miércoles, 1 de enero de 2014

Capítulo 57

Llegamos a mi apartamento y ella se acercó al frigorifico. Lo abrió y sacó el agua mineral. La miré algo extrañado.
—¿Qué sucede? —le pregunté.
—Me siento extraña —dijo. Algo preocupado me acerqué a ella —Lo que pasa es que… casi toda mi vida he visto a mis padres enfrentados. Y ahora fue muy extraño verlos de esa manera.
—¿Por qué… se separaron? —le pregunté. Ella soltó un suspiro. Me miró y levantó su mano para acomodar un poco mi pelo.
—Sinceramente creo que nunca supe la verdadera razón de todo. Pero por lo que yo veía en esos tiempos, todo fue culpa de la rutina. Mi padre llegaba siempre a altas horas de la noche de la oficina. Mi madre se la pasaba de viaje en viaje buscando nuevas modelos y esa clase de cosas. Un día empezaron a discutir, mi madre le echó en cara la falta de atención hacia ella y hacia mí. Mi padre simplemente le dijo que no la quería como antes y todo se fue a la mierda.
—¿Tú estabas presente en esa discusión? —le dije. Ella asintió.
—Pero escondida debajo de la mesa… como toda niña entrometida.
—¿Y ahora te sientes mal porque están juntos? —pregunté. Ella sonrió.
—No creo que estén juntos. Lo más probable es que se estén matando… quizás ya cada uno se haya ido por su lado. Pero ya no pensemos en eso. Tengo sueño —me dijo.
Me acerqué más a ella y la alcé en brazos. Ella soltó una leve risa.
—Vamos a dormir nuestra primera siesta romántica —le dije.
—Y no va a implicar nada de eso que estás pensando —me aseguró.
—Oye, no todo en mí es querer hacerte el amor —dije y la miré —Bueno en realidad sí. Pero aunque no lo creas yo también quiero dormir. -Ella sonrió y mordió su labio inferior.
—Bueno, entonces vamos a dormir juntitos, muy juntitos —susurró y rozó mis labios.
—Así me haces casi imposible querer solo dormir —le aseguré.
Soltó una divertida carcajada y entre al cuarto sin bajarla al suelo. La apoyé en la cama y me acerqué a la ventana para bajar las persianas y que la luz de la tarde no nos molestara. Giré para mirarla y ella se estaba quitando el pantalón.
—¿Qué haces? —le pregunté. Me miró y alzó ambas cejas.
—Me estoy quitando la ropa para dormir. No pienso dormir con esta ropa incómoda. Solo voy a quedarme con la blusa. Además ¿Qué tiene de malo?
—No, nada. Pero eres una maldita tentación.
—Por dios, Harry —dijo divertida.
—Entonces, ¿yo también puedo dormir en calzoncillos?
Ella me miró a los ojos y una sonrisa pícara se curvó en sus labios.
—Sí puedes.
Ella terminó de acomodarse y se acostó en la cama. Me quité la molesta ropa y me acosté a su lado. La abracé contra mi cuerpo y besé su frente.
—¿A que hora nos despertaremos? —le pregunté.
—A la hora que sea —dijo y se abrazó más a mí. Besó mi pecho y luego levantó la mirada para encontrarse con la mía —Pero eso sí, cuando nos despertemos yo iré a mi casa para ordenar un poco mis cosas y cambiarme de ropa.
—¿Me dejarás?
—Solo por unas horas —me aseguró.
—Pero, ¿a quien voy a abrazar esta noche? —le pregunté.
—A nadie —susurró —Pero vas a estar pensando en mí… y quizás te llame por teléfono para hablarte antes de dormir.
—O quizás yo aparezca por tu casa y no me haga falta dormir solo.
Sonrió y se acercó a mi boca para besarme. La acerqué un poco más a mí y aquella tonta necesidad de no soltarla nunca me atrapó.
—¿Sabes que nunca pensé que terminaríamos así? —me dijo alejándose apenas de mí.
—¿No? —le dije y acomodé un poco su pelo —Pues yo sí.
—No te creo.
—De verdad —la besé cortamente —Siempre supe que te morirías por mí en algún momento.
Ella rió y se volvió a apoyar contra mí. Colocó sus finas piernas entre las mías. Sus manos fueron hasta mi espalda y me acarició tiernamente.
