miércoles, 1 de enero de 2014

Capítulo 56

Ambos echaban chispas por los ojos… y juro por dios que podía ver con perfecta claridad como cada uno comenzaba a preparar sus armas para en cualquier momento lanzar el primer tiro. Ambos miraron a Cat. Ella se tensó.
—Yo… —intentó hablar ella.
—¿Qué hace él aquí? —le preguntó Gina.
—No no no, la pregunta es ¿Qué hace ella aquí? —le habló Greg.
—Mi hija me invitó a almorzar —le respondió Gina con un notorio tono de orgullo.
—Pues te cuento que a mí también —le aseguró él.
—Ella me llamó primero a mí —le dijo. Greg soltó una leve carcajada.
—Que infantil eres, por dios. ¿Cuándo será el día en que dejes de comportarte como una niña?
—El día en que tú dejes de ser un idiota…
—Loca, siempre estuviste loca. No sé como diablos tuve cabeza para casarme contigo.
—Simplemente porque fui la única estúpida que te dio la hora en tu vida.
—No pienso almorzar con esta mujer —sentenció Greg.
—Yo tampoco con este tipejo —dijo Gina.
—Bien que todavía usas mi apellido…
—Solo lo hago para saber lo ridícula que me veo con él…
—Eso no es cierto, mentirosa.
—Sí que es cierto, embustero, mal marido, mal padre, mal…
—¡Ya basta! —Cat elevó su voz, haciendo que todos en el restaurante se giraran a verla. Greg y Gina la miraron bien —¡Los dos vais a sentaros a almorzar conmigo y con Harry como personas civilizadas!
Sin decir nada se sentaron en sus respectivas sillas. Nadie dijo nada…
El camarero cogió el champagne, sirvió un poco para cada uno. Y se fue.
—Y ahora cada uno va a coger la carta y va a pedir lo que le gusta —dijo mi novia.
Como dos robots tomaron la carta y comenzaron a leer. Miré a Cat y ella sonrió con orgullo de sí misma.
—Te quiero —le dije sin voz. Su mirada tierna me cautivó aun más.
—Yo también —leí sus labios —Bueno —le habló a sus padres. Gina y Greg la miraron —Os reuní aquí con el fin de tener un almuerzo con mis padres y presentarles oficialmente a Harry como mi pareja.
—Y me alegro mucho de ello —dijo mi suegra sin dejar de sonreír.
Su sonrisa se esfumó cuando miró a Greg. ¿Por qué se odian tanto por dios?
—Yo también estoy contento por vosotros—dijo Greg y sacó su mirada de Gina —En especial porque estoy haciendo negocios con tu padre, Harry.
Me tensé al escuchar aquello. Miré a Cat y ella negó levemente con la cabeza.
—Que bueno —dije por lo bajo.
—¿Y… hace cuanto tiempo que estáis saliendo? —preguntó Gina mientras tomaba un sorbo de champagne. Greg también comenzó a tomar.
—Ayer formalizamos. Pero venimos dando vueltas hace bastante —le dije.
—Siempre supe que teníais algo —dijo Gin contenta —Desde el día en que llegasteis juntos a mi oficina.
—¿Recuerdas ese día? —le pregunté divertido a Cat.
—Como si pudiera olvidarlo —dijo ella.
Todos reímos. Y sentí como aquella tensión de hace unos momentos comenzaba a disminuir. Greg miró a Gina y esta le sostuvo la mirada.
—¿Y… como marcha todo en la oficina? —le preguntó.
Ella se sorprendió un poco de que le preguntara aquello. Pudimos notarlo cuando sus cejas se elevaron un poco.
—Bien… todo marcha sobre ruedas. Esta semana han venido dos nuevas marcas —le respondió ella.
Cat me miró y sonrió contenta. Aquello era un muy buen paso. Solo necesitaban algunos empujones más. Y la comunicación tal vez podría retomarse.
—El trabajo de la señora Jones es excelente —le comenté a Greg. Él me miró y sonrió por lo bajo.
—Lo sé, siempre fue muy profesional en su trabajo —me comentó.
Cat se acercó a Gina y ambas comenzaron a revisar la carta del menú. Llené mi vaso de espumoso champagne y le serví otro poco a Greg.
—Cat… creo, que es muy parecida a su madre —le dije.
