sábado, 9 de noviembre de 2013

Capítulo 54

Ella dejó de caminar y entonces me giré a verla. A leguas se notaba que estaba realmente nerviosa por todo este motivo.
—¿Qué pasa mi amor? —le pregunté.
—Creo… creo que no es buena idea, Harry. Mejor llamo a mi madre y le digo que no venga. O quizás llamo a papá y le digo a él que no venga —dijo y tomó su movil.
—Oye, oye —la detuve y le quité el pequeño aparato —Todo va a salir bien. Ellos dos son personas adultas, van a comportarse.
Ella asintió y besé su frente. Volvimos a caminar y entramos al lujoso hotel para dirigirnos a la parte cómoda del restaurante. Un hombre calvo y de baja estatura se acercó a nosotros.
—Buenas tardes, ¿en que puedo ayudarles? —nos preguntó.
—Buenas tardes —lo saludó Cat —Tenemos una reservación a nombre de Catherin Jones.
El hombre miró la agenda que tenía en su mano y asintió.
—Sí señorita, la mesa ya está lista. Por aquí.
Comenzó a caminar y lo seguimos. Nos dio el paso para sentarnos en una adornada mesa con cuatro platos. Como todo un caballero le corrí la silla a mi novia y ella se sentó. El mozo se alejó inclinando levemente la cabeza. Vi como Cat miraba a su alrededor…
—Amor, tranquila —le dije. Me miró a los ojos.
—Cuando mis padres lleguen se va a desatar la tercera guerra mundial —aseguró.
—Quien sabe —dije y acarici'e su mejilla —Quizás sea hora de la paz mundial.
—¡No sabéis lo contenta que me puse cuando supe que íbamos a almorzar los tres juntos! —escuchamos su aguda voz. Ambos nos giramos a verla. Me puse de pie y ella se acercó a abrazarme —Eres un desconsiderado. No fuiste a visitarme como lo prometiste.
—Lo siento —le dije y me alejé de ella —Pero las cosas no estaban bien en esos tiempos. Ella miró a Cat y luego volvió a mirarme.
—¿Acaso ella te prohibió que me vieras? —me preguntó.
—No, no —dije divertido. Cat se puso de pie.
—¿Puedes hacerme el favor de saludar a tu hija como corresponde? —le dijo. Gina sonrió y se acercó a ella para abrazarla y besar su rostro.
—Eres tan celosa —aseguró alejándose de ella.
—No son celos —cuestionó ella —Solo me molesta que siempre estés a favor de los demás. De cualquier extraño, menos de mí.
—Eso no es verdad —le dijo su madre mientras se sacaba el abrigo y todos tomábamos asiento. Gina miró bien la mesa y frunció el ceño —¿Por qué hay cuatro platos? Somos solo tres personas.
—Mmm, lo que pasa es que…
—Se confundieron —interrumpí a Cat, que soltó un leve suspiro.
—Voy a pedir que lo quiten —dijo Gin se puso de pie.
—¡No! —dijo Cat elevando un poco más la voz. Gina la miró extrañada —No, no digas nada. La mesa se ve bien así… con cuatro platos.
Gina volvió a sentarse y pícaramente miró nuestra cercanía.
—¿Hay algo que debáis decirme? —nos preguntó. Miré a Cat y sonreí.
—Gin, despues de hacerme sufrir como un idiota y casi enloquecerme por completo tu hija ha aceptado que me quiere —le conté. Su boca se abrió del asombro y miró a Cat con los ojos bien abiertos.
—En realidad no fue tan así —dijo Cat mirándome con reproche —Lo que está queriendo decirte es que…
—Eres mi suegra —le dije y la miré.
—¡Ay, no sabéis lo feliz que me hacéis! —dijo contenta —Eso quiere decir que sois novios, ¿verdad?
—Sí —dijo Cat por lo bajo.
—¡Esto hay que festejarlo a lo grande! Llamad al camarero y pedir un champagne que yo voy al baño un segundo —se puso de pie y vimos como desaparecía por una puerta.
Cat volvió su vista a mí y noté su inconfundible enfado.
—¿Qué sucede? —le pregunté.
