mayor – le dije. Ella me sonrió y luego miró a Cat.
— Tú también cumplirás bien tu rol de cuñada ¿verdad? — le dijo. Cat la miró asombrada.
— ¿Qué es eso de rol de cuñada, Emily? — la regañó mi madre — ¿De dónde has sacado eso?
— Lo vi en una telenovela, en casa de la abuela Patsy — se defendió ella. Todos reímos divertidos y salimos fuera de la casa. Caminamos hasta el coche de Cat y nos giramos a verlos.
— Prometo, mamá, que esto pronto va a acabar — le dije. Ella me sonrió.
— Lo sé, mi amor, cuidaros. Adiós, Cat, y gracias por traerme de nuevo a mi bebé — le dijo. Ésta sonrió.
— Gracias a usted, por haberlo traído al mundo — le dijo ella, entonces la miré algo sorprendido. Ella me miró y al instante se dio cuenta de que eso le salió sin permiso de la boca, se sonrojó de sobremanera y apartó la vista de mí.
— Adiós, muchachos — nos dijo Ben. Me acerqué a él y lo abracé.
— Por favor, cuídalas — le susurré.
— Tranquilo, las cuidaré. Tú cuídate y cuida a Cat, es una muchacha increíble — me dijo al oído. Asentí y me alejé de él.
— Adiós — se despidió Cat de todos antes de subirse al coche. Miré una última vez a mi hermana y a mi madre y sonreí. La pequeña Emily agitó su mano y eso me llenó de alegría.
— Cuídate, enana, y no comas muchos dulces… te van a salir caries — le dije.
— Está bien, hermanito — me dijo sonriente.
— “Hermanito” — susurré divertido y me subí al coche.
Cat arrancó y comenzamos a andar. Giré mi cabeza para ver como sus pequeñas figuras volvían a entrar a la casa. Soltando un leve suspiró volví mi vista al frente. Miré a Cat y ella aún seguía sonrojada. Sonreí.
— Así que… le estás agradecida porque me trajo a este mundo — dije en tono divertido. Ella se sonrojó más aun.
— Bueno… sí, porque si no lo hubiese hecho…
— No te hubiese conocido, no me hubieses conocido… no serías completa y tontamente feliz en este momento — le dije.
Ella mi miró y detuvo el coche. La miré extrañado, entonces se acercó a mí y me besó desesperadamente. Gruñí por lo bajo ante aquella excitante manera de besar. Giré hacia ella y la tomé de la cintura, para con un simple movimiento subirla sobre mí.
— No, Harry… — susurró agitada sobre mi boca.
— No hables — le dije y volví a reclamar sus labios.
Mis manos se volvieron un poco traviesas y se metieron debajo de su blusa, para acariciar su suave piel.
— No, no, estamos en un coche, Harry… ya para… no… espera… diablos.
Hice oídos sordos a sus peticiones y la tomé de las caderas para acercarla más a mí.
Tomó mi rostro con sus manos y logró alejarme de su boca. Me miró fijamente a los ojos. Sonreí mostrándole una agitada sonrisa.
— ¿Por qué no me escuchas? — me preguntó.
— ¿Por qué no me besas? — le pregunté.
Levanté mi mano y la tomé de la nuca para acercarla rápidamente a mí. Al parecer toda su cordura saltó del coche, porque sus manos pasaron a mi nuca y me acercaron más a ella. Coloqué mis brazos alrededor de su cintura, abrazándola más a mí. Cómo necesitaba estar cerca de ella, cómo me gustaba estar así de cerca.
Un móvil comenzó a sonar, ella se alejó agitada de mí e intentó volver al asiento de al lado, pero la detuve y la volví a besar. El móvil dejó de sonar, pero al instante comenzó a hacerlo de nuevo. Ella se volvió a alejar y, esta vez, se escapó de mí. De manera agitada se sentó de nuevo en su asiento. Metí la mano en mi bolsillo y saqué mi movil, era Ben.
— ¿Ben? — dije extrañado al atender.
— Oye, ¿estáis bien? — me preguntó.
— Sí, ¿Por qué? — le dije.
— Porque el coche está detenido justo en la salida, pensamos que se os había pasado algo, ¿necesitáis ayuda? — dijo. No pude reprimir una risa, y miré a Cat.
— No, Ben, tranquilo, estamos bien. Ya nos vamos, sólo nos detuvimos unos segundos porque… — miré a Cat y ésta me miró para luego ponerse roja — Porque estábamos viendo a dónde ir ahora.