—Te quiero —me dijo. Sonreí y cerré mis ojos.
—Yo a ti más.

Llegué un poco agitado a la Universidad ya que se me había hecho realmente tarde. El lunes llegó, ¿podéis creerlo? Lo que quedaba del fin de semana se me pasó volando junto a Cat. El domingo decidimos ir de picnic con Rose. ¿Leeis eso? ¡Picnic! Nunca en mi vida pensé que iría de picnic tras los pasos de una mujer que me trae completamente loco.
Por lo que vi, Cat ya había llegado, porque su coche estaba en el aparcamiento. Ayer por la noche fuimos brutalmente separados por nuestros amigos. Ella se fue a su casa con Jade y Angel, mientras que yo me quedé, literalmente llorando, con Zayn y Louis.
—No puedes estar tan triste, Styles. Has estado con ella las 24 horas del día —me había dicho Louis.
—Pero yo la extraño —me quejé.
—Definitivamente este no es el Harry que nosotros conocíamos —aseguró Zayn.
Reí y salí de mis pensamientos. Entré a clase y para mi desgracia el profesor ya estaba allí. Me miró bien y solo me limité a disculparme. Miré hacia la gente y la busqué con la mirada. Y allí estaba ella sentada casi al final de la segunda fila. Y ¿adivinad qué? El único lugar libre que quedaba era a su lado. Con cuidado me acerqué y sin decir nada me senté. Ella me miró y yo la miré a ella. Sonrió y despacio se acercó a besar mi mejilla. Cuando se alejó la miré con reproche.
—Eso no es lo que yo quería —le dije. Ella rió por lo bajo y miró al frente.
—Estamos en clase, Styles —me dijo algo seria.
—Oh, ¿ahora soy Styles, verdad? —dije con cierta indignación.
—Claro que eres Styles, tonto —susurró.
—Pues no me parece correcto.
—¿Qué cosa? —me preguntó mientras me miraba de nuevo.
—Que te hagas la tonta, la de que nada somos aquí.
—Pero si yo no me estoy haciendo la tonta. Solo que no quiero que por tu culpa me castiguen.
—Nadie va a castigarte.
—Styles, ¿quiere decirnos la respuesta? —me preguntó el profesor de filosofía.
Me giré a verlo. Y toda la clase me miraba, esperando a que dijera algo.
—No la sé —le dije.
—Perfecto. Entonces ¿puede hacerme el favor de dejar de hablar con su compañera? —miró a Cat y ella asintió.
—Sí —dije. El profesor volvió a hablar y a escribir —Quiero mi beso.
—No Harry, ahora no —musitó ella.
—Ahora.

 Me miró fijo, tratando de intimidarme. Sonreí y me acerqué un poco más a ella.
—Cuando digo que no, es no —susurró.
—Pero cuando yo digo que sí, es sí —le aseguré.
—Perfecto, me cansaron —lo escuchamos hablar. Ambos nos giramos a verlo – Los dos se van de mi clase.
—Pero... —dijo ella.
—Pero nada Jones. Recojan sus cosas y salgan a charlar afuera —sentenció él.
Cat se puso de pie y recogió sus cosas. Yo copié su acción. Ambos salimos de clase. Y cuando la puerta se cerró detrás de nosotros ella se giró a verme.
—¡Eres un tonto! —me dijo enfadada.
—Oye, oye, oye —la calmé y la tomé del brazo para acercarla a mí —Fue tu culpa, tú no quisiste darme mi beso.
—¿Es que acaso no podías esperar? —preguntó algo nerviosa —Por tu culpa me voy a perder una clase más. Así no sé si llegaré a graduarme alguna vez.
La acerqué más a mí, abrazándola por la cintura. Ella colocó sus manos sobre mi pecho para poner una distancia entre nosotros.
—Solo necesito mi beso ¿vale? —le dije. Ella me miró fijo y dejó de hacer presión con sus manos
—No Harry hoy no, me hiciste que me sacaran de la clase y me castigaran.. Ahora te castigo yo a ti
—Es un chiste, ¿verdad?
—¿Mi cara te parece un chiste Harry? Es que por un estúpido beso hiciste que nos echaran — su cara era de enfadada mas que enfadada.
—Sabes que tus besos para mi no son estúpidos, tal vez los míos son estúpidos..
—Harry... No, no me parecen estúpidos, ¿contento?
