Ella dejó de caminar y entonces me giré a verla. A leguas se notaba que estaba realmente nerviosa por todo este motivo.
—¿Qué pasa mi amor? —le pregunté.
—Creo… creo que no es buena idea, Harry. Mejor llamo a mi madre y le
digo que no venga. O quizás llamo a papá y le digo a él que no venga
—dijo y tomó su movil.
—Oye, oye —la detuve y le quité el pequeño aparato —Todo va a salir bien. Ellos dos son personas adultas, van a comportarse.
Ella asintió y besé su frente. Volvimos a caminar y entramos al lujoso
hotel para dirigirnos a la parte cómoda del restaurante. Un hombre calvo
y de baja estatura se acercó a nosotros.
—Buenas tardes, ¿en que puedo ayudarles? —nos preguntó.
—Buenas tardes —lo saludó Cat —Tenemos una reservación a nombre de Catherin Jones.
El hombre miró la agenda que tenía en su mano y asintió.
—Sí señorita, la mesa ya está lista. Por aquí.
Comenzó a caminar y lo seguimos. Nos dio el paso para sentarnos en una
adornada mesa con cuatro platos. Como todo un caballero le corrí la
silla a mi novia y ella se sentó. El mozo se alejó inclinando levemente
la cabeza. Vi como Cat miraba a su alrededor…
—Amor, tranquila —le dije. Me miró a los ojos.
—Cuando mis padres lleguen se va a desatar la tercera guerra mundial —aseguró.
—Quien sabe —dije y acarici'e su mejilla —Quizás sea hora de la paz mundial.
—¡No sabéis lo contenta que me puse cuando supe que íbamos a almorzar
los tres juntos! —escuchamos su aguda voz. Ambos nos giramos a verla. Me
puse de pie y ella se acercó a abrazarme —Eres un desconsiderado. No
fuiste a visitarme como lo prometiste.
—Lo siento —le dije y me alejé de ella —Pero las cosas no estaban bien
en esos tiempos. Ella miró a Cat y luego volvió a mirarme.
—¿Acaso ella te prohibió que me vieras? —me preguntó.
—No, no —dije divertido. Cat se puso de pie.
—¿Puedes hacerme el favor de saludar a tu hija como corresponde? —le
dijo. Gina sonrió y se acercó a ella para abrazarla y besar su rostro.
—Eres tan celosa —aseguró alejándose de ella.
—No son celos —cuestionó ella —Solo me molesta que siempre estés a favor de los demás. De cualquier extraño, menos de mí.
—Eso no es verdad —le dijo su madre mientras se sacaba el abrigo y todos
tomábamos asiento. Gina miró bien la mesa y frunció el ceño —¿Por qué
hay cuatro platos? Somos solo tres personas.
—Mmm, lo que pasa es que…
—Se confundieron —interrumpí a Cat, que soltó un leve suspiro.
—Voy a pedir que lo quiten —dijo Gin se puso de pie.
—¡No! —dijo Cat elevando un poco más la voz. Gina la miró extrañada
—No, no digas nada. La mesa se ve bien así… con cuatro platos.
Gina volvió a sentarse y pícaramente miró nuestra cercanía.
—¿Hay algo que debáis decirme? —nos preguntó. Miré a Cat y sonreí.
—Gin, despues de hacerme sufrir como un idiota y casi enloquecerme por
completo tu hija ha aceptado que me quiere —le conté. Su boca se abrió del
asombro y miró a Cat con los ojos bien abiertos.
—En realidad no fue tan así —dijo Cat mirándome con reproche —Lo que está queriendo decirte es que…
—Eres mi suegra —le dije y la miré.
—¡Ay, no sabéis lo feliz que me hacéis! —dijo contenta —Eso quiere decir que sois novios, ¿verdad?
—Sí —dijo Cat por lo bajo.
—¡Esto hay que festejarlo a lo grande! Llamad al camarero y pedir un champagne que yo voy al baño un segundo —se puso de pie y vimos como
desaparecía por una puerta.