— Bueno, entonces no pasó nada — dijo Ben con tono divertido — Tu madre dice que por favor, cuando termines de hablar con Will, la llames.
— Dile que lo haré sin falta — dije y luego colgué.
Cat colocó sus manos sobre el volante y comenzó a conducir de nuevo. Sonreí sin que me viera, y luego dirigí mi mirada a ella.
— ¿En dónde nos habíamos quedado, cariño? — le pregunté y estiré uno de mis brazos para tocarla, ella al instante se salió.
— No me toques, pervertido — dijo sin dejar de mirar al frente.
— ¿Pervertido yo? — dije.
— Sí, el más pervertido del mundo. ¿Cómo… cómo se te ocurre hacerme una cosa así?
— Discúlpame por ser un pervertido, pero en este caso la culpa la tienes tú, ¿Quién diablos te mandó a ser tan deseable?
Ella sonrió por lo bajo, pero aun así no me miró. Guardé silencio, mientras que nos íbamos alejando más de aquel campo y salíamos por la ruta para llegar a la cuidad.
— ¿Por qué tuvimos que volver? — me preguntó. La miré y solté un suspiro.
— Mi padre… sabe donde estoy. Entonces ahora voy a ir a decirle que todo se terminó y que sus amenazas se las puede meter por donde no le da el sol — dije bastante contento por aquella idea.
— Voy contigo — afirmó.
— No, cariño — le dije y me miró — Fue muy claro conmigo cuando me dijo que fuera solo.
— Harry, eres demasiado impulsivo a veces… tal vez te descontroles y… a pesar de todo es tu padre — me dijo con preocupación.
— Tranquila, cariño — susurré y tomé una de sus manos, haciendo que me mirara — No voy a hacerle nada.
— ¿Me lo prometes?
— Te lo prometo — le dije y besé la palma de su mano.
Más rápido de lo que esperé Cat se detuvo frente a la gran mansión de Will Styles. Solté un suspiró y la miré.
— ¿Estás seguro de que no quieres que me quede contigo? — me preguntó. Sonreí por lo bajo.
— Cariño, todo va a estar bien — le dije. Suspiró y me miró a los ojos.
— Está bien, te dejo aquí. Yo tengo que ir a ver a Gina y luego a mi padre… sino después se ponen insoportables — dijo. Acaricié su mejilla.
— Ve tranquila, saluda a Gin de mi parte… y dile que tal vez considere el volver a trabajar los sábados — dije divertido. Ella me miró desaprobadamente — ¿Qué? ¿Acaso no te gustaría?
— No, no me gustaría — dijo. La miré sorprendido.
— ¿Por qué? — dije.
— Porque no quiero verte babeando por las flacuchas esas que tiene mi madre como modelos —dijo celosa.
— Por la única que he estado babeando últimamente es por ti, cariño — me acerqué a ella y la besé despacio para luego alejarme — Por la noche te llamo… quizás podemos salir a comer algo o al cine y luego…
— Y luego nada — me interrumpió.
— Pero mañana no tenemos Universidad — dije al instante.
— No me importa… ¿tú crees que a mi me gusta estar así todo el tiempo? — preguntó. La miré fijo, y asentí levemente con la cabeza — Ya bájate… y, por favor, no hagas locuras, Harry, prométeme que no vas a ponerte loco.
— Juro, cariño, que no voy a hacer nada malo — le dije. Ella sonrió y me besó cortamente — No, uno así de cortito no, ¿Sabes cuantas horas estaremos alejados? Yo necesito un beso más largo para no desesperarme…
Mordió su labio y se acercó de nuevo a mí. Su boca se movió suave sobre la mía, mandando sensaciones que nunca había sentido sobre mi cuerpo. Se alejó despacio pero se mantuvo cerca.
— Ahora sí, ya puedes irte — susurró.
— Te juro que no tengo ganas de hacerlo — le confesé. Sonrió y se alejó completamente de mí.
— Vamos, cariño, ve, tu padre te esta esperando — me dijo.
— Está bien, adiós — la besé otra vez y me bajé del coche.