—¿No te parece que se lo has dicho muy rápido y de una manera muy poco apropiada? —dijo.
Sonreí y me acerqué más a ella para besar cortamente sus labios.
—Todo está perfecto. Ella lo tomó como yo lo esperé. Pero quédate tranquila, que con tu padre seré de otra manera…
—Hija —ambos lo escuchamos y nos giramos a verlo. Nos pusimos de pie y él se acercó a Cat para abrazarla.
—Hola papá —le dijo cuando se alejó de él y miró hacia la puerta del baño.
Gina aun no salía. Greg me miró y sonrió.
—Es un gusto volver a verte, Harry —me dijo y tendió su mano hacia mí. La tomé.
—Lo mismo digo, señor Jones —tomamos asiento.
—No sabía que ibas a la misma Universidad que mi hija —miró a Cat.
—Yo tampoco lo sabía hasta aquella noche en la fiesta —mentí. Cat rió por lo bajo.
—Me alegro que os hayáis llevado bien —dijo él.
Asentí y miré a Cat. Ella observaba intranquila la puerta del baño. Tomé su mano por debajo de la mesa. Su vista volvió a mí.
‘Todo va a estar bien’ ella leyó mis labios. Sonrió y miró a su padre.
—Señor Jones, básicamente organizamos este almuerzo porque queríamos contarle que su hija y yo… estamos juntos —le dije tratando de sonar lo más tranquilo posible. Nunca pensé que llegaría el día en que tendría que presentarme como el novio de alguna chica.
La mirada de Greg se dirigió a su hija y luego volvió a mí.
—¿Eso quiere decir que tú y mi hija tenéis una relación? —preguntó.
Asentí nervioso. Me parece que la idea no le está cayendo para nada bien —Eso es muy bueno. —aseguró mientras una sonrisa se formaba en su rostro. Sentí como todo el aire que tenía en mis pulmones salía lentamente.
—¿Te agrada la idea? —le preguntó Cat sorprendida.
—Claro que sí, hija —aseguró él y palmeó mi hombro —Este muchacho me cayó bien desde la primera vez que lo vi. Además de que eso significa que al fin te has desecho del idiota de Liam.
—¡Papá! —lo regañó.
—¿No le caía bien Payne? —le pregunté.
—Para nada… demasiado posesivo para mi princesa — Un móvil comenzó a sonar. Greg lo tomó y miró la pantalla. Se puso de pie —Un minuto por favor.
Se alejó de la mesa mientras contestaba.
—No puedo creer que le hayas agradado desde el primer momento. Se nota que apenas tuvo contacto contigo —me dijo Cat. Reí por lo bajo.
—Yo soy la persona más agradable del mundo. De eso estate completamente segura.
—Perdón por haber tardado tanto —dijo Gina sentándose a la mesa —Había fila para el baño, por dios — Cat miró hacia donde Greg se había ido. Volví a tomar su mano por debajo de la mesa. Ella rió por lo bajo y me miró —¿Ya pedisteis el champagne? —preguntó. Ambos negamos con la cabeza —Bueno, voy a pedirlo.
Se volvió a levantar y se dirigió hacia la barra.
—Listo, solo era una llamada de oficina —Greg se sentó en la silla. Lo miramos
—¿Qué vamos a tomar?
—Champagne —dijo Cat.
—Perfecto —aseguró él. Su móvil volvió a sonar —Lo lamento, hija. Pero juro que será el último.
—Atiende tranquilo —dijo ella.
Greg volvió a levantarse. Cat y yo nos miramos y estallamos en risas. Me acerqué más a ella y junté mi frente con la suya
—Esto es tan cómico —le dije.
—Lo sé —asintió ella.
—Nunca pensé que almorzar con mis suegros sería tan divertido —rocé sus labios con los míos y ella dejó de reír.
—Esto no está bien, deberíamos decírselo —susurró y me besó.
—Ya se van a encontrar —aseguré y la besé un poco más.
—¿Qué haces aquí?
—¿Qué haces tú aquí?
Nos alejamos y los miramos uno frente al otro con la mesa de por medio. Y el momento del encuentro ya llegó. Que dios nos ayude.

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