Cat volvió su vista a mí y noté su inconfundible enfado.
—¿Qué sucede? —le pregunté.
—¿No te parece que se lo has dicho muy rápido y de una manera muy poco apropiada? —dijo.
Sonreí y me acerqué más a ella para besar cortamente sus labios.
—Todo está perfecto. Ella lo tomó como yo lo esperé. Pero quédate tranquila, que con tu padre seré de otra manera…
—Hija —ambos lo escuchamos y nos giramos a verlo. Nos pusimos de pie y él se acercó a Cat para abrazarla.
—Hola papá —le dijo cuando se alejó de él y miró hacia la puerta del baño.
Gina aun no salía. Greg me miró y sonrió.
—Es un gusto volver a verte, Harry —me dijo y tendió su mano hacia mí. La tomé.
—Lo mismo digo, señor Jones —tomamos asiento.
—No sabía que ibas a la misma Universidad que mi hija —miró a Cat.
—Yo tampoco lo sabía hasta aquella noche en la fiesta —mentí. Cat rió por lo bajo.
—Me alegro que os hayáis llevado bien —dijo él.
Asentí y miré a Cat. Ella observaba intranquila la puerta del baño.
Tomé su mano por debajo de la mesa. Su vista volvió a mí.
‘Todo va a estar bien’ ella leyó mis labios. Sonrió y miró a su padre.
—Señor Jones, básicamente organizamos este almuerzo porque queríamos
contarle que su hija y yo… estamos juntos —le dije tratando de sonar lo
más tranquilo posible. Nunca pensé que llegaría el día en que tendría
que presentarme como el novio de alguna chica.
La mirada de Greg se dirigió a su hija y luego volvió a mí.
—¿Eso quiere decir que tú y mi hija tenéis una relación? —preguntó.
Asentí nervioso. Me parece que la idea no le está cayendo para nada bien
—Eso es muy bueno. —aseguró mientras una sonrisa se formaba en su
rostro. Sentí como todo el aire que tenía en mis pulmones salía
lentamente.
—¿Te agrada la idea? —le preguntó Cat sorprendida.
—Claro que sí, hija —aseguró él y palmeó mi hombro —Este muchacho me
cayó bien desde la primera vez que lo vi. Además de que eso significa
que al fin te has desecho del idiota de Liam.
—¡Papá! —lo regañó.
—¿No le caía bien Payne? —le pregunté.
—Para nada… demasiado posesivo para mi princesa — Un móvil comenzó a
sonar. Greg lo tomó y miró la pantalla. Se puso de pie —Un minuto por
favor.
Se alejó de la mesa mientras contestaba.
—No puedo creer que le hayas agradado desde el primer momento. Se nota
que apenas tuvo contacto contigo —me dijo Cat. Reí por lo bajo.
—Yo soy la persona más agradable del mundo. De eso estate completamente segura.
—Perdón por haber tardado tanto —dijo Gina sentándose a la mesa —Había
fila para el baño, por dios — Cat miró hacia donde Greg se había
ido. Volví a tomar su mano por debajo de la mesa. Ella rió por lo bajo y
me miró —¿Ya pedisteis el champagne? —preguntó. Ambos negamos con la
cabeza —Bueno, voy a pedirlo.
Se volvió a levantar y se dirigió hacia la barra.
—Listo, solo era una llamada de oficina —Greg se sentó en la silla. Lo miramos
—¿Qué vamos a tomar?
—Champagne —dijo Cat.
—Perfecto —aseguró él. Su móvil volvió a sonar —Lo lamento, hija. Pero juro que será el último.
—Atiende tranquilo —dijo ella.
Greg volvió a levantarse. Cat y yo nos miramos y estallamos en risas. Me acerqué más a ella y junté mi frente con la suya
—Esto es tan cómico —le dije.
—Lo sé —asintió ella.