Cerré la puerta y la miré. Me sonrió de manera dulce y luego arrancó para dejarme allí parado mirando como se alejaba. Solté un suspiro y giré para enfrentar la casa de Will Styles… Aquel hombre que era mi padre, aquel hombre que me dio la vida, pero al mismo tiempo aquel hombre que hizo de la mitad de mi vida un infierno. No solo la mía, sino que la de mi madre también. Ese hombre que solo podía tener odio de mi parte, vergüenza, decepción. Yo no podía sentir otras cosas por él, nada de nada. Respirando profundamente comencé a caminar hacia la puerta, toqué el timbre y esperé a que alguien me abriera.
— Buenos días, Harry — me saludó Greta cuando abrió la puerta. Ella era la encargada de limpiar la mansión.
— ¿Qué tal, Greti? — le dije y besé tiernamente su mejilla.
— Bien, mi niño — me dijo y me miró con algo de preocupación — Su padre lo espera en el despacho…
— Gracias — dije y entré del todo para empezar a caminar hasta el despacho. Hacía ya tres años que había dejado esta casa, nunca me había gustado vivir aquí. Por el simple hecho de que siempre me recordaba el sufrimiento de mamá. Me acerqué a la puerta del despacho…
— Pasa — escuché su voz.
Abrí y él estaba sentado en aquella inmaculada silla. Su mirada estaba fija en unos cuantos papeles que tenía en las manos. Levantó su vista hacia mí y una sonrisa hipócrita se dibujó en su rostro.
— Me alegro que hayas venido, hijo… por el bien de todos
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Este capítulo se lo dedico a Carmen, mi Zayncienta, que no está muy bien, pero tiene todo mi apoyo, te quiero.
martes, 17 de septiembre de 2013
Capítulo 48
La miré fijo a los ojos y sentí una pequeña presión en mi pecho.
— Creo que sí — le dije.
— ¿Crees? — dijo confundida.
— Mamá, la verdad es que nunca me pasó algo así. Yo…
— Eres un don Juan – me acusó con indignación.
— Sí, puede ser…
— ¿Con cuántas mujeres has estado? — me preguntó.
—Mamá, ¿no crees que…?
— Contéstame, Harry — sentenció con firmeza.
Sonreí ante su enfado. Siempre quise que mi madre me regañara.
— No lo sé – contesté.
— ¿Cómo que no lo sabes?
— No, no lo sé. Nunca me puse a contarlas.
—Eres un desconsiderado, mujeriego. No puedo creerlo…
— Mami, no me regañes. Sabes que solo tú me interesas — le dije poniendo mi mejor cara de niño bueno. Ella me miró bien y sus ojos se humedecieron. Sonrió y volvió a abrazarme.
— Aún consigues comprarme — dijo sin soltarme. Se alejó y me miró – Pero creo que eso ahora no es así… porque he visto cómo la miras.
—Ella no solo es preciosa por fuera, también lo es por dentro — le conté.
— Sí, se nota y mucho.
— Te extrañé tanto – le dije.
— Y yo a ti, cariño — me dijo y se puso de pie entregándome su mano — Vamos fuera.
Tomé su mano y caminamos hasta la parte trasera de la casa. Salimos y detuvimos nuestros pasos al ver cómo Cat y Emily reían y jugaban con las muñecas.
Sentí un cosquilleo en mi estómago. Ella era tan guapa, y tan dulce. Ambas se giraron a vernos. Emily se puso de pie y corrió hasta nosotros.
— Tu novia es muy simpática, hermanito – me dijo sonriente.
— ¿Qué es eso de ‘hermanito’, enana? Aquí la hermanita eres tú — le dije.
— No, yo soy toda una mujer. Sino pregúntale a mamá, ya me maquilló — dijo y colocó sus dos pequeñas manos sobre su cintura parándose coquetamente.
— ¿Y acaso tú permites que se maquille? – le dije a mi madre.
— Oh, no me digas que vas a ponerte igual de insoportable que Ben con ese tema. Ella es una niña y a todas las niñas les gusta maquillarse y jugar a ser grandes – me dijo mi madre.
Cat se acercó a nosotros. La miré y tuve muchas ganas de besarla, pero no podía hacerlo delante de mi hermana y mi madre.
— Estábamos divirtiéndonos un poco — nos dijo Cat mientras le sonreía a Emily.
Mi madre se acercó a ella y la abrazó. Un tanto confundida, Cat le devolvió el gesto.
— Muchas gracias, Cat… Harry me contó que tú conseguiste el número. De verdad no sé como voy a hacer para agradecerte esto — le dijo y se alejó de ella.
— Primero que nada, Feliz cumpleaños, señora Anne – dijo ella.