—Oh no, para nada —aseguró él —Son como el agua y el aceite. Gina es una mujer demasiado quisquillosa y siempre encuentra algo para echarte en cara…
—Créame que su hija también es muy buena para echar cosas en cara —dije divertido. Él rió.
—Sí, pero Cat tiene un carácter que Gina no puede controlar. Y debo decir que yo tampoco. Ellas son diferentes, por eso chocan tanto a veces, pero a la vez pueden estar unidas como mejores amigas —dijo sin dejar de mirarlas.
—¿La extraña? —le pregunté. Él me miró. Una sonrisa llena de recuerdos se curvó en su rostro.
—Un poco —susurró.
—¿Y por qué no lo intenta? —dije. Él me miró más fijo aun. Quizás ya me estoy tomando demasiadas atribuciones.
—Imposible —dijo divertido y tomó más de su vaso.
—Quien le dice señor Jones, todo puede pasar —le aseguré. El palmeó mi hombro y ambos reímos. Ellas fijaron sus miradas en nosotros y sentí un escalofrío que recorrió mi espalda. Es tan preciosa..
—¿Podemos pedir ya? —preguntó Cat.
—Claro que sí —dije y me alejé de Greg para acercarme un poco más a ella. Cat también se acercó más hacia mi lado.
—¿Qué estás haciendo? —me preguntó por lo bajo.
—Solo hablo con tu padre, no estoy haciendo nada malo —le dije.
Ella respiró profundamente y luego sonrió.
—Esto no es tan malo como pensé —dijo. Con discreción, aprovechando que Greg leía la carta y que Gina estaba llamando al mazo, me acerqué a ella y le robé un pequeño beso.
—Yo te lo dije. Todo iba a salir bien.
El mozo se acercó y los cuatro pedimos algo distinto. Despues de unos cuantos minutos en los que mantuvimos una fluida conversación, nuestro almuerzo llegó y comenzamos a comer.
El champagne se acabó y Gina encargó otro. Cat me miró algo confundida. Hice un gesto de ‘no saber’ con los hombros. Ellos comenzaron a tomar mientras hablaban como si fueran los mejores amigos del mundo. La botella se terminó y Cat y yo solo habíamos tomado una. Calculando un poco, eso no estaba bien. Greg pidió otra botella.
—Y luego, cuando tenía 5 años obligó a su padre a tirarse en el suelo y llorar como un niño para darle de vuelta su billetera —contó Gina sin dejar de reír. Ella y Greg estaban bastante alegres.
—Siempre fue mi pequeño demonio —aseguró él calmando su risa.
Cat los miró aún más confundida. Ellos se estaban comportando de una manera muy extraña según ella. Pero creo que es muy normal… porque aún se quieren.
—¿Podéis dejar de beber? Me parece que ya os pasasteis de copas —les dijo ella. Ambos la miraron y volvieron a reír.
—Oh, mi cielo ¿no te parece que papi y mami ya son un poco mayorcitos como para que les digas sin deben beber o no? —le preguntó Gina.
—Bueno, bueno —dijo Cat restándole importancia —¿Queréis postre? —les preguntó. Ellos dos se miraron fijo por unos cuantos segundos.
—Fresas con crema —dijeron al unísono y volvieron a reír.
Apreté mis labios para no reír también. Esto ya se estaba poniendo realmente muy divertido. Catme miró y ella si rió. Le hice un gesto con la cabeza que apuntaba hacia la puerta. Ella asintió levemente y tomó su cartera.
—Mmmm… ¿sabéis que? Harry y yo debemos irnos —dijo mientras se ponía de pie.
—Esta bien —dijo Greg sin dejar de mirar a Gina.
—Luego me llamas, hija —le dijo Gina sin dejar de mirar a Greg.
—Adiós —les dijimos a ambos y salimos de allí.
—¿Qué fue todo eso? —preguntó ella.
—No lo sé —dije divertido.
—Por dios, es una locura. Se estaban mirando con cara de idiotas —aseguró. Reí divertido.
—Te dije que iba a ser un buen cupido…
—No, no creo que ellos… —dejó de hablar y me miró —¡Oh dios! Ellos harán cosas que no deben...—Yo solo atiné a reír—¿Que es tan gracioso?
—Tú, cariño, claro que no lo harán—dije calmando mi risa—Son gente mayor.

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