—Nunca pensé que almorzar con mis suegros sería tan divertido —rocé sus labios con los míos y ella dejó de reír.
—Esto no está bien, deberíamos decírselo —susurró y me besó.
—Ya se van a encontrar —aseguré y la besé un poco más.
—¿Qué haces aquí?
—¿Qué haces tú aquí?
Nos alejamos y los miramos uno frente al otro con la mesa de por medio. Y el momento del encuentro ya llegó. Que dios nos ayude.
sábado, 9 de noviembre de 2013
sábado, 2 de noviembre de 2013
Capítulo 53
Ella cayó rendida sobre mí. Escondió su rostro en mi cuello y con sus manos calmó las marcas que sus uñas habían dejado sobre mi pecho.
—Preciosa —le dije. Ella sonrió.
—Tú más.
—¿Te das cuenta de lo qué me has hecho? —le pregunté. Ella negó con la cabeza —Te quiero y es lo mejor que me ha pasado en la vida.
—¿Harry ya te estás poniendo cursi? —preguntó entre divertida y enternecida —Me encanta que lo hagas —besó mis labios —Te quiero.
—No más que yo…
—Mentira, yo más. —dijo y se abrazó más a mí, escondiendo su rostro en mi cuello. Respiró profundamente y acarició mi piel con su nariz.
—¿Fuiste hoy a ver a tu madre? —le pregunté.
—Ajá, y como siempre me preguntó por ti, se nota que te quiere Harry —dijo.
—¿Y qué le dijiste? ¿Qué estamos juntos? ¿Qué me amas? ¿Qué no puedes vivir sin mí? ¿Qué ahora es mi suegra?
Ella rió divertida y alzó la cabeza para mirarme a los ojos.
—No, solo le dije que estabas bien.
—Que mala hija eres. Pero quédate tranquila. Mañana iremos juntos a verla. Y yo mismo le diré que ahora es mi suegra.
—Que yo sepa no he recibido ninguna propuesta de noviazgo para que ella sea tu suegra —dijo con algo de recelo.
La miré fijo a los ojos y sonreí. Acomodé mi garganta.
—Señorita Jones, ¿Quisiera usted ser mi novia? —le pregunté. Una sonrisa del tamaño de una casa atravesó su rostro.
—Sí, sí quiero señor Styles —dijo y me besó efusivamente. Me alejé de sus labios y besé su nariz.
—Mañana podemos ir a almorzar con Gina, y de paso decírselo. Es más, puedes llamar a tu padre. Podríamos almorzar los cuatro.
Cat comenzó a reír como si le hubiese contado el mejor chiste del mundo.
—¿Mis padres? — rió de nuevo — ¿Almorzando?, ¿juntos? —dijo mientras calmaba su risa
—Por dios. Estás loco. Se matarían.
—Vamos, no creo que sea tan malo —le dije.
—No lo sé, no estoy segura —dijo ya más seria —Pero si saben que el otro va, ni locos van.
—Bueno, puedes mentirles. No les digas que va el otro y nos encontramos allí. No será tan malo. Tengo un presentimiento de eso…
—Está bien, lo haré —musitó.
Se volvió a apoyar en mí y comencé a acariciar su espalda. La abracé un poco más.
—Gracias —susurré.
—¿Por qué? —preguntó con la voz ya adormilada.
—Por todo lo que me has dado.
—No, gracias a ti.
—Te quiero —musité.
—Y yo a ti, mucho.
Me desperté al sentir una lluvia de besos sobre mi rostro. Iban desde mi frente hasta mis labios. Y caían con especial énfasis allí.
—Mmm… Buenos días—dije con voz ronca.
—Arriba dormilón.—
—¿Qué hora es? —pregunté mientras estiraba mis brazos para agarrar a Cat, ya que aun no había abierto mis ojos. Ella tomó una de mis manos con la suya, y la acarició.
—Las 9:30 de la mañana —respondió y besó mi palma.
—¿Por qué me estas despertando a estas horas de la madrugada? —reproché.