— Ya no me digas señora. Dime solo Anne. Nada de formalidades conmigo, al fin y al cabo eres la chica que me devolvió a mi hijo.
— ¡Oye, vamos a comer! — nos llamó Ben.
Mi madre y mi hermana comenzaron a caminar hacia él, Cat iba por caminar también pero la tomé del brazo y la acerqué hacia mí para mirarla a los ojos.
— Gracias — le dije. Ella me miró bien.
— ¿Por qué? – preguntó.
— Por darme el segundo mejor día de mi vida.
— ¿El segundo? ¿Cuál fue el primero?
— El día en que te conocí — contesté y me acerqué a ella para besarla levemente en los labios.
La besé despacio, dulcemente, en cámara lenta. Me olvidé completamente en donde estábamos. Parecía que nada estaba a nuestro alrededor. Su nariz acariciaba la mía, con cada leve movimiento que hacían nuestras bocas.
No había nada más en el mundo que yo quisiera en este momento que estar besándola. Era una sensación increible. Su boca tenía un sabor único, dulce, adictivo… embriagante. Su pequeña mano se apoyó en mi rostro, acariciándome dulcemente.
— Si ella no fuera tu novia, no la besarías en los labios — escuchamos la pequeña y suave voz de Emily. Ambos nos alejamos rápidamente para mirarla.
Mi pequeña hermana tenía una sonrisa pícara en los labios. Sus manitas estaban apoyadas sobre su cintura y se movía levemente para un lado y para otro.
— Lo que pasa, es que aun eres muy pequeña como para entender ciertas cosas — le dije mientras me acercaba a ella y la alzaba en brazos.
Ella me miró y sonrió para luego mirar a Cat.
— ¿Es un buen novio? — le preguntó. Cat sonrió levemente y comenzamos a caminar hacia donde estaban mi madre y Ben.
— Por ahora no lo llamo novio — le dijo ella — Pero por ahora es un buen amigo.
— Pero si es tu amigo, ¿Por qué te besa?
— Porque me gusta besarla — le contesté yo.
— Harry — me regañó Cat.
— Entonces, si mi amigo Billy quiere besarme porque le gusta ¿lo dejo? — preguntó.
— ¿Qué? ¡No, claro que no! ¡Tú no debes dejar que ningún mocoso atrevido te bese! Y si eso sucede tendré que ponerme violento — le dije algo nervioso.
— Oh, Harry, no puedes decirle eso a tu hermana — me dijo Cat y tomó en brazos a Emily. La pequeña rubia la miró fijo a los ojos mientras caminábamos — ¿Quién es ese tal Billy? — le preguntó.
— Vamos juntos al jardín — le contó ella — Y él es mi amigo… y siempre jugamos juntos a la familia y él siempre es mi esposo. Tenemos una hija que se llama Kitty y una mascota llamada Otto.
— ¿Te besó? — preguntó Cat. Me tensé un poco.
— Solo cuando se despide de mí porque se va a trabajar, me da un beso en mi mejilla. ¿Eso es un beso de novios?
— Pero qué mocoso desubicado. Creo que tendré que hablar muy seriamente con tu padre, jovencita — le dije y caminé un poco más rápido.
— Harry, ven aquí — me llamó Cat, haciendo que mi paso se detuviera. Ellas me alcanzaron y me miraron — Tú no vas a decirle nada a Ben, porque tienes que ser un buen hermano y guardarle los secretos a tu hermana…
— ¿Los hermanos guardan secretos? – preguntó Emily.
— Es su deber – le contestó Catherin.
— Sí, pero no cuando un mocoso desubicado trata de propasarse con tu hermanita. ¡Tiene cinco años, por Dios! — solté exasperado.
Llegamos a la mesa y mi madre y Ben se giraron a vernos un poco extrañados.
— ¿Sucede algo? — preguntó Ben.
— Sí, sucede que…
— Sucede que estábamos hablando un poco de el jardín con Emily ¿no es así, Harry? — me preguntó interrumpiéndome.
— Sí, es así – dije con tono bajo.
— Bueno, sentaros a comer… que, si no, se enfría — habló mamá.
Nos sentamos a la mesa y Ben se acercó a nosotros con una bandeja.
— Mamá, casi me olvido… Cat es vegetariana — le dije al mirar la bandeja que Ben traía, de seguro era carne. Mi madre miró a Cat.
— ¿En serio? — le preguntó.