—Estaría mas contento si me dieras mi beso
—Ay, ven aquí tonto— Entonces la distancia comenzó a desvanecerse. Me acerqué más a ella y al fin obtuve lo que tanto quería. Su boca comenzó a responderle dulce a la mía y eso me hizo saber que realmente me estoy volviendo un obsesionado.
—¿Qué significa esto? —preguntó. Ella se alejó de mí y lo miramos.
— Liam —dijo algo nerviosa.

Capítulo 56

Ambos echaban chispas por los ojos… y juro por dios que podía ver con perfecta claridad como cada uno comenzaba a preparar sus armas para en cualquier momento lanzar el primer tiro. Ambos miraron a Cat. Ella se tensó.
—Yo… —intentó hablar ella.
—¿Qué hace él aquí? —le preguntó Gina.
—No no no, la pregunta es ¿Qué hace ella aquí? —le habló Greg.
—Mi hija me invitó a almorzar —le respondió Gina con un notorio tono de orgullo.
—Pues te cuento que a mí también —le aseguró él.
—Ella me llamó primero a mí —le dijo. Greg soltó una leve carcajada.
—Que infantil eres, por dios. ¿Cuándo será el día en que dejes de comportarte como una niña?
—El día en que tú dejes de ser un idiota…
—Loca, siempre estuviste loca. No sé como diablos tuve cabeza para casarme contigo.
—Simplemente porque fui la única estúpida que te dio la hora en tu vida.
—No pienso almorzar con esta mujer —sentenció Greg.
—Yo tampoco con este tipejo —dijo Gina.
—Bien que todavía usas mi apellido…
—Solo lo hago para saber lo ridícula que me veo con él…
—Eso no es cierto, mentirosa.
—Sí que es cierto, embustero, mal marido, mal padre, mal…
—¡Ya basta! —Cat elevó su voz, haciendo que todos en el restaurante se giraran a verla. Greg y Gina la miraron bien —¡Los dos vais a sentaros a almorzar conmigo y con Harry como personas civilizadas!
Sin decir nada se sentaron en sus respectivas sillas. Nadie dijo nada…
El camarero cogió el champagne, sirvió un poco para cada uno. Y se fue.
—Y ahora cada uno va a coger la carta y va a pedir lo que le gusta —dijo mi novia.
Como dos robots tomaron la carta y comenzaron a leer. Miré a Cat y ella sonrió con orgullo de sí misma.
—Te quiero —le dije sin voz. Su mirada tierna me cautivó aun más.
—Yo también —leí sus labios —Bueno —le habló a sus padres. Gina y Greg la miraron —Os reuní aquí con el fin de tener un almuerzo con mis padres y presentarles oficialmente a Harry como mi pareja.
—Y me alegro mucho de ello —dijo mi suegra sin dejar de sonreír.
Su sonrisa se esfumó cuando miró a Greg. ¿Por qué se odian tanto por dios?
—Yo también estoy contento por vosotros—dijo Greg y sacó su mirada de Gina —En especial porque estoy haciendo negocios con tu padre, Harry.
Me tensé al escuchar aquello. Miré a Cat y ella negó levemente con la cabeza.
—Que bueno —dije por lo bajo.
—¿Y… hace cuanto tiempo que estáis saliendo? —preguntó Gina mientras tomaba un sorbo de champagne. Greg también comenzó a tomar.
—Ayer formalizamos. Pero venimos dando vueltas hace bastante —le dije.
—Siempre supe que teníais algo —dijo Gin contenta —Desde el día en que llegasteis juntos a mi oficina.
—¿Recuerdas ese día? —le pregunté divertido a Cat.
—Como si pudiera olvidarlo —dijo ella.
Todos reímos. Y sentí como aquella tensión de hace unos momentos comenzaba a disminuir. Greg miró a Gina y esta le sostuvo la mirada.
—¿Y… como marcha todo en la oficina? —le preguntó.
Ella se sorprendió un poco de que le preguntara aquello. Pudimos notarlo cuando sus cejas se elevaron un poco.
—Bien… todo marcha sobre ruedas. Esta semana han venido dos nuevas marcas —le respondió ella.
Cat me miró y sonrió contenta. Aquello era un muy buen paso. Solo necesitaban algunos empujones más. Y la comunicación tal vez podría retomarse.