Ella volvió a besar mi rostro hasta mi boca. Abrí los ojos y la miré. Es la imagen más preciosa que vi en mi vida. Lentamente me incorporé para sentarme. Me apoyé contra el respaldo de la cama y la miré de arriba abajo.
—¿Qué? —dijo ella.
—¿Tienes puesta una camisa mía? —pregunté.
Ella sonrió coqueta y se puso de pie. Solo llevaba puesta una de mis camisas abrochada hasta la mitad de su pecho. Totalmente provocadora y descarada.
—Sí, es tuya —confirmó —Me desperté hace una hora y no tenía ganas de ponerme mi ropa. Comencé a revisar la tuya, y esta es la camisa que tenías puesta el día de la fiesta que nos encontramos. Por dios, estabas tan sexy ese día.
—Ven aquí —dije y la tomé del brazo. Riéndose tontamente se acercó más y la acomodé entre mis brazos —¿Por qué no me dejaste besarte esa noche? Dios sabe lo mucho que quería hacerlo… estabas tan irresistible.
—Te odiaba —aseguró —Me caías mal. En especial con tu aire de galán matador. Pero eras demasiado... Eras el completo SEÑOR EGO.
—¿Qué fue lo que te llevó a no odiarme? —pregunté.
—No sé si la palabra correcta es odio. Pero me chocabas en algunos momentos. En otros lo pasaba bien contigo. Y a veces simplemente me sacabas de mis casillas. Pero no pude evitarlo. Poco a poco te metiste en mí y ahora ...me gustas. Así, egocéntrico y todo.
—¿Cuánto te gusto?
—Mucho, mucho mucho, al infinito y más allá —susurró y levantó su cabeza para besarme cortamente.
—¿Rose no ha llegado? —le pregunté.
—Llamó hace un rato. Se sorprendió de que yo la haya atendido y le conté que somos novios.
—¿Qué dijo? —dije divertido al imaginarme la expresión de mi nana.
—Que era un milagro de dios y que eso había que celebrarlo —me contó soltando una leve risa.
—Já, ya la imagino.
—Y dijo que hoy no vendrá porque, otra vez, Brutus se tragó una moneda.
—Ese perro es tan tonto —aseguré y la acomodé mejor entre mis brazos.
—No ofendas al perro.. Ah, y le dije que la quiero ver y le prometí que mañana por la tarde vendría a visitarla.
—¿Y quien te dijo a ti que esta noche estarías lejos de mí? —le pregunté.
—Oh, ¿Acaso no piensas dejarme un rato? —preguntó.
—Por nada del mundo —dije con una gran sonrisa. La besé.
—¿Sabes que tengo ganas de hacer? —dijo.
—No, pero sabes que quiero hacer yo —pregunté con una sonrisa pervertida.
—Si ya me imagino qué quieres tú, pero yo quiero bañarme, Harry – fruncí el ceño.
—Bueno, ahí tengo un par de toallas limpias, mi amor. Puedes bañarte —dije.
Ella sonrió y luego mordió su labio inferior.
—Sí, pero quiero bañarme contigo —susurró.
La miré fijo por unos cuantos segundos sin decir nada. Con un movimiento del que ni yo mismo fui consciente me puse de pie con ella entre mis brazos. Soltó un grito divertido y se echó a reír.
—Lo que me acabas de decir, es cierto ¿verdad? —pregunté.
—Ajá —asintió divertida
—Como me puedes —dije y salí del cuarto para entrar al baño. Ella reía y pataleaba. La puerta se cerró detrás de nosotros —Acabas de cometer el mayor error de tu vida al permitirme esto, cariño.
—¿Por qué? —preguntó, mientras arqueaba una ceja y comenzaba a desabrochar los botones de mi camisa —Yo no le veo nada de malo a bañarme con mi novio. ¿Tú si?