— Bueno, en realidad es algo que hace poco que estoy implementando. Exactamente dos años. Estoy intentando limpiar mi organismo — le contó ella.
— Es asombroso, porque yo también lo soy — le dijo ella.
Me sorprendí al recordar aquello. Juro que me había olvidado completamente de que mamá también era vegetariana.
— No puedo creerlo — dijo Cat y me miró – Nunca me dijiste que tu madre era vegetariana.
— Lo que pasa es que lo había olvidado – dije yo, un tanto sorprendido aún.
— Bueno, eso no es problema. Tenemos comida para las vegetarianas en esta casa — dijo Ben, y sonreí – Pero nosotros comeremos carne, ¿no es así, Harry?
— Por supuesto que sí, Ben — le respondí.
— Carnívoros – dijeron mi madre y Cat al mismo tiempo.
Todos reímos divertidos y comenzamos a comer. Mi madre y Cat hablaban como si se conocieran de todo la vida. Ellas tenían tantas cosas en común. El amor por la naturaleza, por las fotografías. Esa manera de ver la vida como el mejor regalo del mundo, esas ganas de vivir. Y sobre todo esa entereza y dedicación que las hacía verse indestructibles.
— Son preciosas, ¿verdad? – me habló Ben sentándose frente a mí, mientras dirigía su mirada a ellas, que aun seguían hablando con Emily junto a ellas.
— Tienen tantas cosas en común… juro que no me había dado cuenta de eso – le dije y lo miré.
— Son mujeres increíbles. No puedo creer que hayas encontrado a una chica así…
— Fue por casualidad… o el destino — dije asintiendo.
— ¿Dónde la conociste? – preguntó.
— En la Universidad… cuando volví de mi expulsión…
— ¿Te expulsaron? – me interrumpió. Reí por lo bajo.
— Sí – dije en un susurro — Me metí a los jardines del campus en mi moto, y destruí patrimonio del establecimiento.
— Oh, eres increíble — dijo divertido — ¿Y cómo hiciste para enamorarla? Parece ser una chica muy aplicada, como tu madre…
— Debo decir que fue ella la que me enamoró a mí. Yo no tenía ninguna intención de enamorarme, y mucho menos de una mujer así. Te aseguro que me enloqueció — le conté.
— Pero ¿no estás contento de haberla conocido? — me dijo. Entonces volví mi vista a ellas, y la mirada de Cat se cruzó con la mía. Me sonrió levemente y sonrojándose un poco quitó su vista de la mía. Sonriendo volví mi mirada a Ben.
— Soy la persona más feliz del mundo, de eso puedes estar seguro, papá — le dije.
Él me miró bien. Se sentó erguidamente y me miró fijo, sonreí.
— Lo siento, pero ¿qué has dicho? — me preguntó.
— Te dije papá, Ben… ¿acaso ya estás sordo? — le pregunté divertido. Él negó atónito con la cabeza, haciendo que yo riera — Eres como un padre para mí… no tendré tu sangre, pero te aseguro que eres más padre para mí que Will.
— Harry, yo…
— Sé todo lo que has hecho por mi madre. Sé cuánto la amas, cuánto la has cuidado. Y mira, por Dios — dije y miré hacia Emily — Me has dado una hermana que, de paso sea dicho, creo que tendrás que poner un poco más lo límites con esa enana.
— Yo también te quiero como a un hijo — me dijo y lo miré — Y recuerdo que así lo sentí aquel día que te ayudé a venir al mundo.
— Entonces ya no se hable más, porque creo que nos estamos poniendo un poco sentimentales — dije y él rió.
— ¿De qué hablais? — preguntó mi madre mientras ella, Cat y mi hermana se acercaban a nosotros. Las miré.
— Cosas de hombres — le contesté.
— Esa respuesta machista tuya — dijo Cat revoleando los ojos.
Entonces la tomé de la cintura y la senté sobre mi regazo. Me miró bien y me hizo un gesto de ‘¿Qué estas haciendo?’
— Estábamos poniéndonos sentimentales — le dije mirándola a los ojos.
— ¿Sentimentales? — preguntó mi madre.
— Le dije que lo quería como a un padre y él me dijo que me quería como a un hijo… ya sabes esas cosas que son cursis y que salen sin sentido — dije con desenfado.
— Ohhh que tiernos — dijo mi madre y besó cortamente a Ben.
Miré a Cat y ella me sonrió divertida, le guiñé un ojo y quise besarla, pero se alejó discretamente poniéndose de pie.