—El trabajo de la señora Jones es excelente —le comenté a Greg. Él me miró y sonrió por lo bajo.
—Lo sé, siempre fue muy profesional en su trabajo —me comentó.
Cat se acercó a Gina y ambas comenzaron a revisar la carta del menú. Llené mi vaso de espumoso champagne y le serví otro poco a Greg.
—Cat… creo, que es muy parecida a su madre —le dije.
—Oh no, para nada —aseguró él —Son como el agua y el aceite. Gina es una mujer demasiado quisquillosa y siempre encuentra algo para echarte en cara…
—Créame que su hija también es muy buena para echar cosas en cara —dije divertido. Él rió.
—Sí, pero Cat tiene un carácter que Gina no puede controlar. Y debo decir que yo tampoco. Ellas son diferentes, por eso chocan tanto a veces, pero a la vez pueden estar unidas como mejores amigas —dijo sin dejar de mirarlas.
—¿La extraña? —le pregunté. Él me miró. Una sonrisa llena de recuerdos se curvó en su rostro.
—Un poco —susurró.
—¿Y por qué no lo intenta? —dije. Él me miró más fijo aun. Quizás ya me estoy tomando demasiadas atribuciones.
—Imposible —dijo divertido y tomó más de su vaso.
—Quien le dice señor Jones, todo puede pasar —le aseguré. El palmeó mi hombro y ambos reímos. Ellas fijaron sus miradas en nosotros y sentí un escalofrío que recorrió mi espalda. Es tan preciosa..
—¿Podemos pedir ya? —preguntó Cat.
—Claro que sí —dije y me alejé de Greg para acercarme un poco más a ella. Cat también se acercó más hacia mi lado.
—¿Qué estás haciendo? —me preguntó por lo bajo.
—Solo hablo con tu padre, no estoy haciendo nada malo —le dije.
Ella respiró profundamente y luego sonrió.
—Esto no es tan malo como pensé —dijo. Con discreción, aprovechando que Greg leía la carta y que Gina estaba llamando al mazo, me acerqué a ella y le robé un pequeño beso.
—Yo te lo dije. Todo iba a salir bien.
El mozo se acercó y los cuatro pedimos algo distinto. Despues de unos cuantos minutos en los que mantuvimos una fluida conversación, nuestro almuerzo llegó y comenzamos a comer.
El champagne se acabó y Gina encargó otro. Cat me miró algo confundida. Hice un gesto de ‘no saber’ con los hombros. Ellos comenzaron a tomar mientras hablaban como si fueran los mejores amigos del mundo. La botella se terminó y Cat y yo solo habíamos tomado una. Calculando un poco, eso no estaba bien. Greg pidió otra botella.
—Y luego, cuando tenía 5 años obligó a su padre a tirarse en el suelo y llorar como un niño para darle de vuelta su billetera —contó Gina sin dejar de reír. Ella y Greg estaban bastante alegres.
—Siempre fue mi pequeño demonio —aseguró él calmando su risa.
Cat los miró aún más confundida. Ellos se estaban comportando de una manera muy extraña según ella. Pero creo que es muy normal… porque aún se quieren.
—¿Podéis dejar de beber? Me parece que ya os pasasteis de copas —les dijo ella. Ambos la miraron y volvieron a reír.
—Oh, mi cielo ¿no te parece que papi y mami ya son un poco mayorcitos como para que les digas sin deben beber o no? —le preguntó Gina.
—Bueno, bueno —dijo Cat restándole importancia —¿Queréis postre? —les preguntó. Ellos dos se miraron fijo por unos cuantos segundos.
—Fresas con crema —dijeron al unísono y volvieron a reír.
Apreté mis labios para no reír también. Esto ya se estaba poniendo realmente muy divertido. Catme miró y ella si rió. Le hice un gesto con la cabeza que apuntaba hacia la puerta. Ella asintió levemente y tomó su cartera.
—Mmmm… ¿sabéis que? Harry y yo debemos irnos —dijo mientras se ponía de pie.
—Esta bien —dijo Greg sin dejar de mirar a Gina.
—Luego me llamas, hija —le dijo Gina sin dejar de mirar a Greg.
—Adiós —les dijimos a ambos y salimos de allí.
—¿Qué fue todo eso? —preguntó ella.
—No lo sé —dije divertido.