—El problema no es el baño… sino lo que va a pasar en el baño —le dije y miré el movimiento que hacían sus dedos al desabrochar los botones. Su simpática risa llegó a mis oídos, para hacerme reaccionar y mirarla a la cara.
—Será solo un simple baño, Styles —aseguró.
Un rato después..
Cat salió primera del baño, soltando unas cuantas groserías.
—¡Harry, voy a matarte! —la escuché quejarse desde el cuarto —¡Ahora dime como voy a hacer para ocultar estas malditas marcas que me dejaste en el cuello!
—¡Ese es tu problema! —le grité mientras terminaba de enjuagarme la cabeza —¡Tú dime como voy a hacer para quitarme las marcas de tus uñas!
—¡Pero eso no está visible, TONTO! —chilló —¡Lo tapas con la camisa y listo! ¡Yo tengo un chupetón gigante en el cuello y encima del pecho! ¿Qué le voy a decir a mi madre cuando pregunte de qué son?
—¡Lo va a entender, mi amor, deja de quejarte! —le pedí y apagué la ducha.
Tomé la toalla y me sequé el cabello para luego envolver mi cintura con ella. Salí del baño y entré a la habitación. Cat ya casi se había terminado de cambiar.
—Eres un maldita bestia —me dijo sin mirarme.
Sonreí y me acerqué a ella para abrazarla por la espalda. Quiso alejarse pero no la dejé.
—Yo te advertí que no sería un simple baño —le susurré al oído —Pero no vas a decirme que no te encantó —giró para mirarme de frente. Mordió su labio y se puso de puntillas para rozar los míos.
—Sí, pero mira estas marcas—musitó y se alejó antes de que yo la besara. Riéndose salió de la habitación y me dejó con las ganas de otro beso. Me cambie lo más rápido que pude y salí en busca de ella. La busqué y cuando la divisé me acerqué rápidamente. Ella rió sobre mi boca, llenándome de alegría. El timbre de casa sonó. Me alejé despacio de los labios de Cat y miré hacia la puerta.
—¿Quién será? —pregunté.
—¿Esperabas a alguien? —dijo Cat alejándose.
—No, para nada —aseguré y me acerqué a la puerta. Girando la manija abrí la puerta y me quedé quieto mirándolo. Él miró sobre mi hombro a Cat. Una sonrisa se dibujó en él.
—Buenos días hijo, espero no haber interrumpido nada.
—Preciosa —le dije. Ella sonrió.
—Tú más.
—¿Te das cuenta de lo qué me has hecho? —le pregunté. Ella negó con la cabeza —Te quiero y es lo mejor que me ha pasado en la vida.
—¿Harry ya te estás poniendo cursi? —preguntó entre divertida y enternecida —Me encanta que lo hagas —besó mis labios —Te quiero.
—No más que yo…
—Mentira, yo más. —dijo y se abrazó más a mí, escondiendo su rostro en mi cuello. Respiró profundamente y acarició mi piel con su nariz.
—¿Fuiste hoy a ver a tu madre? —le pregunté.
—Ajá, y como siempre me preguntó por ti, se nota que te quiere Harry —dijo.
—¿Y qué le dijiste? ¿Qué estamos juntos? ¿Qué me amas? ¿Qué no puedes vivir sin mí? ¿Qué ahora es mi suegra?
Ella rió divertida y alzó la cabeza para mirarme a los ojos.
—No, solo le dije que estabas bien.
—Que mala hija eres. Pero quédate tranquila. Mañana iremos juntos a verla. Y yo mismo le diré que ahora es mi suegra.
—Que yo sepa no he recibido ninguna propuesta de noviazgo para que ella sea tu suegra —dijo con algo de recelo.
La miré fijo a los ojos y sonreí. Acomodé mi garganta.
—Señorita Jones, ¿Quisiera usted ser mi novia? —le pregunté. Una sonrisa del tamaño de una casa atravesó su rostro.
—Sí, sí quiero señor Styles —dijo y me besó efusivamente. Me alejé de sus labios y besé su nariz.