— ¿A qué hora cortamos la tarta? — preguntó mi cariño.
— A la hora que quiera Emily, la hizo ella — habló Ben.
— ¿Tú hiciste una tarta? — le pregunté. Ella me miró y asintió efusivamente.
— Sí, yo solita… bueno en realidad papá me ayudó, pero él es horrible cocinando, es como si yo lo hubiese hecho solita — dijo con una pequeña sonrisa autosuficiente.
¡Diablos, esta criatura es una exacta copia de mí, pero en miniatura!
Todos reímos y Ben alzó en brazos a Emily. Mi móvil comenzó a sonar, lo miré y me alejé de ellos para contestar. La llamada aparecía como privada.
— ¿Hola? — atendí.
— Creo que sí — le dije.
— ¿Crees? — dijo confundida.
— Mamá, la verdad es que nunca me pasó algo así. Yo…
— Eres un don Juan – me acusó con indignación.
— Sí, puede ser…
— ¿Con cuántas mujeres has estado? — me preguntó.
—Mamá, ¿no crees que…?
— Contéstame, Harry — sentenció con firmeza.
Sonreí ante su enfado. Siempre quise que mi madre me regañara.
— No lo sé – contesté.
— ¿Cómo que no lo sabes?
— No, no lo sé. Nunca me puse a contarlas.
—Eres un desconsiderado, mujeriego. No puedo creerlo…
— Mami, no me regañes. Sabes que solo tú me interesas — le dije poniendo mi mejor cara de niño bueno. Ella me miró bien y sus ojos se humedecieron. Sonrió y volvió a abrazarme.
— Aún consigues comprarme — dijo sin soltarme. Se alejó y me miró – Pero creo que eso ahora no es así… porque he visto cómo la miras.
—Ella no solo es preciosa por fuera, también lo es por dentro — le conté.
— Sí, se nota y mucho.
— Te extrañé tanto – le dije.
— Y yo a ti, cariño — me dijo y se puso de pie entregándome su mano — Vamos fuera.
Tomé su mano y caminamos hasta la parte trasera de la casa. Salimos y detuvimos nuestros pasos al ver cómo Cat y Emily reían y jugaban con las muñecas.
Sentí un cosquilleo en mi estómago. Ella era tan guapa, y tan dulce. Ambas se giraron a vernos. Emily se puso de pie y corrió hasta nosotros.
— Tu novia es muy simpática, hermanito – me dijo sonriente.
— ¿Qué es eso de ‘hermanito’, enana? Aquí la hermanita eres tú — le dije.
— No, yo soy toda una mujer. Sino pregúntale a mamá, ya me maquilló — dijo y colocó sus dos pequeñas manos sobre su cintura parándose coquetamente.
— ¿Y acaso tú permites que se maquille? – le dije a mi madre.
— Oh, no me digas que vas a ponerte igual de insoportable que Ben con ese tema. Ella es una niña y a todas las niñas les gusta maquillarse y jugar a ser grandes – me dijo mi madre.
Cat se acercó a nosotros. La miré y tuve muchas ganas de besarla, pero no podía hacerlo delante de mi hermana y mi madre.
— Estábamos divirtiéndonos un poco — nos dijo Cat mientras le sonreía a Emily.
Mi madre se acercó a ella y la abrazó. Un tanto confundida, Cat le devolvió el gesto.
— Muchas gracias, Cat… Harry me contó que tú conseguiste el número. De verdad no sé como voy a hacer para agradecerte esto — le dijo y se alejó de ella.
— Primero que nada, Feliz cumpleaños, señora Anne – dijo ella.
— Ya no me digas señora. Dime solo Anne. Nada de formalidades conmigo, al fin y al cabo eres la chica que me devolvió a mi hijo.
— ¡Oye, vamos a comer! — nos llamó Ben.
Mi madre y mi hermana comenzaron a caminar hacia él, Cat iba por caminar también pero la tomé del brazo y la acerqué hacia mí para mirarla a los ojos.
— Gracias — le dije. Ella me miró bien.
— ¿Por qué? – preguntó.
— Por darme el segundo mejor día de mi vida.
— ¿El segundo? ¿Cuál fue el primero?
— El día en que te conocí — contesté y me acerqué a ella para besarla levemente en los labios.