—Por dios, es una locura. Se estaban mirando con cara de idiotas —aseguró. Reí divertido.
—Te dije que iba a ser un buen cupido…
—No, no creo que ellos… —dejó de hablar y me miró —¡Oh dios! Ellos harán cosas que no deben...—Yo solo atiné a reír—¿Que es tan gracioso?
—Tú, cariño, claro que no lo harán—dije calmando mi risa—Son gente mayor.

Capítulo 55

Ella dejó de caminar y entonces me giré a verla. A leguas se notaba que estaba realmente nerviosa por todo este motivo.
—¿Qué pasa mi amor? —le pregunté.
—Creo… creo que no es buena idea, Harry. Mejor llamo a mi madre y le digo que no venga. O quizás llamo a papá y le digo a él que no venga —dijo y tomó su movil.
—Oye, oye —la detuve y le quité el pequeño aparato —Todo va a salir bien. Ellos dos son personas adultas, van a comportarse.
Ella asintió y besé su frente. Volvimos a caminar y entramos al lujoso hotel para dirigirnos a la parte cómoda del restaurante. Un hombre calvo y de baja estatura se acercó a nosotros.
—Buenas tardes, ¿en que puedo ayudarles? —nos preguntó.
—Buenas tardes —lo saludó Cat —Tenemos una reservación a nombre de Catherin Jones.
El hombre miró la agenda que tenía en su mano y asintió.
—Sí señorita, la mesa ya está lista. Por aquí.
Comenzó a caminar y lo seguimos. Nos dio el paso para sentarnos en una adornada mesa con cuatro platos. Como todo un caballero le corrí la silla a mi novia y ella se sentó. El mozo se alejó inclinando levemente la cabeza. Vi como Cat miraba a su alrededor…
—Amor, tranquila —le dije. Me miró a los ojos.
—Cuando mis padres lleguen se va a desatar la tercera guerra mundial —aseguró.
—Quien sabe —dije y acarici'e su mejilla —Quizás sea hora de la paz mundial.
—¡No sabéis lo contenta que me puse cuando supe que íbamos a almorzar los tres juntos! —escuchamos su aguda voz. Ambos nos giramos a verla. Me puse de pie y ella se acercó a abrazarme —Eres un desconsiderado. No fuiste a visitarme como lo prometiste.
—Lo siento —le dije y me alejé de ella —Pero las cosas no estaban bien en esos tiempos. Ella miró a Cat y luego volvió a mirarme.
—¿Acaso ella te prohibió que me vieras? —me preguntó.
—No, no —dije divertido. Cat se puso de pie.
—¿Puedes hacerme el favor de saludar a tu hija como corresponde? —le dijo. Gina sonrió y se acercó a ella para abrazarla y besar su rostro.
—Eres tan celosa —aseguró alejándose de ella.
—No son celos —cuestionó ella —Solo me molesta que siempre estés a favor de los demás. De cualquier extraño, menos de mí.
—Eso no es verdad —le dijo su madre mientras se sacaba el abrigo y todos tomábamos asiento. Gina miró bien la mesa y frunció el ceño —¿Por qué hay cuatro platos? Somos solo tres personas.
—Mmm, lo que pasa es que…
—Se confundieron —interrumpí a Cat, que soltó un leve suspiro.
—Voy a pedir que lo quiten —dijo Gin se puso de pie.
—¡No! —dijo Cat elevando un poco más la voz. Gina la miró extrañada —No, no digas nada. La mesa se ve bien así… con cuatro platos.
Gina volvió a sentarse y pícaramente miró nuestra cercanía.
—¿Hay algo que debáis decirme? —nos preguntó. Miré a Cat y sonreí.
—Gin, despues de hacerme sufrir como un idiota y casi enloquecerme por completo tu hija ha aceptado que me quiere —le conté. Su boca se abrió del asombro y miró a Cat con los ojos bien abiertos.
—En realidad no fue tan así —dijo Cat mirándome con reproche —Lo que está queriendo decirte es que…
—Eres mi suegra —le dije y la miré.
—¡Ay, no sabéis lo feliz que me hacéis! —dijo contenta —Eso quiere decir que sois novios, ¿verdad?
—Sí —dijo Cat por lo bajo.
—¡Esto hay que festejarlo a lo grande! Llamad al camarero y pedir un champagne que yo voy al baño un segundo —se puso de pie y vimos como desaparecía por una puerta.