—Mañana podemos ir a almorzar con Gina, y de paso decírselo. Es más, puedes llamar a tu padre. Podríamos almorzar los cuatro.
Cat comenzó a reír como si le hubiese contado el mejor chiste del mundo.
—¿Mis padres? — rió de nuevo — ¿Almorzando?, ¿juntos? —dijo mientras calmaba su risa
—Por dios. Estás loco. Se matarían.
—Vamos, no creo que sea tan malo —le dije.
—No lo sé, no estoy segura —dijo ya más seria —Pero si saben que el otro va, ni locos van.
—Bueno, puedes mentirles. No les digas que va el otro y nos encontramos allí. No será tan malo. Tengo un presentimiento de eso…
—Está bien, lo haré —musitó.
Se volvió a apoyar en mí y comencé a acariciar su espalda. La abracé un poco más.
—Gracias —susurré.
—¿Por qué? —preguntó con la voz ya adormilada.
—Por todo lo que me has dado.
—No, gracias a ti.
—Te quiero —musité.
—Y yo a ti, mucho.
Me desperté al sentir una lluvia de besos sobre mi rostro. Iban desde mi frente hasta mis labios. Y caían con especial énfasis allí.
—Mmm… Buenos días—dije con voz ronca.
—Arriba dormilón.—
—¿Qué hora es? —pregunté mientras estiraba mis brazos para agarrar a Cat, ya que aun no había abierto mis ojos. Ella tomó una de mis manos con la suya, y la acarició.
—Las 9:30 de la mañana —respondió y besó mi palma.
—¿Por qué me estas despertando a estas horas de la madrugada? —reproché.
Ella volvió a besar mi rostro hasta mi boca. Abrí los ojos y la miré. Es la imagen más preciosa que vi en mi vida. Lentamente me incorporé para sentarme. Me apoyé contra el respaldo de la cama y la miré de arriba abajo.
—¿Qué? —dijo ella.
—¿Tienes puesta una camisa mía? —pregunté.
Ella sonrió coqueta y se puso de pie. Solo llevaba puesta una de mis camisas abrochada hasta la mitad de su pecho. Totalmente provocadora y descarada.
—Sí, es tuya —confirmó —Me desperté hace una hora y no tenía ganas de ponerme mi ropa. Comencé a revisar la tuya, y esta es la camisa que tenías puesta el día de la fiesta que nos encontramos. Por dios, estabas tan sexy ese día.
—Ven aquí —dije y la tomé del brazo. Riéndose tontamente se acercó más y la acomodé entre mis brazos —¿Por qué no me dejaste besarte esa noche? Dios sabe lo mucho que quería hacerlo… estabas tan irresistible.
—Te odiaba —aseguró —Me caías mal. En especial con tu aire de galán matador. Pero eras demasiado... Eras el completo SEÑOR EGO.
—¿Qué fue lo que te llevó a no odiarme? —pregunté.
—No sé si la palabra correcta es odio. Pero me chocabas en algunos momentos. En otros lo pasaba bien contigo. Y a veces simplemente me sacabas de mis casillas. Pero no pude evitarlo. Poco a poco te metiste en mí y ahora ...me gustas. Así, egocéntrico y todo.
—¿Cuánto te gusto?
—Mucho, mucho mucho, al infinito y más allá —susurró y levantó su cabeza para besarme cortamente.
—¿Rose no ha llegado? —le pregunté.
—Llamó hace un rato. Se sorprendió de que yo la haya atendido y le conté que somos novios.
—¿Qué dijo? —dije divertido al imaginarme la expresión de mi nana.
—Que era un milagro de dios y que eso había que celebrarlo —me contó soltando una leve risa.
—Já, ya la imagino.
—Y dijo que hoy no vendrá porque, otra vez, Brutus se tragó una moneda.
—Ese perro es tan tonto —aseguré y la acomodé mejor entre mis brazos.