La besé despacio, dulcemente, en cámara lenta. Me olvidé completamente en donde estábamos. Parecía que nada estaba a nuestro alrededor. Su nariz acariciaba la mía, con cada leve movimiento que hacían nuestras bocas.
No había nada más en el mundo que yo quisiera en este momento que estar besándola. Era una sensación increible. Su boca tenía un sabor único, dulce, adictivo… embriagante. Su pequeña mano se apoyó en mi rostro, acariciándome dulcemente.
— Si ella no fuera tu novia, no la besarías en los labios — escuchamos la pequeña y suave voz de Emily. Ambos nos alejamos rápidamente para mirarla.
Mi pequeña hermana tenía una sonrisa pícara en los labios. Sus manitas estaban apoyadas sobre su cintura y se movía levemente para un lado y para otro.
— Lo que pasa, es que aun eres muy pequeña como para entender ciertas cosas — le dije mientras me acercaba a ella y la alzaba en brazos.
Ella me miró y sonrió para luego mirar a Cat.
— ¿Es un buen novio? — le preguntó. Cat sonrió levemente y comenzamos a caminar hacia donde estaban mi madre y Ben.
— Por ahora no lo llamo novio — le dijo ella — Pero por ahora es un buen amigo.
— Pero si es tu amigo, ¿Por qué te besa?
— Porque me gusta besarla — le contesté yo.
— Harry — me regañó Cat.
— Entonces, si mi amigo Billy quiere besarme porque le gusta ¿lo dejo? — preguntó.
— ¿Qué? ¡No, claro que no! ¡Tú no debes dejar que ningún mocoso atrevido te bese! Y si eso sucede tendré que ponerme violento — le dije algo nervioso.
— Oh, Harry, no puedes decirle eso a tu hermana — me dijo Cat y tomó en brazos a Emily. La pequeña rubia la miró fijo a los ojos mientras caminábamos — ¿Quién es ese tal Billy? — le preguntó.
— Vamos juntos al jardín — le contó ella — Y él es mi amigo… y siempre jugamos juntos a la familia y él siempre es mi esposo. Tenemos una hija que se llama Kitty y una mascota llamada Otto.
— ¿Te besó? — preguntó Cat. Me tensé un poco.
— Solo cuando se despide de mí porque se va a trabajar, me da un beso en mi mejilla. ¿Eso es un beso de novios?
— Pero qué mocoso desubicado. Creo que tendré que hablar muy seriamente con tu padre, jovencita — le dije y caminé un poco más rápido.
— Harry, ven aquí — me llamó Cat, haciendo que mi paso se detuviera. Ellas me alcanzaron y me miraron — Tú no vas a decirle nada a Ben, porque tienes que ser un buen hermano y guardarle los secretos a tu hermana…
— ¿Los hermanos guardan secretos? – preguntó Emily.
— Es su deber – le contestó Catherin.
— Sí, pero no cuando un mocoso desubicado trata de propasarse con tu hermanita. ¡Tiene cinco años, por Dios! — solté exasperado.
Llegamos a la mesa y mi madre y Ben se giraron a vernos un poco extrañados.
— ¿Sucede algo? — preguntó Ben.
— Sí, sucede que…
— Sucede que estábamos hablando un poco de el jardín con Emily ¿no es así, Harry? — me preguntó interrumpiéndome.
— Sí, es así – dije con tono bajo.
— Bueno, sentaros a comer… que, si no, se enfría — habló mamá.
Nos sentamos a la mesa y Ben se acercó a nosotros con una bandeja.
— Mamá, casi me olvido… Cat es vegetariana — le dije al mirar la bandeja que Ben traía, de seguro era carne. Mi madre miró a Cat.
— ¿En serio? — le preguntó.
— Bueno, en realidad es algo que hace poco que estoy implementando. Exactamente dos años. Estoy intentando limpiar mi organismo — le contó ella.
— Es asombroso, porque yo también lo soy — le dijo ella.
Me sorprendí al recordar aquello. Juro que me había olvidado completamente de que mamá también era vegetariana.
— No puedo creerlo — dijo Cat y me miró – Nunca me dijiste que tu madre era vegetariana.
— Lo que pasa es que lo había olvidado – dije yo, un tanto sorprendido aún.
— Bueno, eso no es problema. Tenemos comida para las vegetarianas en esta casa — dijo Ben, y sonreí – Pero nosotros comeremos carne, ¿no es así, Harry?
— Por supuesto que sí, Ben — le respondí.
— Carnívoros – dijeron mi madre y Cat al mismo tiempo.