Cat volvió su vista a mí y noté su inconfundible enfado.
—¿Qué sucede? —le pregunté.
—¿No te parece que se lo has dicho muy rápido y de una manera muy poco apropiada? —dijo.
Sonreí y me acerqué más a ella para besar cortamente sus labios.
—Todo está perfecto. Ella lo tomó como yo lo esperé. Pero quédate tranquila, que con tu padre seré de otra manera…
—Hija —ambos lo escuchamos y nos giramos a verlo. Nos pusimos de pie y él se acercó a Cat para abrazarla.
—Hola papá —le dijo cuando se alejó de él y miró hacia la puerta del baño.
Gina aun no salía. Greg me miró y sonrió.
—Es un gusto volver a verte, Harry —me dijo y tendió su mano hacia mí. La tomé.
—Lo mismo digo, señor Jones —tomamos asiento.
—No sabía que ibas a la misma Universidad que mi hija —miró a Cat.
—Yo tampoco lo sabía hasta aquella noche en la fiesta —mentí. Cat rió por lo bajo.
—Me alegro que os hayáis llevado bien —dijo él.
Asentí y miré a Cat. Ella observaba intranquila la puerta del baño. Tomé su mano por debajo de la mesa. Su vista volvió a mí.
‘Todo va a estar bien’ ella leyó mis labios. Sonrió y miró a su padre.
—Señor Jones, básicamente organizamos este almuerzo porque queríamos contarle que su hija y yo… estamos juntos —le dije tratando de sonar lo más tranquilo posible. Nunca pensé que llegaría el día en que tendría que presentarme como el novio de alguna chica.
La mirada de Greg se dirigió a su hija y luego volvió a mí.
—¿Eso quiere decir que tú y mi hija tenéis una relación? —preguntó.
Asentí nervioso. Me parece que la idea no le está cayendo para nada bien —Eso es muy bueno. —aseguró mientras una sonrisa se formaba en su rostro. Sentí como todo el aire que tenía en mis pulmones salía lentamente.
—¿Te agrada la idea? —le preguntó Cat sorprendida.
—Claro que sí, hija —aseguró él y palmeó mi hombro —Este muchacho me cayó bien desde la primera vez que lo vi. Además de que eso significa que al fin te has desecho del idiota de Liam.
—¡Papá! —lo regañó.
—¿No le caía bien Payne? —le pregunté.
—Para nada… demasiado posesivo para mi princesa — Un móvil comenzó a sonar. Greg lo tomó y miró la pantalla. Se puso de pie —Un minuto por favor.
Se alejó de la mesa mientras contestaba.
—No puedo creer que le hayas agradado desde el primer momento. Se nota que apenas tuvo contacto contigo —me dijo Cat. Reí por lo bajo.
—Yo soy la persona más agradable del mundo. De eso estate completamente segura.
—Perdón por haber tardado tanto —dijo Gina sentándose a la mesa —Había fila para el baño, por dios — Cat miró hacia donde Greg se había ido. Volví a tomar su mano por debajo de la mesa. Ella rió por lo bajo y me miró —¿Ya pedisteis el champagne? —preguntó. Ambos negamos con la cabeza —Bueno, voy a pedirlo.
Se volvió a levantar y se dirigió hacia la barra.
—Listo, solo era una llamada de oficina —Greg se sentó en la silla. Lo miramos
—¿Qué vamos a tomar?
—Champagne —dijo Cat.
—Perfecto —aseguró él. Su móvil volvió a sonar —Lo lamento, hija. Pero juro que será el último.
—Atiende tranquilo —dijo ella.
Greg volvió a levantarse. Cat y yo nos miramos y estallamos en risas. Me acerqué más a ella y junté mi frente con la suya
—Esto es tan cómico —le dije.
—Lo sé —asintió ella.
—Nunca pensé que almorzar con mis suegros sería tan divertido —rocé sus labios con los míos y ella dejó de reír.
—Esto no está bien, deberíamos decírselo —susurró y me besó.
—Ya se van a encontrar —aseguré y la besé un poco más.
—¿Qué haces aquí?
—¿Qué haces tú aquí?
Nos alejamos y los miramos uno frente al otro con la mesa de por medio. Y el momento del encuentro ya llegó. Que dios nos ayude.