—No ofendas al perro.. Ah, y le dije que la quiero ver y le prometí que mañana por la tarde vendría a visitarla.
—¿Y quien te dijo a ti que esta noche estarías lejos de mí? —le pregunté.
—Oh, ¿Acaso no piensas dejarme un rato? —preguntó.
—Por nada del mundo —dije con una gran sonrisa. La besé.
—¿Sabes que tengo ganas de hacer? —dijo.
—No, pero sabes que quiero hacer yo —pregunté con una sonrisa pervertida.
—Si ya me imagino qué quieres tú, pero yo quiero bañarme, Harry – fruncí el ceño.
—Bueno, ahí tengo un par de toallas limpias, mi amor. Puedes bañarte —dije.
Ella sonrió y luego mordió su labio inferior.
—Sí, pero quiero bañarme contigo —susurró.
La miré fijo por unos cuantos segundos sin decir nada. Con un movimiento del que ni yo mismo fui consciente me puse de pie con ella entre mis brazos. Soltó un grito divertido y se echó a reír.
—Lo que me acabas de decir, es cierto ¿verdad? —pregunté.
—Ajá —asintió divertida
—Como me puedes —dije y salí del cuarto para entrar al baño. Ella reía y pataleaba. La puerta se cerró detrás de nosotros —Acabas de cometer el mayor error de tu vida al permitirme esto, cariño.
—¿Por qué? —preguntó, mientras arqueaba una ceja y comenzaba a desabrochar los botones de mi camisa —Yo no le veo nada de malo a bañarme con mi novio. ¿Tú si?
—El problema no es el baño… sino lo que va a pasar en el baño —le dije y miré el movimiento que hacían sus dedos al desabrochar los botones. Su simpática risa llegó a mis oídos, para hacerme reaccionar y mirarla a la cara.
—Será solo un simple baño, Styles —aseguró.
Un rato después..
Cat salió primera del baño, soltando unas cuantas groserías.
—¡Harry, voy a matarte! —la escuché quejarse desde el cuarto —¡Ahora dime como voy a hacer para ocultar estas malditas marcas que me dejaste en el cuello!
—¡Ese es tu problema! —le grité mientras terminaba de enjuagarme la cabeza —¡Tú dime como voy a hacer para quitarme las marcas de tus uñas!
—¡Pero eso no está visible, TONTO! —chilló —¡Lo tapas con la camisa y listo! ¡Yo tengo un chupetón gigante en el cuello y encima del pecho! ¿Qué le voy a decir a mi madre cuando pregunte de qué son?
—¡Lo va a entender, mi amor, deja de quejarte! —le pedí y apagué la ducha.
Tomé la toalla y me sequé el cabello para luego envolver mi cintura con ella. Salí del baño y entré a la habitación. Cat ya casi se había terminado de cambiar.
—Eres un maldita bestia —me dijo sin mirarme.
Sonreí y me acerqué a ella para abrazarla por la espalda. Quiso alejarse pero no la dejé.
—Yo te advertí que no sería un simple baño —le susurré al oído —Pero no vas a decirme que no te encantó —giró para mirarme de frente. Mordió su labio y se puso de puntillas para rozar los míos.
—Sí, pero mira estas marcas—musitó y se alejó antes de que yo la besara. Riéndose salió de la habitación y me dejó con las ganas de otro beso. Me cambie lo más rápido que pude y salí en busca de ella. La busqué y cuando la divisé me acerqué rápidamente. Ella rió sobre mi boca, llenándome de alegría. El timbre de casa sonó. Me alejé despacio de los labios de Cat y miré hacia la puerta.
—¿Quién será? —pregunté.
—¿Esperabas a alguien? —dijo Cat alejándose.
—No, para nada —aseguré y me acerqué a la puerta. Girando la manija abrí la puerta y me quedé quieto mirándolo. Él miró sobre mi hombro a Cat. Una sonrisa se dibujó en él.
—Buenos días hijo, espero no haber interrumpido nada.
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