Todos reímos divertidos y comenzamos a comer. Mi madre y Cat hablaban como si se conocieran de todo la vida. Ellas tenían tantas cosas en común. El amor por la naturaleza, por las fotografías. Esa manera de ver la vida como el mejor regalo del mundo, esas ganas de vivir. Y sobre todo esa entereza y dedicación que las hacía verse indestructibles.
— Son preciosas, ¿verdad? – me habló Ben sentándose frente a mí, mientras dirigía su mirada a ellas, que aun seguían hablando con Emily junto a ellas.
— Tienen tantas cosas en común… juro que no me había dado cuenta de eso – le dije y lo miré.
— Son mujeres increíbles. No puedo creer que hayas encontrado a una chica así…
— Fue por casualidad… o el destino — dije asintiendo.
— ¿Dónde la conociste? – preguntó.
— En la Universidad… cuando volví de mi expulsión…
— ¿Te expulsaron? – me interrumpió. Reí por lo bajo.
— Sí – dije en un susurro — Me metí a los jardines del campus en mi moto, y destruí patrimonio del establecimiento.
— Oh, eres increíble — dijo divertido — ¿Y cómo hiciste para enamorarla? Parece ser una chica muy aplicada, como tu madre…
— Debo decir que fue ella la que me enamoró a mí. Yo no tenía ninguna intención de enamorarme, y mucho menos de una mujer así. Te aseguro que me enloqueció — le conté.
— Pero ¿no estás contento de haberla conocido? — me dijo. Entonces volví mi vista a ellas, y la mirada de Cat se cruzó con la mía. Me sonrió levemente y sonrojándose un poco quitó su vista de la mía. Sonriendo volví mi mirada a Ben.
— Soy la persona más feliz del mundo, de eso puedes estar seguro, papá — le dije.
Él me miró bien. Se sentó erguidamente y me miró fijo, sonreí.
— Lo siento, pero ¿qué has dicho? — me preguntó.
— Te dije papá, Ben… ¿acaso ya estás sordo? — le pregunté divertido. Él negó atónito con la cabeza, haciendo que yo riera — Eres como un padre para mí… no tendré tu sangre, pero te aseguro que eres más padre para mí que Will.
— Harry, yo…
— Sé todo lo que has hecho por mi madre. Sé cuánto la amas, cuánto la has cuidado. Y mira, por Dios — dije y miré hacia Emily — Me has dado una hermana que, de paso sea dicho, creo que tendrás que poner un poco más lo límites con esa enana.
— Yo también te quiero como a un hijo — me dijo y lo miré — Y recuerdo que así lo sentí aquel día que te ayudé a venir al mundo.
— Entonces ya no se hable más, porque creo que nos estamos poniendo un poco sentimentales — dije y él rió.
— ¿De qué hablais? — preguntó mi madre mientras ella, Cat y mi hermana se acercaban a nosotros. Las miré.
— Cosas de hombres — le contesté.
— Esa respuesta machista tuya — dijo Cat revoleando los ojos.
Entonces la tomé de la cintura y la senté sobre mi regazo. Me miró bien y me hizo un gesto de ‘¿Qué estas haciendo?’
— Estábamos poniéndonos sentimentales — le dije mirándola a los ojos.
— ¿Sentimentales? — preguntó mi madre.
— Le dije que lo quería como a un padre y él me dijo que me quería como a un hijo… ya sabes esas cosas que son cursis y que salen sin sentido — dije con desenfado.
— Ohhh que tiernos — dijo mi madre y besó cortamente a Ben.
Miré a Cat y ella me sonrió divertida, le guiñé un ojo y quise besarla, pero se alejó discretamente poniéndose de pie.
— ¿A qué hora cortamos la tarta? — preguntó mi cariño.
— A la hora que quiera Emily, la hizo ella — habló Ben.
— ¿Tú hiciste una tarta? — le pregunté. Ella me miró y asintió efusivamente.
— Sí, yo solita… bueno en realidad papá me ayudó, pero él es horrible cocinando, es como si yo lo hubiese hecho solita — dijo con una pequeña sonrisa autosuficiente.
¡Diablos, esta criatura es una exacta copia de mí, pero en miniatura!
Todos reímos y Ben alzó en brazos a Emily. Mi móvil comenzó a sonar, lo miré y me alejé de ellos para contestar. La llamada aparecía como privada.
— ¿Hola? — atendí.
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